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El día que caminé de Lewisham a Monument (II)

Tal y como dije al relatar la primera mitad de esta caminata de 2 horas y unos 7 minutos, el sábado 9 de junio me saludó un sol espléndido al mediodía que me decidió a embarcarme en esta aventurilla semi-peregrina.

Así pues, pasado el Southwark Park, la civilización comenzaría a hacer un poquillo más de presencia a partir de este tramo, e incluso me toparía con una parada de metro por aquellos lares: Bermondsey Station, bajo unos espectaculares cielos.

Seguidamente, señalización de la calle en la que me hallaba. Está muy de moda poner en venta este tipo de artilugios en las tiendas de souvenirs. Me imagino que tendrá éxito entre los turistas, como las matrículas de coches y demás placas del estilo, aunque a mí aún no me ha dado por pillarme ninguna, la verdad, no lo acababa de ver muy estético para mi habitación. Sin embargo, la imagen sí me gusta.

¿Cómo no inmortalizar y enseñaros de una vez alguno de esos entrañables taxis londinenses plagados de publicidad? La siguiente escena estaba que ni pintada como para dejarla escapar, a pesar de ser una compañía de teléfono la anunciada.

Enlazando por fin de Jamaica Road (que se hizo notar a lo largo) a Tooley St, gran sorpresa la mía cuando diviso inesperadamente al fondo de una de las avenidas nada más y nada menos que… ¡El Tower Bridge! Mira que me había observado el mapa a fondo pero ese detalle se me había escapado por completo: el hecho de que durante aquella parte del camino contaría a mi derecha con las perspectivas traseras de algunos de los míticos edificios posicionados de cara al Támesis.

Por tanto, no sólo se quedó ahí la cosa. Pasando un par de edificios tochos por Tooley St, se me apareció el siguiente paisaje ante mis ojos. El Tower Bridge quedando levemente atrás en la distancia y liderando el frente ahora el City Hall, sin olvidar un cielo impoluto de fondo como para echarse a llorar de la emoción ante su escasez en esta ciudad.

Entonces, llegaría a un punto clave del camino. El principio del puente cuya calle se llamaría Borough High St (curioso que no haya ningún bridge en la denominación) y que me ofrecería algunas de las vistas más hermosas recibidas hasta el momento en pupila. Mirada al frente.

Mirada a la izquierda, con su puesta de sol y la cúpula de la Catedral de St. Paul a contraluz entre otras.

Mirada a la derecha. De nuevo el Tower Bridge pero con menor protagonismo esta vez, situado en medio de un dorado y mágico equilibrio entre unos componentes visuales y otros. Absolutamente alucinante. De hecho, se trata de la foto de cabecera de Maria Dixit en Facebook. Se lo merece, ¿no?

El paseo culminaría con una maravillosa cena en el restaurante The Folly, pero ya vendrá otro post próximamente para hacerle homenaje. No os perdáis a continuación la versión nocturna de la foto anterior.

¡Hasta la próxima!

El día que caminé de Lewisham a Monument (I)

Ese día fue el 9 de junio de 2012. Un sábado que pretendía pasar entero en casa tras más de una semana de planes diarios se truncó en una nueva caminata para celebrar la salida del sol al mediodía (precedida por una siesta que me sentó como Dios). Tanto había disfrutado del recorrido de Lewisham a Leicester Square hecho el 26 de mayo, que no pude menos que plantearme la idea y comenzar a googlemapsear para ponerla en práctica. Quizás incluso se convierta en una costumbre mensual o quincenal, ¡quién sabe!

Puesto que el plan era cenar en un restaurante situado al lado de la estación de metro de Monument, comprobé que incluso tardaría menos que hasta Leicester Square: me iba a llevar dos horas y unos 7 minutos (a Leicester Sq eran dos horas y 28 minutos), así que cogí puerta con mis míticas notitas para no perderme.

