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Las personas tóxicas y las luciérnagas

negatividadLas personas tóxicas son aquellas que te aportan tristeza, pesar, desequilibrio. Negatividad en general. Corresponden a ese determinado porcentaje de seres humanos que, de manera consciente o inconsciente, extienden a su alrededor un halo de vibraciones que alteran tu estado de ánimo si no tienes la suficiente fuerza mental como para rechazarlas, tanto desde el principio si las ves venir como una vez habiendo irrumpido en tu camino de manera inesperada ante tu falta de capacidad para afrontarlo bajo el raciocinio y una perspectiva crítica y analítica.

El problema es que somos salvajemente emocionales. Nos creemos dueños de nuestras vidas cuando en realidad nos hallamos sumidos en un estado de permanente afectación con respecto a lo que nos rodea. Y, dependiendo de nuestra capacidad racional, aquella que se manifiesta cuando las emociones ya han jugado previamente contigo, asumimos los acontecimientos de manera muy distinta. Por eso, personas de la misma condición social, cultural, económica, política, etc., reaccionan de muy distinta forma frente a los mismos problemas o adversidades.

Así pues, volviendo a las personas tóxicas, se recomienda alejarse de ellas rápidamente. Si se encuentran en tus círculos más cercanos, hay dos pasos: el primero, comprobar si es posible alejarse o no de ese ambiente (los más típicos son el laboral, más comprometido, y el amistoso, más doloroso). En caso de no poder evitarlo, puesto que se trate de un ambiente integrado entre tus hábitos cotidianos, entonces habrás de decidir cómo sentirte. ¿Molesto, amargado por tener a esas personas cerca o simplemente indiferente, permitiéndote disfrutar de todo lo demás que no está contaminado? Complicado pero crucial para vivir con dignidad. Tenemos que aprender a inmunizarnos, y esto requiere mucho, muchísimo tiempo y esfuerzo, pero la recompensa emocional no tiene precio.

boomerangEs más, tengo la teoría de que no vale la pena en absoluto sentirse más afectado de lo necesario, ya que podéis tener por seguro que dichas personas recibirán su toxicidad de vuelta cual boomerang. Ya lo indica la filosofía tántrica: cuando tratamos a alguien mal, injustamente, o simplemente cuando desprendemos negatividad hacia otras personas en forma de quejas y críticas destructivas constantes, no nos sentimos bien. Por regla general, el ser humano no disfruta haciendo sufrir a los demás (aunque las noticias televisivas nos hagan pensar que sí) ni exteriorizando sus desgracias gratuitamente a troche y moche (de hecho, esta actitud les engancha, es importantísimo cortarles de raíz), de manera que, cuando proyectamos este comportamiento nocivo, el malestar rebota inevitable y exponencialmente hacia nosotros.

Lo mismo ocurre con el positivismo. ¿No os sentís felices en compañía de personas que sonríen constantemente y que destacan por su amabilidad? Haced memoria. ¿Recordáis qué fácil os contagian su alegría y os sentís agradecidos por el agradable rato que os hacen pasar? Tengo una amiga que es así. La veo con menor frecuencia que a otras amistades pero siempre está ahí, cual luciérnaga en plena noche, ocupando un lugar especialmente iluminado en mi cerebro. De hecho, voy a hablar de ella, porque me apetece y me hace sentir bien pensar en que existan personas tan maravillosas:

Esta chica acaba de mudarse a Madrid para buscar trabajo. Tomó una decisión, se organizó y se tiró a la piscina con un entusiasmo precioso. Al reunirnos la última vez, me comentó que se le pasaba el tiempo volando, que no paraba de hacer cosas y que tenía mucha suerte de toda la gente buena que estaba conociendo. Ahí me permití decirle sinceramente: “no se trata de que estés conociendo gente buena, sino de que tú la estás atrayendo”. En su adorable humildad, no se quedó muy convencida, parece que continuó atribuyéndoselo a la suerte, pero una servidora está absolutamente convencida de ello.

