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Posts Tagged ‘experiencias’

El mapa de tu vida

He descubierto hace poco la sección de “my maps” ofrecida por Google en la cual cualquiera puede crear los mapas que le plazca. Peligro. Esta es una de las chorraditas en las que a mi mente le encanta sumergirse para tratar de organizar y controlar mi vida todo lo posible, aunque sea psicológicamente. De hecho, llevaba un tiempo con la tarea pendiente de comprarme un mapamundi físico para marcar todos los lugares en los que he estado. Sin embargo, una vez más, las nuevas tecnologías han venido a cargarse el romanticismo de la idea. Pero bueno, tampoco me importa mucho no taladrar la pared de un piso alquilado con un porrón de chinchetas, que ya se sabe que más de un dueño de una vivienda agradecería cualquier pequeña excusa para gastarse mi fianza en sus vicios.

El resultado emocional ha sido demoledor. Aplastante. Aturdidor. Vamos, que me he quedao muerta. No en sí por creer que he visitado muchos o pocos sitios, sino por la brutal cantidad de recuerdos que me han golpeado la cabeza con cada click. Espectacular. El cerebro es alucinante. Cómo se encarga de almacenar la información, procesarla, sepultarla, resucitarla, lanzártela en las narices sin venir a cuento. Y cómo se las ingenia para transformar los recuerdos, destacar aspectos positivos o negativos, trastornar por completo la perspectiva hacia una vivencia determinada a raíz de la fusión de todo esto: lo que nuestra mente destaca, lo que no y de qué manera; el paso del tiempo y la acumulación de más y más experiencias. Entonces, el reflejo de esta mezcolanza impacta directamente sobre nuestra personalidad y forma de pensar actual, dando lugar a nuevas percepciones o enfatizando las existentes, afeando algunas y embelleciendo otras.

Efectivamente: una locura lo que cargamos de la frente al cogote. Hay sitios cuyos nombres no habría recordado en mi vida de no haber sido por haberlos plasmado en este blog. Por ejemplo: “Hondarribia“. ¡No hay huevos de repetirlo diez veces sin trabarse! No obstante, un diminuto pueblo de revista fue aquel. Y situado al norte de España. Una muestra preciosa de los tesoros que nos rodean y que en muchas ocasiones despreciamos por llamarnos más la atención lo que está más lejos, no sé muy bien por qué.

Bueno, echemos un vistazo al susodicho mapa en cuestión.

El mapa de mi vida

El mapa de mi vida

En principio, nos encontramos con dos núcleos claramente diferenciados: Europa y California; la primera con muchísima más historia por el momento, ya que solo llevo poco más de medio año al otro lado del Atlántico, donde concretamente he parado en los siguientes destinos.

El mapa de mi vida en California

El mapa de mi vida en California

Los Ángeles, Las Vegas, Riverside, San Diego, donde resido actualmente; y una serie de zonas menores, la mayoría de playa. Recuerdos muy recientes y fáciles de desglosar. Volvamos a Europa para analizar en mayor profundidad tal cantidad de marcadores y remover los fantasmas del pasado.

El mapa de mi vida en Europa

El mapa de mi vida en Europa

No parecen para tanto acercándonos, en el primer mapamundi se pensaría que me he visto Europa entera, pero mucho me falta por conocer. Dos sub-núcleos esta vez: España y Reino Unido, a los que pasaré enseguida tras aclarar qué ocurrió por el resto del continente.

El mapa de mi vida por centro-Europa

El mapa de mi vida por centro-Europa

Un interrail de un mes el verano pasado, una escapada corta con uno de mis mejores amigos y unas tres visitas a amistades en el extranjero por variados motivos (nativo, erasmus, trabajo). Viajes tan distintos como especiales cada uno en su carácter único y personalizadamente anecdótico. Ah, y una escapada universitaria a Roma, que me pillaba demasiado al sur en el mapa para incluirlo visualmente.

El mapa de mi vida en Irlanda

Tres veranos adolescentes cerca de la capital irlandesa y una escapada, también veraniega, años más tarde a Cork para visitar a buenos colegas y escapar un poco del frenetismo londinense.

