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Halloween en Estados Unidos

Si bien las fiestas en Estados Unidos no tienen mucha historia, los norteamericanos suelen hacer sus esfuerzos en volcarse al cien por cien en cada una de ellas. Así lo demuestran las decoraciones que os voy a enseñar, presentes a lo largo de las casas de mi barrio en San Diego, North Park.

La siguiente expone una tendencia bastante extendida, que es la del tejido a lo tela de araña que podéis ver cubriendo todo el seto, “arañitas” incluidas.

Casa decorada por Halloween

Casa decorada por Halloween

Por supuesto, calabazas y fantasmas. Justo estos son muy cucos pero ya veremos otros más feos un poco más abajo.

Calabazas y fantasmitas malignos de Halloween

Calabazas y fantasmas majetes

Sepulcros de muy señor mío, que no se diga que la cosa no va de difuntos.

Tumba, Halloween, San Diego

Tumba, Halloween, San Diego

Menciones a la simpática costumbre de por aquí, “truco o trato”, que implica que los niños vayan de casa en casa pidiendo caramelos.

¿Truco o trato?

¿Truco o trato?

No sé qué pensaréis vosotros pero para mí que el fondo siguiente se queda un poco corto con el bestial monstruo que cuelga de la columna de esta casa. Sé que es de mentira pero me da tanto asquete que ni así me vería capaz de tocarlo. Lo cual me hace pensar en cómo mi cultura, educación e influencias varias me han hecho temer a bichos que en cualquier caso no pueden más que temerme a mí. De haber crecido en medio del campo, o incluso de haber tenido de pequeña este bicharraco como peluche, mis sentimientos serían muy distintos. ¿No?

Mascota de Halloween

Vigilante letal. ¿O mascota doméstica?

En esta casa parece que un sepulcro no era suficiente, así que hasta que no colmaron toda la entrada de esqueletos y espíritus malignos, no se quedaron contentos.

No caben más decoraciones de Halloween en este portal

No caben más decoraciones de Halloween en este portal

Este señor, o señora, me hace pensar en que quizá encarne la muerte ideal, ¿no creéis? Aparte del toque tétrico buscado por los dueños de la vivienda, en cierto modo no es más que una persona sentada plácidamente en la terraza de su casa, y con un fiel perro a su lado además. ¿A cuánta gente habremos oído decir que, de morirse, quieren hacerlo en su casa tranquilamente y no en el hospital con doscientas movidas conectadas al cuerpo?

Aquí estamos a gustito al fresco

Aquí estamos a gustito al fresco

Los extraterrestres no podían faltar. Sin duda esta casa alcanzaba el puesto número 1 entre este paraje a un lado del jardín y al otro…

Extraterrestres y platillo incluido

Extraterrestres, platillo volante y cartel por si no lo pillas

… ¡Un alienígena súper bien hecho y agarrado a la valla! ¿Cómo os quedáis? ¿Es fanatismo o no es fanatismo? Sin olvidarnos de las lápidas a su espalda.

Me lo cruzo por la noche y me falta tierra para correr

Me lo cruzo por la noche y me falta tierra para correr

Espero que hayáis disfrutado de las fotos y que hayáis pasado una buena noche y fin de semana en general. Aparte de las connotaciones de terror atribuidas a esta celebración, no olvidemos que en muchísimas culturas el objetivo principal es recordar y honrar a los fallecidos.

Si queréis saber más sobre otras festividades en Estados Unidos, os invito a leer este post que escribí hace unos meses. ¡Hasta la próxima!

Gilipollas

Anoche, de fiesta, hubo un momento en el que realmente me asusté. Me acojoné mucho, me cortó el rollo, me emparanoié. ¿Qué pasó? Que estaba tan tranquila, contenta y animada bailando con mis amigas en una discoteca, de la cual hablaré después, cuando un Gilipollas, porque no merece otro nombre, se acercó.

Vale, una cosa es que se acercara e hiciera el intento de bailar conmigo, y otra muy distinta que el hijo de la gran puta me rodeara con los brazos y no me soltara durante varios segundos, que se me hicieron larguísimos, pero bien fuerte, hasta que, ultra agobiada, tuve que agarrarle de los hombros y echarle hacia atrás para escaparme de sus asquerosas garras.

Esto… ¿de qué vas? No solo estás violando mi espacio, sino también mi voluntad. No solo has roto la barrera y te has permitido establecer contacto físico conmigo, aunque solo fuera por la espalda para, de alguna forma, inmovilizarme, sino que no me dejabas salir de ahí.

No se trata de ponerme a llamar cerdos a los tíos ni nada, pero aquello me provocó una presión en el pecho y una impotencia… Tío, encima de que no quiero bailar contigo, ¿pretendes obligarme? Cada vez que rememoro esos instantes, me sobreviene un malestar de la hostia.

Porque no consiste exclusivamente en esos agónicos segundos en los que echaron por tierra el puñetero respeto a mi integridad física… es que así es como se somete a la gente, a las mujeres. Así es como una considerable cantidad de hombres ejercen su capricho sobre las mujeres, aprovechándose de su mayor fuerza. No voy a profundizar en el tema porque cualquiera me saltaría con que nosotras también tenemos lo nuestro, y soy más consciente que nadie de que muchas mujeres son unas pedazo de X y canalizan un chantaje emocional y una influencia psicológica del copón, pero no me quiero desviar de por donde venía.

El caso es que me dio mucho miedo, me quedé un poco trastocada, porque nunca me había pasado. Siempre me he visto responsable de mis actos, malestares, paranoias, porque todo está en mi cabeza al fin y al cabo, por mucho que hagan los demás, pero aquello… aquello no pertenecía a mi mente, aquello era incontrolable, aquello era un jodido gilipollas que me demostró que no se puede andar con chiquitas cuando empiezan a usurpar tu espacio. Y luego encima nos llaman “bordes”. Pues si me lo llego a esperar, más bien habría quedado de violenta, porque le habría pegado un rodillazo en los cojones de aúpa, por subnormal profundo.

En fin, supongo que alguna vez te tienen que pasar cosas así para seguir madurando… Y para estar más preparado, que nadie te pase por encima, que nunca se te pierda el respeto.

Que jamás (tanto metafóricamente como en un sentido tangible) vuelvan a tocarte un puto pelo si tú no quieres.

Pd: la discoteca se llama ReinaBruja (Madrid). Es una mierda como una catedral. 12 euros + 1 copa para entrar estando en lista y, aquí viene el verdadero problema: cuando por fin parecía estar animándose musicalmente hablando y dejando atrás el coñazo del reggaeton a eso de la mitad de la noche, vuelven al pachangueo cutre. Muerte a la Sarandonga, a la Bilirrubina y a todos sus puñeteros sucedáneos, ¿qué clase de ambiente fiestero es ese? Y encima, atestado de kinkis y chonis, que por poco tenemos bronca. Un mojón, horrible, no vayáis nunca.

Aún así, me lo pasé muy bien gracias a la compañía, todo hay que decirlo, que he dejado la noche un poco chunga.

Ahora, solo quedan por delante antes de las vacaciones y a grandes rasgos: otro reportaje para las prácticas (sobre el punto de cruz, ¡no te lo pierdas!), una maravillosa clase más del seminario de análisis fílmico, una entrega brutal de un trabajo 100×100 peñazo, el examen de un libro (Solaris) y sus adaptaciones cinematográficas, algún que otro paseo por el Madrid navideño y la noche de miércoles en la mejor fiesta que no me canso de mencionar: Zombie.

Es decir, quedan 4 días para volver a casa :D.

VPS Rap & Reggae

Ayer tuve la celebración de Navidad con la empresa en la que hago prácticas, Facilísimo. Me daba muchísimo reparo, incluso la noche anterior lo pasé casi mal rallándome yo sola porque apenas conocía a nadie e iba ultra apurada, pero al final todo fue bastante bien. Genial, de hecho.

Entrega de los regalos del amigo invisible. Intuía quién me regalaba a mí pero no lo dije por vergüenza, y habría acertado, ¡me cagüen! Y a la que me había tocado a mí le gustó mi regalo :), los peluches son un gran recurso.

Almuerzo en el Muerde la pasta del centro comercial Tres Aguas. Nunca había comido allí, es de buffet, y estaba buenísimo. Creo que jamás he comido tantísimo, seré burra…

Después, a la oficina a beber. A las 17:00 nos dieron un concierto privado el grupo VPS, Visto Para Sentencia. Increíble, lo hacen de puta madre. Teniendo en cuenta que me gustan el rap y el reggae, la fusión me dejó alucinada. Podéis conocer sobre ellos y escuchar sus canciones aquí, os cuelgo una. Su facebook es VPS Rap & Reggae. Ya tienen una fan más :D.

Y luego, a continuar la fiesta en la oficina hasta que tiramos para los bares del pueblo. Un rato de bailoteo y, por mi parte, para casa sobre las 3, que estaba ya cansada.

Conversaciones, bromas, colegueo, confidencias… Lo pasé realmente bien. Y lo mejor, lo que más me llegó y menos me esperaba: ¡¡VISTO PARA SENTENCIA!!

Nubes rosas

Primera noche madrileña de este curso, entre el sábado 18 y el domingo 19 de septiembre de 2002. Sugiero que hagáis click en el vídeo de abajo mientras leéis esta entrada, puede que os guste.

Apoteósica (la noche de ayer) como mínimo. Bestial, fantástica, increíble. Totalmente en armonía con el mundo exterior. Tres “es” se me pasan por la cabeza: eufóricas, excitadas, expectantes. Empezando por la mejor compañía que se puede tener: RM, NV y AA, y continuando con la pequeña pero nunca ausente aventura de buscar un apacible banco en el que situarnos y beber sin el peligro de la policía. No tardamos demasiado, aunque los ánimos se iban calentando, había coches de la autoridad por todos lados.

Esos edificios, presentes en el camino Villa-Madrid y al revés, siempre me hacen pensar en una enorme maqueta, debido a su estructura y color.

Por fin, nos sentamos y hala, a charlar durante las aproximadamente dos horas que calculo que estuvimos allí, paseos al “baño” (estábamos en un parque), risas, anécdotas, últimas novedades de cada una para poner completamente al día a AA sobre nosotras y viceversa, y nada, lo típico en verdad. Basta una reunión entre amigas en la que se compartan peripecias sentimentales (eso ocurrirá en el 100×100 de las circunstancias entre mujeres con la confianza suficiente) para acabar con la pregunta: ¿y luego nosotras somos las complicadas?

El destino de la noche fue la discoteca Copérnico, con bastante buen ambiente y música normalmente motivante. Bailes varios y también lo típico pero vamos, muy divertido, relacionándonos con la gente y tal desahogadamente, no estaba el espacio en plan agobio. Llamada telefónica por mi parte con un efecto, creo que, bastante bonito, al menos para mí. Me agradó fervorosamente escuchar la voz del intencionadamente elegido (lógico) interlocutor, y en especial su risa, sobre todo tan dispuesto a aguantarme a las 5 de la mañana, al menos hasta que a la hora por ahí se acabó la batería y el móvil me dejó con la palabra en la boca y hablando sola por unos segundos.

Horizonte difuso vigilado por la luna en cuarto creciente. Dicen que cuando está llena, las mujeres se hallan más receptivas sexualmente hablando. Pues no sé yo qué deciros.

De vuelta a la discoteca, las chicas ya no estaban y quedaba nada para que cerrara así que caminito para el metro, pero dio la casualidad de que un chaval entabló conversación conmigo, sin intenciones erótico-festivas para variar, alucinante. Bueno, o esa impresión daba. Resultado: tres horas de tertulia semi-filosófica, vaya tela y a menudas horas. Me he acostado a las 10:30 pasada y me he levantado a las 15:17 con el cuerpo más flojo que un gato con obesidad mórbida. Aún así, he tenido un par de huevos y he tirado para Madrid a ver la exposición temporal de Turner en el museo El Prado con RM. ¿Qué ha ocurrido? Que no quedaban entradas y era el último día, así que hemos dado una vuelta, quedándome una vez más flipada con el culturón que me lleva la maña en historia del arte e historia en general (íbamos pasando delante de los cuadros y me decía qué personajes eran un montón de ellos, que si pertenece a tal época, y si esta pintura y aquella son muy famosas, y yo me cago en la leche ante mi ignorancia).

Al poco rato, ya que al Prado podemos ir en cualquier momento y no habíamos podido acceder a la exposición de Turner, nos fuimos al Vips más cercano a tomar un batidazo de chocolate para reponer fuerzas. BUE-NÍ-SI-MO.

¡Ah! Antes de salir anoche, echamos un agradable rato en casa de RM esta, LP y yo, y cenamos en un McDonald´s. Me supo a gloria entre el tiempo que hacía que no iba y el hambre. Siempre hay que comer consistentemente antes de pretender desfasar en modo alcohólico sin querer acabar por los suelos. Y desde luego con un Big Mac en el estómago, no hay embriaguez irracional que valga. RM nos enseñó muy orgullosa su nueva vivienda, que realmente se puede afirmar que tiene bastante clase y que le queda la mar de estilosa la distribución de los muebles de Ikea, con cuyos precios sigo flipando.

