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Cuando te haces mayor…

… A la vez que adoptas (o deberías adoptar) ciertas dosis de humildad y madurez para aprender, no prejuzgar, intentar no tropezar con las mismas piedras y seguir mirando al futuro con esperanza y buenas vibraciones; tus principios se endurecen, tus creencias se acentúan, tus ideas se refuerzan. Tu personalidad se va formando por fin en una única dirección. Que sí: susceptible de variar, de cambiar en un momento dado por tal circunstancia, de adaptarse, de seguir madurando y aprendiendo eternamente, bla bla bla, pero con unas bases psicológico-vitales adquiridas fuertemente para, en principio, toda la vida.

Me he dado cuenta de que últimamente he repetido bastantes veces la frase “me hago mayor…” con el objetivo de justificar una determinada forma de actuar. He dicho “justificar”, ¿eh? No “excusar”. Es decir, que si lo digo, aunque invite a reírse (puesto que cumplo los 25 años en dos semanas), lleva su buen contenido afirmativo. Así, el cerciorarme de que estoy tan convencida de tal cosa que lo elevo y aplico a la máxima potencia me hace ver cómo me voy radicalizando en mis, llamémoslo, manías existenciales. Las cuales, dicho sea de paso, no me importa en absoluto que se solidifiquen. Ejemplos prácticos:

No soporto

– No soporto la gente que me llega tarde. Me revienta profunda y dolorosamente.

– No soporto sentir el compromiso de hacer algo que en realidad no me apetece lo más mínimo. Y, creedme, que lo evito a más no poder.

– No soporto no decir lo que pienso bajo los argumentos de “hay que aceptar a los amigos tal y como son”. ¿No son mis amigos? Pues que se coman mis opiniones con papas; o “¡no le voy a decir eso, sería muy duro!”. ¿Por qué tanto miedo a la verdad? ¿No resulta más doloroso ir descubriéndola poco a poco o demasiado tarde y comprobar después todo el tiempo perdido en ello?

– No soporto los rodeos para hacer planes. ¿Tan difícil es decidir qué hacer? ¿Por qué? ¿Porque queremos satisfacer a los demás o porque a nosotros no nos satisface lo propuesto? ¿Porque preferimos no decir “sí” hasta que se acerque el momento para comprobar que realmente nos compensa?

– No soporto que me mareen emocionalmente. ¿Que sí? Bien. ¿Que no? También. Para una tipa a la que le gustan las cosas claras, cuán desaprovechada me tienen, coño.

– No soporto que la gente no aguante las verdades como puños ni el tremendismo, el victimismo, el regodearse gratuitamente en la mierda, la falta de lógica, el impune desprecio hacia lo que es realmente importante, el egocentrismo.

simplicidad

Como espero que comprendáis, obviamente no me suelo sentir afectada por este tipo de comportamientos, ya que se manifiestan cada dos por tres a mi alrededor y soy plenamente consciente de que es algo con lo que hay que convivir como ser perteneciente al género humano… Pero creo que nunca está de más psicoanalizar un poco a uno mismo de vez en cuando.

Puede que mi personalidad no me permita ser popular, tener muchos amigos, caer bien a todo el mundo y demás parafernalia sensiblera, mas me hallo tan a gusto con las personas con las que sí cuento a mi lado y, sobre todo, conmigo misma, que me sobra el resto. Adoro ser selectiva, controlar la situación y mi equilibrio emocional todo lo posible, decir lo que pienso tal y como me viene (lógicamente con cierta medida, en muchas ocasiones ni es necesario sincerarse ni viene a cuento) y que me aprecien por ello. Es estresante tener una convicción y no poderla soltar por los tapujos sociales, los fáciles escándalos intestinales, la tendencia a sentirse violentado si no acompañas tus palabras de un tono condescendiente y tus mensajes de emoticonos sonrientes.

¡Ne-na-zas, que os estáis volviendo tod@s unas nenazas!

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