Ypositivismo no hablo de que por desprender energía positiva constantemente a uno nunca le pase nada malo, en absoluto, afirmar eso sería profundamente surrealista porque así de puñetero es este mundo y esta vida; pero sí que tenéis que saber que, en gran medida, sois dueños de vuestro destino. Un ejemplo simple es que precisamente esta amiga mía, a su llegada a Madrid, trabajó una primera vez como freelance en una empresa cuya jefa resultó harto desagradable. Una persona a todas luces tóxica. Sin embargo, mi amiga decidió darle una segunda oportunidad, no fuera a ser que hubiera tenido un mal día. La experiencia negativa se repitió, lo que confirmó oficialmente su carácter tóxico. ¿Qué pasó? Que en lugar de seguir tragando, mi amiga decidió no volver más.

Parece fácil, ¿no? Pues qué difícil nos resulta cambiar normalmente… Reconozco que a menudo se sufren ciertas ataduras, como una hipoteca o una familia que mantener, pero a menudo estos factores se convierten en las excusas perfectas para soportar una vida espantosa que probablemente sería distinta de tratar de arriesgarse y buscar una posición mejor, siempre desde el análisis concienzudo de las posibilidades, por supuesto. Aparte, este recorrido existencial (estudio/aprendo un oficio, trabajo, me caso, compro una casa y tengo hijos) está siendo destruido a grandes zancadas en nuestro país a raíz de la situación económica, momento en que quizá debamos pensar más que nunca en lo que nos gustaría hacer y cómo conseguirlo o encaminarnos mínimamente hacia ello, aprovechando el despertar que ha supuesto este drama en medio de una sociedad que cada vez se siente más inquieta y más predispuesta a perseguir sus sueños. O eso creo notar en torno a mi generación.

Total, me estoy yendo por las ramas, así que regreso a las personas tóxicas y las luciérnagas. Lo dicho: huid de las primeras. Ya que en un principio os pueden pillar de sorpresa, proceded lo más rápidamente posible a eliminarlas de vuestra mente junto con la influencia que puedan ejercer. No tiene sentido alimentarlas sin rumbo psicoanalítico ni serán en absoluto relevantes dentro de una temporada más corta o larga de todas formas. Ni siquiera la venganza es necesaria porque, además de que os enveneraría el espíritu y agraviaría vuestro humor, la podredumbre ya está en su interior, esas semillas que ellos mismos siembran y abonan exteriorizando su contaminación hacia los demás y volviéndose cada vez más nauseabundas. ¿Para qué desearles siquiera mal alguno si ya tienen suficiente con el suyo propio? Tú estás por encima, estás en otro nivel en el que no solo responder sería rebajarse, sino también aportarse aún más negatividad de vuelta. No querrás esas semillas podridas en ti mismo, ¿verdad?

positivismo y negatividadAcercaros a las luciérnagas. Ellas os elevarán hacia lo que más os gusta de las personas, os harán recuperar la confianza en el ser humano, os darán ganas de vivir, de reír, de disfrutar, de alejaros de lo que os desestabiliza y de lo que os encoge el corazón en un incordio de pellizco innecesario e inútil, de nulo uso.

Amistades que se tuercen, jefes insufribles, parejas tortuosas, compañeros insoportables… Incluso el mero hecho de definirlos ya les da nombre y fuerza, ya les da importancia. ¿Para qué empañar tu tiempo y tu mente de tales vulgaridades? ¡Habrá cosas en las que pensar, sobre las que reflexionar y que disfrutar! No solo pertenecientes a las situaciones mundanas sino a otros universos reflexivo-filosóficos, poco apreciados a menudo a causa de nuestro egocentrismo natural (qué se le va a hacer, somos así). Además, solo tienes que preguntarte si acaso te mereces sentirte mal. ¿No? Entonces no te permitas auto-castigarte.

Por otra parte, también existe la posibilidad de que se haya producido un malentendido o efectivamente hayas tenido la culpa de algo, en cuyo caso no hay nada más sano que hablar las cosas con educación para disculparse y arreglarlo. Si eres demasiado orgulloso como para esto, la negatividad brotará de ti mismo; si lo intentas y la otra persona no es receptiva o incluso no hace el menor esfuerzo por contribuir, caso perdido. Y, por suerte, nadie es imprescindible en esta vida, así que ya sabes lo que hacer.

Dedicado a todas las luciérnagas de este mundo.

El tantra blanco

tantra equilibrio emocionalEl domingo pasado tuve el placer de asistir a una charla sobre el tantra, y en concreto sobre el tantra blanco. Previamente, una servidora ni siquiera era consciente de que existieran varias modalidades, estaba bastante pez en el tema, pero aquella mujer en edad madura y de sonrisa permanente se hizo cargo de posicionarnos de principio a fin (teóricamente) en cuanto al tema, aunque por supuesto os invito a documentaros mucho más, ya que aquí sólo postraré lo más básico.

