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SOS. Esto… ¡qué SOS ni pollas!

Creo que tengo que alejarme rápidamente de las redes sociales y, en general, de la civilización. Últimamente me da asco todo el mundo. Lo más mínimo. Argh. Ni siquiera necesito a nadie porque solo de pensar en confiar o en una salida, seguro que detrás viene otro palo que me haga asquearme más todavía.

Voy tocando fondo. Y cuando llegue, a ver cómo salgo. No “quién me saca”, no, porque si existe alguien, seguro que termina de hundirme y de paso me entierra.

¿Qué coño pasa?

Cambio de aires YA.

Un contacto, otro, una foto, miles más, agregados para nunca, conservados ficticios, libros pendientes, paranoias maliciosas, odio incandescente flotando y esperando para saltar y volver a escarmentarme. Películas desaparecidas, series inexistentes, música nula. Todo se va. Menos yo.

¿Por qué me detestas tanto? ¿Y tú, por qué pasas de mí? ¿Yo? Sí, y vosotros, o mejor dicho, nosotros, ¿competimos por el premio gordo para el más soso, o para el más sieso? No, tranquila, tú te salvas. No sé cómo, pero pareces ser una tenue luz en medio de la oscuridad, y mira que, absurdamente, te sentía como una competidora. La naturaleza femenina es terrible.

Me apetece muchísimo irme a tomar por culo, lo que viene siendo muy lejos, no hacia algo que suponga un desagravio estético para mi físico, claro. Tengo que largarme. “Cuando acabe la carrera”. “Sí, eso dice todo el mundo, a ver si es verdad”. “Te lo diré el curso que viene”.

A ver si es verdad.

Definitivamente, no estoy hecha para quedarme. En ningún sitio. Ni con nadie.

¿De dónde me habré sacado tantos amigos virtuales? ¿Dónde se han escondido los de carne y hueso? Salid. ¡Salid! ¡SALID!

…(silencio)…

¡Hombre, tú por aquí!

Esto se llama: formas brutales y esperpénticas de intentar superarse en el proceso “pérdida de tiempo a saco”, directamente proporcional a la cantidad de horas libres al día. Es decir, en este momento todas. Acuéstate ya, coño, acuéstate, que igual la mañana te sorprende con algo bonito.

Entre la peli de vaqueros con musiquita inquietante de fondo, el murmullo del ruido procedente de las escaleras hacia arriba y las cucarachas que me quedan por ver día tras día (¡anda! que no pican ni hacen nada a nadie, pero vaya puto asco dan, ¿verdad?), voy lista para dormirme rápido, por no hablar del cacao mental que llevo, en el que hay tanto de todo como absolutamente nada. Gilipollez Primermundista, básicamente.

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