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Posts Tagged ‘dinero’

Non-Stop

Supongo que de alguna manera he de justificar mi larga ausencia por aquí. Al principio me sentía incluso mal al abandonar de tal manera este pequeño rincón pero confiaba plenamente en mi vuelta más pronto que tarde, así que me dejé llevar.

Me dejé llevar a través de un mar de posibilidades, de elecciones que se postraron en mi camino y ante las que no me contuve demasiado, de manera que acepté a la inmensa mayoría, obteniendo como consecuencia el verano probablemente más frenético de toda mi vida.

Sin embargo, hoy no he venido a hablar del último mes y medio. Hoy me he despertado reflexiva. Tirando a melancólica. De esos días en los que te replanteas el sentido de todo esto, si estás haciendo “lo correcto”, si sacas realmente el provecho que todo lo que te rodea merece (sabiendo que raramente por mucho pensar va a cambiar la cosa de momento). ¿Lugar adecuado? ¿Labor adecuada? ¿Objetivos adecuados? La palabra “adecuado” no deja de ser una manera de llamar al conjunto de actitudes y decisiones que harían de ti mismo exactamente lo que quieres ser, fuera de las normas sociales, lo políticamente correcto y demás parafernalia terrenal que te permite vivir en paz y armonía con el resto de tus congéneres pero que no viene al caso lo más mínimo.

Hablamos de la lucha hacia la auto-realización de uno mismo, de la relación entre el convencionalismo actual y la ruptura de las normas. Hablamos del estereotipo vital consistente en nacer, crecer, estudiar, trabajar, emparejarse, tener hijos, criarlos, envejecer y morir. Hablamos de otras posibles formas de desarrollo vital, o al menos de lo que puedes hacer entre medias para salirte un poco de la línea del rebaño. Hablamos de la probabilidad aquí y ahora de romper con los formalismos que nos atan en vez de de seguir en un mundo en el que estamos continuamente esperando algo.

La tendencia que más oigo a mi alrededor últimamente, en mayor medida de personas entre la veintena y la treintena, se canaliza fundamentalmente hacia la imperiosa necesidad de ahorrar dinero para cumplir un determinado sueño. Un periodo durante el cual tienes que someterte a una existencia laboral mediocre, por mucho jugo que saques de ello ya que no deja de ser el medio para llegar al fin, con el objetivo de alcanzar algo mucho más elevado, tu tótem, lo que te sostiene y te impulsa a aguantar ese tránsito semi-vacío (en comparación con lo que querrías hacer realmente de tu vida, vuelvo a aclarar) y empleando en ello un tiempo considerable que puede ser meses o años. Años de camino para llegar al destino. Años que se van y no regresan. Años de esfuerzo, dedicación, fijación, compromiso. Años de arrugas, canas, callos y patas de gallo.

Pero, ¿qué hacer? Si algo está claro es que uno no puede (o no debe) quedarse estancado, bloqueado, inactivo, permitir que cuerpo y alma se suman en un estado de letargo fulminante hacia la evolución interior. A la vez que… ¿Cuántas cosas queremos hacer, cuántas tareas tenemos pendientes desde hace mucho y seguimos dejando pasar? ¿Cómo priorizarlas? ¿Las haremos alguna vez? ¿Por qué no acometemos aquellas que podríamos empezar ahora mismo? ¿A qué esperamos? ¿A tener más tiempo, más ganas, más dinero…? ¿Nos gustará fustigarnos con propósitos esperanzadores aunque frustrados? ¿Necesitamos crearnos objetivos constantemente para sentirnos mejores seres humanos aunque en el fondo sepamos que se van a quedar donde empezaron?

Se trata de una sensación extraña la provocada por la mezcla de esta cotidianeidad en la que nos encontramos tan cómodos y de la que nos cuesta tanto trabajo salir, junto con las ansias por comerse el mundo, ¿no? Por exprimir lo mejor de él, de nuestro alrededor. ¿Cuántas veces pensamos “debería hacer esto, debería hacer lo otro”? Basura verbal para auto-convencernos de que acabaremos haciendo en algún momento todo aquello que anhelamos hoy en día. Y que se esfumará en su gran mayoría, como todo lo material, aferrado a la tierra y destinado a desaparecer; como todo lo etéreo, susceptible de transformarse, manifestarse y esfumarse a su antojo.