Total, que la parte ociosa del curso ha empezado con muy buen pie. Esperemos que siga siendo así y que incluso vayamos conociendo y explotando sitios nuevos, que el Copérnico está muy bien pero ya he ido varias veces, y en la capital de España tiene que haber mucho más por descubrir :). No solo de discotecas, claro, sino lugares para comer, espectáculos, teatros, exposiciones y demás frikadas por encontrar.

En fin… A las 20 y pico ya estaba de vuelta para Villaviciosa en el autobús. A la ida sobre las 17:10, al principio (como llevo haciendo últimamente) le quité el sonido al iPod para escuchar conversaciones ajenas (es por aprender y ser observadora, no por cotillear, me importa poco la vida de la gente) pero enseguida me di cuenta de que no me apetecía nada, así que me puse la música muy fuerte (sin quedarme sorda, no sé cómo la gente soporta determinados decibelios), y suerte la mía de que sonara en unos minutos la canción 1969, de Boards of Canada, un Señor Grupazo de música electrónica (aunque no sé por qué en el iTunes me pone que este disco es pop). Ahí, en ese momento, viendo pasar el paisaje y con esa melodía penetrando mi alma, sí que me sentí en consonancia con el universo. Aquí la tenéis:

Procede del disco Geogaddi, aunque yo el que más escucho es Music Has The Right To Children, del cual os recomiendo, en primer lugar, todas y cada una de las canciones, pero más profundamente: Roygbiv (encarnación musical del más buen rollo que exista), Aquarius y Happy Cycling. Las tres las empleé para caracterizar un vídeo autorretrato que nos mandaron el curso pasado para un par de asignaturas. En mi caso, lo que consigue la obra de esta banda canadiense, basada solo en lo instrumental y en algunos que otros psicodélicos efectos sonoros, consiste en mayormente alcanzar el relax e introducirme en un pequeño cosmos hecho solo para mí donde expandirme y dejar volar mi imaginación, mi intimidad, mis preocupaciones.

Y eso no es todo en este simple pero idóneo, sencillo pero perfecto fin de semana.

A la vuelta en autobús a las 20 y pico, como iba diciendo hace un rato, el cielo me ha sorprendido agradablemente con estas imágenes que habéis ido viendo a lo largo del relato y que he captado con el móvil para vosotros, y para mí, claro. El título del post reza Nubes rosas porque durante la segunda mitad del camino estaban realmente de ese intenso tono, y no naranjas como ofrecen las fotografías, pero se mantuvieron posicionadas todo el rato enfrente del autobús, por lo que solo las veía a ratitos, cuando giraba en alguna rotonda, y no por completo, así que decidí esperar a que llegara a mi parada.

¿Qué ha pasado? Que las muy pérfidas estaban absolutamente grisáceas en cuanto he puesto un pie en tierra, y me fastidiaron el plan. Espero captarlas otro día.

Nubes de algodón de azúcar, para endulzar la vida y envolver, a veces visualmente y a veces psicológicamente, esos momentos de Complicidad Universal.

Camino de Santiago (X), el piso y la queimada

Después de pasar esa penosa media noche durmiendo en el coche de PA y otro rato más en la estación de autobuses, y habiéndonos despedido de R, partimos en busca de un sitio donde desayunar. Parece ser que en Galicia, o al menos en aquel bar, el pan con tomate es una rebanada con tres mijitas de tomate triturado (literalmente, porque los cachitos no cubrían ni el 30% de la superficie del pan) y el pan con jamón es un sándwich mixto, o eso le pusieron a mis amigos. Menos mal que respecto a la mantequilla y la mermelada no había confusión.

V, A y yo fuimos a recoger nuestras maletas en la consigna, que es donde las habían dejado la ajetreada tarde anterior, y fuimos a la Plaza Roja, lugar de encuentro con el viejete que nos llevaría al piso alquilado por dos noches. Fui lentísima, una vez más, retorciéndome por los putos pies y agradeciendo no haber hecho aquellos 25 kilómetros, porque creo que habrían sido brutalmente fatídicos, y por fin llegamos. De lujo: 4 habitaciones, dos baños y una cocina y un salón espaciosos. Tanto el viejo como otras personas que estaban allí se pusieron a colocar las sábanas y a dar un fregao que no veas a la casa. No me pareció mal pero ya podían haberlo hecho antes.

Almorzamos unas fajitas al horno con jamón y queso que me supieron a gloria, nos duchamos y todos a dormir la siesta, pero antes me tiré un buen rato de cháchara con F, mi compañero de cuarto :). Como dos horas a gustísimo, tras las cuales decidimos descansar un poco o no íbamos a durar mucho para la segunda noche en Santiago. Sobre las 21:00 me despertó PA y claro, tocaba cenar (casi se me habían fundido las dos comidas), una bandeja impresionante de filetes con nata y patatas. El pan se cayó como tres veces al suelo y cada vez resultaba más absurda que la anterior pero bueno, menos mal que no cayó la carne.

La Queimada.

Esta noche fui aún más fresquita que la anterior, y por suerte la temperatura estuvo inmejorable, agradabilísima. Nos cruzamos con los granadinos, les saludamos y tal y avanzamos un poco más. Subiendo unas escaleras, nos posicionamos a una distancia prudente de un escenario del que no paraba de sonar música celta. Los chicos se marcaron unos bailes espectaculares. Ya con una buena dosis de Negrita en vena y el último vaso sin hielo (puaj), dimos una vuelta. Ahí sí que ya no me notaba tan mal los pies, ¡la naturaleza y el cuerpo humano son alucinantes! Nos cruzamos con unos cuantos chavales que creo que habíamos visto la noche anterior pero no estoy segura, no me quedé con las caras, y fuimos a un bar con cuya camarera estos se sentían en deuda, ya que en otro camino anterior habían estado allí y habían dicho que volverían. La muchacha probablemente no se acordaba pero bueno, bien que nos lo pasamos entre la música, algo de baile y la quemazón de la queimada, vaya tela de bebida, su paso por la garganta da una sensación de estar metiéndose veneno hasta la mismísima alma. No lo noté fuerte en sí, era raro. Había que tomarla, es típica de allí.

Así que nada, llegamos primero 4 de nosotros al piso, nos fundimos la pizza que había, llegaron los demás, se cagaron en nosotros y me tiré hasta las 8 de la mañana hablando con PA. No podía haber salido el día más perfecto :D.

Camino de Santiago (IX), Arzúa-Santiago

Sábado 24 de julio de 2010, año Xacobeo. Prepárate a morir. De Arzúa a Santiago hay 38 kilómetros y son los que se iban a hacer aquel día. No había dormido demasiado bien, me había despertado muchas veces y cada una de ellas era más extraña que la anterior, sobre la media colchoneta del polideportivo. Nada más levantarme, el dolor de pies se me hacía difícilmente soportable. Venda, apósitos, vaselina (ya esta era para nada, se supone que previene las ampollas pero ya las que habían salido no las iba a quitar)…

Antes de acostarnos la noche anterior, una muchacha de rostro angelical se había acercado a preguntarnos si íbamos a ir directamente a Santiago, y manifestó su deseo y el de sus compañeros de hacer lo mismo en vez de llegar allí el domingo, pero dependían de lo que le permitieran en el grupo, que no sé quién se encargaría de llevarlos. Tras desearle suerte y que Boris fallara en su intento de recibir un beso de la chica, a la mañana me la crucé y le pregunté pero nada, no les dejaban, qué lástima.

Total, después de una hora y media larga caminando, a mi ritmo y acompañada de PA mientras que los demás a saber por dónde iban, no pude más. Ya estábamos por el kilómetro 30, pero el dolor no remitía. Los pies ya se habían calentado, y seguían inquebrantables en su reventaera… Así que, para mi vergüenza, después de pensarlo mucho, llorar, desviarnos y acabar esperando en un bar, tuve que coger un taxi. PA se portó genial conmigo, aunque lo llamé pesado varias veces de lo cabezota que estaba por no dejarme sola, el pobre.

Ya en soledad, seguí debatiéndome conmigo misma en torno a dejar al taxista la maleta y yo seguir caminando, aunque fuera a mi ritmo… pero es que daba igual el paso al que fuera, me ardían, me dolían, me reventaban, se me descuajaringaban, me moría a cada paso, y mira que estaba cabezota pero nada… Llega el taxi y el buen hombre, con un acentazo gallego que no me permitió entender el 70% de lo que me decía, conseguí entender su proposición: montarme, ir hasta el Monte Do Gozo (a cinco kilómetros de Santiago) y durante el camino que decidiera si me dejaba donde me había recogido o me quedaba ya allí.

Por ahí me metí buscando un baño. Me gustaba pasar las manos sobre las plantas a la altura de mi cabeza.

Claro… después de recorrer todo aquello en coche, sintiéndome como una jodida perdedora pero con la misma tortura física ya permanente, me quedé en el monte. Qué puto asco. 25 kilómetros al carajo. Llamé a mi madre y, mientras dejaba salir (por fin) las últimas lágrimas del camino, me dijo claramente que me quitara las tonterías. Así que me compré una caña de chocolate y, cuando la acabé, me senté a la altura de un murito que había por allí, me puse la gorra negra y las gafas de sol y procedí a entretenerme un rato escribiendo, mientras esperaba a que llegaran los demás para recorrer los últimos 5 kilómetros con ellos.

¿Qué pasó? Que estaba yo con la cara agachada ahí en mi esquinita enfrascada en el cuaderno cuando de repente escuché la voz de R, aquel malagueño que conocimos en Triacastela, nada más llegar al camino francés. Alcé la mirada y dudé por unos segundos, ya que tenía el sol de fondo cegándome brutalmente y dejándome ver solo su silueta, pero aquel tono era inconfundible. “¡María!” exclamó cuando le llamé. El pobre tenía unas tendinitis de la hostia, así que, cada uno lisiado a su manera, decidimos tirar para Santiago a nuestro ritmo.

Casi dos horas después, con un calor del copón y habiendo atravesado media ciudad, llegamos a la cola para que nos dieran la compostelana, el documento que certifica que has hecho el camino de Santiago, para el que hay que enseñar la compostela con los sellos de los pueblos y tal. Dos horas más esperando, llegaron los demás chicos y todo, fui a verlos, estaban en la plaza de la catedral tirados, muertos del cansancio. Volví a la cola, que me llamó R porque estaban a punto de darle la compostelana y como me habían dicho que si incluyes los “motivos religiosos” el documento es más bonito pues yo lo dije, aunque fuera un embuste brutal.

Vuelta a la plaza. Este fue un rato raro, como de tránsito para mí. Miraba a los demás, tumbados en el suelo, apenas sin hablar, apoyados en las mochilas y mirando hacia la catedral. Hice lo propio mientras me sentía de nuevo, ahora aún más fuerte y conscientemente, como una puñetera fracasada, una pringada fuera de lugar entre los que se habían hecho los 38 kilómetros íntegros.

Por suerte, se me pasó sin darme cuenta entre que vigilaba las esterillas en el espacio que habíamos cogido, permanecíamos pendientes de si había algún sitio donde quedarse aquella noche, mantenía la conversación más normal que he podido tener con Boris (junto con una litrona, por supuesto) y, finalmente, nos movíamos de la plaza porque ya los demás no podían acceder desde fuera (post-entrada de los reyes y todo).

Lo siguiente consistió en organizarse un poco, llevar algunas cosas al coche (mientras esperábamos algunos sentados en otro sitio, nos preguntábamos por la presencia de una misteriosa mujer al lado… yo me sentía como si jugara al pollito inglés con ella, porque cada vez que me giraba se encontraba más cerca, ya no sabía qué pensar), comprar la bebida y, a las horas, posicionarnos cerca de la plaza para ver los magníficos fuegos artificiales a las 12 de la noche por el día del Xacobeo, el 25. Entonces nos retiramos a cenar, algunos en un burguer, y el resto de la noche, hasta las 4 de la mañana aproximadamente, lo pasamos junto a un escenario que había por unos jardines cercanos. Bailé un poco de salsa con F (qué arte tiene, joé), dimos vueltas y me lo pasé bastante bien. Ya estábamos en Santiago, con el más que merecido alcohol. Hice una ronda con PA de pedida de hielos. Nunca lo había hecho antes pero tuvimos bastante éxito. Yo iba a por los chicos y él a por las chicas. Fácil y sencillo. Se siente una poderosa y todo, consiguiendo lo que quiere xD.

Llegó un momento en el que ya el cansancio hacía mella y tampoco había nada más que hacer allí así que nos retiramos, AR y yo en taxi, hasta el coche de PA, en el cual dormimos 5 personas mientras que las demás, que yo supiera, pasaban la noche a la intemperie, claro que a las 4 horas ya no pude más, me salí del coche y me dijeron que habían estado metidos en la estación de autobuses, donde incluso hacía calor. Genial, gracias por la información (tardía). Pero bueno, qué más daba, ¡ya estábamos en Santiago!

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