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Posts Tagged ‘felicidad’

Cuando la rutina se vuelve agradable

Creo que es una de las mejores cosas que te pueden pasar: que tu rutina te resulte agradable. Obviamente las vacaciones son siempre bienvenidas pero no creo ser la única que, cuando llega el momento de regresar a la vida real, experimente cierta sensación de que es lo apropiado y hasta apetecible. También dependerá del tipo de periodo vacacional que se tenga, supongo. En España, lo típico es pillarse un mes entero en verano y el resto del año apañárselas con los festivos (aunque quizá esto esté cambiando al ritmo laboral que vamos).

Cuando viví en Londres, me repartí mis días libres bastante equitativamente para poder ir a casa (Jerez de la Frontera, España) cada tres meses más o menos. Es curioso cómo la casa de los padres perdura siendo “casa” en general a pesar de estar fuera. Aunque, poco a poco, la vida propia equilibrará el peso del hogar materno y el del propio. Ya me está comenzando a ocurrir, de hecho. Ir a casa (de los padres) permanecerá siendo un placer y una desconexión maravillosa. Pero mi casa está donde mi rutina opera (y donde vivo junto a mi pareja, que también contribuye a la sensación de asentamiento).

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Amanecer

¿A qué viene esta reflexión? Seguramente sea porque acabo de pasar por casa (de los padres), jeje. Mi hermano mayor se ha casado. Tres días de compañía asiática (la novia, ahora esposa, es coreana), seguidos de otros cinco días familiares, de amistades y, naturalmente, de esos preciosos regodeos personales que solo tengo de vacaciones en Jerez, como tomarme infusiones mirando a la pared, charlar con mi madre en la cocina, ver la tele con mi padre, echarme la siesta… En resumen, dejarme llevar por la tranquilidad autóctona de allí como si cada una de estas sencillas actividades fuera la más importante y única que hacer, sin prisa, sin inventarme deberes ni tareas posteriores.

El caso: mi hermano se ha convertido en un marido. Fue una boda muy bonita y divertida, ya os pasaré un vídeo (si mi hermano llega a montarlo). Me resulta tan increíble y, a la vez, natural contemplar cómo el paso del tiempo te obliga a madurar, a tomar decisiones, a adquirir nuevas responsabilidades prácticamente sin darte cuenta, todo de manera implacable y, si te lo montas bien, satisfactoria. Un “tenía que pasar” con una sonrisa y con ganas de seguir viendo qué deparará el futuro, un futuro aún incierto pero que suena ameno, sobre todo habiendo encontrado a la persona adecuada (esperemos).

Siempre me he sentido en armonía con el sentimiento y aplicación práctica de la independencia, de nunca tener prisa por encontrar pareja, del derecho a ser feliz en la soltería. Bueno, lo mantengo, pero ahora estoy totalmente convencida de que, con otra persona a tu lado, la supervivencia siempre será más agradable, la verdad. Con los altibajos y desacuerdos de turno, que más vale asimilar lo antes posible porque nadie se salva (algo que también he tenido que aprender), pero no hay color.

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Amor propio por San Valentín este año, porque tener pareja tampoco implica no celebrar el amor a uno mismo

En fin, hoy no he venido aquí a desperdigar mi vida sentimental en realidad. He venido a desperdigar un poco de todo, que para eso llevo unos mesecillos sin aparecer. Otro aspecto que ha contribuido a volver amena mi rutina consiste en tener un portátil propio por fin. El pasado octubre adquirí un económico Lenovo que antes de Navidad dijo “hasta aquí llegué”, y desde entonces hasta mi reciente viaje a España, porque no iba a pagar para arreglarlo cuando estaba en “garantía internacional” (internacional por los cataplines), me tuve que apañar con el portátil de mi pareja, y con su teclado francés, dicho sea de paso, dejando de lado mis queridas pérdidas de tiempo online. Bienvenidas seáis de nuevo. Obviamente el blog no está incluido pero sí era algo que, cuando estás usando el ordenador de otro, y de otro que usa su ordenador mucho, es prescindible.

Total, no voy a emitir mayores excusas, ya sabéis cómo funciona esto del blog: ahora escribo mucho, ahora te abandono, ahora me pongo nostálgica y vuelvo a escribir, y así. Y hoy tengo ganas de contaros un poco las historias que me han acompañado durante estos meses, y quizá de antes. Vamos, lo que me dé la gana.

Para refrescar la memoria y actualizarla incluso: vivo en San Diego (California) y trabajo como periodista por cuenta propia, campo en el que, por cierto, en los últimos días me han calificado de “excelente” y me han dicho que “da gusto trabajar con profesionales como yo” (tenía que decirlo, que tampoco es que ocurra todos los días)… y también trabajo en el área de comida preparada de un supermercado mexicano. Esto es nuevo, de hace casi un par de meses. Se intuye qué me apasiona y qué supone un ingreso económico extra, ¿verdad?

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Saludos desde San Diego, ciudad con arte urbano por doquier.

Antes de pasar a mis historias periodísticas y de cualquier otro tipo, he de confirmar lo que muchos puedan haber pensado: el trabajo en el supermercado es durillo. Obviamente los habrá peores pero yo hablaré de lo mío: muchas horas de pie, atención al cliente permanente y, por tanto, sonrisa obligada; 10% de los atendidos dignos de tirarles la comida a la cara (centrémonos en el otro 90%, que suele ser neutro o majete), sensación de ser un burrito humano con el olor que se impregna, esfuerzo por evitar mirar la cabeza de vaca sobresaliendo de una olla…

¿Qué pasa? Que he elegido estar ahí. He decidido asumir el reto de meterme en un curro que no me imaginaba haciendo y no negaré que el pensamiento de dejarlo no se me ha pasado (varias veces) por la cabeza. Afortunadamente, la perspectiva me cambia con el cheque de cada viernes, con el apoyo de unos compañeros estupendos, con la sensación de aprovechar mi tiempo de manera más productiva. Con, para qué engañarnos, sucesos como la propina de $5 que recibí ayer, cosa nada frecuente. Cualquier cosa que me ayude a sobrevivir y mantener mi actividad periodística es bienvenida.

Ahora, quiero hablaros de algunas de las historias que he cubierto y que más me han llegado. La palma se la lleva el relato de una mujer que lucha contra la transmisión del VIH de madres a hijos a través de la lactancia. Su organización no lucrativa, Es Por Los Niños, apoya a mujeres sin recursos, a menudo solteras, y las forma para evitar que este daño irreparable se produzca. Fue brutal reunirme con ella y que me contara su historia y su motivación para dirigir esta causa, basada en la muerte de su propio hijo.

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“Aspira a inspirar a otros y el universo tomará nota”

Esta, para mí, heroína de los pies a la cabeza que ha decidido destinar su vida a estas personas en apuros se emocionó por un momento durante la entrevista. El local donde estábamos emitía la canción “Dear Mama” de 2pac, melodía que su hijo le había hecho escuchar una vez. Me faltan las palabras para describir la situación y la admiración que me produjo esta señora, quien en aquel momento sintió la presencia de su hijo con ella, haciéndome emocionarme profundamente a mí también.

En un segundo puesto, aunque muy cercano al primero, se encuentra una víctima de violencia de género, actualmente luchadora por los derechos de las mujeres que sufren esta lacra y centrada en la comunidad latina, ya que el miedo a la deportación y a que les quiten a sus hijos convierte a este sector en gran candidato a permanecer en silencio en los Estados Unidos. Desde aquí, vuelvo a proclamar mis respetos y admiración hacia esta valiente joven que utiliza su experiencia para ayudar a otros, con el trauma que supone una vivencia así y lo mal visto que aún está hablar de ello desgraciadamente, de una terrible situación familiar, cuando debería denunciarse de inmediato.

Y así, a día de hoy, me llevo cerca de 100 historias para el recuerdo. Obviamente las hay más y menos profundas, no todo van a ser causas de vida o muerte, pero hasta las más pequeñas aportan algo, a los lectores y a mí misma. He entrevistado a actores y cantantes, he conocido a artistas de distintas tendencias, he hablado con un maestro maya, he anunciado estrenos de programas y festivales, he asistido a eventos, unos benéficos, como la entrega gratuita de regalos a niños desfavorecidos por Navidad y otros tantos, como la representación de ballet de El Gran Cascanueces Ruso. ¡Hasta he informado a la población sobre cómo evitar garrapatas!

Este año único como reportera, como me dicen por aquí, se me quedará grabado para siempre. Admito que apenas he escrito en el blog pero os aseguro que he escrito y, sobre todo, he sentido escribiendo más que en toda mi vida (que tampoco es muy larga, 27 años cumplidos en enero, pero como no veo muchas más opciones periodísticas futuras una vez se me acabe el permiso de trabajo en tres meses…). Interesados en ver parte de mis artículos pueden visitar https://mariagonzalezamarillo.contently.com/. Sí, soy fan de los portafolios, los recomiendo a todo el mundo para mostrar los trabajos profesionales.

