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Camino de Santiago (IV), “tagarnina” Lourenzá-Triacastela

“Tagarnina”: término empleado para dar a entender un acto relacionado con una trampa o un truco. En nuestro caso, rindiendo homenaje al recientemente bautizado como camino gitano.

Pues en esto consistió el lunes 19 de julio. A las 8:45 cogimos el autobús de Lourenzá a Lugo y permanecimos unas cuantas, bastantes, horas tirados por la ciudad después de comprar comida; primero estuvimos en una plaza, donde un amplio grupo de sudamericanos parecían estar haciendo una especie de gincana, ya que nos sacaron a hacer la ola con los brazos y no paraban de dar vueltas por allí pidiendo cosas a los transeúntes; y, tras grabar un rato de baile de V y F bestialmente motivados en medio de la plaza (ya independientemente de la gincana, les dio por ahí), nos movimos un pelín hacia el interior de la misma para acoplarnos a almorzar en unos bancos, charlar y finalmente medio sobarnos cuales indigentes sobre la dura madera, con unos personajes al lado, concretamente tres hombres bebiendo litronas y una mujer, que se les unió más tarde y que se la veía súper feliz dándoles lecciones de grandeza y de vida a los otros tres sobre el paro, documentos legales, cómo desengancharse de los porros…

Toda una ilustrada, vaya.

Al final ya decidimos estirarnos un poco y dar un paseo antes de coger el autobús que nos llevaría al primer pueblo de salida del camino francés, y estuvo bien, recorrimos algunas típicas calles, vimos la catedral, observé la pechá de brujitas comerciales que abundan por las tiendas del norte (véase la foto, podéis pinchar encima y ampliarla), caminamos un trecho por encima de una muralla que, al parecer, rodeaba el centro de la ciudad (de haberlo sabido antes igual nos habría dado por patearlo, aunque no estoy muy segura de la predisposición de todos los integrantes del grupo, incluida la mía, cuidao), y nada, a la estación. Pillamos en principio un autobús hasta Sarria a las 17:30 y de allí un microbús, cuyo conductor iba folladísimo, incluso un pasajero se bajó antes de tiempo del acojonamiento que llevaba, a Triacastela, donde nos encontramos con el albergue hasta los topes pero el polideportivo a nuestra disposición, el cual yo ya conocía del primer camino de Santiago que hice hace unos 4 años con el colegio.

Ya el ambiente se notaba distinto. Más civilización, paisajes más atractivos, señalización clara del camino… A partir de ese día nos fuimos encontrando en los sucesivos con más o menos los mismos grupos de esta primera noche, como por ejemplo unos cuantos granadinos. Es gracioso porque una chica les llamó la atención a mis amigos y a mí uno de los chicos. Pues bien, eran pareja, ¡bingo! xD.

El agua de las duchas estaba helada pero esto ya no resultó novedad en todo el resto del camino, la verdad. Cenamos empanadas en el exterior del polideportivo en compañía de un nuevo amigo, R, muy majo y tranquilo al hablar, me costaría mucho trabajo imaginármelo alterado, con el ritmo tan relajado que tiene :), me cayó muy bien. Malagueño, venía desde León caminando y solo, ya que no había conseguido gente para hacer el camino y se decidió a lanzarse en solitario a la aventura. Un comentario suyo que me marcó fue: 350 kilómetros, puf, de maricones. Vale, gracias, lo nuestro eran unos 200 en total pero bueno… ¡Ah! Y gracias a F descubrí lo buenas que están las shandys ^^.

La verdad es que entre las conversaciones que tuvimos en Lugo y este rato nocturno de complicidad con el aumento de los peregrinos a la vista, el encuentro de alguien interesante y el reconocimiento del terreno, me sentí la mar de a gusto. Para con mis acompañantes, vi enormemente ensanchada la apertura de las posibilidades, las confesiones, lo que nos contemos y relacionemos, la confianza. Vamos, que me llegó aquel rato de tirados en los bancos de la plaza lucense.

Lo malo fue la parte económica del asunto: 3 euros por dormir en el polideportivo. Un gordo sudado y apestoso se encargaba de apuntar los nombres y recaudar la pasta. Mientras cenábamos, se puso a discutir con otros chicos, que se quejaban por ello, y el gordo diciendo que la Xunta esto, la Xunta lo otro. Qué lastimísima, con tanto negocio se van a cargar el camino.

Pero bueno, digamos que el cambio nos sentó estupendamente :).

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