Los primeros 15-20 minutos transcurrieron por la misma calle de partida que en la primera caminata, a lo largo de Lee High Rd, pero al pasar la estación de tren y de DLR de Lewisham se giraba ligeramente a la derecha en vez de seguir recto (aunque el resultado era el mismo ya que en principio había que llegar a New Cross Rd, al igual que en la primera caminata). ¡Cuál fue mi sorpresa al encontrarme de sopetón con un pedazo de parque! Ravensbourne Park, para servirles.

Recorridas Thurston Rd, Brook Mill Rd y New Cross Rd, la siguiente calle me haría alucinar del encanto que desprendía: Depford High St. Una vía estrecha en comparación con las anteriores y absolutamente repleta de todo tipo de pequeños comercios en ambas aceras. No pasaban ni coches. Una mini-ciudad en auge de población mayoritariamente negra (por no decir absoluta a excepción de mí, algún chino y poco más), un amago de barrio de vecinos medianamente transitado y con gente charlando en las puertas de las tiendas, todo unido a los mil y un olores que te acompañan al cruzarla y que te abren brutalmente al apetito. A continuación, tenéis el final de la calle, donde ya sí que había más circulación.

Se sucederían a partir de aquí unas avenidas continuas de halo tranquilo con pequeños comercios a ratos que abarcaban todos los posibles servicios necesarios (fruterías, pubs, peluquerías, bancos, centros de cambio de moneda, cibercafés, super mercados enanos, restaurantes, etc.), niños en la calle alguna que otra vez, urbanizaciones cuyos balcones incluso me recordaron a los pueblos costeros españoles… Muy familiar, muy de barrio pero a lo grande. Para más inri, se me abrieron ante los ojos tropecientos paisajes ligeramente nublados entre los que me he decantado por elegir el siguiente de Creek Rd. Un par de edificios y el cielo de fondo. Simple y de composición idónea en cuanto a los elementos para mi gusto.

El siguiente edificio, situado en la calle contigua a la anterior, en Evelyn St, me pareció bastante encantador, más acorde con la arquitectura que se le suele atribuir a este país como propiamente británica: ladrillo, ventanas cuadradas o rectangulares, uno de los tejados en pico… Se trataba de un colegio de primaria: Deptford Park Primary School.

No obstante, si el haber topado con Ravenbourne Park me había resultado grato, Lower Rd me sorprendería aún más con un segundo e inmenso parque: Southwark Park, con una pinta buenísima para recorrerlo en bici. Lástima que no tenga, aunque aquí los ciclistas son bastante temerarios y van siempre por la carretera, cosa que me da bastante respeto (y coraje cuando hay uno delante del autobús en el que voy yo)…

¡Dichosos los ojos! ¡Por fin la rotonda que conectaría Lower Rd con Jamaica Rd! Considerémoslo como la mitad del camino, y ganas que tenía de verla teniendo escrito en mis notas “recto hasta una rotonda” mientras que caminaba eternamente sin divisarla. De paso, cartelito de turno, aunque esta vez les hice poco caso.

Al girar en la rotonda a la izquierda por Jamaica Rd, me quedaría flipada mirando a mi izquierda y encontrándome de pleno con otro acceso al Southwark Park cuando hacía un rato que lo había perdido de vista y olvidado al estar tapado por los muros. ¡Pero no, seguía ahí! ¡Ni grande el parque! Habrá que explorarlo un día de estos.

Hasta aquí tenéis redactada la primera mitad de esta, mi segunda caminata londinense. En la segunda parte, más y mejor.

¡Un saludo y feliz fin de semana!

El día que caminé de Lewisham a Leicester Square (II)

¡Hola a todos!

Aquí tenéis la segunda parte de aquella caminata que me decidí a hacer un 26 de mayo de 2012 y cuya primera mitad del tramo ya está relatada en este post. Os recuerdo que, en total, fueron dos horas y media de recorrido bajo un sol y con una temperatura espléndidos.

Así pues, una vez pasada una serie de calles bastante similares entre sí (iguales) que formaban una gran avenida, me encontré por fin con la zona de Elephant&Castle. A continuación podéis ver el amago de rotonda de la zona, por la que por cierto pasé a diario de camino a la estación de metro durante mi primer mes en Londres.