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Regalito de una pequeña-gran persona con un pequeño-gran mensaje

Otros aspectos hacia los que me gustaría emitir agradecimientos son esas cosas pequeñas que, si cuentan con nuestra atención, también hacen de nuestra rutina un camino mucho más pleno. Véase aquel corte de pelo que una simpática peluquera mexicana me hizo, y que mentalmente necesitaba con desesperación; haber descubierto que me gusta el sushi hace un par de días; la más elaborada comida semanal que tengo desde que me mudé a San Diego con mi pareja hace un año (todo suyo el mérito), los emails informativos que me llegan de mi padre en torno a cualquier cuestión mencionada, el poder ir en manga corta durante el día, ver una serie en inglés sin problema…

Los audio-whatsapps con amigos de varios minutos poniéndonos al día, las reuniones más o menos mensuales con una fantástica familia americana de Riverside, que me ha permitido vivir todas las fiestas y tradiciones del país en su más pura esencia; mis míticas tostadas con philadelphia para desayunar (comer me hace definitivamente feliz); encontrar el regalo adecuado para un ser querido, “limpiar” el Gmail de correos, una novela entretenida, tachar en la agenda las cosas ya hechas, tener portátil propio tras tres meses, haber aprendido a hacer un buen salmorejo, soñar con viajes y planes futuros, posibles e improbables; reír por cualquier cosa, o simplemente reír…

Una larga lista.

Gracias.

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Quejarse es gratis… ¿o no?

No son las palmeras más bonitas o altas de California ni es el amanecer más impresionante que se pueda ver, pero cuando uno se levanta y se encuentra con una vista agradable a través de la ventana, el día empieza de otra manera, ¿verdad?

Amanecer

Amanecer

Nunca me he considerado especialmente dependiente de las condiciones climatológicas para sentirme de mejor o peor humor. Viví un año y 8 meses en Londres y nunca entendí por qué la gente se empeñaba en decir “uf, otra vez lloviendo” casi a diario. Pues claro, pesaditos, ¿qué esperáis en un lugar donde el 90% del tiempo está nublado y el 75% lloviendo? (Calculado así a ojo).

Ignoro si estas quejas se deben a la necesidad de conversar en determinadas situaciones o a la necesidad en sí de exteriorizar pesares internos. Igualmente, es terrible. Muy recientemente fui ayudada a darme cuenta de la cantidad de comentarios negativos que hacía sin inmutarme lo más mínimo de su efecto, tanto en mí como en las personas a mi alrededor.

Quejas sobre el clima, el tráfico, la actitud de una persona, la situación laboral, la incertidumbre… Un horror, y yo que me veo como una persona realista de tendencia optimista. Con este tipo de comentarios no hacemos más que permitir la expansión de conversaciones victimistas y, por tanto, la proliferación de pensamientos y sentimientos destructivos.

Leí hace poco un artículo sobre un experimento en el que varias personas habían decidido no exteriorizar sus quejas. Entendedme: esas quejas que son realmente innecesarias, repetitivas y no aportan nada. No voy a prohibir a nadie que se desahogue en una situación desfavorecedora. Bueno, pues dichas personas, al cabo de un mes, comprobaron que su índice de felicidad había aumentado notablemente. Obvio: queja que evitas, queja que no conviertes en algo más grave de lo que es al ponerle palabras y que no contagias a nadie para quejaros juntitos. Paraos a reflexionar un minuto en torno a todo lo que vais diciendo a lo largo del día y os daréis cuenta de cuántas soltáis que no hacen más que perjudicar.

Por eso, hoy quería enseñaros este amanecer entre palmeras. Una imagen simple, natural y digna de apreciarse. Lo cual no implica que la mañana que llueva deba suponer una excusa para permitirse refunfuñar. La lluvia es buena. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Tratemos de ver las primeras más que los segundos y notaremos los resultados. No hace falta quejarse tanto, hace falta reaccionar hacia el detonante de esos sentimientos.

Reflexionemos. Por tu felicidad, por la mía, por la de todos.

¿Qué tipo de “sed” tengo yo?

Hace poco os hablé de un par de redacciones de cuando tenía 16 años que me encontré por mi cuarto mientras lo ordenaba a fondo: ¿Qué pienso sobre la religión, sobre Dios, sobre mí mismo? (click sobre el título para leerla) y ¿Qué tipo de “sed” tengo yo? Aquí expongo esta y mi reflexión en torno a ella a continuación:

Ser feliz y hacer feliz a mis seres queridos en la medida de lo posible. Este es mi objetivo para toda la vida.

En función de este deseo y mis ideas sobre la religión, no necesito a Dios para conseguirlo. Incluso opino que puedo ser más feliz que un creyente porque al no creer en la vida eterna, aprovecho y vivo más intensa y arriesgadamente la existencia que sé que está ocurriendo de verdad, pues nada me demuestra que haya algo después de la muerte.

Quiero ser feliz por mí y hacer feliz por los demás, quiero intentar mejorar el mundo y aportar mi granito de arena, quiero demostrar a las personas que amo lo importante que son para mí y como personas.

Me gusta cómo pensaba, aunque me doy cuenta de que me he vuelto positivamente (desde mi punto de vista) más egoísta. Ser feliz sigue siendo mi objetivo primordial, o más bien la búsqueda permanente de la felicidad asumiendo con naturalidad los baches y altibajos que se van cruzando por el camino; pero para ello necesito sentirme satisfecha conmigo misma y emocionalmente equilibrada, lo que acarrea unas determinadas condiciones laborales y personales a la vez que depende de mi propia capacidad de reacción a las circunstancias y de adaptación. Es decir, que el proceso para ser feliz se ha vuelto mucho más complejo y reúne a su vez otros objetivos en sí mismo.

Discrepo con mi afirmación de aquel momento en cuanto a los creyentes: actualmente no creo que ni las creencias ni el agnosticismo, ateísmo o cualquier práctica religiosa hagan más o menos felices a las personas; dependerá totalmente de cada ser humano y su forma de vida de manera individual. Es más: me ha cambiado totalmente la perspectiva en cuanto a mí misma en mi lucha constante por, más que la felicidad, el equilibrio emocional, hasta el punto de añorar esa fe que nunca he tenido y que me haría ver la muerte de una manera probablemente menos afectada.

Calculo que pensaba que tenía ventaja de alguna manera a la hora de aprovechar más la vida terrenal al quizá haberme centrado en las personas especialmente fanáticas y que todo lo justifican poniendo a Dios por delante y cediéndole una idiosincrasia demasiado elevada (cosa que en realidad resulta igualmente respetable aunque no lo comparta, ya que a mucha gente le hace feliz, pero por lo visto no lo consideraba yo muy provechoso de adolescente), y también al no sentir todavía presión ninguna hacia la fugacidad del tiempo a mis inocentes 16 años.

Sí estoy de acuerdo en colaborar para hacer feliz a mis seres queridos. Creo profundamente que cuanta más alegría, comprensión y todo tipo de sensaciones positivas expandimos a nuestro alrededor, mayor es el bienestar que experimentamos en nosotros mismos. Y sin duda me gustaría enormemente “mejorar el mundo y aportar mi granito de arena”. Aún no sé cómo pero estoy segura de que todo llegará y de que en cierto modo ya llevo tiempo procurándolo día a día aunque sea desde mis reducidas posibilidades.

Y vosotros, ¿qué tipo de “sed” tenéis?

motivación

La felicidad en un espejo

mujer espejoEstrella se levantó y se dirigió hacia el baño. Aún no se había puesto las lentillas pero lo primero que hizo, como cada día, fue mirar su figura desnuda, algo borrosa debido a su visión miope, en el espejo. No se vio mal del todo, aunque alguna que otra curva le disgustó en cierto sentido. Se lavó la cara y se colocó las lentillas, para mirarse de nuevo. Ahora se veía con claridad. Bueno, tampoco era tanto si metía un poco de barriga. Total, casi nunca se mantiene la tripa relajada a lo largo del día, así que aquello no suponía un gran problema.

Escogió su nuevo conjunto de ropa interior y no perdió la oportunidad de volverse a mirar para puntuarse a sí misma, compararse con la que había sido el día anterior y la que sería al día siguiente según el conjunto que escogiera. Idéntico proceso se dio una vez vestida con la ropa que tocaba aquella mañana, elegida cuidadosamente la noche anterior para no tener que perder tiempo probándose otras cosas, aún a pesar de que no le convenciera, ya que no quería entretenerse y llegar tarde al trabajo.

Cada una de las veces que se observaba en el espejo en todas estas fases, se repetía el mismo ritual. Perspectiva de frente, de perfil y de detrás. Nunca fallaba. Y el sentimiento también era similar: de conformismo. Resignación pura y dura. En pocas ocasiones, satisfacción, la cual no solía durar mucho.

De camino al trabajo, no podía evitar mirar de reojo su silueta en todos y cada uno de los escaparates que se cruzaban con su reflejo. El último era el mejor, siempre se veía fantástica en él. Siempre se proponía buscar un espejo que se correspondiera con las formas que prestaba aquel cristal, pero enseguida se decía que aquello era lo esporádico, mejor atenerse a la realidad.

Tampoco faltaba a su costumbre de mirarse en el espejo del baño de la oficina, para eso estaba, ¿no? Para verse y retocarse si hiciera falta.

A la salida del trabajo, todo se sucedía de manera inversa: escaparates, ropa, conjunto de ropa interior, desnudez. Se había convertido en parte de su rutina observarse. Observarse y juzgarse. Y, a partir de un michelín más o menos, determinar la felicidad que le correspondía cada día. Si no intencionadamente, en su subconsciente.

Así, no advertía el sonido de los pájaros al abrir los ojos por la mañana. Ni el bello color sonrosado de sus mejillas recién lavadas, a causa de sus pupilas fijas en el vientre. Ni el propio brillo de sus ojos, de atención dirigida exclusivamente en alisar esta camisa, ese vestido o aquel pantalón. Ni las carcajadas de los niños con los que se cruza y que se dirigen al colegio, centrada en el reflejo de los escaparates. Ni en las lágrimas que su compañera de trabajo ha derramado justo a su lado en los baños. Ni en el chico que le regaló una sonrisa de vuelta a casa.

Así viven miles de mujeres, porque así las estamos educando: apagando sus brillos y creando un mundo plagado de Estrellas sin luz.

Shotta – Felicidad

Retomo el blog tras un periodo de dispersión (como tantos otros) para plasmar esta canción, una melodía preciosa que tuve el placer de escuchar en directo el pasado viernes 25 de abril en la Sala Penélope (Madrid). Artista: Shotta; colaborador: Morodo; Título; Felicidad.

Que la disfrutéis 😉

Nadie es feliz para siempre
aprovecha tu presente
felicidad intermitente

Eres la sique más bonita que uno puede tener
eres la chica más cara y más mala, vete a saber
si cuando vienes, vienes de verdad o de broma, no sé
a todas horas y a solas, estoy enganchado a tu placer

Yo quiero que esta canción suene como un niño al nacer
con el miedo y el llanto de todo por conocer
buscando la felicidad quizá te puedas perder
yo solo quiero sentirte, como la primera vez

Tu solo quieres salir de este mundo oscuro, por fin
dejar atrás toda la movida negativa en un please
es complicado como el tiempo y la vida por decidir
hay caminos duros, procuro tenerte por aquí

Felicidad donde estás, enséñame el camino
a veces creo que no existes, que eres un estado de ánimo
nadie es perfecto, tú piensas eso
si sale del corazón, lo que escribes tendra más peso

Piensa que el odio es un lastre, apártalo del medio
la vida sin amor es el pozo de un cementerio
eres la droga la que mata la tristeza
la que limpia las lágrimas en el alma cuando todo pesa

La felicidad, toda la vida buscándola y si quieres saber donde está
observa tu recorrido, mi hermano, ella siempre a estado a tu lado contigo
y la felicidad, si ya la tienes compártela y si no no vale nada
felicidad para cada hombre en cada nación

Felicidad, vente para acá que yo te canto
hay quien es feliz con 100 millones en el banco
se nota la cara, la actitud
cuando uno está feliz, se le enciende la luz

A veces la razón no sirve, no funciona, no sucede
hay personas que nunca se olvidan, porque el corazón no quiere
la sonrisa de una madre, eso es felicidad
la vida mejor, sin prisa el positivismo se guisa

Trabaja cada día para ser feliz
difícil de conseguir, hay esta la meta pri
dale amor a tus amigos y a tus enemigos, sí
no te vayas al a cama con rencor, déjalo fluir

Se portaron mal contigo, no seas vengativo
el olvido y el perdón son el mayor castigo
tu novia te dejó, sácate del aire
si el amor se acabó, yo lo que no quiero es engañarme

Lo que no se suelta en lágrimas, se va con los suspiros
yo solo suelto un te quiero, cuando el corazón me obliga
yo solo digo bum, felicidad intermitente
aprovecha tu presente, nadie es feliz para siempre

