Archivo

Posts Tagged ‘muerte’

Una vida en un clic

clicNo sé si hace ya dos, tres años o cuánto tiempo exactamente pero, el día que me animé a darme de baja del boletín de noticias por correo electrónico de El País, tomé una buena decisión. Una buena decisión para mí, para mi persona, mi equilibrio emocional, mi forma de pensar, quién quiero ser, cómo quiero levantarme cada mañana.

Lo mismo da hablar de El País que de cualquier otro periódico. La inmensa mayoría de las noticias son un bajón. Un bajón de estado de ánimo, de azúcar, de tensión, de alegría, de vida. Accidentes, fraudes, maltrato, asesinatos, guerras, muertes. Si por lo menos nos enseñaran a tener otro tipo de relación con estas situaciones, todavía tendría sentido permitirme pasearme por esos titulares. Si nos contaran a una edad razonable (no es plan fastidiarse la infancia de antemano tampoco) que la vida es una lotería… Cosa que sabemos pero obviamos, ignoramos. Tema tabú. Si nos dijeran que la vida es REALMENTE una lotería, que caemos como moscas, que hoy estás aquí y mañana no, que en prácticamente todas las familias hay, más cerca o menos, enfermedad y muerte. Si tuviéramos otra visión hacia la muerte; si yo fuera capaz, porque no quiero culpar al exterior, de mirarla de otra manera, tendría una relación más saludable con la vida, con el ciclo de la vida. Podría llamarse “El ciclo de la vida y la muerte”. Tres palabras más pueden cambiarte la perspectiva para siempre. Pero no es así.

El caso es que, no importa los años que pasen por mí, las noticias (entiéndase como las de medios de comunicación genéricos) siguen provocándome una profunda desazón. No me inmunizo ante las tragedias por mucho que sigan el mismo patrón. Me entristecen, me quitan esperanza, me causan vacíos y hastío hacia el ser humano. Y no quiero eso para mí. Aunque eso suponga a ojos de la sociedad convertirme en una “inculta”, no estar al día, no enterarme de qué pasa en el mundo. ¿En qué beneficia a mi evolución como persona “mantenerme informada”? Yo decido de qué informarme. Yo escojo qué ver, qué leer, qué escuchar. Y mi preferencia no son los periódicos ni las crónicas políticas ni los programas de cotilleo.

empatíaNo obstante, hay cosas que, a pesar de mi voluntad por evitarlas, te llegan. Y me resquebraja el alma saber que alguien, que por supuesto no ha sido ni será la única, se ha suicidado a causa de la falta de empatía ajena (en concreto, por la difusión de un vídeo sexual). A alguien le ha superado tanto la situación, las ansias de morbo hacia su vida privada en este caso, que ha optado por quitarse de en medio.

Estoy horrorizada. Me horroriza lo fácil que es provocar que una persona se pierda de sí misma, que alcance tal nivel de desesperación que escoja morir. Desaparecer voluntariamente sin posibilidad de retorno. Solo hace falta una palabra, un cotilleo, un rumor, un mensaje, un vídeo con algo íntimo, inadecuado de compartir, dañino. Por no hablar de las situaciones de acoso intencionado y continuado. Me da verdadero pánico la posibilidad de causar ese daño, de desencadenar un sentimiento así en alguien por una acción mala y egoísta.

Como no podía ser de otra manera, esa noticia me llevó directamente a otra del palo “Suicidios en España”. Estadísticas difíciles de concluir por ser tema tabú. Eufemismos como “accidente” bailando con cifras. Cifras que son personas con vidas, sueños y seres queridos rotos. No niego que es un tema peliagudo, pero eso no justifica tratarlo de pasada. Personalmente, y aunque quizá me embarre por afirmar lo siguiente: trato de empatizar con el deseo de desaparecer. Aunque sacuda mis entrañas, intento aceptar la libre elección de las personas. Tan simple como procurar entender que no todo el mundo quiera seguir aquí, aunque naturalmente asuma que, si no todos, un porcentaje de suicidios podría evitarse de tratarse de otra manera. Y este es uno de ellos.

