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El día que caminé de Lewisham a Monument (II)

Tal y como dije al relatar la primera mitad de esta caminata de 2 horas y unos 7 minutos, el sábado 9 de junio me saludó un sol espléndido al mediodía que me decidió a embarcarme en esta aventurilla semi-peregrina.

Así pues, pasado el Southwark Park, la civilización comenzaría a hacer un poquillo más de presencia a partir de este tramo, e incluso me toparía con una parada de metro por aquellos lares: Bermondsey Station, bajo unos espectaculares cielos.

Seguidamente, señalización de la calle en la que me hallaba. Está muy de moda poner en venta este tipo de artilugios en las tiendas de souvenirs. Me imagino que tendrá éxito entre los turistas, como las matrículas de coches y demás placas del estilo, aunque a mí aún no me ha dado por pillarme ninguna, la verdad, no lo acababa de ver muy estético para mi habitación. Sin embargo, la imagen sí me gusta.

¿Cómo no inmortalizar y enseñaros de una vez alguno de esos entrañables taxis londinenses plagados de publicidad? La siguiente escena estaba que ni pintada como para dejarla escapar, a pesar de ser una compañía de teléfono la anunciada.

Enlazando por fin de Jamaica Road (que se hizo notar a lo largo) a Tooley St, gran sorpresa la mía cuando diviso inesperadamente al fondo de una de las avenidas nada más y nada menos que… ¡El Tower Bridge! Mira que me había observado el mapa a fondo pero ese detalle se me había escapado por completo: el hecho de que durante aquella parte del camino contaría a mi derecha con las perspectivas traseras de algunos de los míticos edificios posicionados de cara al Támesis.

Por tanto, no sólo se quedó ahí la cosa. Pasando un par de edificios tochos por Tooley St, se me apareció el siguiente paisaje ante mis ojos. El Tower Bridge quedando levemente atrás en la distancia y liderando el frente ahora el City Hall, sin olvidar un cielo impoluto de fondo como para echarse a llorar de la emoción ante su escasez en esta ciudad.

Entonces, llegaría a un punto clave del camino. El principio del puente cuya calle se llamaría Borough High St (curioso que no haya ningún bridge en la denominación) y que me ofrecería algunas de las vistas más hermosas recibidas hasta el momento en pupila. Mirada al frente.

Mirada a la izquierda, con su puesta de sol y la cúpula de la Catedral de St. Paul a contraluz entre otras.

Mirada a la derecha. De nuevo el Tower Bridge pero con menor protagonismo esta vez, situado en medio de un dorado y mágico equilibrio entre unos componentes visuales y otros. Absolutamente alucinante. De hecho, se trata de la foto de cabecera de Maria Dixit en Facebook. Se lo merece, ¿no?

El paseo culminaría con una maravillosa cena en el restaurante The Folly, pero ya vendrá otro post próximamente para hacerle homenaje. No os perdáis a continuación la versión nocturna de la foto anterior.

¡Hasta la próxima!

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El día que caminé de Lewisham a Monument (I)

Ese día fue el 9 de junio de 2012. Un sábado que pretendía pasar entero en casa tras más de una semana de planes diarios se truncó en una nueva caminata para celebrar la salida del sol al mediodía (precedida por una siesta que me sentó como Dios). Tanto había disfrutado del recorrido de Lewisham a Leicester Square hecho el 26 de mayo, que no pude menos que plantearme la idea y comenzar a googlemapsear para ponerla en práctica. Quizás incluso se convierta en una costumbre mensual o quincenal, ¡quién sabe!

Puesto que el plan era cenar en un restaurante situado al lado de la estación de metro de Monument, comprobé que incluso tardaría menos que hasta Leicester Square: me iba a llevar dos horas y unos 7 minutos (a Leicester Sq eran dos horas y 28 minutos), así que cogí puerta con mis míticas notitas para no perderme.

Los primeros 15-20 minutos transcurrieron por la misma calle de partida que en la primera caminata, a lo largo de Lee High Rd, pero al pasar la estación de tren y de DLR de Lewisham se giraba ligeramente a la derecha en vez de seguir recto (aunque el resultado era el mismo ya que en principio había que llegar a New Cross Rd, al igual que en la primera caminata). ¡Cuál fue mi sorpresa al encontrarme de sopetón con un pedazo de parque! Ravensbourne Park, para servirles.

Recorridas Thurston Rd, Brook Mill Rd y New Cross Rd, la siguiente calle me haría alucinar del encanto que desprendía: Depford High St. Una vía estrecha en comparación con las anteriores y absolutamente repleta de todo tipo de pequeños comercios en ambas aceras. No pasaban ni coches. Una mini-ciudad en auge de población mayoritariamente negra (por no decir absoluta a excepción de mí, algún chino y poco más), un amago de barrio de vecinos medianamente transitado y con gente charlando en las puertas de las tiendas, todo unido a los mil y un olores que te acompañan al cruzarla y que te abren brutalmente al apetito. A continuación, tenéis el final de la calle, donde ya sí que había más circulación.

Se sucederían a partir de aquí unas avenidas continuas de halo tranquilo con pequeños comercios a ratos que abarcaban todos los posibles servicios necesarios (fruterías, pubs, peluquerías, bancos, centros de cambio de moneda, cibercafés, super mercados enanos, restaurantes, etc.), niños en la calle alguna que otra vez, urbanizaciones cuyos balcones incluso me recordaron a los pueblos costeros españoles… Muy familiar, muy de barrio pero a lo grande. Para más inri, se me abrieron ante los ojos tropecientos paisajes ligeramente nublados entre los que me he decantado por elegir el siguiente de Creek Rd. Un par de edificios y el cielo de fondo. Simple y de composición idónea en cuanto a los elementos para mi gusto.

El siguiente edificio, situado en la calle contigua a la anterior, en Evelyn St, me pareció bastante encantador, más acorde con la arquitectura que se le suele atribuir a este país como propiamente británica: ladrillo, ventanas cuadradas o rectangulares, uno de los tejados en pico… Se trataba de un colegio de primaria: Deptford Park Primary School.

No obstante, si el haber topado con Ravenbourne Park me había resultado grato, Lower Rd me sorprendería aún más con un segundo e inmenso parque: Southwark Park, con una pinta buenísima para recorrerlo en bici. Lástima que no tenga, aunque aquí los ciclistas son bastante temerarios y van siempre por la carretera, cosa que me da bastante respeto (y coraje cuando hay uno delante del autobús en el que voy yo)…

¡Dichosos los ojos! ¡Por fin la rotonda que conectaría Lower Rd con Jamaica Rd! Considerémoslo como la mitad del camino, y ganas que tenía de verla teniendo escrito en mis notas “recto hasta una rotonda” mientras que caminaba eternamente sin divisarla. De paso, cartelito de turno, aunque esta vez les hice poco caso.

Al girar en la rotonda a la izquierda por Jamaica Rd, me quedaría flipada mirando a mi izquierda y encontrándome de pleno con otro acceso al Southwark Park cuando hacía un rato que lo había perdido de vista y olvidado al estar tapado por los muros. ¡Pero no, seguía ahí! ¡Ni grande el parque! Habrá que explorarlo un día de estos.

Hasta aquí tenéis redactada la primera mitad de esta, mi segunda caminata londinense. En la segunda parte, más y mejor.

¡Un saludo y feliz fin de semana!

El día que caminé de Lewisham a Leicester Square (II)

¡Hola a todos!

Aquí tenéis la segunda parte de aquella caminata que me decidí a hacer un 26 de mayo de 2012 y cuya primera mitad del tramo ya está relatada en este post. Os recuerdo que, en total, fueron dos horas y media de recorrido bajo un sol y con una temperatura espléndidos.

Así pues, una vez pasada una serie de calles bastante similares entre sí (iguales) que formaban una gran avenida, me encontré por fin con la zona de Elephant&Castle. A continuación podéis ver el amago de rotonda de la zona, por la que por cierto pasé a diario de camino a la estación de metro durante mi primer mes en Londres.

La oscuridad de la imagen muestra además cómo el sol se iba escondiendo y abriendo paso al anochecer.

En este trecho vendría la última avenida medianamente larga, London Road, que se juntaría con Waterloo Road para llegar a la rotonda de dicha calle (siguiente fotografía) y permitirme comenzar por fin a ver civilización humana por los alrededores.

