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Se vende piso en Jerez. Bueno, bonito y barato, pero no regalado

Welcome home

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Todos sabemos que el precio de las viviendas en España está por los suelos. Pero lo que no puede ser es que digas a un posible cliente (o, más bien, a un amago de cliente) que el piso está a 125.000 euros y que te ofrezca 80.000. Creo que esto sobrepasa los límites de la caraduría y promueve espantosamente el abuso hacia personas que pueden verse obligadas a aceptar cantidades irrisorias por algo que no deja de ser una propiedad inmueble, un bien de los más valiosos del mercado, si no el más importante, a raíz de la necesidad.

No ignoro que los compradores también tendrán sus propias necesidades, como es natural. Pero si vas a ofrecer ese dinero, si ese es tu presupuesto real, no le veo el sentido a intentar comprar una vivienda de 125.000 euros. Las hay más baratas y más ajustadas a ese precio cualitativamente. A patadas, que para eso estamos como estamos.

Tampoco estoy en contra del regateo y la negociación, es una actividad permanente en todo negocio. Pero la gente no puede pretender que España se recupere, que cree más trabajos y que provea productos y servicios de calidad cuando no paramos de buscar lo más barato para todo. Me incluyo entre los que preguntan, o al menos piensan en bastantes ocasiones: “¿es gratis? Vale, voy”. Soy tan culpable como buena parte de la población española. Pero no me gusta regatear ni probar a decir costes degradantes para el vendedor, a menos que sea evidente que este quiere cobrarme un precio que sobrepasa exageradamente la media del mercado, en cuyo caso de todas formas tiendo a retirarme. No me siento cómoda tratando de luchar por algo en lo que, por fuerza, ha de haber comerciantes más honestos que justo el que me quiere timar.

Cocina y despensa

Cocina y despensa

Volviendo al tema de los pisos, he decidido hablar de este tema porque esta semana mis progenitores me han contado la situación que os he comentado en el primer párrafo: 125.000 es el precio que ofrecen, bueno, que ofrece mi amada abuela por su casa de casi toda la vida, después de haberlo rebajado ya lo máximo posible, y una individua tuvo el valor de proponer 80.000. Claro, por probar, qué más da soltar una animalada, ¿no? Como si con 45.000 euros no pudiera sobrevivir una familia varios años.

No se trata de que el tema me roce de manera personal, sino de que yo misma no tendría la poca vergüenza de sugerir tal cifra. Es un piso de 136 metros cuadrados con cuatro dormitorios, salón, cocina y dos baños en una segunda planta con ascensor, en perfectas condiciones y situado en la calle Arcos, en pleno centro de Jerez de la Frontera (Cádiz, España). Eso, señora mía, no vale 80.000 euros. Luego se quejará de que el país va mal.

Un poco de cordura, mis queridos ciudadanos españoles.

Pd: aprovecho para informar de que se venden tres viviendas más:

Otro piso en Jerez de la Frontera, situado en la Calle Merced, de 110 metros cuadrados con cuatro dormitorios, salón, cocina y un cuarto de baño. Está en una segunda planta sin ascensor ni garage y requiere reformas. 50.000 euros (no negociable).

Un estudio en Algeciras (Cádiz) de 35 metros cuadrados con todo en uno y baño aparte, en la planta baja de un bloque situado en el centro del pueblo, para meterse directamente y amueblado. 50.000 euros (no negociable).

Finalmente, una oportunidad de oro, señores: piso en la Costa de la Luz, concretamente en la playa de Regla (Chipiona, Cádiz), de 70 metros cuadrados con 3 dormitorios, salón, un cuarto de baño y una terraza con vista lateral al mar. Primera planta con ascensor, sin garage, amueblado y para meterse. 120.000 euros (negociable).

No, no soy una inmobiliaria y, aunque seguramente los carteles callejeros y anuncios formales en Internet sean más efectivos que mi post, las circunstancias me han motivado a hablar del tema, y nunca se sabe quién puede cruzarse con mi blog. Todo esfuerzo es poco para ayudar a la familia.

Interesados en cualquiera de estas viviendas, llamen al 608 399 953. Absténganse personas con propuestas denigrantes.

Se agradece la difusión 🙂

Fotos del piso de la calle Arcos cuando estaba amueblado. Click en ellas para verlas mejor.

Dormitorios y salita

Dormitorios y salita

Salón

Salón-comedor

La percepción del tiempo en Londres

Con este título, no me refiero precisamente al clima, eso no hay forma de percibirlo, o lo aceptas o permanecerás en un sin vivir diario. En cuestión de un par de horas tempranas de sábado me ha dado tiempo de despertar con un manto blanco impoluto, desayunar ante un cielo potencialmente azul y despejado y empezar este post con una nueva tanda de nubarrones por doquier. Pero vamos, que no es el tema.

Hablo del paso del tiempo. Sí, mi tema favorito (-¡Pesada!; -¡Pues vete a otro blog!). Mas no soy la única obsesionada por él en el contexto que voy a comentar. Sin profundizar en lo rápido o lento que transcurre, se trata de la diferencia en el rendimiento que se le saca según el sitio donde se haga vida. Me explico: varias veces he coincidido ya con una amiga (de respetable cerebro) en que esta ciudad, Londres (Reino Unido), se come el tiempo. Se lo traga. Lo absorbe y se lo funde cual chocolate en fondue.

Un año en Londres no es como un año en Madrid, y mucho menos como un año en Jerez (Cádiz, Andalucía, España), ciudad que sé que a muchos os gusta (la mayoría obviamente no sois de allí) pero no deja de ser mi lugar de origen, donde estuve hasta mis 18 años, seguidos de unos intensos cuatro años y medio en Madrid y del último año y tres meses en Londres. De capital en capital, me pregunto cuál será la siguiente…

London Eye

Bueno, el caso, que en quince británicos meses me da la sensación de que no he amortizado demasiado el tiempo, lo cual no implica necesariamente no haber hecho cosas, error, he hecho, y tropecientas, pero… Se presentan difusas, entremezcladas, volatilizadas, difíciles de ordenar cronológicamente. Como si hubieran pasado siglos. Las semanas se confunden, los meses se hacen semanas y mi 2012 parece una cruzada frenética repleta de emociones extremas que se cruzan y se chocan dentro de una bolsa de plástico con escapes por todos lados.

En Madrid, el tiempo también pasaba rápido pero de otra manera. Se hacían notar más los días, el orden de prioridades y deberes junto con el ocio, la clara distinción entre unas actividades y otras, los planes, los viajes, las amistades. Sí, la gente. Más profundidad en general, más inmersión en el estilo de vida y las relaciones sociales. Zambullidas totalmente intencionadas y considerablemente controladas, todo lo contrario que en Londres: un torbellino de caras que se esfuman antes de aprenderte sus nombres.

Cibeles Madrid

En Jerez… A su ritmo. Muy a su ritmo. Calma chicha, tirando a pachorra. Vida “simple”, se le podría llamar. Pocas preocupaciones, ilusiones rápidas que se iban tan rápido como venían sin dejar huella psicológica y percepción total del paso de las semanas y de los meses, con su separación clara entre los periodos de obligaciones y las vacaciones. Esas Navidades, que con el tiempo cobran mayor importancia en cuanto a reunirme con mi familia, y esa feria, que nunca me ha importado demasiado y que, por cierto, justo ahora está presente en Jerez.

Sí… Por allá andarán colegas de todas las corrientes dándole al rebujito y derivados. Da igual cómo sean, cómo piensen, en qué círculos se muevan o incluso que no les guste la feria: todos estarán allí. Porque es lo que toca, lo que pega, la excusa para salir de casa y arrejuntarse bajo un sol de casi treinta grados y porque es de los pocos eventos que hacen de la ciudad gaditana un sitio realmente emocionante. ¿Nostalgia? Psss, en verdad no, estoy tela de a gusto recostada y escribiendo en este momento, regodeándome felizmente en mis queridas inquietudes.

Calculo que tampoco tenía yo tantas neuras mentales por aquel entonces. Es posible (jé, muy probable) que sencillamente me esté haciendo mayor. Dicen que, a partir de los 25, los saltos temporales son brutales. Tengo 24 pero vamos, lo mismo da. Y la verdad es que, una vez superado el miedo a la tan mencionada fugacidad existencial, resulta de lo más interesante apreciar en mí misma mi cambio de actitud del año pasado, un incombustible non-stop, al actual, consecuencia directa del anterior sin duda. Un 2013, por tratar de definirlo:

Más comedido, centrado, insatisfecho, inconformista, previsor, en búsqueda (por fin en serio) del enriquecimiento personal a través de esa larga lista de actividades intelectuales y físicas pendientes que tantos tenemos. Y la particularidad del asunto no radica en mi mutación como tal sino en que, a pesar de él… Londres se sigue tragando el tiempo, incluso a mayor velocidad.

Foto retrato Maria G AmarilloPero bueno, ¿qué se le va a hacer? Mi madre siempre me dice que el hecho de que se me pase tan rápido significa que lo estoy pasando bien/no lo estoy pasando mal/estoy aprovechando el tiempo. Estoy de acuerdo pero insisto en que me hago vieja, lo veo, y estoy plenamente convencida a través de mi experiencia de que cada lugar se bebe el calendario a un ritmo determinado. C’mon, you are a baby! (“venga, ¡si eres un bebé!”), me dicen a menudo. Que sí, que sí, pero eso no me hace dormir mejor o creer en los príncipes azules.

Total, así estamos, de tránsito experimental por la vida. De cachondeo con mi mente, básicamente. Pero antes de cerrar este capítulo, me apetece comentar que ayer disfruté de una fantástica hora de conversación por Skype con mi hermano mayor y, a pesar de la diferencia de edad (tres añitos, tampoco es que sea mucho) y circunstancias particulares de cada uno, cabe destacar que curiosamente nos sentíamos igual en cuanto a nuestras reflexiones varias actuales. Resumiendo: la dicha lista eterna de cosas que nos gustarían hacer ha quedado relegada a un vigésimo sexto plano, lo que viene a ser el interior del contenedor de la esquina, y queremos seguir el ejemplo zen de nuestra madre (todo un reto, creedme):

Vivir el día a día, no pretender abarcar más de lo que podemos o de lo que nos pide el cuerpo, ser selectivos y hacer balanza entre lo que es realmente importante y lo que no. Dejar de luchar contra nosotros mismos, agonías que somos, y de imponernos deberes que nos las traen al pairo. Tanto documental gafapasta descargado cuando lo que apetece es ponerse un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre y a tomar por saco, hombre. Fluir en armonía con el universo y nuestras posibilidades, haciendo de nuestro objetivo el equilibrio emocional.

Entonces, mi padre me diría: “ahora traduce todo esto al inglés”.

No hay huevos 😦

Los 20añeros y el alcohol (II)

Hace unos cuantos meses, concretamente el 25 de septiembre de 2010, redacté un post relacionado con este tema, aunque en plan muy anecdótico y coloquial, en el que me enrollé como las persianas y empecé contando una encuesta que me habían hecho por la calle para terminar confesando un desastre casero a causa de una noche demasiado desfasada. Mi conclusión era que el alcohol será malo pero qué bien que se pasa.

Bueno, eso sigue siendo bastante cierto, pero doy gracias a… a mí misma por haber recapacitado en torno a ese asunto. Me alegro de que se trate cuestión de etapas, porque realmente se puede convertir en un problema grave. No ser dueño de tu propio cuerpo, no servir para nada productivo al día siguiente de haberte sobrepasado, no acordarte de lo que has hecho o arrepentirte… Veo a la gente perder el control, volverse extremadamente sociable y simpático, bailar, gritar, cambiar drásticamente de humor. ¿Quién habrá detrás de esas personas?

La verdad es que ahora no me siento del todo orgullosa de aquel post tan alegre y desenfadado que escribí pero bueno, como he dicho, creo que son etapas por las que hay que pasar o suceden involuntaria y espontáneamente, y negarlas u ocultarlas me parecería engañarse a sí mismo, aparte de una chorrada, no se pierde la dignidad por comentar borracheras pasadas. Además, inmortalizar por escrito o rememorar ciertas experiencias te permite comprobar posteriormente tus cambios, tus costumbres. Tu evolución, tu madurez.

Pero ya le tengo mucho más respeto al alcohol. Por suerte, al menos me ha bastado con la experiencia de un año aproximadamente para reflexionar a fondo e incluso cogerle cierto asquito. Y lo peor no es el cuerpo deshidratado o débil, sino lo que le afecta al cerebro, a las neuronas, a las facultades mentales. Pérdidas de memoria, lagunas brutales… ¿Vale la pena pillársela tan fuerte?

Por supuesto, lo sigo respetando muchísimo y viéndole todo el sentido del mundo como una parte más de la vida que es (lo que tampoco significa que yo vaya a dejar de hacerlo), pero no me he podido contener a darle algunas vueltas al daño que hace en sí. Los perjuicios científicamente probados. Desde luego, esto se parece a como cuando miras el prospecto de un medicamento y ves que al tomarlo te avisa de que algunos de los efectos secundarios se traducen en mareos, vómitos, dolor estomacal, sueño, fiebre, hemorragias, dolor de cabeza, joder, pues para eso mejor no tomarlo, ¿no? No, no hay que entenderlo así, pero no está de más informarse y estar prevenido. Aquí tenéis el artículo de la Wikipedia sobre los efectos del alcohol en el cuerpo, por si os interesa. Apunte: no es agradable, pero sí realista, como a mí me gusta.

Frase del día: el alzheimer me da auténtico pavor.

Pd: fin de semana de feria en Jerez, gran ocasión para llevar a cabo un estudio sociológico. Pero como ya los habrá a patadas probablemente y tampoco me apetece rallarme más de lo que llevo haciéndolo últimamente, me limitaré a ir de caseta en caseta (tras echarme una siesta) y disfrutando de mis amigos y de mi familia (y comiendo que da gusto, como siempre en casa), que el tiempo se pasa rápido y mañana ya estoy de vuelta en Madrid. ¡Que lo paséis bien!

24 de diciembre

¡¡¡¡Ya estoy en Jerez!!!

No sé cómo pero, definitivamente, llegar a casa es como entrar en una burbuja del tiempo aparte. Todo se tranquiliza, se vuelve agradable, sin prisa, entretenido, familiar. Entra mucho sueño también xD, y lo mejor es hacer en todo momento lo-que-a-pe-tez-ca. ¿Que tengo sueño? A dormir. ¿Que tengo hambre? A comer. ¿Que quiero salir? Pues salgo.

Ahora mismo voy al cine, que ya le tengo mono otra vez, a ver qué tal está Ahora los padres son ellos. Puntuación baja en IMDB pero bueno, es para lo que es, reírse un rato.

¡¡Que paséis unas buenísimas tarde y noche, que os infléis a cenar, que Papá Noel se porte bien y que disfrutéis muchísimo del día de Navidad!!

Cantando bajo la lluvia

Y corriendo. Tras una fantástica mañana casera, seguida de un almuerzo de lo más propio de mi casa (ensalada y aneto, ¡qué buenos que los hace mi madre!) y del rato internauta diario; vuelta por media ciudad como hacía en verano, con mis deportivas, mallas y sudadera de chándal. Paseíto por el mercadillo “mágico” de la Plaza del Arenal, caracterizado por los típicos tenderetes con articulillos (pulseras, vírgenes y angelitos, libritos con los horóscopos, chucherías…) y otra serie de espacios dedicados, según deduje, a adivinar el futuro, dar masajes, relajarse y equilibrar cuerpo y mente… Ya colgaré alguna foto cuando tenga el cable del móvil de nuevo en mis manos. Cachis, no debí dejarlo en Madrid.

A mi regreso, me he tenido que quitar la sudadera del calor que me estaba entrando al caminar a buen ritmo, tras rodear el alcázar y la catedral, pasar enfrente de El Gorila y ver a un enano y adorabilísimo niño dando pasitos acelerados con una sonrisa de oreja a oreja, vigilado de cerca por su madre. Hacía tiempo que no veía a un pequeñajo así moviéndose por sí mismo. Me ha hecho mucha ilusión imaginarme a un hipotético hijo mío dando sus primeros pasitos… Tiene que ser una experiencia extraordinariamente maravillosa.

Me faltaba ya un corto tramo para llegar a casa cuando empiezan a caer unos goterones que me recordaron a los de Irlanda: gordos y al principio muy separados, vas andando y no te cae apenas nada encima pero ves cómo el suelo a tus pies se va llenando de circulitos acuosos distanciados unos de otros por pocos centímetros. Hasta que aumentan en número y densidad y tienes que salir pitando si no quieres acabar empapado hasta las trancas en cuestión de segundos. Entonces me empieza a vibrar el móvil. Marifló, que nos vamos a la tetería. Genial, no podía estar más guarra después de la caminata pero bueno, no importa. Procedí a terminar el trayecto a buena marcha, corriendo bajo la lluvia, sensación que siempre había querido experimentar pero no lo había hecho hasta ahora. Ha estado guay, de película. Y de paso no me he tenido que lavar el pelo para salir.

Cambio de ropa, coger el coche (¡sííííííí, qué ganas tenía de conducir!), buscar aparcamiento y encontrarlo un poco lejos. En aquellos momentos pensaba: me gusta la lluvia pero ya me empieza a tocar un poco los huevos, ya que entre la visibilidad que me dejaba junto con la oscuridad, el meterme en plenas calles estrechas del centro con el todoterreno y la prisa por llegar lo antes posible como que no ayudaba especialmente al relax. Recompensa: qué té ni té, ¡batidazo de chocolate, hombre! Conversación agradable y para el coche, de nuevo bajo la lluvia, esta vez sin correr, sin agobio y sin prisa, y cantando (o intentándolo) un par de canciones de Celtas Cortos. No había ni Dios por la calle, así que qué menos que no cortarse un pelo. Sin llegar al punto de que me escucharan los vecinos, claro.

Realmente está siendo un puente bastante especial :).

Pd: se me olvidó contar que ayer me tomé por primera vez un gofre. Estuvo ultra increíble, aunque creo que para la próxima procuraré compartirlo con alguien, porque acabé un pelín en modo empalagoso y llenísima. Pero qué bueno estaba…

Cuando no te miran a los ojos

Creo que se nota cuando a alguien no le haces gracia. Y no es que no se ría contigo, sino que no le entras por los ojos, no te mira a menos que le hables directamente, ni te saca conversación, ni tiene el más mínimo interés en saber de ti ni preguntarte nada aunque seas la persona que se encuentra más próxima en un grupo.

Me pregunto por todas aquellas personas que se suelen sentir rechazadas por los demás. Y que son rechazadas realmente, porque sentirse así es muy fácil pero también hay mucha víctima ficticia suelta.

El caso es que ayer pasé una velada la mar de agradable. Llegué a Jerez a las 16:00, me recogió mi madre, messengeé (para no variar), saludé a mi hermano pequeño de dos metros y a mi padre, y me acosté para estar lúcida durante la tarde y la noche. El plan era jugar a los bolos (quedé la última pero me lo pasé muy bien y fui mejorando conforme tiraba; al principio avanzaba como quien pasea por el campo, al final casi corría y tiraba la bola con entusiasmo, ¡incluso caían bolos!), cenar por ahí (no me acuerdo del nombre del sitio pero su sándwich Club estaba que te cagas) e ir a algún sitio, en principio al bar Rubio pero por cambiar fuimos al Triple, donde yo no había estado nunca, pero que resultó muy entretenido, con un grupo cantando y tocando unas cuantas canciones conocidas.

Entonces se acabó la noche. Salimos del local, la gente tenía sueño, empezó a llover y a las 2 de la mañana en casa. No me importó en absoluto, la verdad, ni siquiera confiaba en encontrar a nadie en el Comedia, y menos dispuesto a jugar a los futbolines, que era de lo que tenía más mono, ya que si acaso no se llenaría hasta las 3 y pico de la mañana (me faltó AAR en Jerez para no dudar en acercarme y echar alguna partida seguro :(), así que pasando del tema y a conectarme un ratillo mientras escuchaba tronar y llover bestialmente.

Y la sensación final del día era un poco amarga por el recuerdo de aquella persona, a pesar de situarse en un considerable tiempo atrás (jodida mente, que escarba en cualquier cosa sin venir a cuento), y mira que es una chorrada, porque cuando a alguien no le interesas basta con no mirarle a la cara y punto, pero no sé, parece que me afecta más de lo esperado y de lo lógico.

Por eso cuando me hallo entre un grupo de personas, procuro distribuir la mirada, intento dirigirla hacia todos los oyentes por igual, para que ninguno se sienta excluido. Ignoro si los demás se dan cuenta de cuando se limitan a mirar a uno o dos de los interlocutores, o miran a todos excepto a uno en especial, el cual se puede sentir herido, aunque sea inconscientemente, ya que si la conversación no va contigo (que se puede traducir en que no dirigen la mirada y palabras hacia ti), tú mismo pierdes también el interés y miras hacia otro lado.

O quizás no se dan cuenta, o tal vez lo hagan queriendo y punto porque no les guste que tal persona sienta que le prestan atención, ya que no creen que les vaya a aportar nada o no les atañe en absoluto la respuesta que les pueda dar, desacreditada normalmente por prejuicios… o a lo mejor por una opinión formada racionalmente, pero de cualquier manera no es justo despreciar a nadie. Total, que de forma intencionada o no, esa actitud puede hacer daño.

La comunicación no verbal es brutal.

En realidad, después de escribir esto, se me ha ido en gran parte el malestar. Sigo pensando lo mismo sobre el punto de vista de esa persona hacia mí pero ya desde una perspectiva más lejana, objetiva, analítica. Desmigar la psicología humana, o al menos experimentar que más o menos se está descubriendo un determinado comportamiento (llamémoslo universal y tan posiblemente involuntario como intencionado), puede llegar a producir bastante satisfacción, o como mínimo un halo de reflexión que te despierta para llevarte del hecho a la comprensión y visualización extra-terrenal de los motivos, las causas y las consecuencias.

Y la conclusión es evidente: a tomar por saco :).

The Watts

Página oficial: http://www.wix.com/Liosedesign/TheWatts

Estos tres chicos forman un grupito de jóvenes amantes de la música en proceso de crear una maqueta (y de encontrar un vocalista apto para el estilo que ellos quieren, lo menos comercial posible en principio). Confío en que la lancen algún día y si no, por lo menos se lo pasan bien. De momento solo tienen este par de vídeos, han de ponerse a saco con el tema, pero creo que no suenan nada mal :). Os invito a escucharlos, son muy cortos. Ahí os dejo a The Watts. Localización: Jerez de la Frontera.

Esta segunda prueba me gusta bastante:

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Por la amistad

Tarde del viernes 10. Quedada en el Brothers para tomar algo y pasar un rato con mi amiga BC, de Jerez, la chica con más arte, más adorable, más encantadora y más agradable que se pueda echar nadie a la cara. Nunca faltan las risas y los testimonios escabrosos en esas reuniones, entre todo tipo de intercambio de información. Es un lujazo poder compartir eso con alguien, aunque sea una vez al mes o cada dos. De hecho, así es como más se disfruta, en pequeñas dosis, como todo. Un besazo desde aquí, porque gracias a ella aún se puede confiar en el verdadero sentido de la palabra amistad.

Domingo 5 de septiembre.

Anda que no es listo el gato ni ná.

Por cierto, la noche del sábado (que se me ha olvidado decirlo en el post anterior) acabó con una sesión gratuita y muy interesante de media hora, entre las 7 y las 7:30 de la mañana, sobre política, todo desde la opinión de un antiguo compañero de colegio que habrá que ir investigando. Un original, agradable y reflexivo final de las vacaciones en mi tierra.

¡Si es que cada día es jodidamente impredecible en realidad, dentro de lo monótonos que son! Porque sí te puedes llevar algo, siempre, a la almohada. Aunque solo sea, como en este momento, un beso bien fuerte.

Pd: necesito amigos futbolineros para este curso, por favoooooooor… y de paso, cinéfilos, que es de vergüenza vivir en Madrid y no haber ido todavía al Kinépolis.

7 de septiembre de 2010

Queda conmemorado como ¡¡¡EL PRIMER DÍA FRESQUITO POST-VERANO 2010!!!

A las 20:00 había yo quedado en el centro, en la Calle Larga, sin tener ni idea de quién se iba a presentar, aparte de la chica que me había dicho el plan, EF. Llego con un cuarto de hora de adelanto, muy bien, María, 21 años siendo de Jerez y no sabes calcular las distancias todavía. Vueltecilla por la tienda hippie Kontiki, nada de nada, me siento en el banco de enfrente del Stradivarius con mi música a tope y un porrón de gente pasando. Entonces decido quitar el sonido. Hay un chico y una chica al lado de mí, sentados en el banco también, que parece que se acababan de conocer, porque llevaban un rato hablando y de repente ella le dice: “bueno, soy X, que llevamos aquí un rato hablando y no sabemos los nombres”. Qué bonito ^^.

La Calle Larga, la más comercial de la ciudad. En aquel momento estaba ultra petada, claro, no como en la imagen.

A las 20:09 por fin veo a un amigo de EF y fue tan repentino que me quedé como pretificada en el banco esperando a que me mirara. Pero no se dio cuenta, así que me levanté y le seguí disimuladamente… Hasta que se sentó en un banco próximo y ya me vio. Y la gente fue llegando poco a poco. Vamos, nos juntamos cinco, luego 2 más y finalmente para cenar otros 2. Pasamos por el Alcázar, donde había una cola larguísima. Parece ser que había un concierto de El Patito Feo. No lo he escuchado en mi vida, no sé de qué va. Un poco más allá estaba… ¡tachán, el mercadillo medieval! Me pareció un mojoncillo, la verdad. Pulseritas, colgantitos, aquello me recordaba demasiado a los gitanos como para hacerme pensar en el medievo. Había una barbacoa enormísima, pero en realidad no vi a nadie en ningún momento ir a pedir algo allí. Dimos un par de vueltas, al cabo de las cuales siempre acabábamos empapándonos de los olores de la barbacoa, pero acabamos cenando kebab. “¿Había kebabs en la Edad Media?”, comentario de un amigo mío cuando se lo conté. Pues no creo, con más razón aquello era una burda mentira.

Ahí era el concierto, o la actuación, o lo que fuera, en el Alcázar. Aunque me acabo de enterar de que esto es “la casa-palacio de Riquelme, edificio monumental del siglo XVI, de estilo renacentista-plateresco, ubicado en la Plaza del Mercado, junto al Museo Arqueológico de Jerez y la Iglesia de San Mateo, en el salón principal del casco antiguo”. Toma ya. Valiente jerezana estoy hecha…

Se me vienen a la cabeza imágenes de cuando fui por primera y última vez (exceptuando la de ayer, que sería la segunda) al mercadillo medieval de Jerez. Año 2005 (creo), tenía 16 años y estaba a punto de empezar 1º de bachillerato. Creo que no quedé con nadie sino que tiré para el centro yo sola a dar un paseo y me encontré con aquello en la plaza cuyo nombre nunca me he aprendido pero que todo el mundo sabe que es la que da a la librería Luna Nueva. Y eso sí que era un mercadillo medieval. Productos artesanales, cosas raras y llamativas, la caseta de un adivinador del futuro… Me encontré con un compañero de las clases de inglés, un encanto de niño que siempre que te ve, te saluda con un “¡hola, preciosa!”, y me junté con él y sus amigos durante un rato. Uno de los chicos, que ahora es un buen amigo mío (el que vino a ver Origen conmigo, de hecho), estuvo un rato en la casetilla de adivinación. Salió súper flipado, reflexivo, prácticamente ido. Me dio miedo, no me entró el menor interés por ser sometida a ese proceso, prefería que la vida siguiera siendo todo lo impredecible posible. Y sigo pensando lo mismo.

El Alcázar. Las fotos del post, naturalmente, son de internet. Esta es preciosa. El mercadillo estaba situado entre la casa-palacio de Riquelme y el Alcázar, en la ya mencionada Plaza del Mercado (ahora me entero de que se llama así).

Pero bueno, ya pasó. Para el día de ayer, era la novedad y una simple excusa para salir de casa. Volviendo al título del post, ¡pasé hasta frío! ¿Cómo pudo llegar tan de repente? El día anterior había llegado a mi casa con unos calores menopáusicos de la hostia y mira qué noche… Pensé en ponerme pantalón largo antes de salir y al final no lo hice, al carajo. Se acabó el tiempo de enseñar piernas, vuelven mis queridos pantalones anchos, ¡qué ilusión! 😀

Me encanta Jeré

Un buen fin de semana, como dicta la norma “salir sin expectativas para no llevarse decepciones” y confirma que es lo mejor para, si acabas pasándotelo bien, se convierta en una sensación “de puta madre”.

Tras una semana apacible, destacando la sesión de cine de Origen y una buena tarde de piscina y charla con mi amiga ER, llegó el viernes, que se caracterizaría (como de costumbre este verano) por una maravillosa cena con mis padres en La Carboná, restaurante estiloso, de calidad y con unos camareros sudamericanos muy salados, situado en la calle San Francisco de Paula. Plato crucial: ¡pechuguitas de codorniz!, tras unos pimientos y unas croquetas de entremeses y finalizando con un helado de cítrico IMpresionante. También tendría lugar esta noche, sin duda, el par de horas de rigor en el bar El Rubio, adonde ya ha vuelto de vacaciones el “rubio” como tal, el dueño, cuyo color de pelo se corresponde con el nombre del bar, claro. ¡Más majo! Cuando un camarero te parece simpático acaba convirtiéndose en una persona susceptible de comentarios favorables mucho más a menudo de lo que se podría imaginar. Así es como acaba enganchando a la clientela que cada fin de semana acude fiel a sus mesas y servicios.

Así me ocurrió una temporada con el Café Arenal (véase la imagen), situado en la Calle Caballero, saliente de la plaza del Arenal. Un pedazo de pub era aquel, con su penumbra, su barra, sus estanterías con todas las botellas correspondientes y, en lo alto, filas de botellines con un contenido rojo que nunca supe lo que era, el techo altísimo típico de las casas antiguas, sus mesas y sillas de madera, las fotos estrambóticas de las paredes mostrando anuncios, eventos políticos o culturales, conciertos, objetos variados, incluso creo que figuras y rostros humanos… Las iban cambiando de vez en cuando. Buah, su música, desde luego, el mayor aliciente para ir junto con el ambiente, muy buena mierda para los oídos. Un local que se recuerda con cariño y cuyos camareros no podían ser más simpáticos porque no podían.

No sé ni si sigue abierto, lo comprobaré algún día de estos en cualquier paseo vespertino.

Pues eso, y a la 1 y pico del viernes me dije a mí misma que no podía irme a casa antes de la hora a la que me suelo acostar entre semana, así que llamé a mi querido amigo del colegio AA y tiré para el bar en el que lleva trabajando ya su tiempo uno de los chicos de este otro grupo, FS, quien me invitó a un gin-tonic :). Una agradable velada hasta las 4 de la mañana aproximadamente que me dejó en mi casa AA, y por su séptima vez que cogía él el coche. Iba bien, poco que objetar.

Mmm… He buscado algo relacionado con las nuevas tecnologías en Google y esto me ha llamado la atención. Sé que Forges es archi-conocido por sus viñetas pero yo, al menos a esta, sigo sin encontrarle mucha gracia. En fin, es por amenizar el post, ya sabéis, que mucha letra echa para atrás y hay que adornar con dibujitos de vez en cuando. Impacto/atractivo visual forever (¡tema para otro post!)

El sábado consistió en levantarse y ordenador. Mucho ordenador. Mi vida ronda continuamente en torno a las nuevas tecnologías… y las redes sociales, cómo no. Comer y cuatro horas incombustibles y seguidas de messenger con aquel chico que conocí de Logroño en Salou, ¿os acordáis? ¡Tan mono! (no, no te estoy peloteando, ¡listillo!). Pues ya finalizada la extensa, entretenida y hermosa conversación virtual, cada uno con la cabeza como un bombo de la pantalla procedió a lo suyo, en mi caso salir un poco al exterior a mirar a la lejanía, al cielo, a los árboles, y a cenar en El Olivo, restaurante más asequible, económicamente hablando, que La Carboná, con muy buen servicio y platos ricos. Pasaron por la mesa de entrantes un paté y unos payoyos de queso que están brutalísimamente buenos y una ensalada de pasta, y de postre una “andana” de chocolate, que eso ya sí que sabía or-gás-mi-co.

Me volvieron a dar, al igual que el viernes, las 23 de la noche hasta que me enteré del plan nocturno: ir al Puerto. Estuvo bien, nunca había salido por aquella zona, que se me antojó bastante amena entre el ambiente y la cantidad de bares. En el primero en que paramos, que tenía aire de taberna, echamos un rato charlando y cayeron dos cubatas de “no-sé-qué-35”. Pedí Legendario pero no había (no me lo explico) y el camarero me ofreció la bebida esa diciendo que sabía parecido. Total, estaba bueno. Luego pasamos a otro más espacioso todavía donde bailoteamos algo y me pedí el último cubata, aquí sí había Legendario. Ni tenía dinero para más cubatas ni pensaba gastarme más en ellos. Creo que aprendí que para salir de copas, mejor ir pidiéndose cervezas. Más barato y mismos efectos. Probé la Guinness esa, podría tener éxito en el futuro, no me supo tan amarga como otras.

A las 4 y poco ya estábamos volviendo, después de una larga despedida en el parking todos en círculo (hay que ver lo que les cuesta despegarse a esta gente, como si no se hubiera tenido todo el rato anterior para conversar xD, en fin, me da lo mismo, soy la persona que menos prisa tiene siempre por irse), y como aún no me parecía una hora digna de acostarse para ser pleno fin de semana, volví a llamar a AA, como la noche anterior, y él se hallaba camino del Comedia, ¡no podía ser más perfecto! Me dejaron allí y estaba petadillo, la verdad es que me agobié al principio viendo tanta peña pero bueno, se me pasó enseguida. Estuvo genial. La gente que lleve en Jerez toda la vida estará hasta los huevos de ir al Comedia finde tras finde pero para mí es fantástico cada vez que voy, que es con mucha menos frecuencia, ya que me encuentro a un montón de amigos y se trata de un local que en general es completito, con su barra, mesas y sillas, futbolines (gané 2 partidas de 3, ¡sííííí, por fin! ¡Llevaba un montón enmonada de jugar!), zona sin techo y sala de discoteca. Y baños, claro, en uno de los cuales había una curiosa pota, menuda puntería, hija…

Dos botellines de Cruzcampo, cero euros y hora de acostarse: 7 y pico. Y nada, para hoy, domingo (madrugada del lunes para ser exactos, ¡qué forma de echárseme la hora encima!), más messenger (me quedo con la frase: tengo una sonrisa pero estás loca), y tarde en La Muralla, playa pequeña donde tienes que caminar casi un kilómetro para que te cubra el agua entero, seguida de una ultra apetecible y calórica cena: kebab + tarrina pequeña de vainilla con cookies. En realidad no soy muy de kebabs, no es en absoluto una de las opciones que suelo plantearme a la hora de salir a comer con los amigos pero a estos les encanta así que nada, en pequeñas dosis todo sabe bien.

Ya por hoy solo queda una ducha caliente, ahora que no estoy muerta de calor; arrancarme las lentillas, que a estas horas empiezan a dar mucho por saco, y a dormir, que comienza la última semana de mis vacaciones. ¿Qué me deparará? Probablemente nada llamativo pero se intentará explotar al máximo, como siempre :).

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Jajááá, ¡ya me han dicho cuál es la canción! ¡Gracias, PA! (Inserción desactivada por solicitud; Ver en Youtube… si de todas formas se puede ver en el portal, ¿quién coño solicitará desactivar la inserción en los blogs?)

Así que nada, a escuchar la canción hasta que la acabe detestando. Al oírla, como dicen los chicos de la PTP: ¡TE VIENE ARRIBA!

Lo que daría por coger ahora el coche, ponérmela fortísima y conducir durante horas a toda velocidad (bueno, ciento y pico, la permitida, vamos) hacia ninguna parte…

Y esta, del mismo autor, también mola.

Pd: uno de los temas de conversación en la playa ha tratado sobre el miedo que le tenemos a los pasillos a oscuras, a quedarnos solos en casa… Aludían a las películas, y es evidente que estas tienen buena parte de culpa, pero intervine (hostias, de repente me ha costado un montón sacar este verbo en pasado, lapsus brutal, señal definitiva de huida hacia la cama) porque al pensarlo para mí que es como un acto reflejo que nace con nosotros, ya que de pequeños también tememos esas situaciones sin haber pasado aún por ninguna experiencia cinematográfica. Me he acordado porque hace un ratito ha pasado alguien por la puerta, me imagino que mi hermano porque mis padres ya están acostados, y me he acojonado viva porque el mamón al llamarle no me ha respondido. Supongo que no se habrá enterado, no es que pase de mí ni nada. Encima ahora me voy a giñar subiendo las escaleras, mejor que me largue de una vez, que hasta con los cascos y la música puesta me estoy montando de todo, claro, como no me entero de nada más pero sé que la casa está en completo silencio…

En fin, ¡buenas noches y feliz semana!

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