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Posts Tagged ‘casa’

Cuando la rutina se vuelve agradable

Creo que es una de las mejores cosas que te pueden pasar: que tu rutina te resulte agradable. Obviamente las vacaciones son siempre bienvenidas pero no creo ser la única que, cuando llega el momento de regresar a la vida real, experimente cierta sensación de que es lo apropiado y hasta apetecible. También dependerá del tipo de periodo vacacional que se tenga, supongo. En España, lo típico es pillarse un mes entero en verano y el resto del año apañárselas con los festivos (aunque quizá esto esté cambiando al ritmo laboral que vamos).

Cuando viví en Londres, me repartí mis días libres bastante equitativamente para poder ir a casa (Jerez de la Frontera, España) cada tres meses más o menos. Es curioso cómo la casa de los padres perdura siendo “casa” en general a pesar de estar fuera. Aunque, poco a poco, la vida propia equilibrará el peso del hogar materno y el del propio. Ya me está comenzando a ocurrir, de hecho. Ir a casa (de los padres) permanecerá siendo un placer y una desconexión maravillosa. Pero mi casa está donde mi rutina opera (y donde vivo junto a mi pareja, que también contribuye a la sensación de asentamiento).

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Amanecer

¿A qué viene esta reflexión? Seguramente sea porque acabo de pasar por casa (de los padres), jeje. Mi hermano mayor se ha casado. Tres días de compañía asiática (la novia, ahora esposa, es coreana), seguidos de otros cinco días familiares, de amistades y, naturalmente, de esos preciosos regodeos personales que solo tengo de vacaciones en Jerez, como tomarme infusiones mirando a la pared, charlar con mi madre en la cocina, ver la tele con mi padre, echarme la siesta… En resumen, dejarme llevar por la tranquilidad autóctona de allí como si cada una de estas sencillas actividades fuera la más importante y única que hacer, sin prisa, sin inventarme deberes ni tareas posteriores.

El caso: mi hermano se ha convertido en un marido. Fue una boda muy bonita y divertida, ya os pasaré un vídeo (si mi hermano llega a montarlo). Me resulta tan increíble y, a la vez, natural contemplar cómo el paso del tiempo te obliga a madurar, a tomar decisiones, a adquirir nuevas responsabilidades prácticamente sin darte cuenta, todo de manera implacable y, si te lo montas bien, satisfactoria. Un “tenía que pasar” con una sonrisa y con ganas de seguir viendo qué deparará el futuro, un futuro aún incierto pero que suena ameno, sobre todo habiendo encontrado a la persona adecuada (esperemos).

Siempre me he sentido en armonía con el sentimiento y aplicación práctica de la independencia, de nunca tener prisa por encontrar pareja, del derecho a ser feliz en la soltería. Bueno, lo mantengo, pero ahora estoy totalmente convencida de que, con otra persona a tu lado, la supervivencia siempre será más agradable, la verdad. Con los altibajos y desacuerdos de turno, que más vale asimilar lo antes posible porque nadie se salva (algo que también he tenido que aprender), pero no hay color.

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Amor propio por San Valentín este año, porque tener pareja tampoco implica no celebrar el amor a uno mismo

En fin, hoy no he venido aquí a desperdigar mi vida sentimental en realidad. He venido a desperdigar un poco de todo, que para eso llevo unos mesecillos sin aparecer. Otro aspecto que ha contribuido a volver amena mi rutina consiste en tener un portátil propio por fin. El pasado octubre adquirí un económico Lenovo que antes de Navidad dijo “hasta aquí llegué”, y desde entonces hasta mi reciente viaje a España, porque no iba a pagar para arreglarlo cuando estaba en “garantía internacional” (internacional por los cataplines), me tuve que apañar con el portátil de mi pareja, y con su teclado francés, dicho sea de paso, dejando de lado mis queridas pérdidas de tiempo online. Bienvenidas seáis de nuevo. Obviamente el blog no está incluido pero sí era algo que, cuando estás usando el ordenador de otro, y de otro que usa su ordenador mucho, es prescindible.

Total, no voy a emitir mayores excusas, ya sabéis cómo funciona esto del blog: ahora escribo mucho, ahora te abandono, ahora me pongo nostálgica y vuelvo a escribir, y así. Y hoy tengo ganas de contaros un poco las historias que me han acompañado durante estos meses, y quizá de antes. Vamos, lo que me dé la gana.

Para refrescar la memoria y actualizarla incluso: vivo en San Diego (California) y trabajo como periodista por cuenta propia, campo en el que, por cierto, en los últimos días me han calificado de “excelente” y me han dicho que “da gusto trabajar con profesionales como yo” (tenía que decirlo, que tampoco es que ocurra todos los días)… y también trabajo en el área de comida preparada de un supermercado mexicano. Esto es nuevo, de hace casi un par de meses. Se intuye qué me apasiona y qué supone un ingreso económico extra, ¿verdad?

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Saludos desde San Diego, ciudad con arte urbano por doquier.

Antes de pasar a mis historias periodísticas y de cualquier otro tipo, he de confirmar lo que muchos puedan haber pensado: el trabajo en el supermercado es durillo. Obviamente los habrá peores pero yo hablaré de lo mío: muchas horas de pie, atención al cliente permanente y, por tanto, sonrisa obligada; 10% de los atendidos dignos de tirarles la comida a la cara (centrémonos en el otro 90%, que suele ser neutro o majete), sensación de ser un burrito humano con el olor que se impregna, esfuerzo por evitar mirar la cabeza de vaca sobresaliendo de una olla…

¿Qué pasa? Que he elegido estar ahí. He decidido asumir el reto de meterme en un curro que no me imaginaba haciendo y no negaré que el pensamiento de dejarlo no se me ha pasado (varias veces) por la cabeza. Afortunadamente, la perspectiva me cambia con el cheque de cada viernes, con el apoyo de unos compañeros estupendos, con la sensación de aprovechar mi tiempo de manera más productiva. Con, para qué engañarnos, sucesos como la propina de $5 que recibí ayer, cosa nada frecuente. Cualquier cosa que me ayude a sobrevivir y mantener mi actividad periodística es bienvenida.

Ahora, quiero hablaros de algunas de las historias que he cubierto y que más me han llegado. La palma se la lleva el relato de una mujer que lucha contra la transmisión del VIH de madres a hijos a través de la lactancia. Su organización no lucrativa, Es Por Los Niños, apoya a mujeres sin recursos, a menudo solteras, y las forma para evitar que este daño irreparable se produzca. Fue brutal reunirme con ella y que me contara su historia y su motivación para dirigir esta causa, basada en la muerte de su propio hijo.

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“Aspira a inspirar a otros y el universo tomará nota”

Esta, para mí, heroína de los pies a la cabeza que ha decidido destinar su vida a estas personas en apuros se emocionó por un momento durante la entrevista. El local donde estábamos emitía la canción “Dear Mama” de 2pac, melodía que su hijo le había hecho escuchar una vez. Me faltan las palabras para describir la situación y la admiración que me produjo esta señora, quien en aquel momento sintió la presencia de su hijo con ella, haciéndome emocionarme profundamente a mí también.

En un segundo puesto, aunque muy cercano al primero, se encuentra una víctima de violencia de género, actualmente luchadora por los derechos de las mujeres que sufren esta lacra y centrada en la comunidad latina, ya que el miedo a la deportación y a que les quiten a sus hijos convierte a este sector en gran candidato a permanecer en silencio en los Estados Unidos. Desde aquí, vuelvo a proclamar mis respetos y admiración hacia esta valiente joven que utiliza su experiencia para ayudar a otros, con el trauma que supone una vivencia así y lo mal visto que aún está hablar de ello desgraciadamente, de una terrible situación familiar, cuando debería denunciarse de inmediato.

Y así, a día de hoy, me llevo cerca de 100 historias para el recuerdo. Obviamente las hay más y menos profundas, no todo van a ser causas de vida o muerte, pero hasta las más pequeñas aportan algo, a los lectores y a mí misma. He entrevistado a actores y cantantes, he conocido a artistas de distintas tendencias, he hablado con un maestro maya, he anunciado estrenos de programas y festivales, he asistido a eventos, unos benéficos, como la entrega gratuita de regalos a niños desfavorecidos por Navidad y otros tantos, como la representación de ballet de El Gran Cascanueces Ruso. ¡Hasta he informado a la población sobre cómo evitar garrapatas!

Este año único como reportera, como me dicen por aquí, se me quedará grabado para siempre. Admito que apenas he escrito en el blog pero os aseguro que he escrito y, sobre todo, he sentido escribiendo más que en toda mi vida (que tampoco es muy larga, 27 años cumplidos en enero, pero como no veo muchas más opciones periodísticas futuras una vez se me acabe el permiso de trabajo en tres meses…). Interesados en ver parte de mis artículos pueden visitar https://mariagonzalezamarillo.contently.com/. Sí, soy fan de los portafolios, los recomiendo a todo el mundo para mostrar los trabajos profesionales.

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Regalito de una pequeña-gran persona con un pequeño-gran mensaje

Otros aspectos hacia los que me gustaría emitir agradecimientos son esas cosas pequeñas que, si cuentan con nuestra atención, también hacen de nuestra rutina un camino mucho más pleno. Véase aquel corte de pelo que una simpática peluquera mexicana me hizo, y que mentalmente necesitaba con desesperación; haber descubierto que me gusta el sushi hace un par de días; la más elaborada comida semanal que tengo desde que me mudé a San Diego con mi pareja hace un año (todo suyo el mérito), los emails informativos que me llegan de mi padre en torno a cualquier cuestión mencionada, el poder ir en manga corta durante el día, ver una serie en inglés sin problema…

Los audio-whatsapps con amigos de varios minutos poniéndonos al día, las reuniones más o menos mensuales con una fantástica familia americana de Riverside, que me ha permitido vivir todas las fiestas y tradiciones del país en su más pura esencia; mis míticas tostadas con philadelphia para desayunar (comer me hace definitivamente feliz); encontrar el regalo adecuado para un ser querido, “limpiar” el Gmail de correos, una novela entretenida, tachar en la agenda las cosas ya hechas, tener portátil propio tras tres meses, haber aprendido a hacer un buen salmorejo, soñar con viajes y planes futuros, posibles e improbables; reír por cualquier cosa, o simplemente reír…

Una larga lista.

Gracias.

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Prioridades en la vida: la familia

El mes pasado estuve en mi tierra natal (Jerez, Cádiz, España) tres días, del 15 al 18 de junio. Fue un fin de semana largo extremadamente apacible. No vi a casi ninguno de mis amigos más cercanos, ya que los pillé de exámenes o fuera (o ambos) o ya tenían planes pero no importó: llevaba un mono importante de padres y hermanos, lo cual se juntó con visitas de tíos y abuela, así que más contenta que unas pascuas y cumpliendo con la familia, que es, al fin y al cabo, lo más importante que tengo (por muy guay que sea Londres ni leches).

Es muy curioso porque… No sé si me estaré volviendo vieja, pero al dejarme mi madre en el aeropuerto de Jerez y alejarse, fue sentarme a esperar (maldito retraso de Ryanair) y entrarme una pena brutal, seguida de inevitables arrebatos lacrimosos en medio de una profunda confusión ante mi propio estado de ánimo. Tela de patidifusa conmigo misma, vaya.

Lo más relevante es que es la primera vez que he llorado al separarme de mi familia. En mi vida, he pasado parte de 3 veranos en Irlanda y he visitado otros tantos sitios, me he ido cada dos por tres a Madrid (obvio, estudié allí), me fui una primera vez a Londres para quedarme el pasado febrero por las prácticas y una segunda en abril tras pasar un finde largo por Semana Santa… Todo con el mayor nivel de independencia y formalidad que se puede tener. Y, sin venir a cuento, esta separación un 18 de junio ha sido la primera que me ha provocado tal angustia interior (momentánea, por suerte).