La felicidad, toda la vida buscándola y si quieres saber donde está
observa tu recorrido, mi hermano, ella siempre ha estado a tu lado contigo
y la felicidad, si ya la tienes compártela y si no no vale nada
felicidad para cada hombre en cada nación

Felicidad en la tormenta, es un rayo de sol
después de la batalla, recibir bendición
vivir lejos del odio y más cerca del amor
felicidad es tremenda sensación

Porque la vida con felicidad es más intensa
vivir rodeado de tinieblas no compensa
la felicidad es la mayor recompensa
mucho más que oro, que carros y prendas

La felicidad, toda la vida buscándola y si quieres saber donde está
observa tu recorrido, mi hermano, ella siempre ha estado a tu lado contigo
y la felicidad, si ya la tienes compártela y si no no vale nada
felicidad para cada hombre en cada nación

Shotta Flowesía

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Las personas tóxicas y las luciérnagas

negatividadLas personas tóxicas son aquellas que te aportan tristeza, pesar, desequilibrio. Negatividad en general. Corresponden a ese determinado porcentaje de seres humanos que, de manera consciente o inconsciente, extienden a su alrededor un halo de vibraciones que alteran tu estado de ánimo si no tienes la suficiente fuerza mental como para rechazarlas, tanto desde el principio si las ves venir como una vez habiendo irrumpido en tu camino de manera inesperada ante tu falta de capacidad para afrontarlo bajo el raciocinio y una perspectiva crítica y analítica.

El problema es que somos salvajemente emocionales. Nos creemos dueños de nuestras vidas cuando en realidad nos hallamos sumidos en un estado de permanente afectación con respecto a lo que nos rodea. Y, dependiendo de nuestra capacidad racional, aquella que se manifiesta cuando las emociones ya han jugado previamente contigo, asumimos los acontecimientos de manera muy distinta. Por eso, personas de la misma condición social, cultural, económica, política, etc., reaccionan de muy distinta forma frente a los mismos problemas o adversidades.

Así pues, volviendo a las personas tóxicas, se recomienda alejarse de ellas rápidamente. Si se encuentran en tus círculos más cercanos, hay dos pasos: el primero, comprobar si es posible alejarse o no de ese ambiente (los más típicos son el laboral, más comprometido, y el amistoso, más doloroso). En caso de no poder evitarlo, puesto que se trate de un ambiente integrado entre tus hábitos cotidianos, entonces habrás de decidir cómo sentirte. ¿Molesto, amargado por tener a esas personas cerca o simplemente indiferente, permitiéndote disfrutar de todo lo demás que no está contaminado? Complicado pero crucial para vivir con dignidad. Tenemos que aprender a inmunizarnos, y esto requiere mucho, muchísimo tiempo y esfuerzo, pero la recompensa emocional no tiene precio.

boomerangEs más, tengo la teoría de que no vale la pena en absoluto sentirse más afectado de lo necesario, ya que podéis tener por seguro que dichas personas recibirán su toxicidad de vuelta cual boomerang. Ya lo indica la filosofía tántrica: cuando tratamos a alguien mal, injustamente, o simplemente cuando desprendemos negatividad hacia otras personas en forma de quejas y críticas destructivas constantes, no nos sentimos bien. Por regla general, el ser humano no disfruta haciendo sufrir a los demás (aunque las noticias televisivas nos hagan pensar que sí) ni exteriorizando sus desgracias gratuitamente a troche y moche (de hecho, esta actitud les engancha, es importantísimo cortarles de raíz), de manera que, cuando proyectamos este comportamiento nocivo, el malestar rebota inevitable y exponencialmente hacia nosotros.

Lo mismo ocurre con el positivismo. ¿No os sentís felices en compañía de personas que sonríen constantemente y que destacan por su amabilidad? Haced memoria. ¿Recordáis qué fácil os contagian su alegría y os sentís agradecidos por el agradable rato que os hacen pasar? Tengo una amiga que es así. La veo con menor frecuencia que a otras amistades pero siempre está ahí, cual luciérnaga en plena noche, ocupando un lugar especialmente iluminado en mi cerebro. De hecho, voy a hablar de ella, porque me apetece y me hace sentir bien pensar en que existan personas tan maravillosas:

Esta chica acaba de mudarse a Madrid para buscar trabajo. Tomó una decisión, se organizó y se tiró a la piscina con un entusiasmo precioso. Al reunirnos la última vez, me comentó que se le pasaba el tiempo volando, que no paraba de hacer cosas y que tenía mucha suerte de toda la gente buena que estaba conociendo. Ahí me permití decirle sinceramente: “no se trata de que estés conociendo gente buena, sino de que tú la estás atrayendo”. En su adorable humildad, no se quedó muy convencida, parece que continuó atribuyéndoselo a la suerte, pero una servidora está absolutamente convencida de ello.

Ypositivismo no hablo de que por desprender energía positiva constantemente a uno nunca le pase nada malo, en absoluto, afirmar eso sería profundamente surrealista porque así de puñetero es este mundo y esta vida; pero sí que tenéis que saber que, en gran medida, sois dueños de vuestro destino. Un ejemplo simple es que precisamente esta amiga mía, a su llegada a Madrid, trabajó una primera vez como freelance en una empresa cuya jefa resultó harto desagradable. Una persona a todas luces tóxica. Sin embargo, mi amiga decidió darle una segunda oportunidad, no fuera a ser que hubiera tenido un mal día. La experiencia negativa se repitió, lo que confirmó oficialmente su carácter tóxico. ¿Qué pasó? Que en lugar de seguir tragando, mi amiga decidió no volver más.

Parece fácil, ¿no? Pues qué difícil nos resulta cambiar normalmente… Reconozco que a menudo se sufren ciertas ataduras, como una hipoteca o una familia que mantener, pero a menudo estos factores se convierten en las excusas perfectas para soportar una vida espantosa que probablemente sería distinta de tratar de arriesgarse y buscar una posición mejor, siempre desde el análisis concienzudo de las posibilidades, por supuesto. Aparte, este recorrido existencial (estudio/aprendo un oficio, trabajo, me caso, compro una casa y tengo hijos) está siendo destruido a grandes zancadas en nuestro país a raíz de la situación económica, momento en que quizá debamos pensar más que nunca en lo que nos gustaría hacer y cómo conseguirlo o encaminarnos mínimamente hacia ello, aprovechando el despertar que ha supuesto este drama en medio de una sociedad que cada vez se siente más inquieta y más predispuesta a perseguir sus sueños. O eso creo notar en torno a mi generación.

Total, me estoy yendo por las ramas, así que regreso a las personas tóxicas y las luciérnagas. Lo dicho: huid de las primeras. Ya que en un principio os pueden pillar de sorpresa, proceded lo más rápidamente posible a eliminarlas de vuestra mente junto con la influencia que puedan ejercer. No tiene sentido alimentarlas sin rumbo psicoanalítico ni serán en absoluto relevantes dentro de una temporada más corta o larga de todas formas. Ni siquiera la venganza es necesaria porque, además de que os enveneraría el espíritu y agraviaría vuestro humor, la podredumbre ya está en su interior, esas semillas que ellos mismos siembran y abonan exteriorizando su contaminación hacia los demás y volviéndose cada vez más nauseabundas. ¿Para qué desearles siquiera mal alguno si ya tienen suficiente con el suyo propio? Tú estás por encima, estás en otro nivel en el que no solo responder sería rebajarse, sino también aportarse aún más negatividad de vuelta. No querrás esas semillas podridas en ti mismo, ¿verdad?

positivismo y negatividadAcercaros a las luciérnagas. Ellas os elevarán hacia lo que más os gusta de las personas, os harán recuperar la confianza en el ser humano, os darán ganas de vivir, de reír, de disfrutar, de alejaros de lo que os desestabiliza y de lo que os encoge el corazón en un incordio de pellizco innecesario e inútil, de nulo uso.

Amistades que se tuercen, jefes insufribles, parejas tortuosas, compañeros insoportables… Incluso el mero hecho de definirlos ya les da nombre y fuerza, ya les da importancia. ¿Para qué empañar tu tiempo y tu mente de tales vulgaridades? ¡Habrá cosas en las que pensar, sobre las que reflexionar y que disfrutar! No solo pertenecientes a las situaciones mundanas sino a otros universos reflexivo-filosóficos, poco apreciados a menudo a causa de nuestro egocentrismo natural (qué se le va a hacer, somos así). Además, solo tienes que preguntarte si acaso te mereces sentirte mal. ¿No? Entonces no te permitas auto-castigarte.

Por otra parte, también existe la posibilidad de que se haya producido un malentendido o efectivamente hayas tenido la culpa de algo, en cuyo caso no hay nada más sano que hablar las cosas con educación para disculparse y arreglarlo. Si eres demasiado orgulloso como para esto, la negatividad brotará de ti mismo; si lo intentas y la otra persona no es receptiva o incluso no hace el menor esfuerzo por contribuir, caso perdido. Y, por suerte, nadie es imprescindible en esta vida, así que ya sabes lo que hacer.

Dedicado a todas las luciérnagas de este mundo.

La frontera de los 30

Esa edad tan significativa a la que, por muy modernos que nos creamos, se le sigue atribuyendo el título de “soltero de oro” o “solterona” según el sexo. La presión social hacia esos años en los que deberías “sentar la cabeza, casarte y tener hijos”. Esas miradas y esos prejuicios hacia los que no siguen las normas, los que perduran en su ansia de libertad y/o no han hallado su media naranja, los que necesitan más tiempo, los que miran más por sí mismos. Los que cada día son más soñadores y bohemios. Los que cada día son menos conformistas. Los que cada día vamos creciendo en número.

Paula Schargorodsky ha venido para defender este modo de vida, para explicarlo, para hacer entender al mundo que ya no es todo blanco o negro.

Para contarnos que la felicidad es una elección.

Traducción (de cosecha propia, se aceptan correcciones si me he columpiado en algo):

35 y soltera

Esta soy yo. En este momento, debería estar en la boda de mi última amiga soltera. Pero por algún motivo, me he quedado dormida. Obviamente, hay algo que no quiero afrontar. No soy una de esas chicas que siempre está soñando con vestidos blancos y bebés. Pero en los últimos años he visto a todos mis amigos casarse. Uno por uno. Se mudan con los novios, se casan y tienen niños. Pero yo… Yo solo estoy ahí como testigo. Al contrario que mis amigos, resulta que tengo una vida nómada. Como asistente de dirección, viajo de rodaje en rodaje. Por unas semanas, ese equipo cinematográfico se convierte en una familia. Pero cuando la película termina, lo mismo ocurre con la familia.

Ahora soy la única soltera que queda.

–          Se casa todo el mundo, abuela.

–          Se casa todo el mundo y vos no sé, estás ahí, papando moscas. Es muy feo quedarse sola.

En tus veinte, eres libre de hacer lo que quieras: tener novios, amantes, aventuras de una noche, trabajo, estudio… Exactamente como los hombres. Pero la libertad femenina tiene fecha de caducidad. Cuando cumples los treinta, cae una cortina conservadora. En cada reunión social, se te enfrenta a una pregunta: ¿cuándo sentarás cabeza?

Después de todo, se me educó de manera tradicional y seguí las normas a la carta hasta que llegó el momento de elegir novio. Estuve buscando una intensa y pasional historia de amor, y encontré muchas. Cada uno de ellos era el amor de mi vida. Amor a primera vista. Ninguno duró más de dos años. Nunca imaginé que todos ellos acabarían juntos en una caja de cintas. Mamá se divorció después de 33 años de matrimonio.

–          ¿Y vos qué pensabas, mami, que iba a pasar?

–          Me imagino que a lo mejor vas a ir madurando y vas a valorar estar en pareja y vas a hacer un esfuerzo porque hay que hacer un esfuerzo para poder convivir con otra persona. Hay que hacer un gran esfuerzo, no es fácil.

Papá se volvió a casar.

–          Parte del ser humano es procrear, tener hijos, tratar de armar algo. Después, bueno, lo que dura, dura. Ojalá que dure mucho tiempo. Pero si buscas la perfección, no vas a encontrarla nunca.

Por una vez, decidí buscar un buen chico. Y tuve a Fernando, el novio perfecto, sobre todo para mi familia. Finalmente me volví la buena chica que todo el mundo quería que fuera. Durante nuestra relación, asistimos a dieciocho bodas. Pero cuando llegó el momento de planear la nuestra, me di cuenta de que no estaba siendo sincera conmigo misma. No puedo ser esa novia perfecta.

35 y soltera

Un 25% de mí se quiere casar, un 27% quiere ser libre, un 26% anhela una vida espiritual, un 22% quiere hijos.

Todavía no sé cómo resolver esta ecuación. Pero al menos he aprendido unas pocas cosas sobre mí. No quiero esas intensas e imposibles relaciones de mis veinte, ni quiero un marido perfecto con un montón de fans detrás, y claramente no planeo pasar el resto de mi vida sola.

Ahora me doy cuenta de que todo lo que estaba buscando estaba mucho más cerca de lo que pensaba. Sea con alguien o sola, en esos momentos en los que no te aceptas del todo a ti misma, el mundo cambia alrededor de ti. Al fin y al cabo, la felicidad es una elección, ¿no es así?

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