Antes de nada, aclaro que la velada se transformó en prácticamente una revelación existencial para mí. Sé que no todo el mundo alberga la misma capacidad de credibilidad (que no es ni malo ni bueno) en este tipo de cosas pero precisamente lo que me maravilló del tantra es que no se trata de una religión, que por definición suelen incluir sus reglas e imposiciones propias (y desventajas hacia la mujer, dicho sea de paso), sino que consiste en una forma de vida tan respetuosa y espiritual como lógica y empírica en todos sus aspectos y a la cual cada persona es plenamente libre de acogerse. Así pues, resulta que, dentro de mi gran escepticismo hacia las cosas que no veo, esta filosofía me pareció extremadamente acertada en sus argumentos.

Iremos por partes. La ambientación, sin duda, era perfecta, puesto que el encuentro tuvo lugar en el Bar Café la luna de Madrid (Calle Monteleón, 17, Metro San Bernardo), un rincón de lo más acogedor y con un amplio surtido de tés entre los que perderse más de una tarde. Luego, no le faltaban cualidades a la conferenciante para atrapar a todos los oyentes a través de una voz estudiadamente proyectada, unas pausas metódicas entre frase y frase y una lentitud genérica que permitía asimilar cada concepto sin a la vez perder la atención ni un segundo.

Yendo al meollo: esta mujer, de nombre María Ángeles, nos comentó para empezar lo dicho en el primer párrafo, que no hay un único tantra. Están, por ejemplo, el budista, el blanco, el rojo… Ella se centró en el blanco, que pertenece al espíritu y precede al rojo, el de la sexualidad. En la siguiente imagen podéis ver los siete chakras que componen el tantra blanco y cuya explicación se os ofrece posteriormente. No sentiréis tan intensamente la aplastante conexión entre ellos y la vida como la experimentamos los asistentes a aquel embrujo social pero al menos os haréis una idea y creo que le veréis sentido también.

Chakras tantra

Comenzamos por la base, por el punto rojo: el chakra de la madre tierra, situado entre el ano y los órganos sexuales. ¿Por qué? Os lo muestro con un ejemplo muy sencillo e ilustrativo: cuando nos escapamos de la civilización para disfrutar de la playa o el campo, nos sentimos mucho más relajados, ¿verdad? No es difícil que se nos vengan estos espacios a la mente en momentos de estrés o de ansiedad como los recursos ideales para despejarse y reponer energías. De esta manera, nuestros momentos de paz y de desconexión se dan en dos escenarios maravillosos en los que a menudo nos sentamos… con las piernas cruzadas, entrando en contacto así con la mencionada madre tierra. He aquí el vínculo entre este chakra y su razón de ser.

Proseguimos con el punto naranja: el chakra de la creatividad y de la sexualidad. El núcleo creador de vida, de ilusiones, de esperanza, de proyectos. ¿No nos entra en ocasiones cierto hormigueo en el vientre cuando nos hallamos al acecho de nuevas aventuras, viajes, planes? ¿Y qué me decís de esas “mariposas en el estómago” en vísperas de encontrarse con el objeto de amor o de deseo? Ahí lo tenéis.

Punto amarillo: el chakra de la confianza en ti mismo, situado en la boca del estómago, ese componente físico que se encoge con todas sus fuerzas en momentos de inseguridad, de confusión, de perdición, de no saber muy bien quién eres o por qué estás actuando de tal manera. Ese pellizco que, cuando no se dan dichas sensaciones, se volatiliza al estar convencido de que vas por buen camino, de que estás tomando las decisiones adecuadas y te sientes satisfecho con tu personalidad, con tu vida, contigo mismo.

tantra amorPunto verde: el chakra del amor y de la compasión. Cómo no, situado a la altura del pecho, cerca del corazón, del que desprender el amor hacia los demás, porque esta es la base del tantra: el amor. El tantra es amor y la consideración de toda experiencia como la proyección del amor que viene y va, que das y que automáticamente recibes. Hacia los que te tratan bien y hacia los que te tratan mal, porque de ellos adquirirás otras tantas enseñanzas. Cuando hacemos daño a alguien, nos lo hacemos a nosotros mismos también, porque la conciencia nos devuelve el malestar que estamos provocando, no nos sentimos bien con respecto a nuestra propia maldad.