Mmm… ¿Me hago mayor? ¿He reflexionado demasiado sobre mi existencia últimamente? ¿El ritmo de vida londinense me ha vuelto más humana si cabe? ¿La perspectiva de futuro fuera de España permanentemente me ha tocado la fibra sensible? ¿Me afectaron al cerebro los treinta y pico grados andaluces?

Supongo que, en cierto modo, uno va esclareciendo sus prioridades conforme madura, y a una de tantas conclusiones a las que he llegado en los meses anteriores es que no me gustaría ser de esas personas que ve a su familia cuatro veces al año. El mundo es muy amplio, sí, y me apetece enormemente explorarlo en la mayor medida posible, pero para permanecer es otro tema. Y eso que antes de venir a este país para quedarme por no sé cuánto tiempo, me imaginaba viviendo en cualquier parte del mundo. Lo que cambia a veces la perspectiva, ¿eh?

Tampoco me veo volviendo a Jerez, sin duda, más claro que el agua, ni siquiera a España, al menos durante los próximos años, mas estoy completamente segura de que este continente debe de tener un rincón idóneo, un lugar en el que sentirme yo misma, a gusto, realizada en todos los aspectos y decir: “esta sí puede ser mi casa”, una ciudad incluso desconocida en estos momentos para mí. Sin necesidad de irme al otro lado del charco, sin tardar un día en llegar a casa de mis padres ni tener que gastarme el sueldo de un mes en ello. He aquí la base de toda esta parafernalia.

Pero bueno, por mucho que hable y piense ahora, ya veremos dónde acabo. Sea donde sea, sólo espero poder seguir disfrutando como mínimo del salmorejo de mi madre en verano :D.

¡¡Ni bueno que está con su huevo y pan tostado troceados!! Aunque reconozco que en la imagen no tiene la mejor pinta del mundo… Para la próxima mejor os enseño el salmorejo por un lado y los condimentos por otro :).

Cual casa de putas

Relato ficticio. Autora: María González Amarillo.

Circe se mira al espejo. No se reconoce. Un rostro demacrado, machacado, reventado por el roce. Como si sus más terribles miedos estuvieran intentando salir a través de las mejillas, minando en su furia la piel, marcándola, rasgándola, enrojeciéndola. Unos ojos tristes y ensombrecidos color miel forman parte de este tenebroso cuadro, de esta nariz desconocida, de estos labios medio arrancados, de estos pómulos cuyas marcas no son las típicas de la almohada. Preciosa Circe, ¿qué te has hecho?

Una alegre noche, ¿eh? Una maravillosa velada truncada por los objetos de deseo. Te sentías bella, imponente, fabulosa. Nada podía contigo, arrasabas a tu paso. Tus ojos brillaban e invitaban al placer, tus labios relucían con su intenso carmín, tu amplia sonrisa cautivaba a todo el que se encontrara alrededor y tus movimientos de caderas se sabían perseguidos por miles de miradas.

Y volviste a cometer el mismo error. La piedra de siempre está a punto de desaparecer en forma de gravilla de tanto tropezarte, bonita. Te divertiste con uno, con otro, un tercero, otro más. ¿Dónde está tu límite? Bueno, aún así, no dejaba de ser una situación agradable, incluso cariñosa. Bailar, prestar besos, repartir amor por todo el espacio…

Hasta que le metiste en tu casa. Ya sabías por el camino que no era buena idea. ¡Ay, linda y joven Circe! Te dejaste llevar demasiado. Rebasaste la línea. Y solo tú tienes toda la culpa. Por suerte, solo te insistió un poco para que le hicieras una felación. Te negaste, por supuesto, ¡aquello era demasiado! Él te presionó un poco más. Empezaste a llorar. Eso no se lo esperaba. Te acordaste de que no era la primera vez que te sucedía. Hacía ya tanto tiempo, que se te había olvidado el asco que te daba ese tipo de situación. Te acordaste de todas las veces anteriores y te insultaste.

Pero, sobre todo, te acordaste de él. Del protagonista de tus sueños. Del que realmente se preocupa y vela por ti. Del que siempre te acuerdas cuando te sientes mal a raíz de cada uno de esos malditos polvos innecesarios. Del dueño de tu corazón y la melodía que impregna todo tu cuerpo de su ser.

Y, aún así, dejaste que aquel impostor te penetrara, en vez de echarlo inmediatamente de tu territorio, de tu único mini-cosmos personal. ¿No te gustó? Claro que sí, lo físico se disfruta por naturaleza. Mas, en realidad, lo que más ansiabas era que se acabara ya. Al menos, se había puesto un condón, no todos lo habían hecho. Tampoco le habrías dejado… ¿verdad, Circe? Mira, otro golpe de suerte: acabó rápido. Te alegraste enormemente por la existencia de la eyaculación precoz.

Entonces, tal cual se separó, te dijo: “bueno, guapa, pues lo siento pero me voy a tener que ir”. Hasta ese momento ni te habías planteado el querer que permaneciera contigo. De hecho, era lo último que deseabas pero, en cuanto soltó aquella blasfemia, como si tú le hubieras suplicado que se quedara, te jodió. Porque le había faltado tiempo para huir, para quitarse de en medio. ¿Para qué dar ni medio abrazo cuando ya se ha descargado el material?

Y en cinco minutos y dos besos, cerraste la puerta. Para no volver a verlo nunca más. Para sumirte en las tormentosas profundidades de la inconsciencia y la inmadurez. Para recordarte lo imbécil que has sido, en resumidas cuentas.

Sucia. Te sientes sucia. Corres a la ducha, te frotas hasta hacerte daño incluso, y no te importa porque te lo mereces por haberte faltado el respeto a ti misma una vez más. Vuelves a tu habitáculo contaminado de su esencia y ni miras las sábanas corrompidas mientras las arrancas para cambiarlas y romper todo lazo mental. Por fin puedes tumbarte tranquila. Respirar hondo, reflexionar, prometerte una vez más un “basta”, un “nunca más”, un intento por preservar la propia dignidad que se te había escapado en escasos minutos.

Y así fue como la hermosa e inocente Circe erró de nuevo. Volvió a permitir que usurparan su intimidad bajo los efectos del encanto y del alcohol. Y el intruso indebidamente invitado, tal y como había venido, se había ido de su pequeña madriguera, sin mirar atrás, sin procurar honrar su integridad manchada ni su humilde morada. Cual casa de putas.

24 de diciembre

¡¡¡¡Ya estoy en Jerez!!!

No sé cómo pero, definitivamente, llegar a casa es como entrar en una burbuja del tiempo aparte. Todo se tranquiliza, se vuelve agradable, sin prisa, entretenido, familiar. Entra mucho sueño también xD, y lo mejor es hacer en todo momento lo-que-a-pe-tez-ca. ¿Que tengo sueño? A dormir. ¿Que tengo hambre? A comer. ¿Que quiero salir? Pues salgo.

Ahora mismo voy al cine, que ya le tengo mono otra vez, a ver qué tal está Ahora los padres son ellos. Puntuación baja en IMDB pero bueno, es para lo que es, reírse un rato.

¡¡Que paséis unas buenísimas tarde y noche, que os infléis a cenar, que Papá Noel se porte bien y que disfrutéis muchísimo del día de Navidad!!

Pueblo fantasma

0:25, noche cerrada. Villaviciosa. Calles demasiado iluminadas, deberían apagar las luces un rato. Se me ha venido a la cabeza aquel día en el que medio Jerez estaba a oscuras. Bueno, quizá no medio Jerez, pero un buen trecho de la avenida principal sí. Era increíble. Oscuridad total. Me acojonaba, me encantaba.

Un chico lleva la basura. Ruido de algún coche. Una pequeña y animada reunión a través de las cortinas translúcidas de un ventanal. Hoy me he agobiado en casa. Creo que es la primera vez que realmente me agobia mi casa. Mi refugio, mi espacio, adonde solo tengo acceso yo. Mi territorio, mi escapada, mi huida, mi sitio, mi hogar. Será porque llevo todo el puto día metida dentro. Lo que ya he dicho un porrón de veces: cada vez que explotas algo demasiado, acabas hasta los huevos de ello.

El banco. Siempre sacando dinero. Es alucinante cómo desaparece entre los dedos, moviéndose de aquí para allá constantemente. Consumismo. Nacemos predestinadamente enseñados para gastar. Nos frustramos cuando no podemos hacerlo. Bueno, creo que no es mi caso, pero en general sí. Ir de compras se ha convertido en una terapia. Yo lo detesto, es un coñazo. Será porque no me conformo con cualquier prenda.

Un cigarro. Otro. Un par más. En realidad no hacen nada, su efecto es completamente psicológico, solo suponen un gasto brutal de pasta, y más ahora, que han vuelto a subir los precios. Menos mal que lo mío es ocasional, porque el Gobierno se va a poner púo a raíz de los fumadores.

Unos pocos coches. No me esperaba ninguno. En uno de ellos, sonaba esta canción:

Al buscar un vídeo con buen sonido, he encontrado uno en el que pensaba que ponía la letra pero… creo que eran unas palabras que había puesto la persona que había colgado el vídeo en memoria de amigos suyos y de su novia que habían sido asesinados… Igual me equivoco pero se me ha puesto un mal cuerpo de la hostia y no lo voy a mirar otra vez para comprobarlo.

Sonaban las raíces de un árbol. Sonaban en serio, un sonido entre lluvia y un crepitar eléctrico. Pensaba que no me acordaría de ello, pero me da que he ido todo el camino repitiéndome lo que experimentaba para transcribirlo. Neurótica de remate. No paraba de pensar. Tanto en mis sensaciones como en el blog. Fifty fifty. Esto ya resulta enfermizo. No soy capaz de divagar sin unirlo a la adicción de plasmarlo por escrito. Eso, en parte, ha mantenido cierto agobio… junto con cierta presión del estómago, en buen momento se pone a dar por saco.

He visto a un hombre de lejos. Me parecía que estaba hablando solo y he concluido rápida y prejuiciosamente que iría borracho. No lo iba. De hecho, me ha saludado y sonreído al pasar. Qué agradable. Era muy bajito, debía de pasarle una cabeza o así. Psicosis. Paranoia. Ahora viene de repente y me coge del cuello, pero saldría ilesa. Agarrón de su brazo, voltereta mortal, patada en los cojones. Hasta luego, Lucas, ahí te quedas. Mirada hacia atrás. El hombre ya está en la otra manzana. Hacía mucho que no imaginaba escenas violentas, de las que siempre salgo indemne, por supuesto.

En tercero de ESO me pasaba mucho. No paraba de visualizar mentalmente palizas y palizas a los cuatro gilipollas de clase. Si yo fuera profesora, los cojones iban a vacilar unos niñatos a nadie de clase, y menos a una chica. Si me los encontrara ahora, los cojones me iban a decir ni mu, los muy fracasados. En otras ocasiones, imaginaba que un loco entraba por la ventana, agarraba a uno de los chicos y yo, de alguna fantástica y ágil forma, lo salvaba, y así me dejaban en paz.

Menos mal que los tiempos cambian. Tuve una buena adolescencia, ¿eh? Bueno, todo lo digna que se puede tener, pero tampoco os vayáis a pensar ahora que andaba trastornada, solo eran unas cuantas mierdas de mosca zumbando.

Mi intención no era centrarme en ese tema, en verdad. No tenía intención ninguna, solo escribir. Blog-adicta. Al blog y al philadelphia. Parece una chorrada pero ya va en serio, exagerado. Menos mal que no compro chocolate, bastante me cuesta ya bajar de peso. Joder, no tengo hambre y aún así cogería una tarrina y empezaría a fundírmelo como si fuera helado.

El pecho se ha calmado. Otra semana más empieza, y tiene buena pinta, pero aún así el mero hecho de que empiece otra serie de siete días hace que ya entre pereza, desgana. Rutina. ¿Cuántas veces he hablado de esto? Mañana se habrá pasado, o si no el miércoles en Zombie (fiesta de la Sala Heineken, Madrid), cómo no. A evadirse. A disfrutar, a bailar, a conocer gente. A lo mismo de siempre, en realidad.

Un puente más que satisfactorio. Me he reído muchísimo y he compartido experiencias con bastante gente, la de siempre y nueva.

No importa, ya pasó. Pero me levantaré y desayunaré. Sí, la primera comida del día me anima, las otras dan más vagancia. ¡Ya lo tengo! Las adornaré con Ketchup :). Lunes. No me parece un nombre feo. Y el domingo menos, pobre. Aunque ha sido para nada el de hoy. ¿Para nada? Qué coño, claro que sí. He… pues, he… ¡Ah, sí! Me he leído los primeros tutoriales del curso de Community Manager al que me he apuntado (obligadamente pero da igual, me viene muy bien) en la empresa de las prácticas. Por primera vez, he divisado, aunque fuera difusamente, una mínima proyección de futuro real, cercana, táctil. Sienta bien eso.

Buah, neura mental de las grandes. Supongo que ya tocaba. Y mañana más, en la siguiente sesión del Seminario de Análisis Fílmico sobre Solaris. Sobre la búsqueda eterna de respuestas. Sí, va a ser un buen día solo por eso.

¿Qué más he hecho hoy? Descargarme un vídeo para un reportaje de clase… No me gusta grabar. Después de aquellas tres horas preparando todo el plató y tratando de mover la cámara en condiciones, concluí que no me apasiona. No me llena nada, incluso me vacía más, me aburre. Me flipa ver planos guays, películas y a la gente que le gusta grabar, pero mis manos no son para eso.

Me he quedado medio en blanco, así que aprovecharé para apagar el ordenador a toda velocidad, antes de que se me vengan más cosas a la cabeza y empalme con el madrugón para ir a las prácticas. Aunque hace tiempo que asimilé que el cansancio y el sueño van intrínsecos en el ser humano. ¿Acostarse temprano? ¡Anda, hombre! Me gusta la noche. No sé si más que el día. Supongo que sí, porque si no en invierno no veas.

Venga, hora de dormir (2:17), ¡que os levantéis contentos y que la semana os depare alguna sorpresita! (la cual será fundamentalmente producto de vuestra mente también, ¡pero no importa! De eso se trata) :D.

El verdadero sentido de la Tranquilidad

Ayer fue la última noche de un puente (cogido por libre) maravilloso. Un puente casero, doméstico, reducido. Un puente de chándal, ordenador, libro. Un puente de comidas maternas y noches familiares y pasivamente televisivas. Un puente en el que el sentido de la palabra tranquilidad se ha manifestado y brillado en todo su onírico, sosegado e interiormente orgásmico esplendor.

Un puente de no tener ganas de salir de casa de lo extraordinariamente a gusto que se estaba dentro. Un kitkat impresionante en medio del extremo frenesí madrileño universitario. Una burbuja temporal en la que una sin esperarlo ni pensarlo se da cuenta de que esta acongojante pasividad tan tremenda, a pesar de tener previas ganas e intención de salir y quedar con mucha gente de por allí, pues ese pasotismo viene de la mano de una vida constantemente predestinada en la capital, semana tras semana a tope de actividades, tareas y deberes de todo tipo sin apenas respiro para relajarse de verdad, lo que no solo consiste en repanchigarse un rato en el sofá a diario sino que va mucho más allá, cruzando la frontera de una mente ultra activa en todo momento y a gran velocidad, y esparciendo una confortabilísima pereza por todo el cuerpo y los sentidos.

También es muy probable que haya influido el hecho de que, aunque vivir plenamente independiente sea genial y un lujazo, en estas circunstancias siempre tienes más mono, ansia, necesidad de moverte y hacer de todo para no permanecer ni un minuto sedentario… Pero, en cambio, cuando te encuentras desde que te levantas hasta que te acuestas con otras personas, si encima son las que más quieres en el mundo, ya no experimentas esa imperiosa sensación de querer salir corriendo a comerte el mundo, porque entre esas paredes hay todo un universo diminuto que nunca termina de explotarse, un pequeño terreno donde seguir madurando y a la vez volver a ser niño.

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