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Posts Tagged ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’

Lecciones de escritor a escritor (III)

Y aquí viene la tercera y última tanda de lecciones que el personaje Harry Quebert da a Marcus Goldman en la gran novela La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, cuya crítica personal podéis ver aquí. He vuelto a retrasarme considerablemente en culminar esta serie de posts pero, gracias a un internauta que se tomó la molestia de escribirme comentándomelo (un saludo para Alain desde aquí), he decidido cerrarla de una vez, que por algo caló hondo esta trama en mí y no está bien no terminar lo que se empieza.

Os recuerdo que, como bien cita el título, se trata de lecciones de escritor a escritor y, si está en vuestra mano, ¡no os perdáis la primera y la segunda tanda! Aunque lo idóneo naturalmente sería que os paseárais por toda la historia. Allá vamos, pues.

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“Golpee ese saco, Marcus. Golpéelo como si su vida dependiese de ello. Debe usted boxear como escribe y escribir como boxea: debe dar todo lo que tiene porque cada pelea, como cada libro, puede ser la última.”

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“Harry, ¿cómo se transmiten emociones que no se han vivido?

escribir– Ese es precisamente su trabajo como escritor. Escribir significa que es usted capaz de sentir mejor que los demás y transmitirlo después. Escribir es permitir a sus lectores ver lo que a veces no pueden ver. Si sólo los huérfanos contasen historias de huérfanos, no llegaríamos a ninguna parte. Eso significa que no podría usted hablar de madres, de padres, de perros o de pilotos de avión, ni de la Revolución Rusa, porque no es usted ni madre, ni padre, ni perro, ni piloto de avión y no ha conocido la Revolución Rusa. No es más que Marcus Goldman. Y si todos los escritores debieran limitarse a sí mismos, la literatura sería espantosamente triste y perdería todo su sentido. Tenemos derecho a hablar de todo, Marcus, de todo lo que nos conmueve. Y no existe nadie que pueda juzgarnos por eso. Somos escritores porque hacemos diferente una cosa que todo el mundo a nuestro alrededor sabe hacer: escribir. Ahí reside todo nuestro ingenio.”

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“Las palabras están bien, Marcus. Pero no escriba para que le lean: escriba para ser escuchado”.

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“Quien arriesga gana, Marcus. Piense en este lema cada vez que se enfrente a una elección difícil. Quien arriesga nada.”

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“Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas.”

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“Ya ve usted, Marcus, las palabras están bien, pero a veces son vanas y no bastan. Llega un momento en que ciertas personas no quieren escucharle.

– ¿Qué se debe hacer entonces?

– Agarrarlos por el cuello y presionar con el codo en su garganta. Con fuerza.

– ¿Para qué?

– Para estrangularlos. Cuando las palabras no bastan, reparta algunos puñetazos.”

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“Un nuevo libro, Marcus, es una nueva vida que empieza. Es también un momento de gran altruismo: ofrece usted, a quien quiera descubrirla, una parte de sí mismo. Algunos le adorarán, otros le odiarán. Algunos le convertirán en una estrella, otros le despreciarán. Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que, en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman. Me dirá usted que no es gran cosa, y sin embargo, no está nada mal. Algunos escritores quieren cambiar el mundo. Pero, ¿quién puede realmente cambiar el mundo?”

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“Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.

– ¿Por qué?

– ¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.”

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“Su vida estará salpicada de grandes acontecimientos. Menciónelos en su libro, Marcus. Porque si al final se revelan nefastos, al menos tendrán el mérito de marcar algunas páginas de la Historia”.

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“A veces le vencerá el desaliento, Marcus. Es normal. Le decía que escribir es como boxear, pero también es como correr. Por eso me paso el día mandándole a la calle: si tiene la fuerza moral para realizar carreras largas, bajo la lluvia, con frío, si tiene la fuerza de terminar, de poner en ello toda su fortaleza, todo su corazón, y llegar hasta el final, entonces será capaz de escribir. No deje nunca que se lo impida el cansancio ni el miedo. Al contrario, utilícelos para avanzar.”

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“El último capítulo de un libro, Marcus, siempre debe ser el más hermoso.”

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“Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar.”

Lecciones de escritor a escritor (I)

Fuente: La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.