Punto azul: el chakra de la voz, de la proyección. Cuanto más repita una persona: “esto me va a salir mal”, “no lo voy a conseguir” y demás, tened por seguro que así será. Atraemos lo que evocamos hacia el exterior. Si nos dedicamos a proclamar desdichas, efectivamente sucederán, porque nos predisponemos automáticamente a que así ocurra. No obstante, si decimos que vamos a lograr lo que nos propongamos, que podemos abarcar esta situación, que por qué no íbamos a ser capaces de hacer aquello; claramente nuestros esfuerzos se encaminarán en línea recta a la consecución de nuestros objetivos, generando unas elevadas probabilidades de éxito.

Punto morado: el chakra de la mente y de la interpretación. El tercer ojo que nos ayuda a ver más allá de lo que nuestras pupilas nos permiten, que desarrolla nuestra intuición y da sentido e identidad propia a lo que perciben los sentidos, a menudo de manera inconsciente. ¿Qué ocurre cuando nos duele la cabeza? Que nuestra capacidad de comprensión e imaginativa se ve tremendamente mermada, anulando la habilidad que tenemos de absorber y visualizar la realidad en todo su esplendor gracias a este sexto sentido.

Finalmente, el punto lila se corresponde con el chakra del dios padre o de la divinidad, pero no en relación a una entidad determinada ni un ser superior como se pueda pensar, sino a nuestra capacidad espiritual y de conexión con el universo. Nuestra, llamémoslo, empatía hacia el resto de átomos que nos rodean, la conciencia sobre todo ello y sobre nosotros mismos en constante intercambio energético. Cuanto más capaz es una persona de abarcar la sabiduría, el amor, la belleza de alrededor, más completa y dichosa se sentirá. En cambio, aquellos que permanezcan encerrados en sí mismos se privarán de toda esta riqueza y focalizarán tanto sus tragedias como sus alegrías exclusivamente en sus actos mundanos y su limitada interpretación de los mismos.

tantra

Por tanto, el objetivo es desbloquear los siete chakras para que actúen en consonancia y a tu favor; trabajarlos para que cada uno se encuentre en armonía y conecten todos entre sí, dando lugar al equilibrio emocional, a la paz interior, a la felicidad y al amor. El método para lograrlo, al que naturalmente hay que dedicarle tiempo y esfuerzo, es la meditación. No exige una hora al día, basta con unos diez minutos durante los cuales cuerpo y mente han de relajarse por completo. Se recomienda concentrarse en la respiración, o en una música pausada si os resulta más fácil (se puede buscar en Youtube), para proceder a abstraerse profundamente en cada uno de estos puntos y percibir si hay alguno o varios que provoquen cierto dolor, cierto malestar que habrá de analizar y solucionar.

Hasta aquí han llegado mis escasos conocimientos sobre el tantra blanco. Para saber más, habréis de recurrir a otras fuentes. Si os interesa contactar con la persona de la charla, su correo es tantraconangeles@gmail.com. Ofrece talleres y sesiones variadas pero los precios os podrían resultar elevados (como a mí), por lo que podéis tomarla como referencia para preguntarle libros que os recomiende, ya que habrá tropecientos sobre la materia. Por otra parte, si no recuerdo mal, es posible que de charlas gratuitas como esta periódicamente, lo cual sería un buen paso para comenzar.

Y si no, siempre queda el espíritu autodidacta :).

Cosas que pasan cuando tienes a familiares agregados al Facebook

Por cosas como esta, entre tantas otras, no tengo a familiares agregados (exceptuando hermanos y parientes más o menos de mi quinta) y sigo dando gracias porque mis padres no tengan el más mínimo interés en introducirse en el mundo de las redes sociales.

Creo que se trata de un ámbito en el que se deberían separar unas generaciones de otras. Me explico: me parece estupendo y maravilloso que hijos y padres decidan tenerse presentes en sus respectivas cuentas pero también me parece incluso una pena saltar esa frontera, esa distinción generacional. La exteriorización de los pensamientos, estados de ánimo, opiniones, noticias e imágenes a compartir, etc, siempre se va a ver condicionada por quienes tengamos agregados a nuestro perfil, y si justo son nuestros progenitores los que deambulan por ahí, esa privacidad expresiva se pierde por completo.