Nos falta consciencia. Nos falta respeto. Nos falta aplicar sentido común hacia lo que está bien y lo que está mal, que no es más que aquello que provocará gozo o daño en los demás. Hay circunstancias en tonos grises, claro que sí. Pero otras son muy claras. Como compartir un vídeo sexual de otra persona. Blanco y en botella.

Facebook likesHace ya tiempo también que decidí vaciar mi Facebook. Me resisto a quitármelo porque sus puntos positivos me resultan realmente de provecho, como acceder a ciertos grupos y estar en contacto con gente. Así que encontré la forma más sana, para mí, de mantenerlo. La fiebre por limpiarlo me entró tras ver el último episodio de la serie de documentales Hot Girls Wanted: Turn On, en el que se cuenta el caso de una adolescente que reprodujo por una red social, Periscope, la violación en directo de su amiga. Soy incapaz de describir lo en shock que me dejó aquella historia, lo congelada que me sentí durante cada minuto. No es que entrara a saco en detalles escabrosos pero solamente la idea de que las ansias de divulgación y atención pública superen al más puro instinto de ayuda y consideración humanas… Me horrorizó. Era la guinda que me faltaba junto con la proliferación de haters protegidos por la pantalla y la expansión de noticias falsas para negarme a formar parte de ello. Lo respeto, obviamente, cada uno decide en qué utilizar su tiempo. Siempre que no se ataquen los derechos de los demás, que parecen estar colgando de una línea moral muy delgada y, a menudo, vulnerada.

Es curioso cómo, tras la desgracia, se hace el silencio. Vienen el despertar y la reflexión. Cuando ya es demasiado tarde. Así somos, vendiendo almas, las nuestras y las de los demás, por likes y comentarios. Por recibir atención, por sentirnos menos pequeños, por lo que sea que nos transmite tanta euforia interna que nos hace olvidar nuestro poder de destrucción y nos separa de lo que nos hace humanos.

Aprendamos a no ser partícipes ni cómplices de estas actitudes, por favor.

Anuncios

Sobre la religión, Dios y mí misma… a los 16 años

religiónAlgo bueno y malo de proceder a ordenar el caos reinante en el armario de tu cuarto durante los últimos diez años consiste precisamente en encontrar cosas agradables de ver y rememorar, y otras que no tanto. Tenemos un afán incondicional hacia acumular elementos inútiles “por si acaso”, y así es como me he cruzado con un par de folios encabezados por los títulos ¿Qué pienso sobre la religión, sobre Dios, sobre mí mismo? y “¿Qué tipo de “sed” tengo yo?, y con las fechas 8/11/2006 y 9/11/2006 respectivamente.

Os transcribo mis redacciones, motivadas indudablemente por la asignatura de religión, empezando por la de mayor envergadura, que se corresponde con el primer título, ¿Qué pienso sobre la religión, sobre Dios, sobre mí mismo?:

Sobre la religión, pienso que cada uno debería tener libertad para elegir la suya o hacerse agnóstico o ateo. La primera comunión impuesta se ha vuelto una costumbre, a los diez años un niño no sabe nada realmente, no tiene en sí el sentimiento religioso, sino que le animan los regalos y las comuniones de sus amigos.

Comparto la idea de enseñar cultura religiosa en los colegios, no religión, para adoptar una buena base global en la que decidir las creencias propias. Inculcar una religión por obligación o por costumbre me parece una pérdida de tiempo, y a veces dinero.

Respecto a Dios, no lo he considero mucho a lo largo de mi vida. Mayormente no creo que exista, mi postura es agnóstica por tanto, pero esto se debe a que nunca lo he tenido en cuenta. Siempre he hecho lo que tenía que hacer, tanto obligaciones como diversiones, sin pensar en que un ser superior nos mira y sigue nuestros actos.