El mapa de mi vida en Reino Unido

Un año y ocho meses de mi vida divididos entre la cotidianeidad londinense y varias escapadas de un día a las ciudades más cercanas, un fin de semana en York, cuatro días entre Manchester y Liverpool con mis hermanos, un road-trip y un fin de semana en Edimburgo que, al contrario que Roma dos mapas más arriba y demasiado al sur, la encantadora capital de Escocia se me ha quedado demasiado al norte, así que me limitaré a mencionarla.

El mapa de mi vida en España

Finalmente, aparte de una escapada a Portugal para conocer por fin la capital y el maravilloso Oporto, aterrizamos en la auténtica protagonista de mi vida: España. Con sus visitas espontáneas por mi Andalucía natal, gran parte de mi vida antes de la universidad danzando por Jerez de la Frontera, una semana de vacaciones por el País Vasco y la Rioja, preciosos también, con un amigo; vacaciones fiesteras en Benidorm, Ibiza y Tenerife (imaginaros que esta isla está abajo a la izquierda en un cuadrito como cuando nos cuentan el tiempo en las noticias); dos caminos de Santiago, de los cuales me siento muy feliz de haber redactado uno en detalle; un par de festivales de música por Castellón, un viaje con el colegio a Barcelona, una visita a casa de una de mis mejores amigas en Tarragona, aventuras veraniegas en Salou y Zaragoza, visitas de un día a Toledo y a Segovia, un día en Mallorca, un día en Gibraltar, un campamento en Cuenca, con doce inocentes y tímidos años… Reconozco que era toda una mosquita muerta pero, ¡cómo han cambiado las cosas! Y, por mucha falta que me hiciera espabilarme, me alegro de haber sido una niña de verdad, no como las de hoy en día.

Parece fácil haber citado esta retaíla de experiencias. Pero yo continúo abrumada, porque cada palabra, cada ciudad conlleva una prueba, una aventura, un riesgo, un compromiso, dolor, sonrisas, personas, conversaciones, momentos. Mi mente salta tan rápido de unas imágenes, caras, paisajes, sentimientos a otros que no me da ni tiempo de asimilar el cúmulo de sensaciones que me provocan. Desde un chasquido de cócteles hasta una carrera bajo la lluvia, un paseo en barquita rodeados de medusas, un robo, las vistas desde un mirador granadino, mis pies destrozados frente a la catedral de Santiago, el mareo tras salir del Dragon Khan en PortAventura, una conversación profunda en medio de un Toledo dormido… Y muchísimas escenas más que se agolpan tratando de imponerse ante las demás, de jugar con mis percepciones veintiseañeras y de recordarme que, lo crea o no, he vivido. He vivido una barbaridad de cosas. Y, mientras ninguna desgracia mayor se interponga en mi camino (que nunca se sabe, no nos vayamos a creer ahora inmortales), me queda otra increíble barbaridad de cosas que vivir multiplicada por dos y pico, incluso por tres si me cuido lo bastante.

Os invito a sentaros unos minutos; a parar, hacer esta reflexión para con vosotros mismos y compartir conmigo esta gratitud existencial. Porque, ¿sabéis lo mejor? Aunque en este post una servidora se haya entretenido en recorrer el mundo, no considero necesario haberse movido mucho para contar con una cantidad mayor o menor de experiencias. Estas las creáis vosotros allá donde os lo permitáis, sin importar si habéis pisado el otro lado del mundo o si apenas soléis pasar de los límites de vuestro barrio. Podría hacer un segundo y tercero y muchos posts más enfocándome exclusivamente en determinados destinos, sus comercios, gentes, parques y reflexiones locales; pero creo que me entendéis y, por hoy, tengo mucho que asimilar, que el mapa con el que esperaba limitar mi vida me la ha desbordado por todas partes.