No os confundáis, tengo muchísima confianza con mis padres (basta con decir que naturalmente leen este blog, y cualquiera de mis lectores habituales sabe cómo me expreso en bastantes ocasiones: sin tapujo ninguno), pero las redes sociales son otro tema. Por poner los ejemplos más típicos: ya saben que bebo pero no considero necesario que me vean con cubatas en la mano. Ya saben que tengo fotos con mis amigos pero no hace ninguna falta que vean la esperpéntica jeta que llevo en la mitad de ellas ni que me las comenten, y menos para alabar tantísimo mis virtudes delante de todos mis contactos (admitámoslo: a todos nos da una vergüenza terrible esa explosión amorosa, o reprobadora según la situación/imagen enfrente de los colegas).

Me basta y me sobra con la relación que mantengo con ellos, plenamente comunicativa pero cada uno con su espacio, en perfecto equilibrio. Aparte, extrapolándolo a todos aquellos que sí tienen a familiares agregados: ¿con qué motivación le suelto yo una burrada verbal a algún amigo en su muro si soy consciente de que tiene a su madre agregada? ¿Qué va a pensar de lo que puede ser una inocente frase para mí pero resulta una burda atrocidad para ella? No lo sé, normalmente no la conoceré pero ya me coarta. Peor aún: pongamos que lo hago y me la comenta ella misma. ¿Cómo respondo? Abran paso a la muerte cruel y dolorosa del libre (y joven) pensamiento.

Desde luego, no estoy diciendo que a los mayores de 50 años se les deba prohibir el acceso a Facebook, ¡no me malinterpretéis! Mas opino que esta intromisión tecnológico-social en masa de los nacidos en los 60 se debe más bien al boca-a-boca que a un deseo natural y espontáneo de pertenecer a estas comunidades, las cuales hay que conocer bien antes de meterse (y no es la norma esto, así nos va). Sí, eso es, una moda que ha irrumpido y se está catapultando brutalmente de unos seres a otros para ir cubriendo cual epidemia de sensación moderna y súper-actualizada todos los hogares posibles.

En fin, todo este post no deja de mostrar mi perspectiva personal (aunque más de uno coincidirá conmigo, digo yo) pero vamos, por muy transparentes que seamos, nadie se comporta igual con los padres que con los amigos (nadie, he dicho), de la misma manera que tampoco nos comportamos igual con unos amigos/colegas/conocidos/familiares que con otros.

Conclusión: papás, seguid en vuestra línea. Mis hermanos y yo estamos orgullosísimos de vosotros y extremadamente agradecidos hacia vuestro nulo interés por estos mundos virtuales :D.

Gracias por dejarme ser libre

Gracias por encontrarme.

Gracias por tu sinceridad.

Gracias por tu confianza.

Gracias por aceptarme y respetar mis ideas.

Gracias por interesarte por mis amigos.

Gracias por apreciar a mis seres queridos.

Gracias por no invadir mi espacio.

Gracias por permitirme respirar.

Gracias por distinguir entre tu círculo y el mío.

Gracias por no juzgarme.

Gracias por hacerme reír.

Gracias por emocionarme.

Gracias por tu transparencia.

Gracias por tus silencios.

Gracias por tu mirada.

Gracias por tu ambición.

Gracias por apostar y luchar por mí.

Gracias por iluminarme el camino.

Gracias por hacerme sentir viva.

Gracias por abrumarme de felicidad.

Gracias por no sólo quererme, sino amarme tal y como soy.

Gracias por escucharme y entenderme, o como mínimo intentarlo.

Gracias por abrirme la puerta de tus sentimientos desde el primer momento. De par en par.

Gracias por dejarme ser libre dentro de una sociedad repleta de manipulación y de un sentido de la posesión extremadamente enfermizo.

Gracias… por ser así. Como tú.

En un mundo en el que virtudes como la confianza, el respeto, la comunicación y el amor incondicional se hallan tan deterioradas, no es tan raro sentir unas ganas inmensas de agradecerlas.

Muñecas desnudas y huellas mentales

Frío. Templanza huidiza. Brazos delgados, piernas flojas, tripa ausente, alma volátil. Todos pegados a un esqueleto medio extraviado, pero fuerte en su esencia, atento a las circunstancias como quien mira despistadamente pasar un tren, vagón tras vagón, sin distinguir rostro alguno aunque intuyéndolos en su interior, dejándose llevar. Agradablemente postrado a la deriva.

Manos perdidas que se entrelazan intentando manejar sensaciones, camuflándolas, engañándolas, estrujándolas, apartándolas.

Muñecas desnudas, finas, límpidas, suaves, humildes, frágiles. Ni brillos, nulos ornamentos; ni tiempo, reloj oculto; ni recuerdos, ya guardados. Al fondo del cajón de los recuerdos, y del alma. A flor de piel, en la superficie de los sentimientos.

Mientras tanto, el día a día se sigue cubriendo con multitud de acciones. Actitudes variadas pero repetitivas que pretenden dar la convicción de utilidad, de aprovechamiento. De hacer lo correcto, lo que toca, lo que se debe hacer, a lo que no hay más remedio que someterse. Mezclado con esa parte del cerebro que vive en otra parte, aventureramente, en alucinantes paraísos y veloces hormigueos corporales. Vértigo vital en su más pura esencia. Vértigo psicótico, espontáneo, terrible. Libre e indescriptible.

Mas esto se cruza nuevamente con la imposibilidad de no pasar ni una jornada sin contemplar perspectivas, posibilidades, previsiones, consecuencias. La mente al cien por cien permanentemente, trabajando a destajo, maquinando inmensas volutas de humo, construyendo miles de castillos de arena, de los cuales la gran mayoría serán arrastrados por el agua y el viento, tan cruel como merecidamente.

Palabras que te rozan y se escurren, vuelan, se volatilizan ante la impasibilidad. Enfrentadas solo por un momento para ser catapultadas al vacío por aquellas otras palabras que tambalean el pecho, atraviesan los poros, alteran la respiración, se sumergen en la mente, se clavan en el corazón como puñales. Algunos placenteros, otros dolorosos, unos eufóricos, otros lastimeros, y aquellos… indefinibles. Tan susceptibles de arder en llamas como resultar disimuladamente incombustibles.

Huellas. Huellas mentales, huellas del subconsciente que no se pueden ni explicar, ni se recomienda tratar de hacerlo. ¿Para qué? Sociedad pro-comunicación atestada de desinformación, insatisfacción, frustración, incomprensión. Relaciones interpersonales, amistosas, amorosas. Raciales, estereotipadas, exigentes, juiciosas. Tensas, discontinuas. Hasta las más cercanas, completas y compenetradas se ven azotadas por la vertiginosidad de la naturaleza humana.

Y, aún así, con la confianza aún puesta en una vida plena, divagando eternamente entre la realidad y el mundo de las ideas y de los sueños… para no toparse de bruces con la desesperación.

Antiguallas

Este fin de semana jerezano le eché un vistazo a los rincones de mi armario, como hago de vez en cuando al aburrirme en casa de leer, ver series y hacer lo típico. Hallé una caja, la abrí, y esto es lo que contenía:

Aparatitos de mi adolescencia más temprana que ya no mis hijos, sino mis primos pequeños nunca llegarán a conocer.

El mitiquísimo discman, donde reproducía mis cds originales de La Oreja de Van Gogh. El discman que metía en el bolsillo de fuera de la mochila para los 15 minutos de ida y los 15 de vuelta del colegio o de las clases de inglés.

Mi primer móvil, armatoste de gran tamaño que pasó de mi padre a mi hermano mayor y de este a mí. Cuánto lo exploté a los 12 años, tanto que me lo quitaron por enganchada y no lo recuperé hasta los 13, pero le faltaba poco para morir definitivamente.

Luego vinieron los mp3 y los iPods, y los móviles a color y finalmente táctiles, pero estoy segura de que aquellos vejestorios permanecerán guardados con cariño en algún punto de la memoria para visualizar de nuevo aquellos paseos con banda sonora y aquellos primeros mensajitos mandados por mandar de enana iniciada en la pubertad.

Desde el Talgo.

Hablando de recuerdos… Hoy me he escrito con un chico que conocí hace bastante tiempo. Nos caímos bien enseguida y trazamos una amistad con la rapidez, confianza y alegría más características de los 14-15 años que posteriormente. Nuestro primer encuentro se sucedió en el autobús de Jerez a Madrid que nos llevaría al aeropuerto para volar a Irlanda, el verano de… 2003 (soy malísima para los números, a ver si empiezo a hacer sudokus porque esta limitación matemática ya no es normal…). Intuyo que no fue en 2002, el primer año que fui a Irlanda, porque este iba con mi hermano y no recuerdo tenerlo presente cuando conocí a este chico. Total, que nos hicimos amigos en las ocho horas de charla incombustible en autobús.