De pequeña rezaba, como todos, al empezar las clases diarias, pero hará un año que dejé de hacerlo pues veía inútil pronunciar palabras que no sentía, no me afectaban, no me hacían creyente ni me paraba a reflexionar sobre ellas.

Con la muerte de mi abuela, la cual tenía alzheimer muy avanzado y no me reconocía, recé por ella durante una semana por las noches. Posteriormente, se me olvidaba. Aparte de este gesto, poca religiosidad encuentro en mí.

En cuanto a mí misma, opino que no sé ni voy a saber nada, por lo que no creo pero tampoco niego. Probablemente temo un mínimo a la muerte porque no veo nada más allá, mientras que tampoco soy capaz de imaginarme vagando felizmente el resto de la eternidad.

La religión me plantea muchas dudas imposibles, quizá eso también influye a que mi mente opte por desistir de introducirme en ella.

Sin lugar a dudas, resulta un tema muy interesante de debatir, jamás juzgaría a nadie por su religión, aceptaría su opinión y le escucharía. En eso creo que consiste la educación.

libertad escrituraMe doy cuenta de que mi opinión sigue siendo prácticamente la misma. Me agrada comprobar que, dentro de la inocencia y la personalidad aún por curtir que siempre relaciono con mi adolescencia, era capaz de expresar mis razonamientos con coherencia y propiedad. Y confirma mi teoría, ya formada como adulta, de que en los colegios echo en falta asignaturas “existenciales”, “vitales”, llamadlas como queráis. Asignaturas que favorezcan el debate entre los alumnos, que haga a los niños y adolescentes pensar acerca de cuestiones variadas, que fomenten el respeto y el desarrollo mental de los adultos del futuro.

Siempre fui buena estudiante pero rara vez presté atención plena en clase, no sé por qué. Me aprendía las lecciones con facilidad y curso tras curso incluso me exigía más, crecí inmersa en la costumbre de sacar buenas notas. Mas si me paro a preguntarme por el tiempo real de escucha escolar, puedo contar las asignaturas con los dedos de las manos: matemáticas, por no tener más remedio si quería aprobar; filosofía, para entender los conceptos más abstractos y porque el profesor me provocaba una especial ternura (aunque tampoco es que atendiera siempre), y literatura en bachillerato, por la mejor motivación de todas: poder escribir de lo que me apeteciera, con total libertad verbal y creativa, tanto a partir de los textos que traía el profesor como por mí misma en el diario de bitácora que nos motivó a redactar desde principio de curso con nuestras emociones, pensamientos y lo que nos viniera en gana. Básicamente: libertad absoluta de pensamiento y de acción, aunque fuera sobre el papel.

Aquella asignatura era una “maría”. Ni siquiera entraba en la media de bachillerato si no recuerdo mal. Y era a primera hora de la mañana. Pero le dediqué más tiempo que a ninguna otra. Más tiempo que a las matemáticas, economía, geografía, inglés, lengua, filosofía. Mucho más tiempo que a ninguna. Porque la disfrutaba plenamente, porque la mente me pedía leer aquellos textos, interpretarlos y escribir mis impresiones tanto de ellos como de mi propia rutina.

Independientemente de mi experiencia, creo que habéis entendido lo que quiero decir. Ignoro si alguna vez se creará una asignatura “existencial” pero sé que, mientras en los colegios persista esa considerable cantidad de alumnos desmotivados y faltos de inquietudes junto con ese cáncer conocido como el bullying, la educación dejará mucho que desear.  

Luego, hay otro par de aspectos que contemplo levemente modificados en mí actualmente: 

miedo libertad1. El temor a la muerte. Sé que se ha intensificado. Temor, respeto, reparo… Supongo que tanto por la fugacidad del tiempo como por “hacerme mayor” como tal. Procuro no pensar en ello porque, al menos de momento, es algo que me acongoja irremediablemente. Espero trabajar en ello en un futuro. De momento, el presente me mantiene lo bastante entretenida como para apartar este tema fácilmente.