La oscuridad de la imagen muestra además cómo el sol se iba escondiendo y abriendo paso al anochecer.

En este trecho vendría la última avenida medianamente larga, London Road, que se juntaría con Waterloo Road para llegar a la rotonda de dicha calle (siguiente fotografía) y permitirme comenzar por fin a ver civilización humana por los alrededores.

No me preguntéis, porque ignoro si esta enorme cosa tendrá algo de interés dentro. Espero que sí, porque vaya si ocupa espacio.

Entonces, con hordas de personas por doquier, llegué con ilusión a Hungerford Bridge, el pequeño puente que me permitiría cruzar el río y estar a un tiro de piedra de mi destino (comparado con todo lo recorrido anteriormente).

Muy cuco el puente, en cuyo lado izquierdo se hallaban las vías del tren en el que tantas veces me he montado para llegar desde Lewisham hasta el centro, concretamente hasta la estación de Charing Cross. Tras ellas, el London Eye, tan imponente como siempre.

Mientras tanto, al otro lado del puente, un paisaje precioso y relajante, el que te suelen ofrecer la mayoría de los puentes situados en el centro de hecho, con las vistas de los edificios más reconocidos de Londres. Destaca la catedral de St. Paul casi en el medio de la línea urbana, con su cúpula apuntando hacia el cielo. Y sí, lo de abajo es un barco que pasaba por allí pero no me dio tiempo a inmortalizarlo unos segundos antes. Me gusta así de todas formas.

Haciendo esfuerzos por no chocarme con nadie en una ciudad en plena erupción de sábado noche, ya sólo quedaba atravesar la estación de Charing Cross y un par de pequeñas calles para toparse de frente con la mítiquísima Trafalgar Square.

Se hacía raro que no hubiera ningún concierto, ya que normalmente cada vez que había pasado por allí estaban dando alguno, aunque no por ello estaba menos abarrotado que de costumbre.

¡No quedaba nada! En cuestión de subir Charing Cross Road, el punto de encuentro con mis amigas me recibía en todo su esplendor nocturno: Leicester Square.

Un día muy agradable y bien aprovechado a cuya caminata seguiría una estupenda cena en uno de los restaurantes de la cadena Bella Italia. No estaba mal de precio, creo recordar que pagué unas 10 libras. Naturalmente, el Macdonald’s es mucho más barato, pero la calidad compensa bastante y esto es algo que, tras el fin de semana que acabo de pasar de comida basura a saco, lo voy a apreciar mucho más a partir de ahora aunque haya que pagar más. Ya por salud, la verdad. ¡Y anda que no estaba buena la lasaña que me pedí!

Eso sí, de vuelta a casita en autobús :).

¡Que paséis muy buena semana!

El día que caminé de Lewisham a Leicester Square (I)

Ese día fue el sábado 26 de mayo de 2012. De esto que me encontraba holgazaneando en torno al ordenador, para no perder las costumbres del fin de semana, moviendo mucho el ratón y clickeando sin hacer realmente nada que pudiera entrar en la definición de “aprovechar el tiempo”, a la vez que la perspectiva de leer se me tornaba exageradamente soñolienta y la de ver cine un tanto perezosa también.

Había quedado a las 21 en Leicester Square, situado en pleno centro de Londres, y aún no era ni mediodía cuando le empecé a dar vueltas al tema. Total, me dije, para limitarme a languidecer adormilada por el calor sin hacer el más mínimo esfuerzo mental, qué menos que al menos forzar el componente físico de mi ser, sobre todo con el día que hacía, ¿eh o no, María?

Para que os hagáis una idea, a continuación tenéis una vista lejana y por encina del recorrido en Google Maps. En esta impresión de pantalla, no importa tanto el caminito del mapa como los datos de la izquierda (click para ver mejor).

Exacto: 2 horas y 28 minutos. No os fuérais a creer que era un paseíto de viejas, mariconadas las justas. Así pues, como lo vi tan rectito y tan asequible, me lié a apuntarme las calles de todas formas para estar bien segura de por dónde cogía y los escasos pero importantes giros que habría de tener en cuenta. ¡Tachán!

Mi destino en manos del reverso de un ticket del Sainsbury’s (centro comercial), sí, señor.

Salí a las 18:45 de mi dulce hogar confiando en que quizá llegaría bien a las 21 a pesar de ese cuarto de hora de más que me indicaba el Google Maps que me faltaría, aunque por otra parte pensé que daría igual retrasarse, ya que aún así probablemente llegaría la primera, como era habitual (efectivamente, así fue).

Lee High Road me recibía resplandeciente y calurosamente en mis primeros pasos, acompañados de una suave brisa que no podía por menos que darme más ilusión hacia mi pequeña aventurilla semi-errante.

A los 15 minutillos, me saludaba la zona comercial de Lewisham. Ya sabéis, esa calle con sus maravillas a una libra y su mercadillo con productos de todo tipo (hasta las 6 de la tarde aprox), situada justo enfrente de mi lugar de trabajo y liderada por la Clock Tower (torre del reloj) que aún no os había enseñado y que ahora podéis ver.

A partir de aquí o poco más adelante, recorridos los primeros 20-30 minutos del camino, nacería una avenida tan larga y tan inmensa que, aunque se dividiera en varias calles, para mí era toda una, lo cual tampoco la hizo pesada por suerte, en absoluto. Me regocijaba enormemente ir recordando ciertos puntos que había divisado yendo en autobús, mientras que la perspectiva de darme cuenta, una vez más, de que mi habitual recorrido de los fines de semana lo estaba emprendiendo por mí misma, a través de mi propia integridad física, no podía más que hacerme sonreír y disfrutar plenamente de los detalles, la sucesión de tiendecillas esporádicas, el descubrimiento de la cantidad de árboles y de vegetación en la cual no me había fijado hasta entonces. Un aspecto a destacar es el margen que me permitía este sendero para respirar, cosa de la que tampoco me había percatado antes de este día. Es decir, que se podía respirar de verdad, inspirando profundamente, notando el oxígeno puro, sintiéndose lleno.

El centro de Londres mola mucho pero, si no te hallas en un parque, cuesta bastante más sentir lo que acabo de expresar. No tiene nada que ver el aire de la ciudad con el de las zonas verdes, obviamente.

No solo mis notas en el ticket del Sainsbury’s me despejaban de cualquier duda, sino también los propios carteles con los que me iba cruzando. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas, y me refiero más a mí que al exterior: uno de mis queridos zapatos nuevos comenzó a rozarme el talón de una manera primero disimulada y muy poco después implacable. Ya pensaba que tendría que abandonar mi empresa cuando se me ocurrió, a falta de tiritas, introducir un pañuelo entre dicha parte del pie y el calcetín. Actualmente, da cierta pena mirar esa zona, pero me alivió inmensamente y me permitió continuar hacia adelante.

Graffiti que me gustó yendo aún por Lewisham Way (no me quedaba ná…).

La siguiente fotografía fue tomada en la calle más eterna de todas las que formaban esta larga avenida. Os presento Old Kent Road bajo unos rayos de sol poco frecuentes y cuya fuerza iba menguando al avanzar la tarde, dando lugar a una temperatura aún más idónea que la del inicio vespertino.

Por último, en esta primera parte de mi caminata Lewisham-Leicester Square, quería compartir con vosotros una escena que surgió ante mis ojos de sorpresa y que incluso me enterneció.

¡Un Toys “R” Us! Con un parking delante de él buenísimo para aprender a patinar, oigan (una de mis cuentas pendientes). Una lástima que me pille a una hora y pico de mi residencia.

Hasta aquí la primera mitad de mi encantador paseo. En el próximo post, que no tardará en llegar, segunda mitad y llegada a mi destino :).

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