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Atracción Fatal

Impresionante. Pasión, miedo, ternura, amor, impotencia y un sinfín de sensaciones confluyen en esta película, cuya base se podría situar sobre dos pilares: las responsabilidades y las consecuencias de nuestros actos.

En realidad, el desarrollo de la historia resulta bastante predecible, pero aún así te sorprende, te asusta, te encandila, te introduce en la trama con una capacidad tal de absorción que la vives, que te identificas con cada personaje, que prácticamente experimentas en tus carnes el placer, el suspense, el pánico y el alivio que transitan por las propias imágenes. Vamos, que ha habido incluso un instante en el que he tenido que incorporarme de puro nervio.

El director, Adrian Lyne, no ha escatimado en recursos interpretativos desde luego, contando con un reparto protagonista espectacular. Michael Douglas asume el papel de Dan Gallegher, un hombre cuya vida es perfecta y nada le falta: casa, dinero, familia… hasta que cae en la tentación ante los encantos de Alex, representada por una fantástica Glenn Close (bien merecido su Premio Donostia en el Festival Internacional de San Sebastián).

Así, la tranquila existencia de Dan se ve truncada por la serie de circunstancias derivadas de aquel desliz. Mientras que el peligro impregna cada vez con más fuerza una escena tras otra, el arrepentimiento y el temor a perderlo todo se ciernen sobre el protagonista, transformando una decisión mal tomada en una terrible lección vital.

De ritmo imparable, profunda y entretenida, y pronosticable pero sobrecogedora, Atracción Fatal pone sobre la mesa un gran drama con su dosis de suspense asegurada y un desenlace precedido de un elevado nivel de tensión, seguido del soberano impacto que produce el final y culminado en una merecida reflexión general.

En busca de la felicidad

Acaban de echar en TVE En busca de la felicidad. Docenas y docenas de Tweets recorren el Inicio del Twitter alabando esta maravillosa película.

Dirigida por Gabriele Muccino y escrita por Steve Conrad, The Pursuit of Happyness constituye toda una lección moral en torno al esfuerzo y a la persecución de las metas, pero no nos adelantemos, vayamos por partes.

Empezando por lo más importante, hay que recalcar encarecidamente la pasmosa interpretación de Will Smith, quien encarna a un hombre extremadamente presionado y agobiado por su situación económica que intenta seguir adelante y mantener a su familia.

No se queda atrás el papelón de Jaden Smith (que ya está bastante más crecidito), hijo del propio Will, en su perspectiva infantil adorable y tierna. Resulta espectacular el trabajo que se consigue en ciertos filmes con los niños, sobre todo tan pequeños, aunque ya se va viendo a lo largo de los últimos años que este chico parece tener un futuro cinematográfico bastante prometedor.

Favorecido, sin duda, por sus actores, el mayor potencial de este drama es la historia en sí. Una buena trama, personajes definidos y característicos, sentimentalismo siempre presente pero en su justa y perfecta medida, escenarios amplios, abiertos, que dejan fluir cada secuencia de una forma profunda y creíble (sobre todo la cantidad de carreras que se pega el protagonista a través de la ciudad)…

¿Lo mejor? Los 117 minutos son geniales, pero me quedo con el final, que no lo voy a spoilear, naturalmente. Solo diré que rebasa el punto más álgido de la emotividad, de la embriaguez de los sentidos, de la emoción en estado puro, seguida, en muchos casos, de unas cuantas lágrimas.

Una obra para disfrutar, sufrir, sonreír, escuchar y, sobre todo, para reflexionar. Para desubicarnos de nuestro querido egocentrismo y trasladarnos a auténticos panoramas resbaladizos. Para recordarnos lo que verdaderamente importa en esta vida.

Pájaros de papel

Dirigida por Emilio Aragón. Una interesante y entretenida trama, no exenta de cierta intriga, y muy emotiva. Consigue calar hondo en el espectador, le introduce en el conflicto y le permite disfrutar de unos personajes clavados, característicos, excepcionales.

Ya conocemos el estilo de Imanol Arias por la serie Cuéntame, pero con esta película aún me ha gustado más. Dentro de su prototípico papel serio, riguroso, con su toque entre irónico y recto, en Pájaros de Papel se puede observar cuánto es capaz de extender su talento.

Encarna a un cómico sumido en unos tiempos tan difíciles como los que supuso el franquismo. Su posicionamiento como actor principal se encuentra más que justificado.

No obstante, hay que recalcar la fantástica interpretación de varios actores más. Todos fueron geniales pero destacaré al pequeño protagonista, Roger Príncep, cuya naturalidad es despampanante (considérense las dificultades de rodar con niños).

Y también debo nombrar a Diego Martín, al que solo tenía medianamente visto por su papel en la serie Aquí no hay quien viva. En esta trama, haciendo de teniente, me ha sorprendido gratamente.

Así pues, aquí tenéis un filme que ofrece una historia magníficamente planteada y estructurada, con varios puntos fuertes que provocan un mayor interés, captando y manteniendo la atención en torno a los sucesos, y un par de núcleos dramáticos bastante potentes.

Todo el filme se halla impregnado de un disimulado halo trágico sobrecogedor, factor que se alterna de una forma espléndida con los espectáculos que ofrecen los artistas del circo, obligados a cantar, bailar y sonreír aún a pesar de las duras circunstancias. Seguro que más de uno disfrutáis del argumento, acabándola con un efecto mental intenso, enternecedor y reflexivo.

Como agua para chocolate

Preciosa. Sobrecogedora. Debe de ser de las películas que más impotencia y ansiedad me ha creado. Dirigida y lanzada por Alfonso Arau en 1992 y basada en la novela de Laura Esquivel de 1989 (su ex mujer, quien también escribió el guión de la versión cinematográfica).

Esta historia mexicana se sitúa en el futuro predestinado de la más pequeña de las hijas de una familia, la cual por su condición ha de permanecer de por vida sin casarse y cuidando a su madre hasta el día de su muerte.

¿Qué ocurre? Pues que la muchacha, naturalmente, se enamora, y eso va dando lugar a una serie de complicaciones de consecuencias, unas más predecibles y otras menos.

Este dramón no va de un simple amor. Trata del más profundo y verdadero de los sentimientos a lo largo de los años y del auténtico puñal de la frustración y la auto-represión.

Y, por otra parte, Como agua para chocolate también proclama el arte incuestionable de la gastronomía y las sensaciones que es capaz de provocar, su poder de seducción y absorción, su capacidad para alterar el estado de ánimo de las personas.

Tita (Lumi Cavazos) ofrece una gran interpretación del amor frustrado, de la víctima desamparada, cuya agradable personalidad hace al espectador querer desesperadamente que alcance su objetivo y se reúna con su amado. Pedro (Marco Leonardi), el otro componente principal del conflicto, acertado en su papel y atractivo, lucha por igual por estar cerca de ella.

Sin embargo, Pedro no sufre las amenazas y el maltrato de la madre de las niñas, Elena (Regina Torné), quien encarna con una veracidad espectacular su rol de progenitora severa e inquebrantable, rozando la crueldad, aunque se sabe que a causa de la tradición familiar. Una costumbre terriblemente injusta para con todas las hijas menores de aquellas generaciones.

Un conmovedor y sensacional drama que atrapa en su halo de fantasía y, por un momento, da nuevas esperanzas en torno al amor verdadero. O más bien, unas ganas increíbles de experimentarlo y vivirlo, a pesar del sufrimiento y las dificultades que muestra el filme, pertenecientes a la época.

Mi vida sin mí

Una película de Isabel Coixet caracterizada por una joven que ha tenido una vida muy acelerada, se ha hecho adulta demasiado rápido, y a la que un revés en su salud le hace replantearse unas cuantas cosas.

La interpretación de Sarah Polley concuerda con la intención de la directora tanto como con su acertado físico para el papel, induciendo al dramatismo de la situación de forma muy expresiva y creíble. Da lugar a un personaje que hace sentir al espectador gran empatía y cariño, por la humildad y dulzura de su naturaleza, por sus motivos, su pureza.

En resumen, la típica tragedia en torno a una persona que se puede calificar ampliamente como “buena”. No se trata de un hecho fatídico determinado hacia un personaje menor, como suele ocurrir, sino todo un desarrollo del tema y la víctima trabajadora, tierna e inocente como protagonista, sus sentimientos, sus pensamientos más profundos y sus consecuentes  y valientes decisiones.

Cuenta también con la actuación de Scott Speedman, Mark Ruffalo y otros conocidos secundarios como Leonor Watling, Amanda Plummer… Un reparto en apariencia sencillo pero considerablemente selecto y bien elegido.

Mi vida sin mí (2003): una trama de a pie de calle, cotidiana, sobrecogedora, triste y muy emotiva, con varias frases magníficamente bestiales dignas de apuntar.

Me he enamorado de ti y creo que el mundo es un poco menos malo porque existes.