2. Con 16 años escribí: jamás juzgaría a nadie por su religión, aceptaría su opinión y le escucharía. Añado un pequeño matiz: “siempre que esa religión no atentara contra los derechos humanos”. Por poner un simple ejemplo: me cuesta describir la desazón que me encoge el pecho al ver a mis compañeras de género con burka. Hay gente que dice que ellas son felices así, que han nacido con ello y se sienten más cómodas llevándolo aún habiéndose trasladado a áreas del mundo donde las mujeres muestran su rostro y eligen su vestuario con toda libertad. Este argumento me produce aún mayor desazón. Siguiendo esta línea, tremendo es el pavor que me suscitan los radicales religiosos. Nunca se sabe lo que serían capaces de hacer “en nombre de Dios” (del Dios que sea). No creo que necesite aclarar este punto mucho más.

En conclusión, ha sido interesante indagar un poco en el pasado y despertar melancolías inciertas desperdigadas por la memoria. Próximamente, mi redacción ¿Qué tipo de “sed” tengo yo? con su reflexión correspondiente.

La muerte y las cuatro leyes de la espiritualidad

Tengo 22 años y albergo un miedo atroz hacia la muerte. Puede que ya lo haya manifestado alguna vez a través de este blog pero no me importa repetirme, incluso me apetece confirmarlo con aplastante seguridad, puesto que no hablo sólo de tenerle cierto temor, respeto, reparo y derivados adjetivos, a mi parecer demasiado suaves para lo que me supone el concepto mortífero, sino que situarlo en mi pensamiento me provoca auténticas sensaciones de pánico y de desasosiego.

Imaginar mi mente inerte, mi cuerpo languideciente, absolutamente todo mi ser desconectado de cualquier tipo de emoción o movimiento intencionado y voluntario… Sencillamente, me aterroriza, me hace perder el norte, me desvela del presente con su abrumadora realidad para sumirme en un mar de impotencia y desesperación. Si al menos tuviera alguna creencia a la que agarrarme pues mira, pero no es el caso. Ni dioses ni energías ni reencarnaciones ni luces al final de un túnel ni nada parecido o que haya llegado a mis oídos me ha podido despistar del desenlace inevitable.

Por suerte, sólo me ocurre de vez en cuando, al venírseme a la mente el tema ocasionalmente, y al instante procuro trasladar mis pensamientos hacia otros derroteros o asuntos, pero sé que siempre está ahí, expectante, dispuesto a asaltarme en cualquier momento. Y ahí no importan las circunstancias del momento, porque regresa la misma incertidumbre de siempre: ¿por qué? ¿Todo esto para acabar así? ¿Cómo hago ahora mismo para sentir que aprovecho mi vida? ¿Se me pasará alguna vez esta angustia o me acompañará hasta el fin de mis días? ¿Soportaré llegar a vieja?

Intuyo que todo es aguantable, claro, pero mantengo mis dudas en cuanto a que la edad me haga verlo de otra forma. Probablemente alcance un nivel mucho mayor de aceptación, de resignación, de reflexión hacia la propia vida y el periodo que se me ha cedido en este mundo pero… la expiración continúa presente, como una amenaza eterna.

Y todo esto se me ha venido porque, aunque hace ya varias semanas que no me acomete este pesar, he encontrado, deambulando por viejos archivos del ordenador, un precioso word de hace no sé cuántos meses, quizá un año, en el que guardé dos argumentos: mi propio planteamiento inquisitivo sobre cómo sobrellevar la muerte, dirigido en forma de pregunta a una persona a la que aprecio mucho, y la consecuente respuesta de esta, la cual plasmo a continuación:

¡Vaya pregunta, María!

Bueno, intentemos una aproximación.

Sigo pensando en ella, aunque te confieso que me preocupaba más con tu edad. No es que haya zanjado la cuestión, es sencillamente, que estoy demasiado preocupado con la vida, sus problemas, mis dudas, mis equivocaciones, la manera de aprovechar los instantes, el sentirme bien conmigo y no “machacarme” demasiado, etc. etc, y apenas puedo pensar en la muerte.

Por otro lado, creo que es inevitable el divagar sobre ello y desesperarse porque no hay salida.

Últimamente pienso más en la muerte de las personas que quiero que en la mía propia; también me ocurre, que me preocupa más y siempre ha sido así, el dolor que la propia muerte.

Considero que los auténticos creyentes nos llevan ventaja, porque sus creencias les ofrecen seguridad, consuelo y esperanza. A los demás nos queda la aventura de la vida, y el intento de hacer de ella algo tan extraordinario que nos pueda parecer que ha sido eterna.

Sé que son sólo unas pocas obviedades, pero es que de la muerte lo único serio que podríamos decir es que es una putada, y que siempre llega demasiado pronto.

Te recomiendo un libro: El mito de Sísifo de Albert Camus; y una película de Bergman: El séptimo sello.

Creo que ha llegado la hora de ver esta película y leer ese libro.

Os dejo con una hermosa y acertada presentación sobre “las cuatro leyes de la espiritualidad”, que vienen a dar a entender nada más y nada menos que cada cosa tiene su momento, afirmación tan básica como poco tenida en cuenta.

Del traslado cama-sofá-sofá-cama a Amy Winehouse

Se presenta un dilema. Frecuente corriente la de saltar de un componente físico-casero a otro, varias veces de hecho a lo largo del día, innumerables en toda la vida. Absténganse hiperactivos y culos-inquietos, pero también están invitados aunque no apreciarán igual este arte, bautizado personalmente como “sofing”.

Suena la voz de Kurt Cobain por la ventana. Además de un niño repelente llorando y chillando sin parar. Ignoro si yo poseía de pequeña tal torrente de voz, pero no me veo capaz de aguantar los ajenos cerca durante muchos minutos, a riesgo de que me exploten, primero, los tímpanos; seguidamente, el cerebro.

Como íbamos diciendo: cama-sofá-sofá-cama. Pero… ¿Qué pasa cuando no hay sofá? Sí, sí, exacto, NO hay sofá. Es decir, que nuestra querida tendencia denominada “sofing” se nos ha ido al garete.

Kurt Cobain se ha callado pero el niño no, maldita sea, habrá que ponerse algo escandaloso porque la opción de cerrar la ventana aún no es viable a estas horas y temperaturas en Madrid, a riesgo de calcinarme lastimosamente. Flo Rida mismo. Ojalá tuviera altavoces. Grititos de fondo. Así acojona más, como si lo estuvieran acribillando y yo ignorándolo cruelmente. Náh, no es para tanto. Serán las 18 de la tarde pero no sé por qué le permiten expresarse tan abiertamente en medio de un patio cuyos sonidos se propagan por todo el edificio como si se estuviera allí mismo. Como para contar un secreto.

Entonces, si no hay sofá, ¿qué pasa? Está la silla… La mesa… ¿Lo alto del armario? Esto empieza a parecer una búsqueda de espacios donde echar un polvo. ¿Entonces? Viajes a la cocina… Paseos perdidos buscando un motivo para la semi-desdicha de adónde catapultar el culo fuera de los límites de la cama. ¿Volver a ella? No sé si es buena idea, por muchos cojines que se le añadan. Espalda, piernas, postura, pero, sobre todo, mentalidad.

Mentalidad dormida frente a relajada, ausente frente a desinhibida, tirada frente a bohemia. Punto en común desvirtuado por las circunstancias. ¿Solución? Huir. Repartir las horas. Escapar todo lo posible. Alternar y engañarse, dar de lado al “sofing” a pesar de decepcionarlo, de apartarlo, de retirarse de su maravilloso halo que tan feliz y gratuitamente se nos brinda y nos hemos visto obligados a rechazar.

¿Quién dijo que las cosas pequeñas no dan por saco importan?

————

Hablando de Cobain… Pensaba que había muerto a los 28. Aún así, vaya coincidencia. El Club de los Malditos. ¿Qué tendrán los 27 años? Relacionar una edad con la muerte y el estrellato no acaba de resultar agradable. Kurt Cobain, Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones, Janis Joplin y la nueva integrante, Amy Winehouse. La verdad es que al enterarme no advertí el más mínimo cambio en mi estado, pero cuando me dio por ponerme ayer su disco ya me entró cierta extrañeza. Ya la había escuchado alguna vez, solo que no me encuentro en ese amplísimo grupo de fans que se han sentido afectadísimos.

Sin embargo, ayer quizá me tocó enfrentarme demasiado directamente a la siguiente afirmación: esta tipa está muerta. Desde hace cinco días. Una voz prometedora, una chica que empezó su carrera lozana como una flor, de estética rompedora y cultura musical innovadora… Ahora inerte.

No me gustaba la sensación. Quité el iTunes. Una cosa es saber que alguien ha fallecido y otra pararse a pensarlo y, encima, escucharle. No estamos preparados para la muerte. Para ninguna, ni la de Amy (por muy esperada que fuera) ni la de nadie. De ahí la foto elegida. Maquillando la realidad.

Vídeo-spam de la muerte de Bin Laden en Facebook

Esta misma mañana, la cual iba a resultar muy productiva en principio, me he encontrado en mi Muro del Facebook con un enlace en inglés de un amigo en el que me invitaba a ver un vídeo en el que aparecía la muerte de Bin Laden. Apenas sospeché de si sería un virus porque dicho amigo se expresa a través de la red social tanto en inglés como en español, así que hice click. ERROR. Efectivamente, era spam. Seguí las instrucciones y al final solo permanecía una ventana de publicidad que no me dejaba acceder al ficticio vídeo.

¿Y cuál es mi sorpresa al segundo siguiente? El comentario de una amiga en el mismo enlace, diciéndome que parecía ser un virus porque se había publicado en TODOS los muros de mis amigos. Empiezo a alucinar y a agobiarme viendo en mi muro las actualizaciones del maldito enlace en los demás muros y procedo a borrarlos compulsivamente. Ya me imaginaba dedicando la mitad del día a borrar aquello de mi Muro y luego de todos los Muros de mis amigos lo antes posible (ya incluso un par de amigos míos habían hecho lo mismo a través de mi enlace), cuando, de repente, desapareció. Todas las actualizaciones de mi Muro relacionadas con el vídeo desaparecieron, y también de los Muros de mis amigos agregados, ¡menos mal!

Así que nada, he emitido en el ¿Qué estás pensando? un aviso pero mejor será extenderlo de todas las maneras posibles. Mirad, aún abarco el hecho de que nos bombardeen con informaciones de todo tipo que se contradicen entre sí, me hacen gracia los comentarios irónicos, sarcásticos y un poco de humor negro en torno al tema, asumo toda la burbuja que se está formando debido al asunto… pero esto ya ha sido DEMASIADO. Por sacar lo positivo, a ver si es posible que la población civil se desvincule por completo de su fiabilidad extrema ante cualquier escrito o publicación que salga a la luz en los medios de comunicación y en las redes sociales, porque ya va siendo hora de empezar a cuestionarse las cosas.

Categorías:Pizcas Etiquetas: , , , ,

Tedio

Parece que el periodo de reflexión se está tomando su tiempo. O eso, o que ha tomado la decisión de ir y venir indefinidamente.

Hoy me aburro. Me aburro profundamente. No me iba ni a conectar al messenger, lo cual es raro, porque lo tengo puesto todo el día, pero no me apetecía, lo cual es más raro aún, sobre todo porque aunque sea por darle publicidad al blog lo pongo. Pero ha dado la casualidad de que mis dos amigas que detestan/se aburren en el messenger me han dicho a la vez que me metiera, y yo um, este día es un cachondeo.

Me he levantado a las 8. No tiene mérito, pero hacía mucho que no madrugaba tanto, y tampoco me había mentalizado para recibir el frío mañanero en plenos morros. El motivo ha sido una clase de inglés, cuya profesora estaba tan efusiva, animada e hiperactiva que me resultaba extremadamente cansina solo de contemplarla en sus agitados aspavientos y elevada voz. En serio, me transmitía cansancio tanto mental como físico.

Y luego para casa… Trainspotting (vaya textazo que he leído, luego lo transcribo si me quedan ganas y me acuerdo), The Big Bang Theory, comer, a clase. Literatura y Cine, mola, como siempre. Gabinetes… Como siempre, pero con discusión añadida, un mal cuerpo que te cagas pero bueno, seguida de sensación de alivio, hala, ya estaba todo hablado para fomentar la mejora y la concordancia en el grupo de trabajo. A tomar por culo, una cosa menos.

Al cine. Stone. Me ha gustado bastante. En otro post hablaré de ella si me da por ahí. Está claro que en este momento me da igual absolutamente tó. Me da tanto igual. Es todo vacío. Es pa ná, básicamente. Aburrimiento brutal-vital, vital-brutal. A lo único a lo que le veo algo de sentido realmente es comprarme unos patines. Una motivación para aprender, para cambiar, para alejarme del ordenador, de casa, de la rutina, de las clases, de las relaciones interpersonales y virtuales, de este sofá que me está aplanando el culo cada día más hasta convertirlo en el de una viejuna sebosa. No, hombre, tanto no, pero vamos, sí que debería moverme un poco.

Aburrimiento. Se me ha pasado un rato interesante: el de charla con las compañeras de clase en el descanso. Divertido, como de costumbre, pero en parte embajonante. Por hablar de la universidad en la que estamos, por hablar del camino elegido y ya casi finiquitado, por estar en cuarto de carrera sin haber asumido en realidad nunca la elección de una universidad determinada sino haberme dejado llevar. No me arrepiento en absoluto, veo bastantes más ventajas que inconvenientes, pero me hace pensar. Y barajar otras posibilidades, como psicología.

Y llegar a casa, y ver una publicidad llamada Ceysa Psicólogos y pensar: “¡ZAS! En toda la boca. Esto ya sí que es un cachondeo de los Grandes.” Vamos, pensaba en esa opción allá por los tiempos en los que todavía creía en la felicidad, ahora no me meto a otra carrera ni a tiros. Ni a máster. Todas mis amigas saben lo que harán, lo tienen prácticamente decidido. Yo no tengo ni idea. Me quiero ir fuera. No me importaría tampoco quedarme en Madrid. No sé nada. Llevo muy mal el inglés para alguien de mi profesión.

¿Y en verano? Acabo la carrera en junio. Junio. Ju-nio. JU-NIO. JUNIO. No queda ná. Ná de ná. Toso y ya estoy licenciada. Y no siento nada con respecto a ello, solo incertidumbre. Y aburrimiento. Quiero mis jodidos patines. Pero no me voy a gastar un pastón en ellos, que luego entre el canguelo, el frío y encontrar un sitio donde pegarme las hostias sola, a ver quién sale.

¡Ah! Y la paranoia de la peli, buena también. Hacía tiempo que no pensaba en la muerte. No, en Mi muerte, más que nada. Me deprime pensar en desaparecer. ¿Tiene sentido? Para mí sí, punto pelota. No mirar más ojos, ni coger más manos, ni hostias. Me encoge el pecho muchísimo. No puedo pensarlo. No quiero.

Y otra vez. Pereza. Desgana. No, ni eso. Claramente: me-da-i-guá-tó.

Ahora dolor de cabeza. Hora de irse a la cama. No sé cuántas veces (en el último mes y medio) he pensado por la noche: ya quedan pocos minutos para que acabe este mojón de día. En realidad nunca va muy en serio. Un amigo reciente me ha preguntado ya en varias ocasiones por las tres cosas que más me han alegrado el día. Al principio me descolocó, pero sobre todo me di cuenta de que esa actitud la tenía yo hace cuatro años. Este chico me pasa tres a mí. Qué locurita. Y en alguna de esas ocasiones me costó bastante pensar en algo, aunque sabía que me había reído. Me río todos los días. Y qué.

Aburrimiento, sopor, desgana, indiferencia, disgusto, pesadez, apatía, inapetencia, hartura, fastidio, tedio, cansancio. Exacto, cómo la clava el diccionario de sinónimos online, no sé qué haría sin él.

Esto no es un mal día. Es raro. Weird, como se diría en inglés. Me mola la palabra y cómo se pronuncia. Me apetece mogollón hablar inglés en condiciones.

Me canso. Tengo sueño. Que soñéis cosas guapas.

Pizcas televisivas incrustadas: Concursante y Amar la vida

Me estoy acordando de dos películas que en su día y por separado, hace fácilmente entre 5 y 3 años, vi totalmente de casualidad y me marcaron de alguna forma. Ni siquiera sabía sus nombres pero las he encontrado aludiendo por buscadores de internet a sus características principales.

De la primera: “economía”. El título es Concursante, data del 2007, su director es Rodrigo Cortés, y el protagonista, Leonardo Sbaraglia, es argentino. Trata sobre un hombre que gana el mayor premio gordo de un programa pero que empieza a tener gravísimas dificultades a causa de los bancos. Es uno de los poquísimos filmes que ha valido la pena ver en tres años viajando en el AVE. Apenas me acuerdo de ella y tiene una puntuación un tanto mediocre en IMDB pero me apetece mucho volver a verla, espero repetirla pronto.

La otra película la pillé una tarde cualquiera en mi casa, durante la siesta de mis padres, probablemente aburrida y buscando algo mínimamente interesante en la televisión. Para esta la palabra clave ha sido “cáncer”. Y también la he hallado: Amar la vida, calificada con un notable, protagonizada por Emma Thompson y dirigida por Mike Nichols.  Un apabullante dramón que te muestra el deterioro físico y psicológico y el análisis del mismo de una mujer enferma, dejándote unas ganas constantes de llorar increíbles, según recuerdo. Era horrible en su intensidad, en su sufrimiento, en su dureza, sobre todo para la mente (no hacían falta peleas, golpes ni sangre para sentirla, todo trancurría de un modo muy tranquilo), pero no podía dejar de verla, la curiosidad me podía, y la frase de John Donne promulgada en varias ocasiones por la actriz, me enganchó hasta el punto de plasmarla en el space, allá por el 2007:

Muerte no te enorgullezcas, aunque algunos te llamen poderosa y terrible,

puesto que nada de eso eres; porque todos aquellos a quienes creíste abatir no murieron,

triste muerte, ni a mi vas a poder matarme, esclava de lado, la fortuna, los reyes y los desesperados,

si con veneno, guerra y enfermedad y amapola o encantamiento se nos hace dormir tan bien y mejor que con tu golpe,

de qué te jactas, tras un breve sueño despertamos a la eternidad y la muerte dejará de existir,

muerte morirás.

A través de algunos vídeos que acabo de ver, parece ser que también entraba profundamente en el tema de la muerte por medio de este autor, cosa que se me ha escapado con el paso de los años. Tampoco estoy segura de haberla entendido y abarcado bien cuando la vi por primera vez y de refilón. A ver si tengo cuerpo para visualizarla de nuevo pronto.

Esto es un fragmento muy light, que de hecho se corta y todo, pero no he encontrado ningún trailer. En Youtube hay escenas más fuertes pero eso ya lo dejo para aquellos a los que realmente les inste la curiosidad, porque no son agradables.

A %d blogueros les gusta esto: