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Lecciones de escritor a escritor (III)

Y aquí viene la tercera y última tanda de lecciones que el personaje Harry Quebert da a Marcus Goldman en la gran novela La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, cuya crítica personal podéis ver aquí. He vuelto a retrasarme considerablemente en culminar esta serie de posts pero, gracias a un internauta que se tomó la molestia de escribirme comentándomelo (un saludo para Alain desde aquí), he decidido cerrarla de una vez, que por algo caló hondo esta trama en mí y no está bien no terminar lo que se empieza.

Os recuerdo que, como bien cita el título, se trata de lecciones de escritor a escritor y, si está en vuestra mano, ¡no os perdáis la primera y la segunda tanda! Aunque lo idóneo naturalmente sería que os paseárais por toda la historia. Allá vamos, pues.

21

“Golpee ese saco, Marcus. Golpéelo como si su vida dependiese de ello. Debe usted boxear como escribe y escribir como boxea: debe dar todo lo que tiene porque cada pelea, como cada libro, puede ser la última.”

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“Harry, ¿cómo se transmiten emociones que no se han vivido?

escribir– Ese es precisamente su trabajo como escritor. Escribir significa que es usted capaz de sentir mejor que los demás y transmitirlo después. Escribir es permitir a sus lectores ver lo que a veces no pueden ver. Si sólo los huérfanos contasen historias de huérfanos, no llegaríamos a ninguna parte. Eso significa que no podría usted hablar de madres, de padres, de perros o de pilotos de avión, ni de la Revolución Rusa, porque no es usted ni madre, ni padre, ni perro, ni piloto de avión y no ha conocido la Revolución Rusa. No es más que Marcus Goldman. Y si todos los escritores debieran limitarse a sí mismos, la literatura sería espantosamente triste y perdería todo su sentido. Tenemos derecho a hablar de todo, Marcus, de todo lo que nos conmueve. Y no existe nadie que pueda juzgarnos por eso. Somos escritores porque hacemos diferente una cosa que todo el mundo a nuestro alrededor sabe hacer: escribir. Ahí reside todo nuestro ingenio.”

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“Las palabras están bien, Marcus. Pero no escriba para que le lean: escriba para ser escuchado”.

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“Quien arriesga gana, Marcus. Piense en este lema cada vez que se enfrente a una elección difícil. Quien arriesga nada.”

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“Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas.”

26

“Ya ve usted, Marcus, las palabras están bien, pero a veces son vanas y no bastan. Llega un momento en que ciertas personas no quieren escucharle.

– ¿Qué se debe hacer entonces?

– Agarrarlos por el cuello y presionar con el codo en su garganta. Con fuerza.

– ¿Para qué?

– Para estrangularlos. Cuando las palabras no bastan, reparta algunos puñetazos.”

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“Un nuevo libro, Marcus, es una nueva vida que empieza. Es también un momento de gran altruismo: ofrece usted, a quien quiera descubrirla, una parte de sí mismo. Algunos le adorarán, otros le odiarán. Algunos le convertirán en una estrella, otros le despreciarán. Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que, en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman. Me dirá usted que no es gran cosa, y sin embargo, no está nada mal. Algunos escritores quieren cambiar el mundo. Pero, ¿quién puede realmente cambiar el mundo?”

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“Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.

– ¿Por qué?

– ¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.”

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“Su vida estará salpicada de grandes acontecimientos. Menciónelos en su libro, Marcus. Porque si al final se revelan nefastos, al menos tendrán el mérito de marcar algunas páginas de la Historia”.

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“A veces le vencerá el desaliento, Marcus. Es normal. Le decía que escribir es como boxear, pero también es como correr. Por eso me paso el día mandándole a la calle: si tiene la fuerza moral para realizar carreras largas, bajo la lluvia, con frío, si tiene la fuerza de terminar, de poner en ello toda su fortaleza, todo su corazón, y llegar hasta el final, entonces será capaz de escribir. No deje nunca que se lo impida el cansancio ni el miedo. Al contrario, utilícelos para avanzar.”

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“El último capítulo de un libro, Marcus, siempre debe ser el más hermoso.”

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“Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar.”

Ambiciones y reflexiones… de Belén Esteban

De esto que va una tan tranquila por la calle y advierte la presencia cercana del escaparate de una librería (imagen siempre grata de ver) cuando ¡ZAS! En todo el medio de la armónica composición de los tomos colocados en posiciones variadas, la mirada se topa con lo siguiente de cara bien al frente:

Ambiciones y reflexiones Belén Esteban

Escalofríos es poco. Me parece verdaderamente fantástica la opción de que cualquier ser humano pueda hoy en día lanzar sus pensamientos e historias a los cuatro vientos, sobre todo gracias a las nuevas tecnologías y soportes en red que tantas ventajas brindan a los que no tienen tantos medios para hacerse oír (y a los que sí también, porque si no se apuntan al carro, mal les va a ir) pero… ¿En serio? ¿Un libro escrito por esta mujer? No puedo imaginar mayor contradicción que las palabras “libro” y “Belén Esteban” en la misma frase.

De ser cierto que las palabras vienen de su propia pluma (cosa que dudo), debe de haber llevado más tiempo la corrección ortográfica, gramatical y semántica posterior por parte ajena que su redacción inicial. ¿No bastaba con escucharla por televisión a través de los programas a los que los propios interesados acudían voluntariamente mientras que los demás permanecíamos felices en nuestros limbos de ignorancia hacia su persona? Desde luego, hay que reconocer que es de materia incombustible. Evítala en la pantalla y te la toparás de bruces por la calle.

Analizando con perspectiva, en cierto modo esto no es grave. Como he comentado, cualquiera puede lanzar el contenido que desee al universo, sobre todo aprovechando el hallarnos en una sociedad defensora del libre pensamiento (jé) y de la libertad de expresión (JÁ). El problema, el auténtico problema aquí implícito, se basa sencillamente en que, a pesar del pavor que tal obra provocará a una cantidad importante de gente, mucha otra la adquirirá. Probablemente más personas de las que me imagino. Y de las cuales un elevado porcentaje no se atreverá a admitir que lo ha hecho, pero procederá a la compra (o pirateo) clandestinamente.

Mira que me importa poco lo que hagan los demás mientras que no me afecte a mí o a quien no lo merezca negativamente, pero el impacto me lo he comido con papas.

Cómo no va a haber una fuga de cerebros en España bajo estas condiciones.

Lecciones de escritor a escritor (I)

Fuente: La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.

Mi crítica hacia esta novela de intriga ya quedó de manifiesto en el post anterior, acompañada de algunos fragmentos que me gustaron del libro. Ahora, procedo a transmitiros las lecciones que recibe el protagonista (Marcus Goldman), joven escritor, de su mentor (Harry Quebert), perteneciente a la misma profesión. Me han tocado la fibra lo bastante como para apetecerme transcribirlas, aunque no todas se refieren exclusivamente al mundo literario. Se trata de 31 lecciones + una de regalo en el epílogo, un total que repartiré en una primera, una segunda y una tercera parte para no sobrecargar. Espero que las disfrutéis tanto como yo. No os preocupéis: no suponen ningún spoiler hacia la historia, totalmente recomendable de leer.

Pues ahí van:

1

“El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro.”

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2

“El capítulo 2 es muy importante, Marcus. Debe ser incisivo, contundente.

–          ¿Cómo qué, Harry?

–          Como cuando boxea. Es usted diestro, pero en posición de defensa es siempre su puño izquierdo el que está adelantado: el primer directo aturde a su adversario, seguido de un poderoso gancho de derecha que le tumba. Eso es lo que debería ser el capítulo 2: un derechazo en la mandíbula de los lectores.”

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3

“Me gustaría enseñarle a escribir, Marcus, no para que sepa escribir, sino para convertirle en escritor. Porque escribir libros no es nada: todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor.

–          ¿Y cómo sabe uno que es escritor, Harry?

–          Nadie sabe que es escritor. Son los demás los que se lo dicen.”

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4

“Harry, si tuviera que quedarme con una sola de todas sus lecciones, ¿cuál sería?

–          Le devuelvo la pregunta.

–          Para mí sería la importancia de saber caer.

–          Estoy completamente de acuerdo con usted. La vida es una larga caída, Marcus. Lo más importante es saber caer.”

escritura————————————————————

5

“Harry, tengo una duda sobre lo que estoy escribiendo. No sé si es bueno. Si merece la pena…

–          Póngase el pantalón corto, Marcus. Y vaya a correr.