Esta neura mental no tiene final. Acaba exactamente como empieza, sin más preguntas, sin más respuestas. Con muchas ideas en la cabeza y con la misma convicción hacia el dudable éxito de llevarlas a cabo. Con los mismos deseos pendientes de siempre manteniendo viva la ilusión, manteniendo viva la inquietud. Y sin siquiera saber ya exactamente qué es lo que más sentido aportaría a tu vida, y sin saber si lo sabrás algún día, y sin saber con certeza si lo querrías saber.

Fotografías tomadas en el parque colindante con el Atomium (Bruselas, noviembre de 2011).

“El dinero no da la felicidad pero yo prefiero llorar en un ferrari”

¡Muy buenas a todos! Qué dejada estoy últimamente con el blog. Supongo que me hallo en el periodo más primario de la adaptación a este país, de manera que lo más turístico y llamativo a primera vista, perteneciente a la etapa, llamémosla, “del encuentro” o “de introducción”, ya ha pasado, ¡pero aún queda muchísimo por hacer!

El título de este post (cita más vista que el tebeo) se debe, cómo no, a otro arrebato consumista más que añadir a la lista. De esto que una se acerca al supermercado Sainsbury’s más cercano a por Philadelphia y se encuentra de cabeza con la sección “DVD SPECIAL OFFERS”. Que si 8 o 7 libras por películas normalillas, tal y cual, ojeada furtiva ya perdiéndose hacia el objetivo principal (sección de quesos) cuando se cruza de sopetón con lo siguiente:

WHAT? ¿La trilogía de El Señor de los Anillos a 5 libras (6’2 euros)? ¡De cabeza!

Si no le hecho la foto con el plástico puesto es porque en cuanto atravesé las puertas del Sainsbury’s lo abrí (to ansiosa) para comprobar que estaban dentro las tres pelis. ¡Y efectivamente! Primera parte…

… ¡Segunda y tercera! Parecía una niña pequeña a la que le acabaran de dar un caramelo. Tal cara de felicidad…

Que sí, que me las podría haber descargado gratuitamente y punto pero mira, hay cosas que cuando te atrapan, lo hacen con ganas. Para haberme marchado del supermercado dándole vueltas mejor comprármelo, que no sé cuánto tiempo llevo ya pensando en bajarme pelis en versión original y hace siglos que nada. Mitad pereza, mitad… más pereza.

¡Hablando de consumismo! Hace un par de meses os hablé sobre las cadenas Poundland y 99p, ¿verdad? Pues el fin de semana pasado volvía para la residencia desde la parada de autobús en Lewisham cuando me encuentro con lo siguiente de sopetón.

Un Poundworld!!!! ¡Inimaginable otra cadena más (en la misma calle) de todo a una libra! Menos mal que estaba cerrada en aquel momento, que si no me habría metido a explorarla…

En fin, como conclusión, naturalmente reconozco la tremenda superficialidad de la frase que encabeza este post pero no puede tener más razón. Y no entraré a analizar/rajar sobre la dependencia económica en este mundo porque, aparte de que ya hablé de esto en otra publicación, tengo tres películas por ver :D.

Londres = consumismo

Es alucinante el ritmo que se coge aquí de gastos. Im-pre-sio-nan-te. Una mañana cualquiera, estaba yendo para el trabajo cuando me encontré con las siguientes imágenes, una detrás de la otra y en paradas de autobús extremadamente cercanas, incluso dos de los carteles se encontraban pegados el uno contra el otro, digamos por la espalda, en los dos típicos paneles publicitarios de una misma parada.

Pero qué asco, ¿no? ¿Dónde está la comida sana? ¿No podrían haber alternado con alguna ensaladita de por medio? ¡Para qué! Alguna lechuguilla ya se han dignado a añadirles. Pues mira, con la tontería llevo más de un mes consumiendo una cantidad de basura… Vale, también se trata de la más pura y dura pereza que me acompaña innatamente hacia el mundo de la cocina con independencia de las circunstancias por las que he pasado en cuanto al tema de la vivienda desde el 13 de febrero (mudanzas, tardar casi una hora ida y otra vuelta desde la oficina, etc) pero vamos, dejando a un lado mi mal ejemplo gastronómico, me parece igualmente una escena como para reflexionar. Tal y como os lo cuento: en menos de diez metros, toda esta explosión visual de color, precios, mayúsculas, formas, logos, enunciados y, en general, un hostión de seducción alimenticia y morbo económico en tus narices.

Ahora bien, vamos a pasar a mis establecimientos preferidos. ¡Esos Pounland (la tierra de la libra, nombre al estilo épico de lo más apropiado desde mi punto de vista) y esos 99p (99 peniques, aquí no hay ni que complicarse)! Tómenselo al pie de la letra: mogollón, pero mogollón de productos que se venden a una libra y a 99 peniques. Desde elementos de aseo (mismas marcas en muchos casos que en el Hipercor, oigan) hasta enormes paquetes de patatas, pasando por utensilios de cocina, productos de limpieza, libros, películas, chocolatinas y así hasta enloquecer.

¡Tres kitkats por 99 peniques! Así no se puede hacer dieta, hombre…

No obstante, para no mostrar exclusivamente la cara más calórica del asunto, tampoco puedo dejar de mostraros ese otro universo maravilloso basado en los mercadillos, bien surtidos también de tropecientos millones de baratas tentaciones (productos de belleza, flores, pescado, carne, ropa, etc), entre las cuales destacan los atractivos bowls de frutas de todos los colores y tamaños, para todos los gustos y a una libra el recipiente. Eso sí, mejor darles un lavadito bueno en casa, que la gente va manoseando por doquier.

¡Mirad qué buena pinta!

Así va la cosa por estos lares. Lo que no me acaba de entrar en la cabeza es que tenga que cargar con tantísimas monedas de uno y dos peniques que me van a reventar la cartera, porque no es normal la cantidad que se va reuniendo mientras aprendes a distinguirlas y el espacio que ocupan. Que alguien me explique la necesidad que había de fabricar una moneda de dos míseros peniques con un tamaño mayor a la de una libra.

¡En fin! Ahí queda eso. ¡Que disfrutéis del pre-finde, ya no queda nada!

Diferencia entre el frigorífico de mi madre y el mío

Estas navidades, un día como otro cualquiera, eché un vistazo al contenido del frigorífico de mi hogar natal (Jerez de la Frontera, por las dudas). Se trata de una actuación exageradamente extendida, ¿verdad? Ir a contemplar las bellezas alimenticias de vez en cuando, aunque no se escoja nada. También es muy típico volver a la hora (o, incluso, a los cinco minutos) para repetir exactamente la misma acción.

Me lo encontré en su estado natural: pletórico, repletísimo, hasta los topes. Dura poco con escasez de productos, mi madre lo pone a punto cada semana. Pues resulta que lo vi tan completo y hermoso que me dio por fotografiarlo, pensando que cualquier día surgiría la oportunidad de postrarlo por el blog. Y voilá! Ese día ha llegado, aquí lo tenéis. No obstante, el objetivo final de este post, más que en la ilustración, se basa en la comparación, así que le he pegado al lado mi querida nevera londinense.

He de justificar tal pobreza nutritiva (aunque no se puede decir que no coma fruta) debido a mi situación actual con respecto a la vivienda: esta residencia cierra a finales de marzo. Problemas legales como, por ejemplo, no pagar la licencia residencial. Por cortesía del dueño del edificio.

Hombre, por supuesto que reconozco mi brutal pereza hacia cocinar, pero tampoco me voy a estar comprando comida para tener que cargarla dentro de dos semanas junto con aquellos 31 kilos de los que ya os hablé. Prometo que me pondré con este tema en cuanto me establezca definitivamente en la otra residencia que ya tengo reservada, la cual se encuentra, dicho sea de paso, a 15 minutos de mi trabajo andando, no a tres cuartos de hora en tren y en metro como ahora, y que me cuesta 197 libras menos al mes (230 y pico euros). Esto que me ahorro, además de pagarme la Oyster Card mensualmente.

Porque, si otra cosa más he aprendido en el último mes entre ingresos, fianzas y yo qué sé cuántos agobiantes pagos, es que en este mundo todo consiste en tener, ganar, ahorrar y gastar dinero. Entendedme, no es en absoluto lo más importante, pero sí lo fundamental para preservar cierta capacidad de movimiento, de actuación, de consecución de las necesidades primarias, secundarias y, en general, todas las que haya fuera de “encontrar a tu media naranja” (que también, porque la hallarás en un ámbito social hacia el que te habrá llevado el dinero!!!). Una dependencia total y absoluta por encima de la salud, el amor, la madurez, la autoestima, la justicia, la equidad y el sentido común.

Me sigo explicando: toda gestión se rige a través del dinero. Negocios, empleos, vivienda, alimentación, lujo, ocio. Sé que no digo nada nuevo pero realmente, al contemplar de cara todo este embrollo al que nos hemos acostumbrado hasta el punto de asimilarlo como algo normal, me surge una reflexión apabullante en torno a este sistema potenciado entre todos nosotros. Pero claro, ¿qué punto de partida, medios, ganas y necesidad hay de investigar otras vías fuera del capitalismo? Y dentro de este, ¿quiénes somos para intentar adaptarlo mejor a las necesidades de toda la población humana? ¿Cómo lograrlo? ¿Qué hacer exactamente?

Comemos dinero, nos vestimos con dinero, viajamos con dinero, nos comunicamos a distancia gracias al dinero, trabajamos con, por y para el dinero. Guerras y muertes arrastradas, manipulación, egoísmo, codicia, superficialidad, envidia, egocentrismo, complejo de superioridad, mil y un terribles canalizaciones criminales hacia la convivencia justa y en paz, equilibrada, equitativa. Finalmente, utópica. Qué difícil todo desde una sola mente. Cierto que la unión hace la fuerza, pero queda mucho camino por recorrer para llegar a la unión.

… Y todo esto empezó, sin comerlo ni beberlo (nunca mejor dicho), con el frigorífico de mi madre.

Los hombres son muy complicados (I)

¡Muy buenas! Hoy, 23 de diciembre de 2011, he venido a desmitificar la famosa frase, aceptada ya en la sociedad prácticamente como un dicho, que dice: “las mujeres son muy complicadas.” ¡Y no lo voy a negar! Matizaría más de un aspecto de tal afirmación pero no he venido a defender al género femenino, del que sé perfectamente que también tenemos lo nuestro, sino a poner de manifiesto que tratar con los hombres tampoco es moco de pavo.

Desde el más profundo respeto hacia la población masculina y la experiencia que me ha ido dando tanto mi vida como vidas ajenas, vidas de amigas y de desconocidas, vidas de mujeres en general, aquí os cedo una pequeña parte del pensamiento que creo que habrá rondado por muchos de nuestros “complicados” cerebros en cuanto al comportamiento de estos “simples” seres (véase la ironía).

He de confesar que me ha salido un post tan largo que me he visto obligada a dividirlo en dos, que sé que ver demasiada letra cansa. Por ello, a continuación tenéis Los hombres son muy complicados (I) y en el siguiente post está Los hombres son muy complicados (II), algo más enfocado a la parte erótico-festiva del asunto. Comencemos, pues, con los casos:

  • Esa decisión de ignorarte brutalmente por un periodo superior a tres días esperando a que vayas tú a por ellos cuando ya lo has hecho repetidas veces anteriormente, para luego pretender, ante tu pasividad mezclada con la indignación, volver a por ti y que les hagas caso. Eso sí, antes de ignorarte, te dejan de recuerdo su cepillo de dientes en el baño. Y una toalla.
  • Esos saludos que te llegan virtualmente cada dos o tres meses cuando ya está toda relación más que perdida para recordarte la existencia del elemento que los escribe y con la intención de… aún no se sabe.
  • Enamoramientos instantáneos. Nada más verte. Declaraciones de amor sin palabras (o, peor, con ellas). Joder, así no se empieza, sobre todo si no estás completamente seguro de que es recíproco. Los flechazos existen pero lo suyo es que tengan lugar en pareja, no sólo en tu cabeza. Otra variante son los que viven permanentemente en un cuento de hadas. Algunos siguen vírgenes.
  • Intentos de dejar la relación como una amistad. Mmm… Sobre todo si no empezasteis como tal, complicado. Y no, no apetece contar las intimidades (ni saber las vuestras), para eso ya tenemos a nuestros propios amigos.
  • Hombres que cortan contigo porque se sienten agobiados, necesitan su propio espacio y quieren acabar de una vez con tus “niñerías”. Y a los que te encuentras poco después de la mano de una menor de edad. Y no necesariamente de 17.
  • “No es por ti, es por mí, no te merezco, tú necesitas a alguien mejor”. Más visto que el tebeo. Dejad de mentir. Decidnos que no nos queréis y punto.
  • Imposición desarrollada por sus propias mentes de que mejor acabar con la relación, derivando en arrepentimiento y en el consecuente anhelo de volver al estado anterior (esto puede suceder tanto en unas semanas como varios meses después). En cualquier caso, demasiado tarde. “No se sabe lo que se tiene hasta que se pierde”. Más certera la cita, imposible.
  • Individuos que te prometen cielo y tierra, mares y océanos, atardeceres y puestas de sol, pétalos y flautas. Y que desaparecen a la tercera cita. Esto es un mierda en toda regla.
  • Celos “no por ti, sino hacia los demás”. A esto se le puede añadir comentarios del tipo “qué corta esa falda, ¿no?”. Qué más puedo decir de este tema sin insultar…
  • Personajes que invierten en las primeras citas unas cantidades ingentes de dinero creando atmósferas maravillosas de príncipes azules y princesas. Para huir en cuanto menos te lo esperas. ¿Inseguridad, derroche, aburrimiento, hijoputez…?

Prosigan con Los hombres son muy complicados (II) aquí.

Me revienta la gente morosa

Maravilloso título. Lo bastante expresivo e ilustrativo como para deducir rápidamente de qué voy a hablar hoy, aunque tampoco os plaguéis de prejuicios tan rápido. Quizá más de uno piense: “esta es una rata de cojones” o algo por el estilo pero, a mi parecer, en nuestra sociedad hay una conciencia irrisoria en torno a la seriedad en este tema. Ya no hablo de esos agobiantes préstamos que hay que devolver, letras pendientes, hipotecas infinitas, no, no, no, me remito a un ámbito mucho más sencillo y reducido, al simple hecho de deber o que te deban dinero a pequeña escala.

Tal vez se trate de una cantidad bastante poco significativa, pero no por eso hay que menospreciarla, ¿no? Si me posiciono en este lado es porque me considero una persona que procura por todos los medios no pedir nada y, si se tuviera que dar el caso, se devuelve lo más inmediatamente posible. Personalmente, comprendo que haya personas más despistadas a las que haya que recordárselo, pero cuando hablamos de un negocio, un trato o un acuerdo, a mí se me caería la cara de vergüenza si no cediera con la máxima rapidez la parte que me corresponde a la persona que se ha gastado ese dinero confiando en mí, sobre todo si me lo ha dicho ya alguna vez.

No quiero que os confundáis y os lo toméis a la ligera, con las amistades la relación es distinta y da igual cuándo paga uno tal cosa y cuándo otro, insisto en que me refiero a unas circunstancias específicas en las que se persigue un fin, para el cual hay que adquirir determinados medios, los cuales, por lógica pura, han de ser costeados de forma igualitaria entre todos los participantes.

Por esto, me choca tantísimo la pasividad de la gente en este asunto, hasta el punto de plantearme la actitud humana en sí en torno a la mentalidad que te incita con mayor o menor fuerza a cumplir con los demás, a considerar cuándo se debe algo. Me pregunto hasta qué punto hay que llegar pidiéndole algo a alguien que no muestra la más mínima predisposición a hacerte caso.

No sé si estaréis de acuerdo conmigo, si he conseguido explicarme y hacerme entender de alguna forma lo más parecida a lo que pretendo, pero ahí está mi testimonio. No por toda la parafernalia que he soltado me negaría a ayudar económicamente a un amigo si lo necesita, por supuesto, pero procuremos centrarnos en esos momentos en los que tú das y no recibes lo que te deben, lo que saben que te deben y lo que no les importa un carajo aunque puedan devolvértelo.

Entonces, después de escribir ciertas parrafadas… una se queda como con el alma más en paz. Porque hay cosas que te comen y reconcomen por dentro, cosas que te cuesta comprender y asimilar, cosas que te persiguen durante un tiempo hasta que dices: “basta. Fuera de aquí.” Y recurres a la manera más idónea de la que dispones para desahogarte y aliviarte. Cada cual con la suya. Lo importante es recuperar la ecuanimidad y ser consciente de que la ética que ronda por tu cabeza no se va a asemejar en mil millones de aspectos a la de los demás, así que no vale la pena amargarse, sobre todo cuando es irrefutable.

Para terminar, me estoy acordando de una película muy interesante y acorde con estos tiempos en los que los banqueros se encuentran en el punto de mira de muchos ciudadanos. Se llama El Concursante (hablé de ella en este post) y me parece buenísima (independientemente de su nota en IMDB). Creo que ilustra fantásticamente un problema cada vez más extendido como es el de los créditos y la acumulación eterna de deudas en la que puedes acabar progresiva y completamente arruinado desde lo que comenzó en una minucia. La interpretación del protagonista es genial y hay que verla con los cinco sentidos y ganas de escuchar verdades como puños.

Sin más, me acuesto por hoy. Si tenéis cualquier sugerencia, duda, apoyo o queja que echarme, no dudéis en comentármelo, porque las personas civilizadas somos capaces de poner sobre la mesa las diferentes cuestiones de una forma organizada, educada y, sobre todo, con una actitud dialogante.

Buenas noches, mis queridos lectores.

Un fin de semana apacible (II), Harry Potter

Tras las clases de la tarde, que se hicieron un poco largas y pesadas, vendría una cena en el Brillante (cadena ultra extendida en Madrid, y muy bien de precio, en la que habré comido una sola vez; ahora dos) y… ¡Harry Potter y las reliquias de la muerte! No dejaré pasar que cuando vino el camarero en el restaurante a preguntar qué queríamos, le dije toda fina yo: “una pizza prosciutto” (pronunciándolo a lo italiano suave rollo prochiuto), y va el hombre y pega un chillido: “¡UNA PIZZA DE JAMÓN!”. Bye, bye, glamour. Total, me hizo mucha gracia.

Harry Potter… Sinceramente, no me acuerdo en absoluto del libro, pero si la películo duró dos horas y cuarto, una hora estuvo dedicada al pasteleo entre dos de los personajes protagonistas, que cualquier friki o mínimamente entendido de esta saga intuirá de inmediato quiénes son.

¿Qué me estás contando? Digamos que la historieta está aceptable, aunque me dé bastante coraje que hayan dividido la última novela en dos adaptaciones, magistral método para sacar más dinero, sin duda, porque fastídiame si el cuarto libro no está comprimido al máximo en su correspondiente película.

Se pasa un rato ameno, te ríes varias veces, te acojonas, te entristeces, las diferentes circunstancias te llegan… pero creo que en esta parte se ha perdido un poco el sentido del mundo mágico para pasar un poco más a lo comercial, ese universo tan atrayente que se carga las buenas obras de verdad.

Aún así, como ex-fanática de Harry Potter (teníais que verme con mis 15 años y enganchada a concursitos de preguntas y a todo tipo de actividades de una página web donde el Sombrero Seleccionador me había colocado en Gryffindor… bueno, la primera vez que le di creo que no, salió Ravenclaw, pero yo quería estar en esa casa así que probé otra vez y ya sí :D), no les quepa duda de que en cuanto salga en el cine el desenlace final, María estará postrada en alguna sala cercana la misma primera semana que se estrene.

Total, una noche de viernes entretenida y fuera de desfases como hacía mucho que no tenía.

Pd: he de añadir que, gracias a un comentario que me ha abierto los ojos, debería haber hablado de algunos otros aspectos importantes de la película como es, destacadamente, los efectos especiales, tema siempre muy cuidado a lo largo de toda la saga y que cada vez le aporta más realismo a la trama. Por otra parte, la interpretación de los personajes también tiene su mérito, cada uno en su correspondiente papel excelentemente caracterizado.

No añadiré nada más porque tenía que haberlo hecho en su momento, así que os animo a ir a verla y juzgar por vosotros mismos porque en general vale la pena, tanto para los que se han leído el libro como los que no. Esperaremos impacientes a ver qué tal está la última parte.

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