No me preguntéis, porque ignoro si esta enorme cosa tendrá algo de interés dentro. Espero que sí, porque vaya si ocupa espacio.

Entonces, con hordas de personas por doquier, llegué con ilusión a Hungerford Bridge, el pequeño puente que me permitiría cruzar el río y estar a un tiro de piedra de mi destino (comparado con todo lo recorrido anteriormente).

Muy cuco el puente, en cuyo lado izquierdo se hallaban las vías del tren en el que tantas veces me he montado para llegar desde Lewisham hasta el centro, concretamente hasta la estación de Charing Cross. Tras ellas, el London Eye, tan imponente como siempre.

Mientras tanto, al otro lado del puente, un paisaje precioso y relajante, el que te suelen ofrecer la mayoría de los puentes situados en el centro de hecho, con las vistas de los edificios más reconocidos de Londres. Destaca la catedral de St. Paul casi en el medio de la línea urbana, con su cúpula apuntando hacia el cielo. Y sí, lo de abajo es un barco que pasaba por allí pero no me dio tiempo a inmortalizarlo unos segundos antes. Me gusta así de todas formas.

Haciendo esfuerzos por no chocarme con nadie en una ciudad en plena erupción de sábado noche, ya sólo quedaba atravesar la estación de Charing Cross y un par de pequeñas calles para toparse de frente con la mítiquísima Trafalgar Square.

Se hacía raro que no hubiera ningún concierto, ya que normalmente cada vez que había pasado por allí estaban dando alguno, aunque no por ello estaba menos abarrotado que de costumbre.

¡No quedaba nada! En cuestión de subir Charing Cross Road, el punto de encuentro con mis amigas me recibía en todo su esplendor nocturno: Leicester Square.

Un día muy agradable y bien aprovechado a cuya caminata seguiría una estupenda cena en uno de los restaurantes de la cadena Bella Italia. No estaba mal de precio, creo recordar que pagué unas 10 libras. Naturalmente, el Macdonald’s es mucho más barato, pero la calidad compensa bastante y esto es algo que, tras el fin de semana que acabo de pasar de comida basura a saco, lo voy a apreciar mucho más a partir de ahora aunque haya que pagar más. Ya por salud, la verdad. ¡Y anda que no estaba buena la lasaña que me pedí!

Eso sí, de vuelta a casita en autobús :).

¡Que paséis muy buena semana!

El día que caminé de Lewisham a Leicester Square (I)

Ese día fue el sábado 26 de mayo de 2012. De esto que me encontraba holgazaneando en torno al ordenador, para no perder las costumbres del fin de semana, moviendo mucho el ratón y clickeando sin hacer realmente nada que pudiera entrar en la definición de “aprovechar el tiempo”, a la vez que la perspectiva de leer se me tornaba exageradamente soñolienta y la de ver cine un tanto perezosa también.

Había quedado a las 21 en Leicester Square, situado en pleno centro de Londres, y aún no era ni mediodía cuando le empecé a dar vueltas al tema. Total, me dije, para limitarme a languidecer adormilada por el calor sin hacer el más mínimo esfuerzo mental, qué menos que al menos forzar el componente físico de mi ser, sobre todo con el día que hacía, ¿eh o no, María?

Para que os hagáis una idea, a continuación tenéis una vista lejana y por encina del recorrido en Google Maps. En esta impresión de pantalla, no importa tanto el caminito del mapa como los datos de la izquierda (click para ver mejor).

Exacto: 2 horas y 28 minutos. No os fuérais a creer que era un paseíto de viejas, mariconadas las justas. Así pues, como lo vi tan rectito y tan asequible, me lié a apuntarme las calles de todas formas para estar bien segura de por dónde cogía y los escasos pero importantes giros que habría de tener en cuenta. ¡Tachán!

Mi destino en manos del reverso de un ticket del Sainsbury’s (centro comercial), sí, señor.

Salí a las 18:45 de mi dulce hogar confiando en que quizá llegaría bien a las 21 a pesar de ese cuarto de hora de más que me indicaba el Google Maps que me faltaría, aunque por otra parte pensé que daría igual retrasarse, ya que aún así probablemente llegaría la primera, como era habitual (efectivamente, así fue).

Lee High Road me recibía resplandeciente y calurosamente en mis primeros pasos, acompañados de una suave brisa que no podía por menos que darme más ilusión hacia mi pequeña aventurilla semi-errante.

A los 15 minutillos, me saludaba la zona comercial de Lewisham. Ya sabéis, esa calle con sus maravillas a una libra y su mercadillo con productos de todo tipo (hasta las 6 de la tarde aprox), situada justo enfrente de mi lugar de trabajo y liderada por la Clock Tower (torre del reloj) que aún no os había enseñado y que ahora podéis ver.

A partir de aquí o poco más adelante, recorridos los primeros 20-30 minutos del camino, nacería una avenida tan larga y tan inmensa que, aunque se dividiera en varias calles, para mí era toda una, lo cual tampoco la hizo pesada por suerte, en absoluto. Me regocijaba enormemente ir recordando ciertos puntos que había divisado yendo en autobús, mientras que la perspectiva de darme cuenta, una vez más, de que mi habitual recorrido de los fines de semana lo estaba emprendiendo por mí misma, a través de mi propia integridad física, no podía más que hacerme sonreír y disfrutar plenamente de los detalles, la sucesión de tiendecillas esporádicas, el descubrimiento de la cantidad de árboles y de vegetación en la cual no me había fijado hasta entonces. Un aspecto a destacar es el margen que me permitía este sendero para respirar, cosa de la que tampoco me había percatado antes de este día. Es decir, que se podía respirar de verdad, inspirando profundamente, notando el oxígeno puro, sintiéndose lleno.

El centro de Londres mola mucho pero, si no te hallas en un parque, cuesta bastante más sentir lo que acabo de expresar. No tiene nada que ver el aire de la ciudad con el de las zonas verdes, obviamente.

No solo mis notas en el ticket del Sainsbury’s me despejaban de cualquier duda, sino también los propios carteles con los que me iba cruzando. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas, y me refiero más a mí que al exterior: uno de mis queridos zapatos nuevos comenzó a rozarme el talón de una manera primero disimulada y muy poco después implacable. Ya pensaba que tendría que abandonar mi empresa cuando se me ocurrió, a falta de tiritas, introducir un pañuelo entre dicha parte del pie y el calcetín. Actualmente, da cierta pena mirar esa zona, pero me alivió inmensamente y me permitió continuar hacia adelante.

Graffiti que me gustó yendo aún por Lewisham Way (no me quedaba ná…).

La siguiente fotografía fue tomada en la calle más eterna de todas las que formaban esta larga avenida. Os presento Old Kent Road bajo unos rayos de sol poco frecuentes y cuya fuerza iba menguando al avanzar la tarde, dando lugar a una temperatura aún más idónea que la del inicio vespertino.

Por último, en esta primera parte de mi caminata Lewisham-Leicester Square, quería compartir con vosotros una escena que surgió ante mis ojos de sorpresa y que incluso me enterneció.

¡Un Toys “R” Us! Con un parking delante de él buenísimo para aprender a patinar, oigan (una de mis cuentas pendientes). Una lástima que me pille a una hora y pico de mi residencia.

Hasta aquí la primera mitad de mi encantador paseo. En el próximo post, que no tardará en llegar, segunda mitad y llegada a mi destino :).

“El dinero no da la felicidad pero yo prefiero llorar en un ferrari”

¡Muy buenas a todos! Qué dejada estoy últimamente con el blog. Supongo que me hallo en el periodo más primario de la adaptación a este país, de manera que lo más turístico y llamativo a primera vista, perteneciente a la etapa, llamémosla, “del encuentro” o “de introducción”, ya ha pasado, ¡pero aún queda muchísimo por hacer!

El título de este post (cita más vista que el tebeo) se debe, cómo no, a otro arrebato consumista más que añadir a la lista. De esto que una se acerca al supermercado Sainsbury’s más cercano a por Philadelphia y se encuentra de cabeza con la sección “DVD SPECIAL OFFERS”. Que si 8 o 7 libras por películas normalillas, tal y cual, ojeada furtiva ya perdiéndose hacia el objetivo principal (sección de quesos) cuando se cruza de sopetón con lo siguiente:

WHAT? ¿La trilogía de El Señor de los Anillos a 5 libras (6’2 euros)? ¡De cabeza!

Si no le hecho la foto con el plástico puesto es porque en cuanto atravesé las puertas del Sainsbury’s lo abrí (to ansiosa) para comprobar que estaban dentro las tres pelis. ¡Y efectivamente! Primera parte…

… ¡Segunda y tercera! Parecía una niña pequeña a la que le acabaran de dar un caramelo. Tal cara de felicidad…

Que sí, que me las podría haber descargado gratuitamente y punto pero mira, hay cosas que cuando te atrapan, lo hacen con ganas. Para haberme marchado del supermercado dándole vueltas mejor comprármelo, que no sé cuánto tiempo llevo ya pensando en bajarme pelis en versión original y hace siglos que nada. Mitad pereza, mitad… más pereza.

¡Hablando de consumismo! Hace un par de meses os hablé sobre las cadenas Poundland y 99p, ¿verdad? Pues el fin de semana pasado volvía para la residencia desde la parada de autobús en Lewisham cuando me encuentro con lo siguiente de sopetón.

Un Poundworld!!!! ¡Inimaginable otra cadena más (en la misma calle) de todo a una libra! Menos mal que estaba cerrada en aquel momento, que si no me habría metido a explorarla…

En fin, como conclusión, naturalmente reconozco la tremenda superficialidad de la frase que encabeza este post pero no puede tener más razón. Y no entraré a analizar/rajar sobre la dependencia económica en este mundo porque, aparte de que ya hablé de esto en otra publicación, tengo tres películas por ver :D.

Semana primaveral en Londres

Una semana en Londres impresionante en cuanto al clima. A excepción de hoy, que ya me habían dicho que para el fin de semana iba a hacer malo, ¡pero vaya cinco últimos días, señores! Ni una nube, el sol en la cara… Incluso uno de los días salí por la tarde sin abrigo, ¡alucinante! Al volver más tarde por la noche fue otro cantar pero bueno, se agradece que la primavera se vaya haciendo notar.

He encontrado un recorrido fantástico que me gustaría hacer a diario. Se trata de una agradabilísima caminata de unos 40 minutos desde el barrio de Lewisham hasta el de Greenwich, aunque yo lo que haría sería llegar hasta un mirador antes de acceder a este barrio y ahí me volvería, cumpliendo con una horita de semi-ejercicio (lo siento, mi odio hacia los gimnasios no es compatible con volver a intentar probar ninguno, al menos por ahora). En el siguiente mapa podéis verlo.

En esa primera avenida larga que he de atravesar hasta llegar a Blackheath es donde me quedé prendada de un par de árboles, literalmente: dos únicos árboles repletísimos de color, vida y esencia primaveral. Todos los demás ofrecían un panorama bastante más pelado, pero se olía en el ambiente que algo está comenzando a germinarse…

Nunca he sido tan consciente de la llegada de una estación. En España, lo adviertes en toda su plenitud puesto que normalmente el calor va y te golpea con ganas casi sin avisar. Sin embargo, por estos lares se experimenta prácticamente como un anhelo, un caramelo que te van dando a cachitos. Mucho significa ya para mí misma haber sentido desde lo más profundo la necesidad de quedarme parada ante un árbol para observar detenidamente su copa, su riqueza floral y lo que suponía su presencia, su existencia como tal, en la evolución temporal-climatológica. El despertar de la temporada. Sencillamente precioso.

Pues aún más impresionantes resultan los enormes parques que cruzo entre la salida de Blackheath y Greenwich (podéis ver en el mapa la extensión de la que gozan). De ellos aún no tengo fotos, pero espero hacerlas pronto. Me da la sensación de que me abstraigo tantísimo en mis pensamientos mientras los atravieso que ni quiero romper ese halo de reflexión para tratar de plasmar la escena, aparte de que veo imposible abarcar e inmortalizar fielmente en una fotografía lo que supone para mí ese momento. Tampoco me cabe gran cosa en el puñetero visor ante la inmensa planicie del césped y la enormidad del cielo, por lo que me temo que acabaré cometiendo un sacrilegio contra el propio paisaje pero bueno, se intentará.

A continuación y para despedirme, os voy a enseñar lo que se convirtió hace unas semanas en mi nuevo “papel tapiz” (así llama el HTC a la imagen de fondo de pantalla, qué exquisito él), tomada en un fin de semana de frenético turismo por el centro.

Simple, pero me encanta.

¡Que paséis un buen fin de semana!

De Elephant and Castle a Lewisham

¡Muy buenas a todos!

Hoy, no puede tocar otra cosa que contaros mi segunda mudanza en menos de un mes y medio. Para situaros: la primera se produjo desde la casa particular de una familia hasta la residencia situada en pleno centro de Londres (Elephant & Castle) que tanto me llevaba interesando desde antes de venirme a este país. Sin embargo, circunstancias como que no tuviera licencia residencial y fuera a cerrar a finales de este mes me obligaron a indagar otra vivienda (o mejor dicho a esperar a que me la buscara la agencia intermediaria que me organizó todo el conjunto trabajo-alojamiento), terminando por encontrar una fantástica residencia situada en el mismo municipio de mi lugar de trabajo: Lewisham.

Dicen que es un barrio chungo. Me da exactamente igual, la verdad. Me hallo en una habitación mucho más espaciosa que la de la residencia céntrica, tengo los baños y la cocina a dos pasos y no al fondo del pasillo, el Internet tira extraordinariamente mejor, mi oficina se encuentra a 15 minutos caminando (no a tres cuartos de hora en tren y metro), no necesito pagar la Oyster mensualmente (la tarjeta-transporte, que vale una pasta), cuento con todo tipo de tiendas al alcance de un paseo y esta residencia me cuesta 200 libras menos al mes. Pedir más sería de avaricioso.

Además, he pasado el tiempo suficiente en el centro (exactamente un mes) como para hacer la visita express más completa durante los últimos fines de semana a los principales centros turísticos de Londres, destacando la ruta del Támesis (por orden: Tower of London, London Bridge, Millenium Bridge, St Paul’s Cathedral, The Globe, Tate Modern, London Eye, Big Ben, Houses of Parliament, Westminster Abbey y Buckingham Palace; otro día os lo cuento con tranquilidad, ¡no os agobiéis con tanto nombre!). Ya solo queda ir profundizando, y para eso me queda mínimo hasta octubre si todo va bien :).

A continuación, os muestro el pedazo de día que me saludó el domingo al levantarme (aún en Elephant & Castle). Esto sí que da ánimos a cualquiera. ¡Rayos de sol!

Sí, hay nubes al fondo, pero cuando en Londres se consigue distinguir el sol, ¡creedme que hace un tiempo fantástico! Luego se puso algo más feo, cayendo incluso algunas gotas pero bueno, igualmente dediqué unas buenas horas a visitar el Tower of London por dentro con unos amigos. La verdad es que me lo esperaba propiamente como un castillo, tal y como da la sensación al observarlo desde el exterior, pero más bien se trataba de una mini-ciudad medieval (similar al estilo de Toledo, solo que esta ciudad me encandiló bastante más en comparación) con edificios circundantes y exposiciones en sus interiores que rodean a una construcción central por la que al subir no aprecias demasiado que ganas altura entre tanto artilugio expositivo ni tampoco llegas a una superficie que te permita mirar hacia fuera desde la torre. Demasiado retocado todo desde mi punto de vista.

Pero bueno, ¡no pasa nada! Había que verlo. Los elementos expuestos no dejaban de desprender muchísima historia. Aparte de las joyas de la corona; armas de todos los tipos, figuras de caballos, armaduras, instrumentos de tortura, un dragón montado sólo con material de combate…

Creo que dentro de poco van a acondicionar la entrada gratuito a este lugar (gracias, mamones, yo pagué 17 libras), así que quizá me ponga más detenidamente y con imágenes a mostraros su interior, aunque cada vez estoy más convencida de que las cámaras no le llegan ni a la suela de los zapatos a ciertas realidades. Aún así, la siguiente imagen es una de las perspectivas más bonitas que me regaló la visita.

Debo justificar el inmenso espacio concedido al cielo a que, aparte de que me guste, lo de abajo ofrecía una perspectiva bastante más cutre, ya que parte de la atracción está en obras, así que era mejor no enseñarlo. De hecho, tuve que dejar que se me colara un cachito de caseta por la esquina de la foto si es que no quería cortar el Tower Bridge. Cosas que pasan.

Por último en cuanto al Tower of London, ¡esos bichos que tiene en algunos rincones! Al parecer, en la época contaban allí con un buen surtido de animales para entretenerse viendo cómo se daban candela entre ellos, así que en ciertos puntos nos encontramos con determinadas especies elaboradas a partir de alambres. Un buen rato que han debido de tirarse para hacerlos.

Y poco más. Este ajetreado día culminaría con unos calóricos nuggets y unas patatas ultra saladas (me pasé echándoles sal). No me arrepentí de no probar un Traditional Fish porque se lo pidió una amiga mía y valiente mala pinta tenía aquello. Blandengue, con espinas, cayéndose a cachos… No tenía nada que ver con otros más cuscurrudillos que habíamos visto en el escaparate de otro Fish&Chips. ¡Otra vez será!

Volviendo al tema de este post: mi segunda mudanza en este país. Pues nada, me levanté un lunes 19 de marzo (ayer) y abrí las cortinas, como cada mañana, pero esta vez de manera más melancólica, reflexiva, pausada. Era la última vez que tenía aquel paisaje ante mis ojos.

Como me suele pasar en este tipo de situaciones, traté de llevarme más peso del que se corresponde con la naturaleza humana, así que tuve que dejar parte del equipaje en la vieja residencia para recogerlo por la tarde, cosa que no me vino nada mal para disfrutar de las siguientes espectaculares vistas desde lo más alto de uno de esos entrañables autobuses rojos.

Y para demostrar la veracidad de mi privilegiada posición, otra fotillo con un porón de sus sucedáneos por los alrededores.

Así, y tras un segundo viaje a por la última maleta que me quedaba por recoger (esta vez no a la resi sino a casa de una amiga en Greenwich, a unos 20 minutos en autobús, para rematar la faena y no tener que hacerlo al día siguiente, o sea hoy), ya me encontraba en mi querida nueva residencia. ¿Qué pasaba? Que esto tenía unas capas de polvo como para no respirar debido a que el edificio está aún terminando de arreglarse: pintura por aquí, suelos por allá y demás.

Confieso que yo era consciente de ello, que la había visitado tres semanas antes, pero al menos esperaba que me limpiaran la habitación previo acceso. Craso error. Toallitas en mano, único material de uso límpido del que me había podido aprovisionar por el camino de vuelta (eran las 11 de la noche), a darle al tema. Lo bueno de que esté todo recién hecho se basa en que, desde luego, tú mismo estrenas tu propio cuarto: antes no lo ha habitado absolutamente nadie. ¡Nuevísimo el colchón! Trabajito que me costó quitarle el plástico sin que rozara el suelo.

Por suerte, esta mañana pude comentar el asunto de la limpieza con la amabilísima señora postrada en la oficina (ayer no pudo recibirme, era el cumple de su madre y no vino a trabajar) y cuando he llegado por la tarde el panorama me ha permitido incluso caminar descalza :D. Por tanto, de la siguiente manera me saludó el día desde este, mi nuevo hogar (y espero que para los siguientes siete meses, por favor, no más mudanzas).

Admito que ha quedado cutrísimo, pero en la realidad sí que están pegadas una cosa al lado de la otra, aunque la luz del sol haya hecho que me salga mucho más clara la foto de la izquierda. Es decir, que lo que antes eran edificios se ha convertido en el jardín trasero de la propiedad + parte de la residencia. Estas son mis vistas a partir de ahora a través de la ventana. Y me gusta, la verdad, resulta agradable. Una vez más, me sorprendo alucinando al concentrarme en mis circunstancias actuales: new city, new people, new home, new life. Demasiado me falta por explotar.

Hasta aquí por hoy, mis queridos lectores. Próximamente os contaré más sobre mi percepción personal de este singular distrito, Lewisham, conocido como uno de los municipios londinenses más mestizos.

¡Que tengáis una feliz semana!

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