Mi crítica hacia esta novela de intriga ya quedó de manifiesto en el post anterior, acompañada de algunos fragmentos que me gustaron del libro. Ahora, procedo a transmitiros las lecciones que recibe el protagonista (Marcus Goldman), joven escritor, de su mentor (Harry Quebert), perteneciente a la misma profesión. Me han tocado la fibra lo bastante como para apetecerme transcribirlas, aunque no todas se refieren exclusivamente al mundo literario. Se trata de 31 lecciones + una de regalo en el epílogo, un total que repartiré en una primera, una segunda y una tercera parte para no sobrecargar. Espero que las disfrutéis tanto como yo. No os preocupéis: no suponen ningún spoiler hacia la historia, totalmente recomendable de leer.

Pues ahí van:

1

“El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro.”

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2

“El capítulo 2 es muy importante, Marcus. Debe ser incisivo, contundente.

–          ¿Cómo qué, Harry?

–          Como cuando boxea. Es usted diestro, pero en posición de defensa es siempre su puño izquierdo el que está adelantado: el primer directo aturde a su adversario, seguido de un poderoso gancho de derecha que le tumba. Eso es lo que debería ser el capítulo 2: un derechazo en la mandíbula de los lectores.”

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3

“Me gustaría enseñarle a escribir, Marcus, no para que sepa escribir, sino para convertirle en escritor. Porque escribir libros no es nada: todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor.

–          ¿Y cómo sabe uno que es escritor, Harry?

–          Nadie sabe que es escritor. Son los demás los que se lo dicen.”

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4

“Harry, si tuviera que quedarme con una sola de todas sus lecciones, ¿cuál sería?

–          Le devuelvo la pregunta.

–          Para mí sería la importancia de saber caer.

–          Estoy completamente de acuerdo con usted. La vida es una larga caída, Marcus. Lo más importante es saber caer.”

escritura————————————————————

5

“Harry, tengo una duda sobre lo que estoy escribiendo. No sé si es bueno. Si merece la pena…

–          Póngase el pantalón corto, Marcus. Y vaya a correr.

–          ¿Ahora? Está lloviendo a cántaros.

–          Ahórrese los lloriqueos, señorita. La lluvia no ha matado nunca a nadie. Si no tiene el valor de salir a correr bajo la lluvia, no tendrá el valor de escribir un libro.

–          ¿Es otro de sus famosos consejos?

–          Sí. Y éste es un consejo aplicable a todos los personajes que viven dentro de usted: el hombre, el boxeador y el escritor. Si un día tiene dudas sobre lo que está haciendo, vaya y corra. Corra hasta perder la cabeza: sentirá nacer dentro de usted la rabia de vencer.”

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6

“Si los escritores son seres tan frágiles, Marcus, es porque pueden conocer dos clases de dolor afectivo, es decir, el doble que los seres humanos normales: las penas de amor y las penas de libro. Escribir un libro es como amar a alguien: puede ser muy doloroso.”

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7

“En el fondo, Harry, cómo se convierte uno en escritor?

–          No renunciando nunca. Mire, Marcus, la libertad, el deseo de libertad es una guerra en sí mismo. Vivimos en una sociedad de empleados de oficina resignados y, para salir de esa trampa, hay que luchar a la vez contra uno mismo y contra el mundo entero. La libertad es un combate continuo del que somos poco conscientes. No me resignaré nunca.”

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8

“Póngase en guardia, Marcus.

–          ¿En guardia?

–          Sí. ¡Vamos! Levante los puños, separe las piernas, prepárese para el combate. ¿Qué siente?

–          Me… me siento dispuesto a todo.

–          Muy bien. ¿Ve? Escribir y boxear se parecen tanto… Uno se pone en guardia, decide lanzarse a la batalla, levanta los puños y se enfrenta al adversario. Con un libro es más o menos lo mismo. Un libro es una batalla.”

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9

“¿Y los personajes? ¿En quién se inspira para los personajes?

–          En todo el mundo. Un amigo, la mujer de la limpieza, el empleado de la ventanilla del banco. Pero cuidado: no son las personas mismas las que inspiran, sino sus acciones. Su forma de actuar es lo que hace pensar que podrían ser personajes de una novela. Los escritores que dicen que no se inspiran en nadie mienten, pero hacen bien en hacerlo: así se ahorran un montón de problemas.

–          ¿Y eso?

–          El privilegio del escritor, Marcus, es que puede ajustar cuentas con sus semejantes gracias a su libro. La única regla es no citarlos directamente. Nunca por su nombre: es una puerta abierta a denuncias y tormentos. […] Marcus, no escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas.”

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10

“Harry, ¿cómo se puede confiar en tener siempre la fuerza para escribir libros?

–          Algunos la tienen, otros no. Usted la tendrá, Marcus. Estoy seguro de que la tendrá.

–          ¿Cómo puede tenerlo tan claro?

–          Porque está dentro de usted. Es una especie de enfermedad. La enfermedad del escritor, Marcus, no es la de no poder escribir más: es la de no querer escribir más y ser incapaz de dejarlo.”

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Segunda parte muy pronto.

La verdad sobre el caso Harry Quebert

La verdad sobre el caso Harry Quebert portadaUn entretenido relato de intriga que te mantiene en ascuas hasta la última página. El autor, Joël Dicker, transmite a los lectores la frustración del protagonista, Marcus Goldman, un escritor cuya inspiración parece haberse esfumado tras su primera novela de éxito. Pide entonces ayuda a su mentor, Harry Quebert, quien muy pronto se ve envuelto en un embrollo legal que absorbe a Goldman por completo y le hace luchar hasta el límite de sus fuerzas para encontrar la verdad.

Dicker ha sabido equilibrar acertadamente el riego de información a través de saltos en el tiempo para ir contando su historia y suscitar un interés y una tensión crecientes, intercalando a su vez un consejo de mentor a protagonista al inicio de cada capítulo que bien podrían servir de utilidad para muchos otros que actualmente se encuentren también atascados a la hora de escribir o que simplemente necesiten una pequeña guía. A lo largo de esta obra, las pistas se suceden y nuevos personajes aparecen a distintas velocidades ante los ojos del lector, invitando a saber más.

Me he permitido transcribir algunas frases y párrafos que me han gustado:

“Las crisis de la página en blanco son tan estúpidas como los gatillazos: es el pánico del genio, el mismo que le deja la colita desinflada cuando se dispone a jugar a los médicos con una de sus admiradoras y en lo único que piensa es en procurarle un orgasmo tal que sólo se podría medir en la escala de Richter. No se preocupe de la inspiración, conténtese con alinear palabras una tras otra. El genio viene de forma natural.”

“El arrepentimiento es un concepto que no me gusta: significa que no asumimos lo que hemos sido.”

“- Harás algo importante en la vida. Creo en ti.
–  Soy demasiado viejo. Mi vida ha pasado.
– Nunca es tarde. Mientras uno no muere, tiene la vida por delante.”

“Y en ese instante me di cuenta, […], de que probablemente nunca había conocido el amor. Que seguramente mucha gente no había conocido nunca el amor. Que en el fondo se conformaban con buenos sentimientos. Que se enterraban en la comodidad de una vida vulgar y que se perdían sensaciones maravillosas, que son probablemente las únicas que justifican la existencia. […] La gente cree que se ama, y entonces se casa. Y después, un día, descubren el amor, sin ni siquiera quererlo, sin darse cuenta. Y se dan de bruces con él. En ese momento, es como el hidrógeno que entra en contacto con el aire: produce una explosión fenomenal, que lo arrastra todo. Treinta años de matrimonio frustrado que saltan de un golpe, como si una gigantesca fosa séptica en ebullición explotara, salpicando todo a su alrededor. La crisis de los cuarenta, la cana al aire, no son más que tipos que comprenden la fuerza del amor demasiado tarde, y que ven derrumbarse toda su vida.”

“La información es un flujo infinito en un espacio finito. La masa de información es exponencial, pero el tiempo que le concedemos es limitado y no se puede extender. El común de los mortales le dedica, ¿cuánto?, ¿una hora diaria? Veinte minutos de periódico gratuito en el metro por la mañana, media hora de Internet en el despacho y un cuarto de hora de CNN por la noche, antes de acostarse. Y para llenar ese espacio temporal, ¡el material es ilimitado! En el mundo pasan un montón de cosas repugnantes, pero no se habla de ellas porque no hay tiempo. […] Periodo de atención: quince minutos en la CNN por la noche. Después, la gente quiere ver su serie. La vida es una cuestión de prioridades.”

“Ahora basta con suscitar el interés de una forma o de otra, con crear el buzz, como dicen, con hacer que hablen de uno, y con contar con la gente para que hable de usted en las redes sociales: tendrá acceso a un espacio publicitario gratuito e infinito. Gente de todo el mundo que se encarga, sin darse cuenta siquiera, de hacerle publicidad a escala planetaria. ¿No es increíble? Los usuarios de Facebook no son más que hombres-anuncio que trabajan gratis. Sería estúpido no utilizarlos.”

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