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Viaje de España a California

Ya llevo cinco viajes transatlánticos hechos desde septiembre del año pasado, así que toca relatar cómo se pasa por dicho proceso. Es más, no solo me he cruzado el Océano Atlántico cinco veces sino que cada una de ellas he tenido que desplazarme también de la costa este de Estados Unidos a la oeste o viceversa, por lo que mi testimonio va a ser bien completito.

Debo mencionar que hablo desde la perspectiva de haber usado determinadas aerolíneas pero calculo que en lo básico todas ofrecerán el mismo servicio, así que me lanzo a la piscina. ¿Voláis conmigo?

Lo primero que debo decir es que las comidas incluidas en estos viajes me hacen inmensamente feliz. Soy ese tipo de persona a la que le alegran las cosas pequeñas, como los menús “gratuitos” en viajes de tropecientas horas. Cosa que no parece darse en los vuelos que cruzan el país norteamericano, no sé muy bien por qué cuando sus cinco horas de una punta a otra no se las quita nadie. Más os vale llevar algún bocadillo para no fenecer ni gastaros una pasta para comer durante estos desplazamientos nacionales.

A lo que íbamos: en mi último viaje, volé con Delta, que forma parte de Air France. Esto puede venir bien saberlo, ya que mi código de avión (DL+números) era distinto del que mostraban los pantallones del aeropuerto de Madrid (AF+números), lo cual al principio me descolocó en mi afán por tener todo bajo control. Nada que no resolví en dos segundos preguntándolo al personal del avión.

Pero antes, facturación de maleta. 23 kilos máximo. No problem. Suelo estar en el aeropuerto tres horas antes de un viaje al otro lado del charco, cosa que sinceramente no es necesaria, con dos horas o dos y media diría que va bien pero bueno, es lo recomendado y ahí que aparezco yo sola delante de la cinta que se traga tus preciados bienes tras introducir mis datos en una máquina bajo la supervisión de una azafata. Un “auto-check-in” que se han inventado para, al menos, los viajes con destino Nueva York. Paso el pasaporte por la máquina, el visado, me obliga a que un ser humano vea mis documentos (porque no voy de visita, vivo allí y tienen que comprobar cuáles son mis intenciones y si mis papeles están en regla) y listos. Hasta pronto, maleta, espero que no te sacudan mucho.

aeropuerto Madrid

Más sola que la una en la puerta de embarque

Siguiente paso: llegar a la puerta de embarque. Llego la primera y me da que precisamente por ello me registran la maleta de mano entera. Voy mejor preparada que la vez anterior: solo llevo una mochila típica de colegio y todos mis aparatos electrónicos en una bolsa dentro para sacarlos cómodamente, ya que los inspeccionan todos. Es más, Delta te pide que los enciendas y apagues. El que no furule, se queda en España. Una gracia.

Luego, a esperar. Embarque por zonas. Primero, pasajeros que necesitan asistencia o que tienen billetes con prioridad. Luego, los de la zona 1 y, finalmente, los de la zona 2, entre los que me incluyo. Es un tanto absurdo porque por ese orden dejan pasar a los que se sientan delante del avión antes que a los que se sientan detrás, lo que crea inútiles colas y ratos de espera mientras cada cual coloca sus maletas, entorpeciendo el paso. Pero bueno, allá el que haya inventado el sistema y los que lo sigan.

A la hora aproximadamente del despegue, aperitivo a elegir entre frutos secos y galletitas. Entre una y dos horas más tarde, comida, con tres opciones que varían de un vuelo a otro pero a menudo se basan en alguna clase de pasta, pollo con algo y otro plato más. Como una ya sabe que en el segundo vuelo le darán algo de picar como mucho, me como la pasta y el yogur de chocolate y me reservo todo lo demás: la ensaladita, el pan, la mantequilla…

comida vuelo

Almuerzo bien completo.

Otro par de horas más tarde, helado rico y refrescante. En un momento en el que, por fin, he entrado en calor, se agradece. Pero en los aviones frecuentemente hace un frío del copón. La siguiente foto lo demuestra (te dan mantita y almohada).

frío vuelo manta

Frío.

Finalmente, una hora y media antes de aterrizar, merienda apañada, de la cual me tomo el sandwichillo de pavo y queso y me reservo el yogur para el vuelo de Nueva York a San Diego.

Merienda en Delta

Merienda en Delta

¿A qué te puedes dedicar entre bocado y bocado? Hay una pantalla delante de ti en la que seleccionar películas. También es posible usar tu ordenador, entre otros recursos típicos como leer, dormir o lo que puedas inventarte. No se me suelen pasar mal estos viajes, la verdad. Si no fuera porque esta vez iba de empalmada tras la boda de una amiga… En fin, esto es otra historia. Ofrecen wifi y todo para usar en el avión, aunque a mí en el móvil no me tiraba ni a pedales. Quizá pruebe para la próxima en el portátil.

Wifi que no furula

Wifi que no furula

Ah, y también has de rellenar un formulario como el siguiente en relación con los artículos que haya en la maleta. Léanlo y hagan sus propias conclusiones.

Declaración de aduanas

Declaración de aduanas

Hay gente que se arriesga y se lleva su querido jamón serrano sin declararlo. Normalmente no se darían cuenta pero yo no me arriesgo, la verdad. En mi primer viaje el pasado septiembre le tocó un registro aleatorio a mi maleta facturada, así que… Vaya puntería. Lo supe porque al recogerla llevaba una pegatina informándome de ello. ¡Gracias, majetes!

Cabe destacar el vídeo de presentación y de seguridad de Delta, reproducido al inicio de cada uno de sus vuelos en las pantallitas del avión. Me llama bastante la atención, los creadores deben de haberse divertido haciéndolo. Aquí lo tenéis.

Aterrizaje sin percances. Control de pasaportes milagrosamente rápido y tras el cual te preguntan en unos mostradores a qué vienes a Estados Unidos. Lo explicas, te miran la documentación, te toman las huellas de todos los dedos y a huir.

Toca recoger la maleta facturada y facturarla de nuevo, porque es lo que tiene hacer escala en Estados Unidos: no se fían de ti. Sin embargo, si bien la primera vez que volé a California la escala en Philadelphia fue larga y pesada, en Nueva York se sucedió de manera bastante más agilizada. Cuestión de recogerla de la cinta, recorrer un par de pasillos siguiendo la señal de “Connecting flights” (“vuelos de conexión”) y dejarla en otra cinta sin más burocracia, ya que en Madrid ya le han puesto la pegatina de que ha de llegar a San Diego.

Seguidamente, cola pasable para el control de equipaje de mano. Afortunadamente esta vez solo tenía que sacar el portátil. El vigilante de seguridad estaba sembrado, estadounidense de pura cepa, con su voz grave y provocando risas entre los pasajeros con sus comentarios.

– HOW ARE YOU? (“¿cómo estás?”, me pregunta cuando me pongo delante del control de personas tras pasar la maleta de mano).

– I’m good… and you? (“estoy bien… ¿Y usted?

I’M AMAZING! (“¡estoy increíble!”, por traducirlo de alguna manera).

– I can see that haha. (Ya veo, jaja).

Un cachondo. Y nada, a ir hacia la puerta de embarque de turno y a esperar de nuevo. Os enseño el detalle del aeropuerto de Nueva York de proporcionar zonas para recargar la batería del móvil. Qué apañados ellos.

Zona de recarga de móviles. Aeropuerto de Nueva York.

Zona de recarga de móviles. Aeropuerto de Nueva York.

El vuelo de Nueva York a San Diego no tuvo mucho de particular. Se hace más pesadillo pero bueno. Pasado ya un primer control en el país, el de Nueva York; en San Diego no necesité hacer nada. Un gustazo. Remitiéndome de nuevo a mi primer vuelo en septiembre, en Los Ángeles me esperaba otro control de muy señor mío. Menos mal que vivo en San Diego… Aunque los vuelos a Los Ángeles saldrían normalmente más baratos. Total, me lo ahorro en estrés, gasolina, dinero y tiempo de ir y volver de San Diego a Los Ángeles.

Por cierto, si en vuestro segundo vuelo (o en el que sea) no os pone el asiento en el que debéis ir en la tarjeta de embarque, no os preocupéis: hay un pantallón en la misma puerta de embarque que os lo dirá. Mi nombre salía en todo el medio jeje.

Pantalla con los asientos

Pantalla con los asientos

Espero haberos dado cierta visión de lo que este tipo de viajes supone. Naturalmente, solo con cambiar de aerolínea y de destino americano ya pueden variar cosas, como las diferencias que he nombrado entre mi primera ida a California y la última, pero en esencia recomiendo ir con tiempo, sin miedo y mentalizado para estar sentado durante muchas horas. Estos sitios están preparados para ayudarte, no para hacerte la vida más difícil, como algunos irritables pasajeros piensan y se esfuerzan en exteriorizarlo para el deleite de los demás… En fin, siempre quedarán las vistas :D.

Vistas guapas desde el avión

Vistas guapas desde el avión

En cuanto al jet lag, en principio no es algo que me afecte demasiado al parecer (toco madera). Las piernas están tocadas al día siguiente sin duda pero las horas de sueño no se me vuelven locas. Aunque a muchos compañeros les pasa, así que prepararos para ello. No hay mal que por bien no venga, siempre hay cosas que se pueden hacer si uno es incapaz de volver a dormirse a partir de las 4 o 5 de la mañana, ¿no? Habrá que echarle un poco de imaginación.

¡Buen futuro vuelo!

La dieta americana

Ayer fui a cenar a un restaurante típico de Estados Unidos. Si en España lo normal es el bar con sus cervezas y tapas, aquí la tendencia va de hamburguesas y sándwiches potentes. Dio la casualidad de que acabé en un local de nombre Rudford’s restaurant del que solo hay uno como tal, pero muy a menudo os cruzaríais con bastantes cadenas por aquí, llevándole la contraria a España.

En mi país natal, contamos con tropecientos bares familiares, únicos se podría decir; y algunas cadenas. Aquí, diría que los restaurantes individuales son los menos, mientras que las cadenas se llevan la palma y recorren las ciudades por doquier. Denny’s, Jack In The Box, Carl’s Junior, Wendy’s y muchos más. Al contrario de lo que se pueda pensar, McDonald’s no es tan popular aquí, ya que la oferta de hamburguesas es extremadamente amplia y de precios similares entre sí.

De hecho, hay una marca bastante exitosa llamada In-N-Out. Se caracteriza por ofrecer, literalmente, tres tipos de hamburguesas: normal, con queso y doble. Por supuesto, con sus patatas y bebida. También tienen batidos. Y disponen del concepto “animal style”, que se puede añadir tanto a la hamburguesa como a las patatas y consiste en una particular salsa.

En fin, estereotipo confirmado de que en EEUU se come mal y grande. Y, consecuentemente, el nivel de obesidad es alarmante. Para terminar de demostrároslo, os enseño la oferta del mismo Rudford’s:

"¿Tienes lo que hace falta para el reto Rudfords? ¿Puedes terminar El Gran Nick? ¡Acábalo en 30 minutos y no pagas! Consigue una camiseta gratis y tu foto en el mural de los ganadores. Si no puedes, pagas $20 y vas al muro de los perdedores."

American diet

Traducción: “¿Tienes lo que hace falta para el reto Rudfords? ¿Puedes terminar El Gran Nick? ¡Acábalo en 30 minutos y no pagas! Consigue una camiseta gratis y tu foto en el mural de los ganadores. Si no puedes, pagas $20 y vas al muro de los perdedores.”

¿Quién se atreve?

Visitando San Diego, una de las mejores ciudades para vivir en EEUU

¡O eso oigo constantemente! Y he de admitir que este viaje me gustó bastante, con sus puntos de interés de escasa complejidad, principalmente basados en el propio paraje natural, pero cuya belleza intrínseca adereza con creces su carácter simple.

Tras mi visita a Los Ángeles aquel último fin de semana de septiembre de 2014, en menos de un mes se organizó otro fantástico par de días, esta vez para descubrir San Diego.

En primer lugar, os muestro la entrada a un pequeño México situado en el Old Town San Diego State Historic Park y en cuyo interior se entretiene uno merodeando entre bonitas tiendas con cientos de artículos y detallitos de todo tipo, restaurantes y música mexicana en vivo. Un lugar muy cuco.

Old Town San Diego State Historic Park

Old Town San Diego State Historic Park

Seguidamente, una de las zonas más famosas y atractivas de la ciudad: Seaport Village.

Seaport Village

Seaport Village

Recorriendo el paseo marítimo, acabas por entrar en un recinto repleto de otra tanda de restaurantes que te invitan a tomar más calorías de las necesarias pero que, al igual que el pequeño México, resulta bastante agradable de recorrer al hallarse los locales colocados y diseñados como si de una aldea semi-medieval se tratara (pero a lo moderno y americano). No cuento con imágenes de ello porque era difícil abarcar todo el conjunto, así que habréis de conformaros con la perspectiva de abajo desde el paseo, que tampoco está nada mal.

Seaport Village

Seaport Village

No podía faltar la siguiente elocuente estatua en esta sección, un homenaje a la famosa fotografía del beso que recibió una enfermera de un soldado americano en Times Square (Nueva York) el 14 de agosto de 1945, tras la victoria contra Japón. Parece ser que, ante el riesgo de violación de los derechos de autor del fotógrafo Alfred Einsenstaedt, el creador de la escultura, la cual se halla reproducida en otras ciudades, constató que se había basado en una imagen similar de dominio público tomada por Victor Jorgensen. Desconocía por completo que existiera más de una fotografía de aquel momento, ¡muy interesante!

Unconditional Surrender San Diego

Nombre dado a la estatua: Unconditional Surrender (“Entrega Incondicional”)

No se aprecia pero las figuritas miden la friolera de 7,62 metros (o 25 pies en USA, ya hablaré un día de estos de las medidas de estos americanos…). Altitas, ¿no?

A continuación, Sunset Cliffs (“Acantilados de la Puesta de Sol”), para el regocijo de la vista. Obviamente la estampa en directo no ofrecía tal iluminación pero creo que os haréis una idea del espectáculo.

Sunset Cliffs (

Sunset Cliffs (“Acantilados de la Puesta de Sol”)

Con tal denominación, observar la puesta de sol era tarea obligada, y valió la pena. Por los pelos que llegamos, en estas tierras anochece considerablemente pronto.

Sunset Cliffs, San Diego, California

Sunset Cliffs, San Diego, California

Pasamos a Mission Beach, zona con bastante ambiente y cuya mayor particularidad consistió en cruzarse con una ola artificial…

Wavehouse

…Situada dentro del recinto de un bar, llamado con acierto Wavehouse (“Casa de la Ola”).

Wavehouse, Mission Beach, San Diego

Wavehouse, Mission Beach, San Diego

Otra parte de la ciudad donde se puede pasear y cenar o tomar algo es Pacific Beach.

Proseguimos con otras vistas naturales, porque de esto es de lo que va principalmente San Diego. Bueno, he de confesar que tratamos de acceder a un gigantesco parque (Balboa Park) formado por varios museos y el zoológico pero fue imposible aparcar y tuvimos que dejarlo, o sea que haber más cosas, aunque no surgiera verlas, haylas.

Os presento La Jolla, una de las áreas más caras y bastante conocida por exponer en sus costas nada más y nada menos que un porrón de focas.

La Jolla

La Jolla

Vale, justo un porrón no pillamos en aquel preciso momento pero vamos, suele haberlas y sinceramente, para el pestazo que desprendían, no me importó gran cosa que solo viéramos tres. Os las pongo más cerca, que igual en la foto anterior ni las habéis distinguido a la derecha.

Foquitas a gusto al sol

Foquitas a gusto al sol

De lo que sí vimos una buena tanda fue de los siguientes simpáticos amigos. No aportan mucho al post pero, no sé muy bien por qué, me hacen gracia, así que los pongo.

La Jolla, San Diego, California

La Jolla, San Diego, California

No comimos en la Casa de José pero para que veáis cómo se halla California plagada de locales sudamericanos, y en especial de México.

Uno de tantos restaurantes mejicanos de San Diego

Uno de tantos restaurantes mejicanos de San Diego

Gaslamp Quarter, zona de discotecas, restaurantes y tiendas. Una de las noches se disfrutó por aquí y, aunque fue estupenda, tampoco tengo nada en especial que recalcar de su vida nocturna tras haber explotado previamente las de España y Londres. Soy de la opinión de que, con la compañía adecuada, te lo pasas bien en cualquier parte. Eso sí, evidentemente hablo pensando en este sitio en particular; la experiencia en Las Vegas fue otra historia, que no tardará en llegar.

Gaslamp Quarter, San Diego, California

Gaslamp Quarter, San Diego, California

La siguiente imagen… ¿Por qué la comparto? Pues sencillamente porque me gusta, la verdad, no tiene mayor trasfondo. Muy californiana, ella. Se encontraba próxima al estadio de fútbol de San Diego, adonde fueron varios compañeros a ver un partido.

San Diego

Por último, una de las visiones que más me ha marcado, si no la que más, en toda mi experiencia turística acumulada (que no es la leche pero tampoco moco de pavo): Fort Rosecrans National Cemetery, un imponente cementerio que me dejó boquiabierta en su inmensidad y en el impacto de la reflexión de la muerte fusionada con la vida, del blanco inmaculado de las tumbas rodeado del césped más verde y el cielo y el mar más azules.

Fort Rosecrans National Cemetery

Fort Rosecrans National Cemetery

Me faltan las palabras para describir la impresión que me provocó. Una sensación de amargura y de felicidad a la vez, de desamparo y de paz. Eso era, una sensación de paz plena y merecida, aunque pesarosa y sobrecogedora a mis ojos de agnóstica empedernida, de persona incapaz de creer en el más allá, en algún consuelo existencial postmortem. Era una esperanza resignada, una aceptación tragicómica. Un pálpito de paz espiritual y terrenal en un lugar donde casi se antojaba estar en paz.

Fort Rosecrans National Cemetery San Diego

Primera parada: Los Ángeles City

A mis amigos con los que vine desde Madrid, a los nuevos que hicimos durante los primeros días en California y a mí nos faltó tiempo para plantarnos en esta inmensa, gigantesca ciudad. Llegamos al país el 19 de septiembre de 2014 y el finde del 26-28 ya lo dedicamos a visitar Los Ángeles.

Lo primero que he de deciros es que el turismo por estos lares es absolutamente distinto. En lugar de empezar a caminar desde un punto determinado e ir recorriendo la ciudad, necesitas desesperadamente un coche para ir moviéndote de un punto a otro, como ya habréis leído (y si no, os lo recomiendo) en mi post Estados Unidos vs España. US is different! Te acabas acostumbrando: coche, bajo y veo lo que haya, coche, aparco (si puedo) y me doy un paseíto, coche, aquí no hay Dios que aparque, así que al siguiente destino, coche… Y así. Normalmente hay algún parking cerca, los hay por todas partes. Recomiendo dar alguna vuelta de más por la zona antes de decidirse, puesto que bien puedes dejar el coche en un parking de 15 dólares el día y encontrarte a pocos pasos otro a 10, por poner un ejemplo.

Sin más dilación, procedo a enseñaros lo que vimos. El orden no será exactamente en el que se sucedió pero, si se organiza en condiciones, todo esto se puede disfrutar sin prisa durante unas 48 horas, además de una noche de cena y discoteca de la que no cuento con recursos visuales pero no difiere gran cosa de las fiestas españolas, a excepción de que la música en el local en el que estuvimos fue fundamentalmente hip hop comercial, y que cerraba a las 2 de la mañana.

Así pues, comenzamos con una parada obligatoria: el Griffith Observatory, desde donde por un lado se goza de una impresionante perspectiva de la ciudad…

Griffith Observatory Los Angeles

La ciudad de Los Ángeles desde el Griffith Observatory

…Y por el otro lado, del mítico cartel de Hollywood.

Hollywood

Hollywood desde el Griffith Observatory

Aprovecharíamos para volver por la noche para contemplar de nuevo un Los Ángeles, esta vez, nocturno. Tendréis que comprobar por vosotros mismos lo embaucadora que resulta la imagen, ya que me parece un poco inútil que plante una fotografía súper oscura para que intentéis imaginarlo. Ya sabéis a dónde ir cuando vengáis.

Luego, Santa Mónica. Apañada, con su paseo a lo largo de la playa y algún que otro símbolo que te hace darte cuenta de que estás en Estados Unidos (porque sigo pensando que las playas de España no tienen nada que envidiarle a las californianas).

Santa Mónica Los Ángeles

Santa Monica Beach, California

En Santa Mónica podéis ver un muelle considerablemente metido hacia el mar en el que han construido una pequeña feria con una noria y demás atracciones típicas. Aquí, la entrada.

Entrada al muelle de Santa Mónica, Los Ángeles. Foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Entrada al muelle de Santa Mónica, Los Ángeles. Foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Me recordó enormemente al muelle de Brighton (Brighton Pier), en Inglaterra. Son parecidísimos, con la diferencia de que en el de yanquilandia nos cruzamos con repetidas menciones a la ruta 66.

Fin de la ruta 66 en Santa Mónica

Fin de la ruta 66 en Santa Mónica

A continuación, un sitio destacable: Venice Beach, donde presenciamos por un rato las acrobacias de un grupo de muchachos que reunieron a bastante público, y que recuerdo como uno de los lugares más bonitos que he visto por tierras americanas.

Venice Beach, California

Venice Beach, California

Imaginaos lo que os podéis encontrar por allí cuando, justo enfrente de donde estábamos desayunando, nos sorprendió aparcado el siguiente vehículo.

coche Venice Beach

El coche de los sábados

No sé si llegáis a apreciar lo que hay situado sobre el coche a la derecha. Os lo muestro con más detalle.

Así van las mascotas por Venice Beach

Así van las mascotas por Venice Beach

Como no parecía suficiente, a pocos pasos de lo anterior nos cruzamos con esto:

Kitty car

Kitty car hell yeah

¡¡Un coche plagado de Kitties!!

kitty car

Otra cosa que llama la atención en este país es que te topas constantemente con fantásticos y enormes graffities o pinturas. La siguiente me pareció alucinante. Os sonará.

Una pared cualquiera por Venice Beach

Una pared cualquiera por Venice Beach

Para acabar con Venice Beach, consta de un canal a lo largo del cual se ven casas muy cucas y varios pequeños puentes, cual canal veneciano.

Canal de Venice

Canal de Venice

Ahora, apuesto a que varios estábais esperando este momento: ¡por supuesto que fuimos al Paseo de la Fama! Que, aparte de sus estrelitas, que te hacen caminar mirando el suelo durante horas, y mogollón de tiendas, no tiene más. En eso consiste: en una invitación al consumismo y al espectáculo. Desde ese día, puedo decir que Batman me pidió el teléfono. Vamos, un tipo disfrazado de Batman, que ya me contaréis qué cara podía tener el colega debajo de la máscara. Pero bueno, la situación bien se ganó las risas de mis queridos amigos.

Walk of Fame

Walk of Fame

He aquí un gran artista y yo misma. No puedo negar que tenga fotos en plan amor infinito e incondicional con las estrellas de otros personajes como James Franco o Mark Wahlberg pero me he decantado por esta para el post. Queda más hipster.

Con Alfred Hitchcock

Con Alfred Hitchcock

Y ya vamos cerrando con un pedazo de centro comercial, que contenía dentro sus propias calles peatonales, un tranvía, música en vivo, etc., llamado The Groove, del que me limitaré a ofrecer una elevada y amplia perspectiva…

Vistas nocturnas a falta de otras

Vistas nocturnas a falta de otras

… La señal de Rodeo Drive, una calle que, como se puede observar por el cartelón de Louis Vuitton, no le faltaban comercios caros y glamour…

Rodeo Drive, foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Rodeo Drive, foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

…Y el estupendo panel de Beverly Hills, área conocida por albergar una gran cantidad de mansiones de famosos adonde llegamos, nos hicimos la foto y, tal como nos vimos guapos, nos largamos, en vistas de que ponernos a conducir a lo paparazzi por las calles intentando ver caserones entre los muros de vegetación que cubren a muchos de ellos no nos convencía.

Beverly Hills, así como quien no quiere la cosa

Beverly Hills, así como quien no quiere la cosa

Saqué muchas conclusiones de este viaje. Fue el primero en este país y el más revelador en cuanto al choque turístico entre Estados Unidos y Europa. En esta, las ciudades se pasean ante los ojos impregnadas de historia. Aquí, el espectáculo visual y callejero manda, por llamarlo de alguna manera. This is America!

Pronto, ¡San Diego y Las Vegas!

Un saludo y hasta la próxima ^.^

Relato de una española en California

sunrise road

El Cajon Blvd, San Diego, California

Hoy me parece un buen día para por fin contaros que… ¡Vivo en San Diego! Tras pasar los últimos seis meses estudiando en la UCR (Universidad de Riverside, California), tocaba buscarse unas prácticas de tres meses para completar el máster, y decidí volcarme en esta ciudad para encontrar algo y, de paso, tratar de hallar posteriormente un trabajo para el año de permiso que tengo.

El cambio ha sido abismal en todos los sentidos. Me cuesta encontrar las palabras para expresarlo. Llegué a LAX (Aeropuerto Internacional de Los Ángeles) allá por un 19 de septiembre de 2014 y desde aquel día hasta las navidades volví una vez más a la vida del estudiante con la ventaja de permitirme las escapadas de turno a los principales puntos de interés medianamente a mi alcance: Los Ángeles, San Diego, Laguna Beach, Newport Beach, Las Vegas… Se pasó muy rápido y, a pesar de tener clases de 9 de la mañana a 3 de la tarde de lunes a viernes, exámenes cada dos lunes y tropecientos trabajos y presentaciones en grupo, se puede decir que la sensación era más bien vacacional entre los viajes, el calor y la piscina de la residencia.

Pasar la Navidad en casa se sostuvo en dos argumentos importantes: contar con unas tres semanas de vacaciones y no saber cuándo podría volver a España posteriormente teniendo en cuenta que la media de vacaciones en EEUU es de diez días y que a menudo no te las conceden durante el primer año de trabajo. Así pues, para allá que fui y que disfruté de la compañía familiar y amistosa, el relax y la maravillosa comida casera.

El 7 de enero de 2015 regresé a California. Con un billete exclusivamente de ida y concienciada por completo en cuanto a lo que quería para el trimestre venidero: encontrar unas prácticas a toda costa y recortar radicalmente los gastos. Obviamente no me arrepentía lo más mínimo de lo que había consumido, que para eso es mi primera vez en los Estados Unidos, pero ya cuerpo y mente (y mi sentido de la responsabilidad) me pedían sacarle otro tipo de productividad a mi aventura yanqui.

Riverside California

University Village, Riverside, California

A saco que me puse. Pero la cosa no fluía demasiado. Bastantes solicitudes sin contestar, respuestas negativas, entrevistas en las que no te cogen o no te acaba de interesar el puesto… Hasta que a principios de marzo me dije: quiero mis prácticas y las quiero ya. Y empecé a llamar por teléfono a todas las empresas a las que había escrito desde una de las páginas web de prácticas que utilizaba, consiguiendo una entrevista a los dos días en la que, para mi inmensa felicidad, me cogieron directamente al final de la misma.

Y aquí estoy, después de unas semanas de papeleos, mudanza y asentamiento en proceso que no parecían acabar nunca. Vivo en North Park, una zona bastante bien considerada de la ciudad, cosa de la que no he sido consciente hasta llegar, puesto que mi interés principal estaba en vivir lo más cerca posible de la oficina. Llego en 10 minutos a pie. Y siento que habito en una ciudad un poco más de verdad, no como en Riverside, donde en realidad residía en medio de la nada. Seguramente hayáis oído de la dependencia norteamericana del coche. Doy fe. Ya dedicaré un post a ello más adelante, entre otros tantos temas que se me van quedando en el tintero.

Trabajo en la San Diego Music Foundation (http://sandiegomusicfoundation.org/), una organización sin ánimo de lucro que aboga por la cultura musical en la ciudad. Para ello, provee de guitarras y formación musical a colegios sin recursos. ¿Cómo consigue los fondos? A través de una serie de eventos anuales. Hoy hemos tenido el “Citybeat Festival of Beers”, un festival en el que participan varias decenas de cervecerías, aparte de las empresas patrocinadoras. Un día intenso, de levantarse a las 5 de la mañana y llegar a las 7 de la tarde a casa. Pero fructífero, aún cuando mis labores han sido fundamentalmente cargar con cosas, vender agua y camisetas, y tratar con el dinero recaudado. ¡Qué bien ha sentado cada venta!

San Diego Music Foundation

San Diego Music Foundation

Imagen del día: una señora que acababa de comprar una camiseta cuando, a su lado, aparece un muchacho al que le faltaba un dólar para adquirir otra. Ahí que le larga la mujer el billete en menos que canta un gallo, sin conocerle de nada y sin pensárselo dos veces. Simple pero fantástico desde mi punto de vista. “It’s for a good cause”, aludió. Le aplaudo igualmente.

Podría hablaros de muchas más cosas pero será mejor racionar la información. Posibles futuros posts: diferencias más destacadas entre Estados Unidos y España/Europa (cómo no), el papeleo y la experiencia como extranjero, la búsqueda de trabajo y la necesidad de hacer contactos, el sistema educativo y mis conclusiones personales a partir de mis clases, el diseño de las ciudades y sitios que he visitado; las casas, alquileres y el nivel económico genérico; la gente que he conocido y la actitud de los norteamericanos en general, fechas señaladas en el país y cómo lo celebran (Acción de Gracias, San Valentín, Pascua), la gastronomía y la tendencia culinaria de los locales, más detalles de mi barrio, la mezcla de culturas, el clima… ¡Una lluvia de posibilidades! Además de mi propia evolución personal a raíz de esta experiencia.

Un abrazo desde San Diego, mi nuevo escenario en este año 2015.

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