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Posts Tagged ‘echar de menos’

Sentimiento de pertenencia

A algún sitio. A alguna parte. A algún pueblo, ciudad, zona, barrio.

A un grupo, a unas amistades, a un estatus, a una lengua.

A un espacio, a una cultura, a una sociedad.

Un sentimiento necesario como ser humano, una sensación intrínseca al hombre, y a la mujer, una ansiedad de integración, de relaciones interpersonales, de “este es mi sitio”, de “allá adonde puedo escaparme”, de ser tú mismo, de no verse obligado a maquillarse, a aparentar.

Relajarse, dejarse llevar, introducirse en esa bola mágica, en esa burbuja temporal. Lo que viene a ser “meterse en su pompa”. Respirar ante la vuelta a casa, echarlo de menos, desearlo.

Para llegar a algo… que se forja en muchísimo tiempo, aunque no nos demos cuenta, y se pierde en mucho menos, de lo que sí nos damos cuenta, estrepitosamente de hecho.

Y entonces, ¿qué?

Volver como si no hubiera pasado el tiempo, actuar como tal, sonreír, sentirse satisfecho, rememorar, ponerse al día. Realmente disfrutar.

Entonces, volver la mirada y, a discreción… hundirse el pecho. Confundirse inexplicablemente, reducirse, encogerse de miedo, plagarse de inseguridad, chocar con la incomprensión. Aquella armonía tan esperada se ve aplastada brutalmente por… ¿por qué? Esa es la duda. La nueva incógnita. Una más para la Lista Eterna de Preguntas Sin Respuesta. Exasperación 1 – Ecuanimidad 0.

¿Dónde estoy? ¿Qué ha cambiado?

Nada. Absolutamente nada. Misma ciudad, misma gente, mismos sitios, mismas costumbres.

¿Y qué pasó pues?

Que cambiaste tú.

Limpieza de los borradores del móvil (I)

Como cada cierto tiempo, y ya que me pilla bastante empanada en estos momentos (es lo que tiene trasnochar y luego no ser capaz de dormir durante el día), hoy me parece un buen día para despejar el móvil de aquellos tantos mensajes guardados en “borradores” con temas o cosas que se me van ocurriendo en un tiempo y espacio indeterminados y me apunto con toda la intención de inspirarme para hacer un post, pero quedan en el olvido. ¡Procedamos pues!

Todas las manos que sujetan un libro abierto me parecen bonitas. Simone de Beauvoir.

Lo pensé yendo en cercanías y observando a un hombre. Es una sensación curiosa la que me recorre cuando veo a alguien leyendo en los medios de transporte. Resulta agradable ver tan claramente esa afición en las personas. El nombre de la filósofa francesa era el que estaba en la portada del libro. La forma de las manos agarrándolo y pasando las páginas se me antoja bohemio, placentero, suave, dulce, intelectual.

Cuanto más lejos está algo, alguien, más le echas de menos. Tal vez si lo tuvieras al alcance no le echarías tanta cuenta pero, una vez no puedes acceder a ello, las ganas de tenerlo se apoderan de ti. Por eso, a veces, se nos escapa el presente, pero es bonito comprobar las cosas que nos importan.

Pues nada, está clarísimo, y seguro que absolutamente todos lo habéis sentido alguna vez. Incluso muchísimas veces, ¿a que sí? Ahora mismo ignoro lo que anhelaba en aquel momento, así que supongo que no sería muy significativo, más bien una típica neura mental momentánea.

Juramento de sangre/alianzas. Dos en mi vida y han “sio pa ná”.

En realidad, ahora mismo tengo solo un juramento en mente… Y desde luego fue una gilipollez amorosa que, efectivamente, se fue a tomar por culo. No se puede prometer nada eternamente. Ya se incumplen las promesas de un día como para pretender mantener algo durante toda la vida, y menos en una relación, ¡anda que no van y vienen! Lógicamente, no me desangré. Solo se trató de la típica mariconada de pincharse con un alfiler y plasmar la huella en un papel y plastificarlo para que pareciera un documento oficial y todo. Absurdo total, menos mal que pasé esa época hace mucho.

¿Por qué a las personas mayores se les tuercen hacia abajo las comisuras de la boca?

Vi a un vejete en el autobús que tenía las comisuras exageradamente inclinadas hacia abajo… Incluso algunas veces he visto a gente que, sin tener una edad muy avanzada que digamos, ya se le empezaba a notar muchísimo esa declinación. ¿Por qué? ¿No han sonreído lo suficiente? ¿O el rostro tiende, en general, a arrugarse de esa forma? Varía un poco según la persona así que no sé muy bien en qué basarlo…

Esto me ha recordado a anoche, cuando iba en metro y tenía enfrente a un señor mayor. Cabizbajo, parecía cansado. Pensé que tenía la edad suficiente como para que me doliera verlo moverse en metro, en vez de estar apaciblemente sentado y acomodado en el sofá de su casa. Al salir del vagón, me quedé mirándolo y me siguió la mirada, así como al girarme después también coincidimos por un momento (una también es un poco descarada), pero realmente no tenía expresión ninguna. Ni él ni yo. Había intentado sonreírle, pero fui incapaz. Todo estaba envuelto en un halo de cierta tristeza, melancolía, resignación, sumisión ante las circunstancias. Y no es la primera vez que me siento así al ver a una persona de avanzada edad. Lastimera conclusión: me deprime bastante encontrarme de bruces con la perspectiva de la vejez.

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