–          ¿Ahora? Está lloviendo a cántaros.

–          Ahórrese los lloriqueos, señorita. La lluvia no ha matado nunca a nadie. Si no tiene el valor de salir a correr bajo la lluvia, no tendrá el valor de escribir un libro.

–          ¿Es otro de sus famosos consejos?

–          Sí. Y éste es un consejo aplicable a todos los personajes que viven dentro de usted: el hombre, el boxeador y el escritor. Si un día tiene dudas sobre lo que está haciendo, vaya y corra. Corra hasta perder la cabeza: sentirá nacer dentro de usted la rabia de vencer.”

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6

“Si los escritores son seres tan frágiles, Marcus, es porque pueden conocer dos clases de dolor afectivo, es decir, el doble que los seres humanos normales: las penas de amor y las penas de libro. Escribir un libro es como amar a alguien: puede ser muy doloroso.”

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7

“En el fondo, Harry, cómo se convierte uno en escritor?

–          No renunciando nunca. Mire, Marcus, la libertad, el deseo de libertad es una guerra en sí mismo. Vivimos en una sociedad de empleados de oficina resignados y, para salir de esa trampa, hay que luchar a la vez contra uno mismo y contra el mundo entero. La libertad es un combate continuo del que somos poco conscientes. No me resignaré nunca.”

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8

“Póngase en guardia, Marcus.

–          ¿En guardia?

–          Sí. ¡Vamos! Levante los puños, separe las piernas, prepárese para el combate. ¿Qué siente?

–          Me… me siento dispuesto a todo.

–          Muy bien. ¿Ve? Escribir y boxear se parecen tanto… Uno se pone en guardia, decide lanzarse a la batalla, levanta los puños y se enfrenta al adversario. Con un libro es más o menos lo mismo. Un libro es una batalla.”

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9

“¿Y los personajes? ¿En quién se inspira para los personajes?

–          En todo el mundo. Un amigo, la mujer de la limpieza, el empleado de la ventanilla del banco. Pero cuidado: no son las personas mismas las que inspiran, sino sus acciones. Su forma de actuar es lo que hace pensar que podrían ser personajes de una novela. Los escritores que dicen que no se inspiran en nadie mienten, pero hacen bien en hacerlo: así se ahorran un montón de problemas.

–          ¿Y eso?

–          El privilegio del escritor, Marcus, es que puede ajustar cuentas con sus semejantes gracias a su libro. La única regla es no citarlos directamente. Nunca por su nombre: es una puerta abierta a denuncias y tormentos. […] Marcus, no escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas.”

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10

“Harry, ¿cómo se puede confiar en tener siempre la fuerza para escribir libros?

–          Algunos la tienen, otros no. Usted la tendrá, Marcus. Estoy seguro de que la tendrá.

–          ¿Cómo puede tenerlo tan claro?

–          Porque está dentro de usted. Es una especie de enfermedad. La enfermedad del escritor, Marcus, no es la de no poder escribir más: es la de no querer escribir más y ser incapaz de dejarlo.”

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Segunda parte muy pronto.

En el país de la nube blanca, de Sarah Lark

Mucho más que un libro, muchísimo más que una novela. Un alucinante recorrido emocional que empieza con la apacible vida londinense de dos mujeres a las que el destino les lleva a embarcarse en un viaje hacia la Nueva Zelanda del siglo XIX, en proceso de colonización.

Desde las primeras páginas (literalmente) hasta la última, esta extraordinaria historia mantiene la máxima expectación en el lector a lo largo de un incombustible reguero de circunstancias adversas, confrontaciones, amores, frustraciones, inocencias, maldades… Ni un sólo párrafo monótono, sino una perfecta armonía entre la acción, prácticamente permanente, y los diálogos, junto con los pensamientos omniscientes de todos los personajes y las descripciones de maravillosos terrenos y parajes, que jamás dan la impresión de que el ritmo de la historia cese lo más mínimo, lo que obliga al espectador a continuar consumiendo los capítulos cual mendigo hambriento.

Los hechos transcurren con una disimulada pero fantástica documentación de fondo en torno a las principales fuentes de riqueza (el mayor atractivo para aventureros y desamparados, sin duda) en unos territorios aún vírgenes por aquella época, desde la cría de ovejas, caballos y bueyes hasta la caza de ballenas y focas, sin olvidar la famosa “fiebre del oro”.

A su vez, las costumbres de la civilización, en especial el casamiento obligado de las mujeres sin alternativa posible a la libre elección, a pesar de estar más vistas que el tebeo, no dejan de resultar chocantes y apasionantes conforme se viven en este magnífico volumen y se aceptan para luego disfrutar viendo cómo se quebrantan. Esos amores apasionados, para nada empalagosos; ese sentido de la responsabilidad y de la educación, que no excluye la cruda realidad cuando hay que soltarla; esa crueldad injustificable, esa fidelidad incondicional, esa compasión incomprensible, ese último suspiro esperanzador, esa posibilidad de cambio… Y la constante y simbólica presencia de la cultura maorí en la isla, igualmente significativa para el argumento.

Y no sigo porque me podría tirar así líneas y líneas, así que únicamente me queda decir, por si no se ha notado, que recomiendo con todo mi entusiasmo este magnífico tocho a cualquier lector porque, si algo es indiscutible, es que el relato se bebe como el agua, engancha poderosísimamente. Así pues, bienvenidos al País de la Nube Blanca, en el que reiréis y sufriréis al compás de unas familias, al fin y al cabo, como las de ayer, las de hoy y las de mañana.

El cuaderno de Maya, de Isabel Allende

Si ayer os puse un fragmento que me marcó de El cuaderno de Maya, hoy toca plasmar la reseña de esta preciosa obra recién terminada, cuya escritora puede que conozcáis: Isabel Allende, de la cual recomiendo especialmente su libro La casa de los espíritus, aunque también el siguiente del que os voy a hablar.

Redactada a modo de diario, la novela recorre la tortuosa vida de su protagonista, Maya Vidal, de manera que se nos presentan las andanzas de una joven de 19 años contándonos de la forma más personal, abierta y sincera sus pasos adolescentes por el mundo, sus rebeldías y desventuras, y parte de su infancia.

Isabel Allende vuelve a sorprendernos y engancharnos sin alejarse de su particular estilo, basado en multitud de adjetivos y descripciones extensas de personas, lugares y hechos históricos que se entrelazan con escenas de acción, diálogos y sentimientos más intensos, remarcados fundamentalmente a través de la rabia, el sufrimiento y el amor.

Una historia creíble aunque ficticia y envolvente que permite conocer poco a poco a Maya, a raíz del carácter omnisciente del “cuaderno”, y a los demás personajes, igual de magníficamente caracterizados en sus papeles, sin prisa pero sin pausa, remitiéndose a datos y sucesos pasados que se alternan con el presente de la joven.

Una vida que no ha sido fácil pero que aún puede salvarse. Una chica perseguida que ha vivido más de lo que debía para su edad y que va rememorando para el lector y para sí misma sus errores, sus virtudes, sus capacidades y sus sueños.

El vals lento de las tortugas, de Katherine Pancol

Hace tan solo un mes y una semana que os hablé de la maravilla de libro que es Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol. Pues bien, lo que vengo a comentar en este post consiste en la segunda parte de la misma historia y autora, aún más fantástica si podía caber que la primera: El vals lento de las tortugas.

Y se sucede de nuevo en mi interior una sensación parecida a la de la otra vez: la de no querer pensar demasiado en cómo reseñaros esta obra, sino en procurar limitarme a pegaros la descripción del propio libro, a dejar fluir mi retahíla de sentimientos provocados por ella y a recomendaros encarecidamente esta magnífica historia, tan ficticia como la de cualquier novela y tan cercana como la vida misma. Así pues, os retransmito la sinopsis de la contraportada:

Este libro es una borrasca en medio de la vida…
El beso abrasador de aquel al que nunca debimos besar…
Un abrazo que es refugio o muerte…
Un hombre inquietante pero encantador…
Una mujer que tiembla y espera ardientemente…
Un hombre que miente…
Una mujer que cree dirigir el baile pero que ha perdido el paso…
Dos adolescentes más enterados que los mayores…
Un hombre que juega a resucitar…
Un padre allá arriba, entre las estrellas…
Musitando al oído de su hija…
Un perro tan feo que nos apartamos de su lado…

Personajes que avanzan tercamente. Como pequeñas tortugas obstinadas. Que aprenden a bailar lentamente, lentamente. En un mundo demasiado rápido, demasiado violento.

Lo mejor de todas estas líneas es comprenderlas al final, cuando por fin pasas la última página y respiras hondo por la cantidad de emociones que te han recorrido, por la grandísima afinidad que has sentido con varios personajes, respeto, repulsa, excitación, desesperación, alegría, desasosiego… Igual que en la primera parte pero multiplicando varias veces su intensidad.

En esta segunda parte, los protagonistas se ven reforzados, magníficamente caracterizados. Ya los conocemos y tenemos formada nuestra opinión sobre cada uno, pero no dejarán de sorprendernos, ni ellos ni los nuevos e intrigantes personajes ni la capacidad de la autora para absorbernos y trasladarnos a otro ambiente y otras vidas de inquietudes extremadamente próximas y reales.

A su vez, el argumento presta al lector mayor suspense y ansiedad. Básicamente, te bebes las páginas. Amor, pasión, miedo, valor, celos, frustración, muerte. Todo tipo de relaciones: de pareja, de amistad, de familia. No puedo decir nada más, excepto que os animo con todo mi entusiasmo a embarcaros en este par de llamas literarias.

Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol

Podría hacer una reseña perfectamente pensada y estructurada, pero he decidido escribir lo que me apetezca sobre esta maravilla de libro, lo que se me vaya viniendo libremente a la mente a escasos minutos de haber pasado su última página.

En primer lugar, copio la sinopsis de la propia contraportada, bien ilustrativa aunque muy escasa para la turbulencia de sensaciones que provoca ir descubriéndolo por uno mismo, sobre todo a medida que se avanza:

Esta novela sucede en París, pero nos encontramos con cocodrilos.

Esta novela habla de hombres. Y de mujeres. Las mujeres que somos, las que querríamos ser, las que nunca seremos y aquellas que quizás seamos algún día.

Esta novela es la historia de una mentira. Pero también es una historia de amor, de amistad, de traición, de dinero, de sueños. Esta novela está llena de risas y de lágrimas. Esta novela es como la vida misma.

Más clavada imposible la descripción. Historias reales y paralelas que se unen y se separan como gotas de lluvia cayendo sobre el cristal de la ventana. Unas más lentas y reflexivas; otras, rápidas y decididas. Dubitativas, atascadas, estrelladas al instante, partidas en mil pedazos. Rectas, inexorables, impiadosas, crueles.

Una serie de personajes a los que conoces desde el primer momento y desde lo más profundo de su ser a raíz de la narración subjetivo-omnisciente. Es decir, que con cada intervención, y con la posibilidad de mezclar varias perspectivas en un mismo capítulo, la autora te descubre cada pensamiento, reflexión, crítica, forma de ver la vida, opinión de los demás, etc, de cada uno de los personajes.

Por tanto, lo conoces todo, pero quieres averiguar más, cada vez más. Sabes que a este personaje no le podrá ir bien, que el otro merece un cambio, que a un tercero le detestas, que aquel debe de esconder un gran secreto… pero, en realidad, no sabes nada, y empiezas una página y ya te llama la atención el diálogo que empieza en la siguiente a media página, se te van los ojos, pero vuelves para no perderte lo más mínimo, como cuando te gustaría adelantar o acelerar una película, completamente intrigado por el desenlace pero, obviamente, te la tragas entera.

Consta de cinco partes. Las dos últimas me las he bebido como el agua en verano. Admitiré que las dos primeras las llevaba de una forma menos eufórica, más tranquila, nutriéndome poco a poco, calando a los personajes pero, una vez arrancan intensamente los conflictos, los encontronazos, los problemas, las torturas interiores más profundas, ya el ritmo que se coge es brutal. Sin perder de vista a la protagonista, desde luego, pero trasladándose de unos ojos a otros en un agradabilísimo, vertiginoso y sutil vaivén, cual ardilla de árbol en árbol.

No puedo deciros más porque seguiría quedándome corta. Os invito a experimentarlo por vosotros mismos. Una novela realista, creíble, palpable, entretenida y apetecible. La segunda parte se llama El vals lento de las tortugas y dad por hecho que en muy breve lo estaré abriendo también, que me han dicho que es, incluso, aún mejor.

¡Que disfrutéis del día festivo en Madrid por el Corpus y toda España por San Juan, noche de hogueras!

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