No sientes nostalgia por la vida que no tendrás porque para entonces habrás muerto, y los muertos no sienten nada. Ni siquiera nostalgia.

Come Reza Ama (Julia Roberts)

(Contiene spoilers)

Podría hacer una crítica que no incluyera el argumento, sino simplemente comentar la interpretación de los actores y mi opinión general, pero me veo obligada a criticar con ganas ciertos aspectos de la película, así que no me leáis si no queréis que os la destripe por completo (esto quiere decir precisamente lo de que “contiene spoilers”).

Pues en un principio iba a poner “Julia Roberts y Javier Bardem” pero, incluso como la propia portada lo corrobora, el actor solo aparece durante los últimos 20 minutos de un filme de dos horas y cuarto de duración, así que tiene todo el sentido que no le incluya yo en el título ni ellos en el cartel, aunque curiosamente su imagen aparece en todos lados, anda que no son listos ni nada a la hora de darle bombo a un producto. Véase la Plaza del Sol en Madrid, con un panel inmensísimo y esa fotografía, como si Bardem saliera mínimo de la mitad de la película para adelante y como si tratara de una hermosa historia de amor.

Pues no, no es una historia de amor, es un Señor Dramón como una catedral, para el cual si no te has mentalizado antes de verla puedes acabar hasta el gorro de lágrimas, traumas por las relaciones y la repetición continua, permanente, cansina, agotadora, del mismo tema: estoy amargada y no encuentro salida.

Sin tener ni idea de que iba a resultar tan plomiza en el sentido penoso, me la esperaba mucho más alegre y esperanzadora, y se me hizo bastante larga, aparte de que lo es en sí. De haberlo sabido, me habría preparado psicológicamente para pasar tristezas, porque la verdad es que como drama es genial, lo clava, se centra profundamente en el sufrimiento de una mujer que acaba rompiendo con toda su vida anterior, amigos, parejas, y no para huir, sino para encontrarse a sí misma y dejar de sentirse vacía y de ver que no aporta nada a sus seres queridos. Quizá puedan sobrar algunas escenas, de tanto que reincide en su desesperada y perdida existencia mientras que los demás son felices, pero sé que no me habría importado de no haber encaminado mis expectativas hacia algo mucho menos lastimoso.

Pero bueno, el papel de Julia Roberts está encarnado a la perfección, sin duda, todo el mundo sabe que es una gran actriz y que se caracteriza muy bien en cada uno de los personajes que le encargan. Al principio me quedaba un poco confusa porque en varios primeros planos, al llorar, le veía la boca rarísima pero en fin, será que no estoy acostumbrada a mirarla desde tan cerca.

La interpretación de Bardem… supongo que es aceptable, pero el doblaje resulta tan tremendamente horrible y desagradable de oír que pierde muchísimo. Me dijeron que él nunca quiere doblarse a si mismo al español. Pues ojalá lo hubiera hecho, porque vaya voz brasileña de paleto le han puesto. Una lástima tremenda, aparte de que no sé cómo le han asesorado que aparecía el hombre menos deseable que nunca, hablando en términos generales porque a mí nunca me ha llamado en absoluto la atención físicamente. Vale que quizá su papel exija en ocasiones un aspecto más despreocupado, incluso desaliñado, pero yo diría que ni en Mar Adentro (peliculón A-LU-CI-NAN-TE de Amenábar con Bardem y Belén Rueda como protagonistas, eso sí que es una tragedia en condiciones, hecha y derecha) salía tan poco atractivo.

Me temo que hasta el ex-marido de la protagonista, representado por Billy Crudup, y un novio de ella, por James Franco, tienen bastante más protagonismo durante la trama (a excepción, más o menos, de los últimos 20 minutos, como he dicho antes, al inicio de los cuales das gracias porque eso significa que no queda demasiado para que termine tanta desdicha).

Total, cambiando de enfoque, los paisajes, decorados y ambientación están muy logrados y creíbles y con unos personajes secundarios la mar de auténticos.

Y como último apunte, no sé por qué no ponen las tildes entre los tres verbos del título pero bueno, eso quizá sean más bien manías mías ortográficas.

Como conclusión y para más inri, no hay más que ver la puntuación que le han dado los usuarios en IMDB a Come reza ama, 4,7, y a través de 3.276 votos. En cambio, si miráis la de Mar Adentro, ya que me he metido por curiosidad, tiene un 8.1, y han votado 24.401 personas. Digo yo que buena parte de ellas estarán contentas para que le haya salido de media un (merecido) notable.

Ahí queda eso.

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