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Posts Tagged ‘madrugar’

La ciudad duerme

Madrid descansa. Se sienten dormir los edificios, la gente, el barullo habitual. Los murmullos (y no tan murmurados normalmente) de los vecinos, los estridentes chillidos de esos adorables pequeños, la música de la calle, el ajetreo de los bares y restaurantes próximos.

Domingo. 11 de la mañana. Y a las 10 ni os cuento, aún ahora esa parte de la sociedad que ha trasnochado quizá empiece a desperezarse, pero aún tiene toda la mañana para disfrutar del placer de estar tumbado en la cama mirando el techo. A veces, repasando las aventuras nocturnas; otras, disgustado por la rápida llegada del día pre-comienzo de la semana. En ocasiones, indiferente, centrado en la jornada que les espera, con sus distintos deberes y atisbos de ocio, cuyo deleite depende exclusivamente de cada persona.

Y, mientras tanto, yo aquí, delante del pc, con un libro de inglés entre este y yo, eclipsado por mis brazos, que lo cruzan para poder alcanzar el teclado, pasando por completo de sus contenidos aunque sea durante unos minutos con el objetivo de intentar transmitir esta sensación de tranquilidad, de paz, de satisfacción personal. Esta, podría llamarse, virtud de haber “madrugado” tal día como hoy, en medio de un mundo, concretamente de un país, que ama la noche.

Una España que idolatra las escapadas físicas y mentales del fin de semana, normalmente pausadas durante el día y frenéticas en cuanto cae el sol. Ya sea por el clima, las costumbres adquiridas, la evolución de las generaciones, el insomnio, la necesidad de sentirse integrado, los diferentes horarios de las comidas, etc, vivimos en una nación que comienza a entusiasmarse a las 12 de la noche, alcanza el punto más pletórico a las 3 o 4 horas, y regresa extenuado a las 6 o 7 (o más) de la mañana para sumirse en un plácido letargo.

Hasta que la mentalidad sufre un shock, en unas personas brutal, radical, casi trágico; en otras, más distendido, prolongado, replanteado. Y no sales un sábado noche. También es posible que el agotamiento del viernes noche haya bastado como para cubrir la fiesta del fin de semana (y de los próximos meses), pero apartémonos de este caso concreto. Centrémonos en ese cambio que te hace redescubrirte a ti mismo, quizá también experimentando cierta extrañeza ante lo desacostumbrado, mas abriendo paso a un entusiasmado pálpito de nuevas posibilidades en el horizonte.

Porque, a las 10 de la mañana de un domingo, no hay el más mínimo ruido. Solo se escuchan los pájaros, alternados con uno de los sonidos más maravillosos del mundo: el silencio. Ese estado en el que has de conformarte exclusivamente contigo mismo y del que resulta completamente imposible disfrutar a lo largo de la semana.

Ese ambiente matinal que te obliga a admirarlo sin buscar nada más que el roce de las páginas de un libro, el susurro del teclado, el roce de las sábanas… pero nada de palabras, ni de voces, ni de melodías. No son necesarias ni oportunas en este momento.

Todo el mundo tiene miedo a la soledad. Casi la totalidad del género humano ansía ser consciente a cada momento de que a su alrededor hay vida, alegrías y miserias. Pero yo me pregunto… ¿para qué poner música cuando te ofrecen, te ofreces, en bandeja la posibilidad de enfrentarte al universo sin más protección que tu propia mente?

Aquí y ahora es el momento de aprovecharlo. Sobre todo antes de que el vozarrón del tipo del piso de abajo irrumpa estrepitosamente en tu armónica mañana haciéndote volver a nuestra querida y ensordecedora realidad.

Prácticas (II)

Sí, solo llevo tres días, pero me da la sensación de que voy a aprender bastante.

Cuando tienes una responsabilidad mayor que la de ir a clase y hacer tu vida universitaria, te cambia un poco la perspectiva. Se te va la fiebre festiva (también es que estaba un poco cansada de ella), tienes un horario diario mucho más marcado, has de acostumbrarte a madrugar y a organizarte bastante mejor para poder hacer todos los deberes y a la vez cumplir con esa pequeña parte de ocio que te da la vida…

Reduces las horas de sueño, porque no hay más remedio, porque si no no hay de dónde coger para sentirse satisfecha de la jornada, tanto de la parte currante-productiva como psico-autorrealizativa (porque aunque solo sea ver media película o leer un capitulillo de un libro ya hace de un día algo más humano que si solo se ha dedicado a las obligaciones, por muy placenteras que sean).

Entonces llega la noche y esta rutina circadiana te demuestra que no está mal, no está nada mal, porque tienes sueño cuando corresponde tenerlo, porque has comido a las horas normales y corrientes, porque has aprovechado el día en todos los sentidos.

Y porque se te abre un nuevo horizonte, una aventura. Escribir. Escribir mucho, más que nunca. Tirarte la mitad del día escribiendo prácticamente, y en la otra mitad entra tanto no escribir como dormir cuantitativamente, así que reafirmo que se escribe mogollón. Escribir de temas que ni te habías imaginado en realidad, como son manualidades y padres. Inventar y retroalimentarse de pequeñas o grandes florituras materiales hechas por gente muy manitas sobre las que nunca se te habría ocurrido redactar algo, como la fabricación de jabones caseros. Suena bien y todo, dan ganas de hacerlos.

O de padres. Hijos, psicología infantil y adolescente, cumpleaños, alimentación, embarazo, juegos, consejos. Tono siempre ameno, coloquial, nunca conflictivo, siempre buscando la simpatía, el aplauso, la contribución (con lo que me tira a mí ponerme a rajar), la participación de miles de foreras pendientes a diario de tus publicaciones (y de todos los demás redactores, claro).

Y cuando al principio te parece complicado, incluso contradictorio, estar día a día agradando a los demás, enseguida te das cuenta de que con ciertos temas y asumiendo el rol, se hace de forma prácticamente automática. Adquieres ese papel, adoptas ese tono, y vas viendo los resultados, observando tus responsabilidades y posibilidades, aprendiendo cosas, experimentando los tintes de tu “primer trabajo”. Asimilando a su vez, por supuesto, las críticas, las correcciones.

Ver en Facebook que a más de 200 personas “les gusta” tu post en el foro sobre el sedentarismo y el deporte que hacen los niños. Sentirte agradecida porque eres consciente, al menos por el momento, de que te gusta el ambiente de trabajo, Tu Ambiente De Trabajo. Son palabras fuertes, ¿eh? Vale, para el que lleve toda su vida será una tontada, pero para el que está empezando es otro mundo, otra mentalidad.

Y hablas de decoupage, que antes no sabías ni lo que era, creas mundos de fantasía con cartonaje, hablas de padres e hijos como si tú misma los tuvieras porque te metes en su piel y, en ocasiones, si tienes un hueco, vuelves a tu realidad más cercana para publicar en un huequito de ocio un post de alguna película, exposición, novela…

Te iluminas porque ves que no todo el mayor goce está en lo trascendental, ese universo tan hipotético y excepcional en el que tienen que darse demasiadas circunstancias simultáneas como para experimentar las cosquillas de una levísima disposición y capacidad intelectual más allá de lo típico. Te sientes alumbrado ante el descubrimiento de que esa sensación también se halla de repente en las cosas más simples y que antes calificabas de “chorradas”.

Finalmente, te acuestas cansada pero contenta, porque al día siguiente vas a volver a hacer lo que más te gusta en la vida: escribir. Y antes de eso, otra de las cosas que más disfrutas: ¡desayunar pan con Philadelphia! :D.

Prácticas

Mi vida ahora consiste en: prácticas por la mañana y clases por la tarde. El resto del tiempo, comer y hacer cosas de la uni. Algo de Messenger, claro, que no falte, y poco más. Los findes se avecinan tranquilos. ¡Estoy que me salgo!

8 de la mañana en pie. Igual no es para tanto pero después de comer en la universidad se nota tela. Exagerao, de hecho.

Las prácticas son de redacción en una revista online que puede que a muchos os suene, al menos de oídas así a modo de cancioncilla: facilisimo.com. Se trata de una página web dedicada fundamentalmente al hogar y su público objetivo es, más o menos, mujeres, con frecuencia madres jóvenes. La verdad es que consta de una gran variedad de secciones que pueden ser muy útiles: vivienda, decoración, belleza…

No adivinaríais ni a tiros lo que me ha tocado a mí: ¡Manualidades y Padres! ¡A mí! Es gracioso. Sí, solo gracioso, no hay ironía ninguna, no me disgusta, el caso es escribir y allá que escribo, lo que se me ocurra o lo que me manden, la verdad es que después de los primeros días creo que ya eres completamente autosuficiente para publicar por ti mismo sin que tengan que corregirte ni nada, y hay que tener cuidado porque de tus palabras depende la reacción de los miles de foreros que se pasean por la web, leen, opinan y comentan.

De momento no tengo ni nombre de usuario propio, querrán asegurarse de que no me piro a las dos semanas y la sesión que me cree para mí sea pa ná. Tiene sentido. Ya os contaré más cosas más adelante, aunque tampoco habrá mucho más me parece a mí.

Mi primer post (porque se redactan posts en blog o en foros, y luego reportajes) consistió en el síndrome de Down, así por informar un poco, y un par de foreras parecieron enfurruñadas por haberlo llamado “enfermedad” en vez de “trastorno genético”. Sigo sin tener muy claro si se le puede calificar de enfermedad pero de cualquier forma me da que la gente a veces es demasiado sensible. Ni que les estuviera llamando subnormales profundos, oiga, que “enfermedad” es un término de lo más normal y genérico.

En fin, gajes del oficio. ¡Oh! ¡Suena bien y todo! Bueno, pagan lo justo, mmm, para el autobús y poco más, pero no voy a esperar más de unas prácticas. Bastante es de agradecer que me sienta a gusto de momento :). Mañana es mi tercer día, por cierto.

Me acuesto ya, que madrugar se hace duro. ¡Que os vaya bien!

Insomnio

1:20. Me acosté a las 12:00. Y a la 1:00 me levanté, hasta los huevos de no poder dormirme. Llevo media semana en proceso de cambiar el ritmo. No sé cómo no caigo tiesa si las tres noches he descansado como un mojón. Y encima tengo hambre, pero a estas horas sí que no me meto nada, total, voy a desayunar dentro de 6 horas. Porque mañana SÍ he de madrugar, para ir a Madrid a entregar los papeles de aquella beca que no me van a dar y, de paso, ir a la Fnac a comprarme, a ser posible, los 4 libros que tengo que leerme este curso para la asignatura de Literatura y Cine, novelas que tienen una o dos adaptaciones cada una y que habré de visionar (ya están todas en mi poder, no pasa nada, y ya he visto un par, ¡molan!). Son:

1. El talento de Mr. Ripley. He visto la adaptación moderna (1999); no recuerdo el argumento (mejor para leer el libro) pero sé que me gustó. La antigua es del 60.

2. Trainspotting. No sabía que hubiera novela, la peli está guapa.

3. Solaris. Ni idea, hay dos adaptaciones, una del 72 y otra del 2002, con George Clooney.

4. Shor Cuts. La adaptación se llama “Vidas cruzadas”. Ni idea tampoco.

Y ahora vamos a hablar del maravilloso arte que consiste en poner cara de “estoy escuchando”. No es difícil, la jodienda sería que te hicieran alguna pregunta de repente pero vamos, si la mirada es fija y bien dirigida y la cara de póker, va que chuta. ¿Y esto a qué viene? Pues a que cada año de carrera me propongo con más firmeza prestar atención, y me da que cada vez con más prontitud al comienzo del curso me doy cuenta de que la cosa no va así, pero he asimilado que es tontería imponérselo o sentirse mal por no hacerlo, ya que cuando a una se le va la olla, pues se le va la olla, sin más. Habrá temas más interesantes y menos, y lo que no se puede pretender es permanecer con oídos, orejas y demás sentidos ultra pendientes durante 4, 5 ó 6 horas al día. Y si la clase es un muermo ya ni te cuento, que menudo desgaste psicológico tan brutal provoca obligarse a escuchar.

En fin, 1:33, a ver si me duermo de una puñetera vez.

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