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Balance personal del año 2011

Sé que este post debería haberse escrito el 31 de diciembre de dicho año pero bueno, nunca es tarde para reflexionar un poco sobre el año pasado. Si me permitís, lo voy a adornar con varios de los mensajes que personas anónimas escribieron para que fueran expuestos en aquellas bolas gigantes que colocaron en septiembre en la Plaza de Callao de Madrid y que iban ofreciendo sus deseos y/o propósitos uno detrás de otro, apareciendo y desapareciendo paulatinamente, y durante las 24 horas del día.

¿Qué puedo decir? Un año intenso. Tela. Un año para ponerme a prueba más que nunca. Un año en el que he visitado Roma, Amsterdam y Bélgica (hacedme el favor de ir a Brujas, ciudad de ensueño como pocas, con pareja si es posible), he terminado la doble licenciatura de Periodismo y Comunicación Audiovisual, he pasado mi primer verano en Madrid, me he operado de la vista y he vivido de primera mano una revolución política y social de reconocimiento universal. Un año en el que hasta las lágrimas derramadas y las decepciones sufridas han valido su peso en oro para curtirme y hacerme tal y como soy.

Difíciles últimos meses de carrera. Poco tiempo libre, tensiones varias compañeriles, incertidumbre total hacia el futuro. Y, tal y como empezó mi aventura académica en la capital, terminó, igual de rápido. He de reconocer que, aunque cara de cojones, la Universidad Europea de Madrid me parece buena. Más que buena, al menos en las ramas de la comunicación. Muchísimas prácticas, profesores cercanos y bien entendidos en sus materias, disponibilidad libre de instrumentos de todo tipo (eso sí, no te retrases un día en devolver una cámara, que te sancionan un mes), acceso permanente a las diferentes salas con sus programas o útiles determinados…

Probablemente, un error ha sido no aprovechar mejor todas estas posibilidades, no haber sido más autodidacta. En fin, no vamos a lamentarnos por lo irremediable. Y tampoco nos engañemos: una preparación excepcional pero en cuanto al curro garantizado me han dado por saco.

Un verano espectacular en Madrid. Alucinante, precioso, emotivo. Entre semana, sus madrugones para ir a las prácticas y las siestas no me las quitaba nadie, junto con las reuniones semanales con mi consejo de ministras particular. Los fines de semana, la vida se transformaba. Jerez, el festival de Benicasim, Tarragona, Chipiona, Benidorm, Sevilla. Madrid y todo lo que ofrece, por supuesto. Sin olvidar, ya que hablamos de turismo, la visita primaveral al País Vasco y a Logroño en Semana Santa.

Septiembre: fin del contrato de las prácticas. ¿Y ahora qué? Frente a la espera eterna para que alguien notara mi existencia como profesional, tenía que hacer algo, sobre todo al estar pagando un alquiler en Madrid. El resultado fue apuntarme a una academia de inglés para intentar sacarme el Advanced. Y digo intentarlo porque, aunque mi nivel era para aprobarlo, el examen no me salió bien. Así que nada, a seguir mejorando el idioma de todas formas. Ya nos veremos las caras el resultado y yo dentro de unas semanas.

Lo que no me esperaba era que el ambiente en una academia de inglés pudiera tener tantísima vida. Qué gente tan fantástica me he encontrado en ella, madre mía, y qué buen rollo y qué ilusión de relacionarse con seres a los que te apetece verlos, que te alegran el día con simplemente su presencia, que cuentan contigo desde el primer día y sin conocerte de nada. Gente que brilla, que destaca, que te iluminan y te hacen confiar más en el género humano.

Sin embargo, una vez realizado el examen… Vuelta a casa. Cuatro meses enviando el currículum y varias ocasiones en las que parecía haber esperanza cuando al final resultaba que no. Pues nada, vuelta al nido familiar a investigar otras opciones, a ser posible en el extranjero. En este tema no hay nada concreto todavía, ya se irá viendo.

Un mes de diciembre apacible. Celebrando como correspondía el haber hecho el examen del Advanced por fin, haciendo las maletas, sufriendo las despedidas y experimentando el sabor dulce de unas vacaciones más largas, después de un año y medio sin tenerlas. A gustísimo entre mi familia, a los que más quiero en este mundo; recuperando un poco el hábito lector, perdido entre phrasal verbs y sus puñeteros sucedáneos; haciendo, aleluya, ejercicio, tras unos seis años de sedentarismo. Restableciendo contacto también con las amistades de mis orígenes, por supuesto.

Así pues, dejándome muchas cosas en el tintero, me despido del año 2011 con una gran sonrisa, la verdad. Gracias, 2011, por todo lo que me has enseñado, tanto lo bueno como lo malo. Gracias por decirme adiós con el inmenso regalo de contar con una nueva personita en mi vida desde hace muy poco pero que parece prometer mucho, y gracias por todas con las que me he relacionado. Pero, sobre todo, gracias por haberme dado la oportunidad de creer en la fuerza de la amistad a través de los dos especímenes más maravillosos que se han podido cruzar en mi camino. Y catalanes, con un par.

Le deseo un feliz 2012 a todas esas personas que quiero, aprecio y que me han aportado algo, y a todos aquellos que se lo merecen. Este es nuestro año, ni crisis ni hostias.

¡Un abrazo!

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