Las paradas de metro y sus historias

Metro la LatinaEs curioso cómo el metro le da una personalidad especial a las ciudades que lo tienen. Y no solo por facilitar (o dificultar a veces) los desplazamientos, sino por el hecho de identificar algunas de las paradas con ciertas personas, anécdotas o vivencias, trayéndote a la memoria recuerdos, sonrisas, melancolías y todo tipo de sentimientos cuando menos te lo esperas. De esta forma:

Príncipe Pío son docenas de cenas confidentes.

Lavapiés es mi verano posterior a la carrera.

Delicias es la llegada de una gran amiga de Jerez.

Ibiza es aquella fiesta en un catamarán.

Retiro es el hombre que vi en monociclo mientras escuchaba la BSO de Amelie tumbada en el césped.

Carabanchel Alto es la persona más romántica que he conocido nunca.

Puente de Vallecas son abrazos y cachimbas.

Fuencarral son mis camisetas de Taxi Driver y Trainspotting, y la de El Club de la Lucha para mi hermano.

Manuel Becerra son proyectos de amistades.

Puerta de Arganda son Los pilares de la tierraEl pantano de las mariposas. Y, para bien o para mal, apuntes de SEM.

Moncloa es el paso de los tempranos veinte a los “definitivamente-se-me-acabó-mi-tiempo-por-esta-zona”.

La Latina son cuatro personas conociéndose, vino en mesa.

San Bernardo es un estupendo buffet libre con la mejor de las compañías.

Gran Vía es un paseo de la mano y miles de besos.

Atocha son las ganas de ver a mis padres.

Méndez-Álvaro es la despedida en la que mi visitante perdió el autobús por no habernos dado cuenta del cambio de hora durante aquel fin de semana.

Rivas Futura son mis últimas prácticas en España. Espero.

Santiago Bernabeu es aquella caminata eterna por no ser consciente de lo larga que era la Castellana.

Bilbao son muchas, muchísimas noches de risas.

Diego de León será la casa que compartí con mi hermano mayor, junto con sus correspondientes charlas y carcajadas y la confianza que ninguna otra persona me da en este mundo para hacer el tonto de una manera acojonante. Aparte de mi hermano menor.

Y para vosotros, ¿qué paradas de metro tienen su historia?

Recuerdos geográficos

Recuerdos de los que se impregnan en los espacios como etiquetas flotantes. Recuerdos que caracterizan cada experiencia y le dan un sentido único para cada cual. Recuerdos de aquella ciudad, aquella reunión, aquella oficina, aquella escapada, aquella casa, aquella playa, aquel local, aquel día, aquella noche. Visiones que se entremezclan, objetividad + subjetividad unidos para siempre y que te hacen identificar cada lugar con unas sensaciones determinadas. A veces amargas, a veces preciosas. O llanas, vacías, innecesarias. O pletóricas y significativas para el resto de tu vida.

recuerdos fotosPor eso, hay gente a la que le encanta París y gente que la detesta a raíz de factores que van más allá del aspecto cultural. Por eso, hay gente que no quiere volver a pisar aquel bar o discoteca, gente que cambia de ciudad y/o de país, gente que tiene que dejar su casa aunque haya vivido en ella durante años, porque ya no tiene sentido. Por eso, y mucho más, hay fotos que nos encanta repasar cada cierto tiempo, y fotos que no volvemos a abrir jamás; y perfiles de Facebook que conservamos a lo largo del tiempo, y perfiles que acabamos eliminando; y tipos de alcohol que nos hacen sonreír, y tipos de alcohol que nos provocan arcadas nada más olerlos.

Lo mejor es darse cuenta de esto, un gran poder y una gran responsabilidad puestos en nuestras manos, para, a partir de entonces, procurar crear recuerdos sanos. Recuerdos que te hagan ver cada experiencia como algo que tuvo su lugar justificado en tu vida, no un mal momento, un fracaso, una mosca cojonera que, por mucho que espantemos, sigue ahí dando por saco. No necesariamente en tu cabeza zumbando de forma permanente, pero sí cada vez que esas imágenes vuelvan de improviso, o cada vez que se mencione ese espacio.

