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Cuando no te miran a los ojos

Creo que se nota cuando a alguien no le haces gracia. Y no es que no se ría contigo, sino que no le entras por los ojos, no te mira a menos que le hables directamente, ni te saca conversación, ni tiene el más mínimo interés en saber de ti ni preguntarte nada aunque seas la persona que se encuentra más próxima en un grupo.

Me pregunto por todas aquellas personas que se suelen sentir rechazadas por los demás. Y que son rechazadas realmente, porque sentirse así es muy fácil pero también hay mucha víctima ficticia suelta.

El caso es que ayer pasé una velada la mar de agradable. Llegué a Jerez a las 16:00, me recogió mi madre, messengeé (para no variar), saludé a mi hermano pequeño de dos metros y a mi padre, y me acosté para estar lúcida durante la tarde y la noche. El plan era jugar a los bolos (quedé la última pero me lo pasé muy bien y fui mejorando conforme tiraba; al principio avanzaba como quien pasea por el campo, al final casi corría y tiraba la bola con entusiasmo, ¡incluso caían bolos!), cenar por ahí (no me acuerdo del nombre del sitio pero su sándwich Club estaba que te cagas) e ir a algún sitio, en principio al bar Rubio pero por cambiar fuimos al Triple, donde yo no había estado nunca, pero que resultó muy entretenido, con un grupo cantando y tocando unas cuantas canciones conocidas.

Entonces se acabó la noche. Salimos del local, la gente tenía sueño, empezó a llover y a las 2 de la mañana en casa. No me importó en absoluto, la verdad, ni siquiera confiaba en encontrar a nadie en el Comedia, y menos dispuesto a jugar a los futbolines, que era de lo que tenía más mono, ya que si acaso no se llenaría hasta las 3 y pico de la mañana (me faltó AAR en Jerez para no dudar en acercarme y echar alguna partida seguro :(), así que pasando del tema y a conectarme un ratillo mientras escuchaba tronar y llover bestialmente.

Y la sensación final del día era un poco amarga por el recuerdo de aquella persona, a pesar de situarse en un considerable tiempo atrás (jodida mente, que escarba en cualquier cosa sin venir a cuento), y mira que es una chorrada, porque cuando a alguien no le interesas basta con no mirarle a la cara y punto, pero no sé, parece que me afecta más de lo esperado y de lo lógico.

Por eso cuando me hallo entre un grupo de personas, procuro distribuir la mirada, intento dirigirla hacia todos los oyentes por igual, para que ninguno se sienta excluido. Ignoro si los demás se dan cuenta de cuando se limitan a mirar a uno o dos de los interlocutores, o miran a todos excepto a uno en especial, el cual se puede sentir herido, aunque sea inconscientemente, ya que si la conversación no va contigo (que se puede traducir en que no dirigen la mirada y palabras hacia ti), tú mismo pierdes también el interés y miras hacia otro lado.

O quizás no se dan cuenta, o tal vez lo hagan queriendo y punto porque no les guste que tal persona sienta que le prestan atención, ya que no creen que les vaya a aportar nada o no les atañe en absoluto la respuesta que les pueda dar, desacreditada normalmente por prejuicios… o a lo mejor por una opinión formada racionalmente, pero de cualquier manera no es justo despreciar a nadie. Total, que de forma intencionada o no, esa actitud puede hacer daño.

La comunicación no verbal es brutal.

En realidad, después de escribir esto, se me ha ido en gran parte el malestar. Sigo pensando lo mismo sobre el punto de vista de esa persona hacia mí pero ya desde una perspectiva más lejana, objetiva, analítica. Desmigar la psicología humana, o al menos experimentar que más o menos se está descubriendo un determinado comportamiento (llamémoslo universal y tan posiblemente involuntario como intencionado), puede llegar a producir bastante satisfacción, o como mínimo un halo de reflexión que te despierta para llevarte del hecho a la comprensión y visualización extra-terrenal de los motivos, las causas y las consecuencias.

Y la conclusión es evidente: a tomar por saco :).

Insomnio

1:20. Me acosté a las 12:00. Y a la 1:00 me levanté, hasta los huevos de no poder dormirme. Llevo media semana en proceso de cambiar el ritmo. No sé cómo no caigo tiesa si las tres noches he descansado como un mojón. Y encima tengo hambre, pero a estas horas sí que no me meto nada, total, voy a desayunar dentro de 6 horas. Porque mañana SÍ he de madrugar, para ir a Madrid a entregar los papeles de aquella beca que no me van a dar y, de paso, ir a la Fnac a comprarme, a ser posible, los 4 libros que tengo que leerme este curso para la asignatura de Literatura y Cine, novelas que tienen una o dos adaptaciones cada una y que habré de visionar (ya están todas en mi poder, no pasa nada, y ya he visto un par, ¡molan!). Son:

1. El talento de Mr. Ripley. He visto la adaptación moderna (1999); no recuerdo el argumento (mejor para leer el libro) pero sé que me gustó. La antigua es del 60.

2. Trainspotting. No sabía que hubiera novela, la peli está guapa.

3. Solaris. Ni idea, hay dos adaptaciones, una del 72 y otra del 2002, con George Clooney.

4. Shor Cuts. La adaptación se llama “Vidas cruzadas”. Ni idea tampoco.

Y ahora vamos a hablar del maravilloso arte que consiste en poner cara de “estoy escuchando”. No es difícil, la jodienda sería que te hicieran alguna pregunta de repente pero vamos, si la mirada es fija y bien dirigida y la cara de póker, va que chuta. ¿Y esto a qué viene? Pues a que cada año de carrera me propongo con más firmeza prestar atención, y me da que cada vez con más prontitud al comienzo del curso me doy cuenta de que la cosa no va así, pero he asimilado que es tontería imponérselo o sentirse mal por no hacerlo, ya que cuando a una se le va la olla, pues se le va la olla, sin más. Habrá temas más interesantes y menos, y lo que no se puede pretender es permanecer con oídos, orejas y demás sentidos ultra pendientes durante 4, 5 ó 6 horas al día. Y si la clase es un muermo ya ni te cuento, que menudo desgaste psicológico tan brutal provoca obligarse a escuchar.

En fin, 1:33, a ver si me duermo de una puñetera vez.

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