Archivo

Posts Tagged ‘frío’

Liverpool City (I): un paseo por la ciudad y los Beatles

Lo prometido es deuda, aquí viene el par de días pasados en Liverpool con mis hermanos tras los primeros dos visitando Manchester, donde en realidad nos quedamos las cinco noches debido al económico precio del hostal. En vistas de que con una horita en autobús bastaba para ir de una ciudad a otra, ese recorrido hicimos el sábado 30 y el domingo 31 de marzo.

Liverpool nos recibiría con una temperatura menos gélida que en Manchester, lo cual se agradeció enormemente. Fácil de recorrer a pie, ya que la mayoría de los sitios de interés se encuentran pegados unos a otros a lo largo de la línea costera, la primera mañana optaríamos por coger el ferry que nos pasearía durante una horita por el río haciendo una ruta circular. Antes de que os emocionéis, he de admitir que la siguiente perspectiva es lo mejor que capté: las vistas dejaban bastante que desear en general. Aunque algo más bonita, la ciudad de Liverpool cuenta con el mismo estilo arquitectónico que Manchester a lo industrial y grisáceo-triste-sucio, a excepción de un par de señoriales edificios litorales que ni siquiera llegamos a averiguar de qué iban.

Liverpool ferry

La ruta ofrecía la posibilidad de bajarse un par de veces o tres según los intereses de los pasajeros, con la posibilidad de volver a montarse en cualquier otro ferry que viniera posteriormente (habiendo pagado el recorrido entero, obviamente), por lo que aprovechamos una de las paradas para ver el Spaceport, un museo centrado en el sistema solar, muy interactivo y pensado en parte para los niños, con un planetario que nos relató la historia del universo a través de simpáticos muñequitos y con una (no sé cómo llamarlo más técnicamente) “nave espacial a tamaño real” con capacidad de movimiento (esto quiere decir que daba tumbos para reventar) y una secuencia en 3D que se nos hizo tela, pero tela, de larga. Más mareada que salí de aquel cacharro infernal…

A continuación, esta escalera se encontraba en el edificio en el que obtuvimos los tickets para el ferry, el cual resultó ser una tienda repleta de artículos mitad de los Beatles y mitad de Elvis Presley.

Beatles songs

Enfrente de dicha tienda se encontraba el Museo de Liverpool. ¿Qué tiene? Pues mirad, tal miscelánea de cosas que no podía ir más perdida tratando de prestar atención a cada una individualmente, una hazaña imposible. Ahí han metido absolutamente todo lo relacionado con la ciudad y su historia a presión, tanto que hasta nos saltamos una planta, no nos daban las ganas para más. Por allí me encontré con la pared esta y me gustó, con su cuasi-impoluto cielo azul y sus esperanzadores rallos de sol envueltos, a mis ojos, de un halo de misterio, de historia entre líneas (o entre ladrillos, ¡já!), como si de un romanticismo previamente reprimido y recién liberado para escapar, expandirse y volar muy alto se tratara.

pared cielo

A cinco minutos largos caminando desde el Museo de Liverpool,  toparíamos con el Albert Dock (que suena bastante mejor que “El Muelle de Alberto” pero, se siente, es lo mismo), un espacio caracterizado por una serie de museos estratégicamente posicionados formando un amplio rectángulo por cuyo interior fluye el agua felizmente. Decidimos saltarnos el Museo Marítimo y el Museo de los Esclavos porque, con todo el respeto, para ver barquitos y escenas desagradables preferíamos amortizar el tiempo de otra manera.

Albert Dock Liverpool

Así pues, nos metimos en el Tate Modern que, como su nombre indica… Rarito, requisito imprescindible de cualquier museo o galería de arte moderno. Nada que destacar. Donde realmente me entretendría, recrearía y pararía prácticamente en cada rincón donde se me apareciera un número de la audioguía sería en el museo propiamente de los Beatles, The Beatles Story, completa y satisfactoriamente ambientado e impregnado del recorrido vital de la banda entre escenarios, fotografías, textos y multitud de elementos varios. El comienzo, cómo se conocieron, lo que les costó ser escuchados y darse a conocer, éxitos, público (histéricas que se ponían las jovencitas), diferencias, separación, camino independiente de cada uno. Me ha costado elegir pero he optado por mostraros la reproducción del espacio en el que se presentarían por primera vez en Liverpool en el club The Cavern.

IMG_0448

A su vez, enunciados por doquier, como esta cita de George Harrison que procuraré traducir lo más acertadamente posible: se puede llegar alto, y más alto, y para llegar realmente alto – quiero decir tan alto que puedas caminar sobre el agua – ahí es adonde voy.

George Harrison quote

The Beatles Story sería la última visita del sábado 30, antes de perdernos bestialmente de vuelta a la estación de autobús para regresar a Mánchester y que nos saliera mal tratar de coger un autobús anterior al haber reservado los tickets por Internet. Resultado: tiempo de vida inútil y menos horas de sueño. ¡En fin!

Madrugón de nuevo el domingo 31 de marzo (6.30am, al igual que el sábado para llegar tempranito a Liverpool y verse todo lo visible). ¡A piñón, señores!

Foto-portada de disco de mis hermanos que no he podido contenerme a colgar, rodeados de un porrón de adorables maletas de piedra que nos encontramos esparcidas por una plaza cualquiera. Nótese el estado de congelación permanente que llevó mi hermano menor (a la izquierda) en el cuerpo durante todo el viaje. El pobre, es lo que tiene la falta de costumbre, tanto que mi hermano mayor no llevaría su propia bufanda desde el minuto “hostia, qué frío”.

Liverpool stone suitcases

Naturalmente, había que echar una ojeada al China Town de Liverpool, miniatura ultra cutre del de Londres. Vamos, que sólo se salva de curiosa la puerta porque la calle que la seguía exponía, si acaso, tres penosos restaurantes chinos. Vale que eran las 8 y pico de la mañana pero la perspectiva de los locales cerrados hacía el barrio aún más lamentable. Total, no lloremos, la entrada aún se dejaba mirar.

China Town Liverpool

Y, para terminar la primera Liverpudlian part, un bar carismático. Salta a la vista el porqué, ¿no?

Irish American Bar Liverpool

¡Hasta la próxima entrega! No os perdáis las catedrales (sí, a falta de una, dos, y una tremendamente hippie) de Liverpool y la sorprendente afición por plasmar frases profundas en fachadas :).

Los desayunos británicos: patada en los cojones a la dieta mediterránea

Esto será Londres pero hay ciertas cosas que no cambian. Esas costumbres tan españolas, como el volver a casa a las tantas de la mañana por las circunstancias que sean. Está en nuestro carácter, nos entretenemos fácilmente. Hablando con gente que nos encontremos por el camino, o al comienzo de la noche, o en medio de ella…

En mi caso, este fin de semana la cosa consistió más bien en pasarme mi parada de autobús por ir sobada (encima de que apenas había bebido) y acabar a tomar por saco con un frío de infarto (he aquí el motivo de mi actual resfriado, por cierto). De esto que abres los ojos en el autobús, en el que te has colocado en primera fila del segundo piso, que para eso son rojitos, londinenses y enormes, y piensas con los ojos medio cerrados: “oh, no… ¿en serio estoy viendo el puto amanecer?”.

Vuelta para atrás desde el fin del mundo (alias Bexleyheath). Llegada por fin a Lewisham. Lo mejor se hacía esperar: esos 15 minutos caminando desde la parada hasta el dulce hogar. Escondes la cara como puedes tras la bufanda hasta que te das cuenta de que da exactamente igual; el proceso de congelación por todo el cuerpo es inminente. Agradeces que no haya casi nadie por la calle para murmurar/maldecir tranquilamente. “Puto frío, puto viento, putas medias, maldito país de los…”.

Entonces, miras hacia adelante, incluso hacia arriba. El paisaje te impacta (nada que ver con el suelo del que has retirado la mirada, claro), hasta te hace pararte. Y te dices a ti misma: “bueno, no está tan mal”.

Y cuando una mañana cualquiera de estas te da por meterte en algún sitio para desayunar, ¡ya puedes tener hambre! Como fue el caso algún fin de semana más atrás. Entro en un bar y me encuentro de cara un maravilloso cartel con unos Breakfast que iban desde el número 1 hasta el 7. Entre habichuelillas, salchichas, huevos, tostadas, café, etc, decido pedirme el 1, atemorizada ante tal explosión estomacal. No íbamos a empezar muy fuerte, que mi cuerpo tampoco estaba para trotes con el mes y pico que llevo de excesos. Pues esto me pusieron:

Tal y como he puesto en el título de este post: patada en los cojones a la dieta mediterránea. Mira que me lo esperaba, pero verlo en directo es otro tema, os lo puedo asegurar, y mira que se trataba del pack más simple. ¡No pasa nada! Estaba bueno, la verdad, incluso el café. Aunque no para tomarlo a diario, desde luego, qué locura, no comí casi nada más durante el resto del día. Ahí estaba yo, más sola que la una pero por poco tiempo: las mesas se fueron llenando a mi alrededor. Si mi desayuno me parecía grande, allí la gente no se quedaba corta. Esos números del 2 al 7 no tenían el menor desperdicio. Nadie perdonaba la mitad del plato repleta de patatas. Me vi obligada a inmortalizar la carta de menús, para que no perdáis detalle.

¡El Jumbo Breakfast no cabe ni en el plato, oigan!

Por las dudas, aclararé que para haberme tomado un auténtico British breakfast me faltó bacon, otro huevo, tomates, champiñones, pudin y medio kilo de patatas fritas. Bueno, bueno, poco a poco, señores. ¡Otra vez será!

Muñecas desnudas y huellas mentales

Frío. Templanza huidiza. Brazos delgados, piernas flojas, tripa ausente, alma volátil. Todos pegados a un esqueleto medio extraviado, pero fuerte en su esencia, atento a las circunstancias como quien mira despistadamente pasar un tren, vagón tras vagón, sin distinguir rostro alguno aunque intuyéndolos en su interior, dejándose llevar. Agradablemente postrado a la deriva.

Manos perdidas que se entrelazan intentando manejar sensaciones, camuflándolas, engañándolas, estrujándolas, apartándolas.

Muñecas desnudas, finas, límpidas, suaves, humildes, frágiles. Ni brillos, nulos ornamentos; ni tiempo, reloj oculto; ni recuerdos, ya guardados. Al fondo del cajón de los recuerdos, y del alma. A flor de piel, en la superficie de los sentimientos.

Mientras tanto, el día a día se sigue cubriendo con multitud de acciones. Actitudes variadas pero repetitivas que pretenden dar la convicción de utilidad, de aprovechamiento. De hacer lo correcto, lo que toca, lo que se debe hacer, a lo que no hay más remedio que someterse. Mezclado con esa parte del cerebro que vive en otra parte, aventureramente, en alucinantes paraísos y veloces hormigueos corporales. Vértigo vital en su más pura esencia. Vértigo psicótico, espontáneo, terrible. Libre e indescriptible.

Mas esto se cruza nuevamente con la imposibilidad de no pasar ni una jornada sin contemplar perspectivas, posibilidades, previsiones, consecuencias. La mente al cien por cien permanentemente, trabajando a destajo, maquinando inmensas volutas de humo, construyendo miles de castillos de arena, de los cuales la gran mayoría serán arrastrados por el agua y el viento, tan cruel como merecidamente.

Palabras que te rozan y se escurren, vuelan, se volatilizan ante la impasibilidad. Enfrentadas solo por un momento para ser catapultadas al vacío por aquellas otras palabras que tambalean el pecho, atraviesan los poros, alteran la respiración, se sumergen en la mente, se clavan en el corazón como puñales. Algunos placenteros, otros dolorosos, unos eufóricos, otros lastimeros, y aquellos… indefinibles. Tan susceptibles de arder en llamas como resultar disimuladamente incombustibles.

Huellas. Huellas mentales, huellas del subconsciente que no se pueden ni explicar, ni se recomienda tratar de hacerlo. ¿Para qué? Sociedad pro-comunicación atestada de desinformación, insatisfacción, frustración, incomprensión. Relaciones interpersonales, amistosas, amorosas. Raciales, estereotipadas, exigentes, juiciosas. Tensas, discontinuas. Hasta las más cercanas, completas y compenetradas se ven azotadas por la vertiginosidad de la naturaleza humana.

Y, aún así, con la confianza aún puesta en una vida plena, divagando eternamente entre la realidad y el mundo de las ideas y de los sueños… para no toparse de bruces con la desesperación.

16 horas de fiesta

Hagamos balance del fin de semana, en especial de las 14 del domingo hasta las 6 de la mañana del lunes, o sea hoy.