Lo idóneo, pues, sería proceder a cuidar cada momento y cada oportunidad para disfrutar y/o aprender. O, al menos, no arrepentirse de las decisiones o actitudes que tomamos, no manchar esa geografía de recuerdos incómodos. Tenemos una salvaje tendencia a sacrilegiar nuestro tiempo, a tratarlo con una frivolidad terrible. A estar deseando que pase, que pase rápido para “superar este sufrimiento”. Periodos de duelo constantes que arrastran años y años de vida en espera… ¿De qué? A menudo ni sabemos decirlo. A volver a ser nosotros mismos. ¿Y si a ese “tú mismo” simplemente le ha tocado renovarse, cambiar de rumbo, madurar, evolucionar?

futuro recuerdosAprender es la clave. Aprender las lecciones para no repetir errores. Sin duda, repetiremos varios de ellos, pero cuanto menos lo hagamos, mejor. Por tanto, te invito a que te mires a ti mismo, a tu espacio, tu hogar, tus compañías; tu cometido estudiantil, laboral y/o en busca de alguno de los dos; tus proyectos, tus viajes, tus sitios favoritos para comer y los que te quedan por conocer, tu cafetería predilecta, tu banco del parque de la esquina… Y te pido que los cuides. No en el sentido de tratarlos bien, porque en ocasiones sencillamente muchos de ellos no merecen más que mandarlos a tomar viento (sea porque realmente son nocivos o porque no congenias con ellos), sino en el sentido de fluir con cabeza, con sentido, con lógica, para que tus recuerdos, que son al fin y al cabo lo único que nos pertenece, sean lo más positivos posible. Sobre todo cuando has de convivir con ellos durante un largo tiempo. Positivo no es igual a felicidad suprema, cuidado, sino la parte de las vivencias que te permite avanzar como ser humano.

Cuando somos jóvenes, queremos comernos el mundo, visitar miles de sitios, conocer y hacer montones de amigos, ir tachando de la lista cada proeza conseguida. Luego te haces más mayor y te das cuenta de que te sobra tanta grandeza psicológica. No la necesitas para ser feliz, no es fiable ni te convierte en una persona más inteligente, honesta o interesante. Porque, al final del día, lo que cuenta para ti son: tu hogar, el espacio en el que deberías sentirte más a gusto que en ningún otro sitio (si no es así, replantéatelo); tus labores, entendidas como la actividad estudiantil o profesional que ocupa tu tiempo y que te hace sentir como una persona de provecho (si no es así, replantéatelo también); tus aficiones, que ocuparán tu tiempo libre y te permitirán auto-cultivarte de manera personal; y, finalmente, esas escasas personitas que verdaderamente te importan y se preocupan por ti día tras día. Aquellas de las que te acuerdas antes de dormirte y al despertar, y en cualquier momento del día sin venir a cuento.

Lo demás, pajas mentales para adolescentes.

Y ahora, hacedme el favor de convertir este puente en algo que valga la pena.

Balance personal del año 2011

Sé que este post debería haberse escrito el 31 de diciembre de dicho año pero bueno, nunca es tarde para reflexionar un poco sobre el año pasado. Si me permitís, lo voy a adornar con varios de los mensajes que personas anónimas escribieron para que fueran expuestos en aquellas bolas gigantes que colocaron en septiembre en la Plaza de Callao de Madrid y que iban ofreciendo sus deseos y/o propósitos uno detrás de otro, apareciendo y desapareciendo paulatinamente, y durante las 24 horas del día.

¿Qué puedo decir? Un año intenso. Tela. Un año para ponerme a prueba más que nunca. Un año en el que he visitado Roma, Amsterdam y Bélgica (hacedme el favor de ir a Brujas, ciudad de ensueño como pocas, con pareja si es posible), he terminado la doble licenciatura de Periodismo y Comunicación Audiovisual, he pasado mi primer verano en Madrid, me he operado de la vista y he vivido de primera mano una revolución política y social de reconocimiento universal. Un año en el que hasta las lágrimas derramadas y las decepciones sufridas han valido su peso en oro para curtirme y hacerme tal y como soy.

Difíciles últimos meses de carrera. Poco tiempo libre, tensiones varias compañeriles, incertidumbre total hacia el futuro. Y, tal y como empezó mi aventura académica en la capital, terminó, igual de rápido. He de reconocer que, aunque cara de cojones, la Universidad Europea de Madrid me parece buena. Más que buena, al menos en las ramas de la comunicación. Muchísimas prácticas, profesores cercanos y bien entendidos en sus materias, disponibilidad libre de instrumentos de todo tipo (eso sí, no te retrases un día en devolver una cámara, que te sancionan un mes), acceso permanente a las diferentes salas con sus programas o útiles determinados…

Probablemente, un error ha sido no aprovechar mejor todas estas posibilidades, no haber sido más autodidacta. En fin, no vamos a lamentarnos por lo irremediable. Y tampoco nos engañemos: una preparación excepcional pero en cuanto al curro garantizado me han dado por saco.

Un verano espectacular en Madrid. Alucinante, precioso, emotivo. Entre semana, sus madrugones para ir a las prácticas y las siestas no me las quitaba nadie, junto con las reuniones semanales con mi consejo de ministras particular. Los fines de semana, la vida se transformaba. Jerez, el festival de Benicasim, Tarragona, Chipiona, Benidorm, Sevilla. Madrid y todo lo que ofrece, por supuesto. Sin olvidar, ya que hablamos de turismo, la visita primaveral al País Vasco y a Logroño en Semana Santa.

Septiembre: fin del contrato de las prácticas. ¿Y ahora qué? Frente a la espera eterna para que alguien notara mi existencia como profesional, tenía que hacer algo, sobre todo al estar pagando un alquiler en Madrid. El resultado fue apuntarme a una academia de inglés para intentar sacarme el Advanced. Y digo intentarlo porque, aunque mi nivel era para aprobarlo, el examen no me salió bien. Así que nada, a seguir mejorando el idioma de todas formas. Ya nos veremos las caras el resultado y yo dentro de unas semanas.

Lo que no me esperaba era que el ambiente en una academia de inglés pudiera tener tantísima vida. Qué gente tan fantástica me he encontrado en ella, madre mía, y qué buen rollo y qué ilusión de relacionarse con seres a los que te apetece verlos, que te alegran el día con simplemente su presencia, que cuentan contigo desde el primer día y sin conocerte de nada. Gente que brilla, que destaca, que te iluminan y te hacen confiar más en el género humano.

Sin embargo, una vez realizado el examen… Vuelta a casa. Cuatro meses enviando el currículum y varias ocasiones en las que parecía haber esperanza cuando al final resultaba que no. Pues nada, vuelta al nido familiar a investigar otras opciones, a ser posible en el extranjero. En este tema no hay nada concreto todavía, ya se irá viendo.

Un mes de diciembre apacible. Celebrando como correspondía el haber hecho el examen del Advanced por fin, haciendo las maletas, sufriendo las despedidas y experimentando el sabor dulce de unas vacaciones más largas, después de un año y medio sin tenerlas. A gustísimo entre mi familia, a los que más quiero en este mundo; recuperando un poco el hábito lector, perdido entre phrasal verbs y sus puñeteros sucedáneos; haciendo, aleluya, ejercicio, tras unos seis años de sedentarismo. Restableciendo contacto también con las amistades de mis orígenes, por supuesto.

Así pues, dejándome muchas cosas en el tintero, me despido del año 2011 con una gran sonrisa, la verdad. Gracias, 2011, por todo lo que me has enseñado, tanto lo bueno como lo malo. Gracias por decirme adiós con el inmenso regalo de contar con una nueva personita en mi vida desde hace muy poco pero que parece prometer mucho, y gracias por todas con las que me he relacionado. Pero, sobre todo, gracias por haberme dado la oportunidad de creer en la fuerza de la amistad a través de los dos especímenes más maravillosos que se han podido cruzar en mi camino. Y catalanes, con un par.

Le deseo un feliz 2012 a todas esas personas que quiero, aprecio y que me han aportado algo, y a todos aquellos que se lo merecen. Este es nuestro año, ni crisis ni hostias.

¡Un abrazo!

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