Tras el mes pasado en Irlanda, donde también hicimos otras amistades, no tanto en común como por separado a raíz de los niveles de inglés a los que pertenecía cada uno, quedamos unas pocas veces más a lo largo del tiempo, pero actualmente ya hacía casi tres años durante los cuales no habíamos establecido el más mínimo contacto.

Esta tarde solo hemos intercambiado un par de frases pero en la despedida del último mensaje me ha dicho “besos, hermanita“… tal y como me llamaba por aquel entonces. No puedo describir lo que he sentido, ha sido increíblemente bonito leerlo y volver atrás en el tiempo para rememorarlo.

Obsesión celestial viajando en tren ON, para no variar.

Buf, empiezo a alucinar un poco con tantas añoranzas, ¿me estaré haciendo mayor? Bueno, en tiempo puede, pero en espíritu trataré de seguir alternando con la niña que llevo dentro y que la mayoría de la gente liquida tristemente al crecer. Espero que me dure :).

PD: creo que va a caer una noche de mojitos (media hora más tarde: no, al final no, se sale normal y corriente). Saludos desde aquí a la mejor canaria que conozco, a la cual garantizo cercioradamente un fin de semana que da comienzo en breves horas (sí, finde largo, como siempre) y que va a estar más que conforme a sus expectativas, ¡al menos por mi parte! Un beso enorme, preciosa ;).

Hala, ¡que lo paséis bien el resto del día! Yo me largo ya del blog, que esto no es normal. Hoy iba por en medio de la capital y por un momento me he parado varias veces para escribir las ideas en el móvil y que no se me fueran, necesito un cuaderno… Y un chute anti-dependiente de la escritura virtual.

Próximamente: exposiciones Infancia, de Isabel Muñoz, y Todo o nada, de Mario Testino (vergonzosamente atrasada, la vi hace semanas), y la subida al Picacho (Alcalá de los Gazules-Ubrique) el lunes de esta semana, día 11.

El maravilloso arte de conocer a las personas

Debería acostarme de una puñetera vez pero no puedo evitar un remolino brutal de sensaciones recorriendo mi cabeza ahora mismo. Y es porque estoy pensando en las críticas. Las constructivas y las destructivas. Y pienso en la gente que las escucha o no, y que puede elegir (aunque parte de ella no se da cuenta o no lo quiere ver) entre aprender de algo o tacharlo por imposible, ya que la primera impresión no es buena.

Cuando no te encuentras predispuesto a aprender de lo que te aconsejan, que será tanto sobre lo que haces bien como lo que haces mal, es que no has alcanzado la madurez suficiente como para siquiera escuchar y empezar a cumplir con la definición de adulto, que para nada tiene que ver con el aburrimiento, la monotonía o la sobriedad.

En muchísimas ocasiones en la vida te dirán lo que deberías hacer, y a nadie nos gusta. Bueno, hay personas que sí necesitan más que les den un empujoncillo hacia un camino u otro, pero en general incluso saltamos cuando alguien pretende dirigir el gobierno de nuestras actitudes y formas de pensar. Y no hay por qué. Por muy mal que te siente, siempre es bueno pararse aunque solo sea un segundo a considerarlo, por muy disparatado que suene, por muy prejuzgada que tengamos a esa persona, por muy convencidos que estemos de todo lo que hay en nuestra mente, dentro de nuestro ilimitado egocentrismo.

Entonces, en ocasiones, te sales del “yo”, del “ego-yo”, y exploras la mezcla de confusión e intento de organización de pensamientos enfrentados que se sucede en el cerebro (porque nos cuesta dar la razón), y ves que, por encima de toda esa superficialidad victimista y amor propio, todas y cada una de las personas que te rodean están ahí para enseñarte algo. Algo o muchas cosas, pero principalmente para enseñarte todo lo que TÚ les permitas.

Y descubrir eso provoca un alivio increíble, una alegría interior extraordinaria, una vertiginosa sensación de estar flotando entre verdades absolutas (y mira que me convence mucho más la relatividad que lo categórico) y, acompañada de un chute de impulsos nerviosos actuando a toda velocidad, una renovada confianza hacia el (decrépito) ser humano.

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