Aparte está la salida del sábado, un tanto desastrosa para tratarse del cumpleaños de una amiga: nos cogió la poli en seco bebiendo en la calle, no llegamos a entrar en Kapital como estaba planeado, nos tiramos demasiado rato pensando en adónde ir, el primer sitio era un tugurio donde solo estaban el camarero y un grupito flamenco tocando (por lo que tomamos el chupito al que nos invitaron y nos largamos inmediatamente) y la música del siguiente local fue horrible a excepción de, POR FIN, el último rato. Y a las 3:30, hora cambiada ya, los currantes de la discoteca como que no pretendían trabajar una hora más así que bye bye. No pasa nada, así descansaba para la que se avecinaba…

¡Ah! Para el cumple salimos disfrazadas de “viudas alegres”: atuendo negro, el que quisiera cada una pero con ese color; velo, guantes y rosas, tan artificialmente reales que hasta nos pinchaban las espinas, todo negro. Creo que no volvió viva ninguna flor. A modo de anécdota (me deja un tanto imbécil pero bueno): en la discoteca un tío me preguntó de repente: “¿se te ha muerto alguien?”, y yo súper asustada: “¡no, no!”. Claro, el disfraz… En fin… Agilipollá perdía.

Dormí mal. No sé por qué, pero vaya noche. En fin, mal para como podría haber dormido pero bueno, más de lo que había asimilado que igual dormía (mínimo 4 horas, pero fueron unas 7 más o menos ya que nos recogimos medianamente pronto, ¡y me trajeron en coche :D!). Platazo de espaguetis para aguantar bien durante el día y a las 14:15 aprox me recogían para coger camino a la Goa. Nos costó un poco encontrarla, y encima llovía, menos mal que luego bebiendo en el parking el cielo se mantuvo despejado.

La Goa es una fiesta mensual que hace la macro discoteca Fabrik, situada en Fuenlabrada. Cuesta 30 euros y ponen música electrónica (no comercial). Una vez al año no hace daño. Pero aprendimos que en fechas señaladas como Halloween o cualquier tipo de aniversario, NUNCA MÁS hay que meterse en un sitio como aquel. Claramente, el aforo estaba desbordado. Después de beber y dejar la botella a cubierto debajo de una furgoneta y pasar un frío acojonante (porque, señores, el frío ha empezado a pisar bien fuerte), entramos y logramos, después de la cola para el ropero, coger un buen sitio en medio del meollo. En cuestión de cinco minutos tuve una interesante conversación con un kinki:

Él: ¿te importa que baile así? (o algo parecido, porque estaba en plan saltando mucho y tal, me parece que así empezó).

Yo: no, no, qué va.

Él: pues a mí no me importaría darte un beso en los morros.

Yo: (O_O = cara de susto) esto… no, eso no.

Él: ¿seguro?

Yo: (?¿?¿?) seguro (créeme).

Él: venga, pues nada (súper animado de todas formas).

Total… La música bastante bien a pesar de que otros géneros me gustan y motivan más. El gravísimo error que cometí fue ir al baño sola. A la vuelta me fue imposible encontrar en medio de la pista a mis amigas y me puse muy nerviosa. Al final nos vimos en el baño, petado de tías y de olores cuanto menos curiosos.

Al ratito, sobre las 20, una se largó y nos quedamos dos (RM y yo, cómo no), y empezó lo que podríamos llamar el Episodio Agobio Bestial. Intentamos meternos otra vez para la zona céntrica y solo recibimos apretones y empujones por todos lados, ¡la masa se nos llevaba de un lado para otro! Vamos, no más de un metro cuadrado pero bueno, ya es perder considerablemente el control de tu cuerpo y tus movimientos.

Así que nos posicionamos cerca de unas escaleras, donde faltó tiempo para que unos muchachos comenzaran a darnos conversación. El resto del rato se pasó entretenido y más tranquilo, observando a ratos a la cantidad de peña acinada a lo largo y ancho de toda la discoteca. Exagerao.

A las 23:30 pasada salimos para coger el autobús a Plaza de España, pero por lo visto hacía rato que no pasaba ninguno o algo y optamos por compartir un taxi con otras dos chicas de por allí. McDonald´s (muy agradecido pero la hamburguesa se me repitió a lo largo de la primera mitad de la noche, qué desagradable), encuentro con un amigo que hacía tiempo que no veía y a hacer cola para la siguiente fiesta, de 1 a 6 de la mañana: Zombie, en la Sala Heineken. Normalmente es los miércoles pero había una por Halloween.

No, no fue apenas gente disfrazada a la Goa y a Zombie mucho menos. Cola del copón que se pasó más o menos ligerita y otra vez agobio dentro. Nunca mais. Después de empujar a una gorda de mi espacio vital y que me llamara zorra y se alejara rápidamente fuera de mi alcance, RM se me llevó a un lado de la sala antes de que me pegara con alguien. Y allí permanecimos un rato bailando que se nos hizo eterno en realidad, el tiempo no pasaba. No es que quisiéramos que corriera en sí pero claro, los pies empezaban a resentirse bastante y mirar el reloj pensando que serían las 4:00 cuando eran las 3:00 y volver a mirarlo creyendo que había pasado al menos media hora cuando eran las 3:13 como que nos llegó al alma. Al rato nos sentamos, y nos encontramos con otras amigas, con las que nos juntamos hasta que mis plantas amenazaban con desintegrarse, pero ahí que seguíamos, y ni speed ni éxtasis ni hostias.

5:20: vámonos para el ropero que luego la cola es bonita. La otra vez encendieron las luces a las 5:30, por eso mejor ir ahorrando tiempo. Salimos por fin de allí a las 5:42 y paseíto para Príncipe Pío. Para qué iba a coger el metro a las 6:00 si el autobús no salía hasta y media. Pues para eso bajaba la cuesta desde Plaza de España y tan a gusto. Hacía frío pero se soportaba llevaderamente. RM insistió en acompañarme, no tenía por qué hacerlo. No sé si yo lo habría hecho xD, me parecía absurdo teniendo el metro ahí pero bueno, qué maja :).

Por poco me da un patatús al ver, sobre las 6:10, que el horario de autobús que ofrecía la pantalla era las 6:50. Pero bueno, me senté a esperar y a tontear con el móvil y a y media, para mi inmensa alegría y alivio y de todos los presentes, llegó un autobús que abrió la puerta así que se puso a tope de gente y salimos a las 6:42 para Villaviciosa. Lo increíble es que llegué a casa… ¡y no tenía sueño! Di una vuelta por el ordenador, como siempre, y ya para la cama, cerca de las 8.

Siempre calculo al acostarme a qué hora me habría de levantar para dormir 8 horas en plan orientativo simplemente. Pues me tenía que haber levantado a las 16:00 para cubrirlas, pero a las 13:30 ya me he despertado así que nada, para qué perder más tiempo sobando, lo justo y necesario.

Conclusión: aunque lo pasé bastante bien, no recomiendo en absoluto ir a grandes fiestas en determinados días especiales, mejor cuando encarte y sin que haya ningún evento. Zombie queda relegada exclusivamente a los miércoles, ¡qué buena es la música! Aunque no pusieron Cypress Hill :(. Y en cuanto a la cantidad de horas de juerga, está guay la sensación, sobre todo por lo excepcional. Me gusta ponerme a prueba.

Hala, ¡que paséis un buen día festivo!

Pd: a la vuelta, tuve que pagar en metálico el autobús porque claro, estamos ya a noviembre y el bono mensual me había caducado. Dos eurazos. 10 puntos, María.

Diez euros de mierda

7:17 de la mañana. Acabo de llegar de fiesta.

La noche ha ido normal, del montón, distinta, no tanto a saco como charlando con un par de… se podrían considerar “colegas”, quizá, aunque casi recién conocidos.

El caso es que, volviendo desde Plaza de España hasta Príncipe Pío en un paseíto (es cuesta abajo, se lleva bien), aparte de cruzarme con un cerdo indeseable que se me ha parado enfrente para decirme “quiero follar, ¿tú no?” y ponérseme una de mis mayores caras de asco, pues yo pasaba por debajo del puente que lleva al Palacio Real cuando veo a un lado a un hombre durmiendo en el suelo, con gorro y bufanda hasta la nariz.

Y pensé… yo llevo cinco horas pasando un frío del carajo, pero dentro de hora y pico me espera un hogar caliente, mientras que ese hombre va a pasar la noche ahí, acurrucado, en medio de la puta calle.

Y me acordé de esa puta mierda de última copa que no me sirvió para nada y en la que dejé 10 sangrantes euros (tampoco me esperaba que fuera tan cara la muy hideputa). Diez jodidos euros que le habría dejado a ese hombre íntegros y me habría quedado mucho más satisfecha de mí misma y contenta por ese pobre sin techo, tirado en medio de una jodida calle madrileña en una noche que ya ha indicado en todo su esplendor que en cuestión de una semana hará un frío aún más del carajo.

A mí mañana me saldrán tal vez un par de sabañones en las manos por haberlas tenido a la intemperie, pero ahora estoy en mi casa, con una cama enorme donde acostarme y un nórdico con el que taparme y hartarme de sudar, mientras que aquel hombre solo pudo abrir un poco los ojos al oír el chin-chin de unos mierdosos 60 céntimos, los únicos que me han sobrado en una noche prácticamente mediocre.

Me han dado ganas de llorar pensando en él, viéndole allí tirado. Me ha entrado un ascazo brutal esperando la cola de media hora larga para coger el autobús, repleta de niños y niñas de papá, mimados, que no paraban de parlotear sus gilipolleces entre ellos sin importarles una mierda el resto del mundo. Y la mayor mierda es que normalmente yo perteneceré a ese engreído y superficial entorno, donde no hay consideración ni pensamiento que vaya más allá del propio ombligo.

No, espero variar un poquito de camino…

En qué mierda de mundo estamos, que permite todavía que haya una sola persona (si solo fuera una…) durmiendo en la puta calle, en medio del más crudo cambio de estación para dar paso a la estación más puñetera del año para con la integridad física.

Me he tirado horas temblando en la Plaza de España, se me han congelado las manos, me ha entrado dolor de cabeza y todo del frío que hacía… Y me he estado cagando en todo y en mí por no haberme abrigado más, mientras que ese pobre hombre ya estaría intentando conciliar el sueño tirado debajo de aquel puente.

Y aquellos malditos 10 euros para una última copa de mierda.

7 de septiembre de 2010

Queda conmemorado como ¡¡¡EL PRIMER DÍA FRESQUITO POST-VERANO 2010!!!

A las 20:00 había yo quedado en el centro, en la Calle Larga, sin tener ni idea de quién se iba a presentar, aparte de la chica que me había dicho el plan, EF. Llego con un cuarto de hora de adelanto, muy bien, María, 21 años siendo de Jerez y no sabes calcular las distancias todavía. Vueltecilla por la tienda hippie Kontiki, nada de nada, me siento en el banco de enfrente del Stradivarius con mi música a tope y un porrón de gente pasando. Entonces decido quitar el sonido. Hay un chico y una chica al lado de mí, sentados en el banco también, que parece que se acababan de conocer, porque llevaban un rato hablando y de repente ella le dice: “bueno, soy X, que llevamos aquí un rato hablando y no sabemos los nombres”. Qué bonito ^^.

La Calle Larga, la más comercial de la ciudad. En aquel momento estaba ultra petada, claro, no como en la imagen.

A las 20:09 por fin veo a un amigo de EF y fue tan repentino que me quedé como pretificada en el banco esperando a que me mirara. Pero no se dio cuenta, así que me levanté y le seguí disimuladamente… Hasta que se sentó en un banco próximo y ya me vio. Y la gente fue llegando poco a poco. Vamos, nos juntamos cinco, luego 2 más y finalmente para cenar otros 2. Pasamos por el Alcázar, donde había una cola larguísima. Parece ser que había un concierto de El Patito Feo. No lo he escuchado en mi vida, no sé de qué va. Un poco más allá estaba… ¡tachán, el mercadillo medieval! Me pareció un mojoncillo, la verdad. Pulseritas, colgantitos, aquello me recordaba demasiado a los gitanos como para hacerme pensar en el medievo. Había una barbacoa enormísima, pero en realidad no vi a nadie en ningún momento ir a pedir algo allí. Dimos un par de vueltas, al cabo de las cuales siempre acabábamos empapándonos de los olores de la barbacoa, pero acabamos cenando kebab. “¿Había kebabs en la Edad Media?”, comentario de un amigo mío cuando se lo conté. Pues no creo, con más razón aquello era una burda mentira.

Ahí era el concierto, o la actuación, o lo que fuera, en el Alcázar. Aunque me acabo de enterar de que esto es “la casa-palacio de Riquelme, edificio monumental del siglo XVI, de estilo renacentista-plateresco, ubicado en la Plaza del Mercado, junto al Museo Arqueológico de Jerez y la Iglesia de San Mateo, en el salón principal del casco antiguo”. Toma ya. Valiente jerezana estoy hecha…

Se me vienen a la cabeza imágenes de cuando fui por primera y última vez (exceptuando la de ayer, que sería la segunda) al mercadillo medieval de Jerez. Año 2005 (creo), tenía 16 años y estaba a punto de empezar 1º de bachillerato. Creo que no quedé con nadie sino que tiré para el centro yo sola a dar un paseo y me encontré con aquello en la plaza cuyo nombre nunca me he aprendido pero que todo el mundo sabe que es la que da a la librería Luna Nueva. Y eso sí que era un mercadillo medieval. Productos artesanales, cosas raras y llamativas, la caseta de un adivinador del futuro… Me encontré con un compañero de las clases de inglés, un encanto de niño que siempre que te ve, te saluda con un “¡hola, preciosa!”, y me junté con él y sus amigos durante un rato. Uno de los chicos, que ahora es un buen amigo mío (el que vino a ver Origen conmigo, de hecho), estuvo un rato en la casetilla de adivinación. Salió súper flipado, reflexivo, prácticamente ido. Me dio miedo, no me entró el menor interés por ser sometida a ese proceso, prefería que la vida siguiera siendo todo lo impredecible posible. Y sigo pensando lo mismo.

El Alcázar. Las fotos del post, naturalmente, son de internet. Esta es preciosa. El mercadillo estaba situado entre la casa-palacio de Riquelme y el Alcázar, en la ya mencionada Plaza del Mercado (ahora me entero de que se llama así).

Pero bueno, ya pasó. Para el día de ayer, era la novedad y una simple excusa para salir de casa. Volviendo al título del post, ¡pasé hasta frío! ¿Cómo pudo llegar tan de repente? El día anterior había llegado a mi casa con unos calores menopáusicos de la hostia y mira qué noche… Pensé en ponerme pantalón largo antes de salir y al final no lo hice, al carajo. Se acabó el tiempo de enseñar piernas, vuelven mis queridos pantalones anchos, ¡qué ilusión! 😀

En La Pineda (V), final playero redondo y vuelta a Zaragoza

El jueves (26/08/2010) en Pachá se podría calificar de… exótico, jovial y apocalíptico. Casi desde el comienzo de la noche y hasta el final, un francés rondando a ratos en torno a RM. Por un momento, nos estábamos transmitiendo mensajes gestuales y en clave prácticamente entre cuatro personas: mi amiga, él, un amigo suyo y yo, vaya situación. Destaca también la presencia de un señor pureta que cada vez que podía le daba conversación a RM, y tanto el francés como yo la salvamos en un par de ocasiones, pero el tío seguía volviendo, increíble la forma de pasar de las indirectas, en ocasiones MUY directas.

Bailes, franceses, copas, alemanes… Fiesta de la espuma a las 4 de la mañana, la discoteca se fue vaciando porque salía mucha gente a mojarse y cerraron a las 5, vaya mojón. Estuvimos decidiendo largo rato lo que hacer, hasta que opté por irme a dar un paseo con el adorable alemán con el que había estado intentando comunicarme en inglés durante la última hora y pico (más o menos con éxito, pero una vez más soy consciente de que tengo que mejorar el idioma…). Aquí veis una parte de la discoteca de noche.

Después de caminar un porrón de tiempo y sin saberlo en paralelo a la playa (sin verla) y en dirección contraria de la casa de RM, pregunté por el paseo y me orientaron, y ya comprobé lo a tomar por culo que me había ido, así que hala, para atrás. Poco después, ya prácticamente amaneciendo, llevamos en coche a Salou tanto al francés (de repente muy borracho) como al alemán (que sabía hablar francés también, me cago en la leche) y a la vuelta nos esperaba una sorpresita que nos atormentaba por dentro desde que habíamos salido a llevarles: RM había cerrado la puerta dejándose las llaves metidas.

Llamamos a los vecinos (7:30 de la mañana), no nos abrían, permanecemos un ratillo ensimismadas esperando, nos vamos a desayunar, un carajo para nosotras, en un hotel nos dijeron que no abrían la cafetería hasta las 9 de la mañana (ahora eran las 8), caminamos media Pineda a ver si comíamos algo, nada, volvimos, un rato sentadas en el suelo con una pinta de acabadas de la vida impresionante, hasta que veo abrirse la persiana de los vecinos y se me ilumina brutalmente la mirada ante la esperanza. Le explicamos la situación a una amable mujer (no sé por qué tuvo RM que contarle todo el problema en inglés, si luego resulta que entendía el español pero bueno) y nos dejó entrar, muy maja, para acceder a nuestra casa por la terraza. Menos mal que la puerta de arriba estaba abierta y solo hubo que sujetar la persiana y meterse… que si no, a cambiar la cerradura y pastón del quince.

Vamos, que nos acostamos por fin a las 9:15 de la mañana, me levanté sobre las 16:00, y la tarde del viernes (27/08/2010) consistió en comer, ver un poco de The Big Bang Theory (solo he visto dos o tres capítulos y estoy enamorada de Sheldon, uno de los personajes), ir a la playa a dar el paseo de viejas, cenar, y a las 23:15 larga llegaron NV y su amiga AE, momento justo en el que yo me hallaba en el baño retorciéndome de dolor de barriga. Hasta hace poco pensaba que había sido cosa del calipo de postre (de naranja, espectacular), porque antes solo tomé pechuga de pollo y un sándwich de jamón york y queso, pero mirando ahora hacía atrás he reconsiderado la posibilidad de que la ingesta diaria de alcohol tuviera algo que ver. Me temo que no tengo imágenes para ilustrar estos días así que, ¿por qué no poner a Sheldon?

Y eso, subí, cuando pude, y bebí un cubatilla al rato, por probar, y no pasó nada en mi interior, menos mal. Conocí a AE, una chica la mar de simpática y guapa, y que se cogió un ciego curioso. Salimos a Salou, cogimos un taxi y nos metimos en City Hall, una discoteca donde lo que menos había era niñatos. Más bien puretas. Muchos xDD. Un nuevo universo por descubrir, el de la gente mayor, y bastante alta, normal que toda mujer llevara tacones. Había un hombre que me recordaba a Indiana Jones. Debía de tener treinta y pico años. Acabé hablando con un catalán, un poco sieso al principio, que primero se hizo pasar por gay, incluso con novio (su amigo) y luego nos dijo que no, después de que AE y yo nos hiciéramos pasar por una pareja de lesbianas (se notó descaradamente que lo nuestro fue una improvisación barata para pasar por aquello de manera cómica pero lo de ellos sí que nos lo habíamos creído), y nada, poco más, no había demasiada conversación así que me volví a juntar con las niñas, que ya se habían separado un poco de sus respectivos ligues (aparte de haberse largado ya a casa RM, reventada) y no tardamos mucho en irnos también porque a NV le empezaron a picar los ojos. Despedidas y para fuera. Unos canorrillos vinieron corriendo a por el taxi que acabábamos de coger y discutieron, sobre todo AE, con ellos pero como eran 5 y ese taxi tenía más plazas los acabamos dejando, pero menudas formas de pedirlo… A los pocos segundos, NV sacó de un grito a una tía de otro taxi que justo llegaba al irse el primero, y como para no hacer caso del torrente de voz que me trae.

Sin más, llegamos a La Pineda, me despedí de ellas y a dormir. Y por la mañana-mediodía del sábado (28/08/2010) a comer, limpiar a fondo la casa, a Zaragoza en el coche y nada más llegar, las dos a los ordenadores, cómo se nota que llevábamos unos días sin internet xD. La noche fue distinta de las demás. Por lo visto, en Zaragoza no se lleva la mentalidad de ir a saco a ligar ni nada, sino que la gente se te acerca para conversar sin intención de nada más. Junto con otra chica más, salimos a las playas artificiales de la ciudad (no las puedo describir, no las veía bien de noche, pero creo que son una bazofia), pasé un frío del carajo con el cierzo (el viento que corre por allí, con su puñetera madre) y vimos al Dj Wally López metidas en una carpa que, según me dijeron, normalmente no ponen, y bajo la cual había más quinquis que en medio Jerez, cosa que yo veía totalmente imposible. Y al rato se nos sentó un chaval to enrollado a charlarnos, y luego sus dos amigos. Estuvo genial la experiencia (más relajada que todo lo que se pueda imaginar después de una semana frenética) de hablar tranquilamente con entes del sexo opuesto cuyo objetivo no tuviera nada que ver con echar un polvo, o no aparentemente al menos.

La noche culminó pasando por la discoteca Oasis, en la cual había personas de absolutamente TODAS las edades, vaya mix tan impactante, desde adolescentes de 18 años hasta adultos cincuentones. Solo echamos un ratillo, así yo veía el local, que era un antiguo teatro, y nos largábamos ya para casa a descansar, completamente exhaustas.

Semana larga semi-surrealista que llegó a su fin. El domingo 29/08/2010 consistió en dormir, almorzar y volver a Jerez en AVE y regional. Sigo alucinando de las vacaciones que me he tirado. Pero bastante largo ha sido este post, ya caerá otro para las conclusiones veraniegas :).

A %d blogueros les gusta esto: