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Canciones pegadizas y martes que no son martes

Hoy me apetecía comentar la alegría que me provoca la siguiente canción del grupo Efecto Pasillo: No importa que llueva. Pegadiza como ella sola, de videoclip ameno y tierno, voz agradable y ritmo simpático.

La conocí a través de la serie Vive Cantando, cuya primera temporada finalizó hace poco. No suelo engancharme a series, la verdad. De hecho, veo mucho menos contenido audiovisual del que me gustaría, pero por alguna razón le vi encanto a esta trama y, una vez quedaron en mi mente grabados el día y la hora que le correspondían, ahí estaba yo cada martes llegando a casa por la noche para sentarme en el sofá y disfrutar de las movidas entre los personajes, sus particularidades, tan humanas al fin y al cabo; sus giros radicales, sus lágrimas, sus risas, sus canciones y sus coreografías.

El formato actual de la televisión, débilmente sustentado aún por las reuniones familiares y unos cuantos románticos/reticentes hacia las nuevas tecnologías, está claramente destinado a morir. Por eso no existe medio ni programa que se precie sin página web propia y perfiles en las redes sociales. ¿Qué me parece esto? Ni bueno ni malo, pura evolución. O te adaptas o te quedas fuera.

Sin embargo, me gusta contar aún con la posibilidad de llegar a casa un día a la semana portando esa ilusión, ese interés por encima de lo normal hacia una historia tan ficticia y tan real como cualquier otra pero que convierte mis martes (o mis lunes, mis miércoles, mis jueves…) en una jornada distinta gracias a ese producto emanador de “felicidad” que dota a ese día de identidad propia. Básicamente, es la diferencia entre decir “hoy es martes” y “hoy toca Vive Cantando“. Nada que ver. Y ahí está, a su vez, la base de su éxito.

Además, en este caso, opino que el mensaje que emite, aunque se hinchen de llorar en la mayoría de los capítulos, es especialmente bonito si te paras a pensarlo.

Vive cantando

El éxito de los videoclips musicales “sexuales”

Supongo que muchos os habréis preguntado qué tienen ciertas canciones y, sobre todo, sus videoclips, como para atraer tanta atención y conseguir la amplísima difusión online de la que gozan. Canciones del tipo…

Es decir, animadas, rítmicas, y bastante similares entre unas y otras, partiendo siempre de los mismos patrones. Todo cuerpo, giros, caderas, figuras sinuosas y caras bonitas. ¿Por qué esta superficialidad que nos desboca y, aunque no nos encante la melodía, nos hace quedarnos ansiosos, expectantes, como con ganas de más, una y otra vez ante las mismas imágenes?

Porque el morbo nos engancha. El significado de esas letras, el sentido sexual de las relaciones entre los personajes de esos vídeos, su belleza física anhelada por todos, su poder de seducción, su mundo en el que los sueños se ven fácilmente cumplidos a través de bailes, miradas y sonrisas. Sus cuerpos perfectos, sus universos maravillosos.

El placer, el triunfo, el éxito, la alegría, la euforia contagiosa. Y, en otras ocasiones, como podéis comprobar en la siguiente canción (muy de moda actualmente): la cercanía, la pura ambición, la manifestación del deseo cuasi-concedido, junto con el ansia de considerarlo posible y tangible… Tenerlo ahí mismo dejándote con la miel en los labios, básicamente.

Mil y un factores tanto conscientes como subconscientes (en determinados casos altamente favorecidos por las edades tempranas y la condición del género femenino) que se funden con la inteligencia de ellos, los dueños de tantas provocaciones totalmente intencionadas, y sus simpáticas artimañas, con las que nos tientan estratégicamente, sabiendo perfectamente por dónde cogernos y llevarnos.

Ante la duda, obsérvese al público de este muchacho brasileño en el vídeo, cuya canción Ai se eu te pego ha alcanzado la fama mundial, favorecido (todo hay que decirlo) por el baile que hicieron los futbolistas Marcelo y Cristiano Ronaldo celebrando un gol. Por cierto, acabo de comprobar que Michael Teló tiene 30 años. ¡Quién lo diría!

Así pues, crea un producto sencillo, sexy y con una coreografía semi-erótica y el éxito está asegurado. Y si no hay baile, no importa: con un rostro atractivo y una letra mínimamente parecida a una declaración de amor (o de deseo), suficiente.

Próximamente, en relación con este tema: breve análisis de los anuncios de colonias y perfumes.

A veces, la felicidad está en…

 – Empezar una novela prometedora.

– Recibir un e-mail a modo de carta.

– Alcanzar el peso corporal deseado.

– Ver una película impactante en el cine (¡española!).

– Conversar con un amigo.

– Visitar un museo y enamorarse de un cuadro.

– Pasear bajo un clima fantástico.

– Tirar a una papelera el paquete de tabaco.

– Escuchar un buen disco de rock alternativo.

– Ir a un encuentro de extranjeros para practicar idiomas.

Y cuanto todo esto se junta en menos de 48 horas, ya se puede hasta alcanzar la felicidad suprema.

Porque no es tan difícil sentirse contento cuando hay motivos para estarlo y las contrariedades son inevitables.

Porque hasta una tipa tan rematadamente realista como yo sabe que la felicidad está dentro de nosotros.

Motivos para vivir en Madrid

Lo que voy a exponer es total y absolutamente subjetivo, por supuesto, son MIS motivos, razones que he ido encontrando a lo largo de los dos últimos días (además de todas las que las preceden durante los cuatro años anteriores) para ansiar establecerme en esta ciudad (en la capital; en la provincia ya vivo, concretamente Villaviciosa de Odón, y ahora que he terminado la universidad es el momento de huir por fin de aquí a la gran ciudad), pequeñas bellezas imprevisibles y maravillosas.

Para empezar, la exposición de la que os hablé ayer. El placer de ir caminando despreocupadamente y encontrarte de pleno con una exposición, como quien no quiere la cosa, de cuadros.

Curiosamente, ahora que me doy cuenta, la mayoría de mis motivos van a rondar en torno a una zona en especial: el Retiro. Así pues, el segundo motivo es lo que ofrece la siguiente imagen.

Exacto. Además del placer en sí de estar tirado en el césped a una temperatura celestial (al sol no, por favor), un diminuto componente animal se introdujo en mi reflexiva velada natural como quien no quiere la cosa. ¡Esa ardilla que va por el césped! Porque aquí nadie pensará en estos bichitos habitualmente pero SIEMPRE que pase alguno por al lado, ¿quién no lo sigue con la mirada y exclama para que lo vean los demás acompañantes?

Muy bien. A continuación, otra imagen.

No se aprecia del todo claro pero se intuye. Os explico: en medio de mi deleite corporal y mental tirada en el césped, me sorprende de repente una musiquilla. Y resulta que ese hombre de en medio de la fotografía iba en monociclo tocando con un acordeón una de las canciones más famosas de la BSO de Amelie. ¡Para no quedarse prendada de la situación! Ganas me han dado de ir al Retiro todos los días.

Pero la cosa no se queda aquí. Paseo casual por la zona e inmersión literaria en la Cuesta Moyano (famosa por su feria del libro permanente). Diviso en una mesa un cartelito de “1 euro”. Naturalmente, me paro. Tropiezo con unos tomos enormes, en el primero de los cuales se puede leer “Humphrey Bogart”. Su filmografía. Me acuerdo de Robert de Niro y empiezo a pasar los libracos con distintos actores sin previsión ninguna de tal posibilidad. Al toparme con Dustin Hoffman dudé por un momento (jum, este no es tan viejo). Y, abajo de todos… ¡voilá!

¿Se puede tener más clase? Voy hacia el señor del puesto. Ingenuamente, le pregunto si todos los libros de esa mesa costaban un euro. La respuesta fue no, claro, absurdo pensarlo. “8 euros”. ¡8 euros! ¡Como para replanteármelo! En la Fnac un libro de ese estilo me habría pretendido clavar una puñalada de entre 30 y 40 euros que nunca habría desembolsado. ¿Pero 8 euros? Pastas duras, más de 200 páginas tamaño A4 de un blanco reluciente (poca pinta de papel reciclado) y sus imágenes en color magníficamente repartidas… ¡Pa’ la saca!

Por último, alejándonos ya de las inmediaciones del Retiro, os muestro la fotografía que tomé el lunes por la tarde en una Plaza de Sol que nada tenía que ver con la de las tres semanas anteriores, dejando cierto halo brutal de melancolía. Una sensación extraña de pérdida. Pero aquella visión dejaba bien claro un mensaje muy importante.

Sobran las palabras.

VPS Rap & Reggae

Ayer tuve la celebración de Navidad con la empresa en la que hago prácticas, Facilísimo. Me daba muchísimo reparo, incluso la noche anterior lo pasé casi mal rallándome yo sola porque apenas conocía a nadie e iba ultra apurada, pero al final todo fue bastante bien. Genial, de hecho.

Entrega de los regalos del amigo invisible. Intuía quién me regalaba a mí pero no lo dije por vergüenza, y habría acertado, ¡me cagüen! Y a la que me había tocado a mí le gustó mi regalo :), los peluches son un gran recurso.

Almuerzo en el Muerde la pasta del centro comercial Tres Aguas. Nunca había comido allí, es de buffet, y estaba buenísimo. Creo que jamás he comido tantísimo, seré burra…

Después, a la oficina a beber. A las 17:00 nos dieron un concierto privado el grupo VPS, Visto Para Sentencia. Increíble, lo hacen de puta madre. Teniendo en cuenta que me gustan el rap y el reggae, la fusión me dejó alucinada. Podéis conocer sobre ellos y escuchar sus canciones aquí, os cuelgo una. Su facebook es VPS Rap & Reggae. Ya tienen una fan más :D.

Y luego, a continuar la fiesta en la oficina hasta que tiramos para los bares del pueblo. Un rato de bailoteo y, por mi parte, para casa sobre las 3, que estaba ya cansada.

Conversaciones, bromas, colegueo, confidencias… Lo pasé realmente bien. Y lo mejor, lo que más me llegó y menos me esperaba: ¡¡VISTO PARA SENTENCIA!!

Probando discotecas

Madrid a veces me ralla. En el sentido de que me confunde. Cada discoteca tiene su nombre más o menos por el que le llamaría todo el mundo, ¿pero luego qué pasa? Que un porrón de ellas le asigna un nombre distinto a cada fiesta determinada que dan los días de la semana que les plazca. Y me acabo haciendo un lío del copón.

Por ejemplo: planes de jueves, viernes y sábado de esta semana. Sí, ha sido intenso, en estos momentos el sofá es mi mejor amigo.

Primera y fundamental recomendación: pedir SIEMPRE ser incluidos en lista. En internet aparecen los contactos. Un buen método directo es a través del Facebook.

Total, jueves: fiesta Low en La Riviera, que siempre cae en este día de la semana. En realidad, Low era una discoteca en sí de reducidas dimensiones en la que no he llegado a estar, pero la cerraron, solo que a veces digamos que traspasan fiestas del estilo que tenían a otros sitios, como en este caso La Riviera, discoteca bastante grande donde también se dan conciertos. La música de Low es electrónica satisfactoriamente soportable, y hay que tener cuidado en algunos momentos de la noche con los pogos que se forman. Lleno pero a gusto y de rollo alternativo (un porrón de rastas pululando por ejemplo, es donde más he visto), vas haciéndote con tu territorio sin dificultad en medio de la gran motivación masiva que te rodea y te contagia.

Viernes: tocaba ir por Huertas, por el centro. Primero, a El Son, donde la música es totalmente de salsa, hay mucho extranjero (más bien de sudamérica) y no paran de sacarte a bailar. Si te gusta el rollo, bien; si no, no vayas, lógicamente. El siguiente destino fue El Samsara, caracterizado por la música pachanguera y un ambiente algo cargado de testosterona. Muy cargado de hecho, el triple que en El Copérnico (Moncloa), discoteca de la que puedes acabar muy quemado como vayas tres veces seguidas (ya no quiero volver allí, la música es una bazofia y el sitio un putiferio que te cagas, al menos en El Samsara me gustaban las canciones). Para un día así de higo a breva ambos sitios de esta noche han estado bien, pero poco más. Sin abusar, como de todo en la vida.

Sábado: fiesta Sunflowers (no Space of Sound como pensábamos, que esa es los domingos, ¡cuidao!) en Macumba, con House a tope, sus gogós, un par de barras, reservados, sillones cómodos a un lado en fila y espacio amplio para bailar, la mar de completo. No tan inmenso como La Riviera ni pequeño como El Son pero grandecillo. Me gustó bastante. El brutalísimo fallo que tiene es que en la parte de la pista hay dos o tres escalones que la recorren entera, y en los cuales se habrá tropezado ya medio Madrid. Eso está fatal hecho, debería ponerlo todo en rampa si acaso. Por lo demás, ambiente muy bueno y sin agobios. El grave error nuestro fue el de no ir por lista. 15 euracos y una copa, pero bueno, ya lo sabemos para otra ocasión.

Mo-men-ta-zo entre las 4 y las 5 de la mañana en Sunflowers (¿véis?, ya coges la costumbre de llamar a cada fiesta por su nombre específico y no veas para localizarla en este local o aquel si no has ido todavía, un cacao mental del carajo) cuando pusieron de una forma bestialmente inesperada para mí la mítica de moda de Cypress Hill, Insane in the brain. ¡Qué grandes son! Quiero ir a un concierto de ellos…

Desde luego, por el momento se lleva la palma la fiesta Zombie de los miércoles en la Sala Heineken: entrando por lista tienes 1 copa por 9 euros o 2 copas por 15 euros, un ambientazo brutal, rock alternativo junto con electrónica por el estilo y el espacio más o menos desahogado, más petado conforme te acercas a la zona del Dj. Son muy listos porque cuando hay días de fiesta, la noche anterior hacen una fiesta Zombie, sea el día de la semana que sea, y siempre se petan, así que recomiendo ir en miércoles.

Conclusión: Madrid es La Hostia, genial, maravilloso, íntegro, ultra variado. Pero si quieres hacer cosas, te tienes que fundir una cantidad de pasta que no es ni normal. Habrá sitios y sitios de todas formas pero vamos…

Denuncia indignada aparte: ¿cómo es posible que en el boquete que es Jerez (entiéndase el sentido en el que lo digo refiriéndome al ocio en torno a la vida juvenil y comparándolo con el de las grandes ciudades) haya un botellódromo y en La Señora Capital no haya ni uno solo??? Cuestión que no acabo de comprender ni creo que lo consiga jamás.

16 horas de fiesta

Hagamos balance del fin de semana, en especial de las 14 del domingo hasta las 6 de la mañana del lunes, o sea hoy.

Aparte está la salida del sábado, un tanto desastrosa para tratarse del cumpleaños de una amiga: nos cogió la poli en seco bebiendo en la calle, no llegamos a entrar en Kapital como estaba planeado, nos tiramos demasiado rato pensando en adónde ir, el primer sitio era un tugurio donde solo estaban el camarero y un grupito flamenco tocando (por lo que tomamos el chupito al que nos invitaron y nos largamos inmediatamente) y la música del siguiente local fue horrible a excepción de, POR FIN, el último rato. Y a las 3:30, hora cambiada ya, los currantes de la discoteca como que no pretendían trabajar una hora más así que bye bye. No pasa nada, así descansaba para la que se avecinaba…

¡Ah! Para el cumple salimos disfrazadas de “viudas alegres”: atuendo negro, el que quisiera cada una pero con ese color; velo, guantes y rosas, tan artificialmente reales que hasta nos pinchaban las espinas, todo negro. Creo que no volvió viva ninguna flor. A modo de anécdota (me deja un tanto imbécil pero bueno): en la discoteca un tío me preguntó de repente: “¿se te ha muerto alguien?”, y yo súper asustada: “¡no, no!”. Claro, el disfraz… En fin… Agilipollá perdía.

Dormí mal. No sé por qué, pero vaya noche. En fin, mal para como podría haber dormido pero bueno, más de lo que había asimilado que igual dormía (mínimo 4 horas, pero fueron unas 7 más o menos ya que nos recogimos medianamente pronto, ¡y me trajeron en coche :D!). Platazo de espaguetis para aguantar bien durante el día y a las 14:15 aprox me recogían para coger camino a la Goa. Nos costó un poco encontrarla, y encima llovía, menos mal que luego bebiendo en el parking el cielo se mantuvo despejado.

La Goa es una fiesta mensual que hace la macro discoteca Fabrik, situada en Fuenlabrada. Cuesta 30 euros y ponen música electrónica (no comercial). Una vez al año no hace daño. Pero aprendimos que en fechas señaladas como Halloween o cualquier tipo de aniversario, NUNCA MÁS hay que meterse en un sitio como aquel. Claramente, el aforo estaba desbordado. Después de beber y dejar la botella a cubierto debajo de una furgoneta y pasar un frío acojonante (porque, señores, el frío ha empezado a pisar bien fuerte), entramos y logramos, después de la cola para el ropero, coger un buen sitio en medio del meollo. En cuestión de cinco minutos tuve una interesante conversación con un kinki:

Él: ¿te importa que baile así? (o algo parecido, porque estaba en plan saltando mucho y tal, me parece que así empezó).

Yo: no, no, qué va.

Él: pues a mí no me importaría darte un beso en los morros.

Yo: (O_O = cara de susto) esto… no, eso no.

Él: ¿seguro?

Yo: (?¿?¿?) seguro (créeme).

Él: venga, pues nada (súper animado de todas formas).

Total… La música bastante bien a pesar de que otros géneros me gustan y motivan más. El gravísimo error que cometí fue ir al baño sola. A la vuelta me fue imposible encontrar en medio de la pista a mis amigas y me puse muy nerviosa. Al final nos vimos en el baño, petado de tías y de olores cuanto menos curiosos.

Al ratito, sobre las 20, una se largó y nos quedamos dos (RM y yo, cómo no), y empezó lo que podríamos llamar el Episodio Agobio Bestial. Intentamos meternos otra vez para la zona céntrica y solo recibimos apretones y empujones por todos lados, ¡la masa se nos llevaba de un lado para otro! Vamos, no más de un metro cuadrado pero bueno, ya es perder considerablemente el control de tu cuerpo y tus movimientos.

Así que nos posicionamos cerca de unas escaleras, donde faltó tiempo para que unos muchachos comenzaran a darnos conversación. El resto del rato se pasó entretenido y más tranquilo, observando a ratos a la cantidad de peña acinada a lo largo y ancho de toda la discoteca. Exagerao.

A las 23:30 pasada salimos para coger el autobús a Plaza de España, pero por lo visto hacía rato que no pasaba ninguno o algo y optamos por compartir un taxi con otras dos chicas de por allí. McDonald´s (muy agradecido pero la hamburguesa se me repitió a lo largo de la primera mitad de la noche, qué desagradable), encuentro con un amigo que hacía tiempo que no veía y a hacer cola para la siguiente fiesta, de 1 a 6 de la mañana: Zombie, en la Sala Heineken. Normalmente es los miércoles pero había una por Halloween.

No, no fue apenas gente disfrazada a la Goa y a Zombie mucho menos. Cola del copón que se pasó más o menos ligerita y otra vez agobio dentro. Nunca mais. Después de empujar a una gorda de mi espacio vital y que me llamara zorra y se alejara rápidamente fuera de mi alcance, RM se me llevó a un lado de la sala antes de que me pegara con alguien. Y allí permanecimos un rato bailando que se nos hizo eterno en realidad, el tiempo no pasaba. No es que quisiéramos que corriera en sí pero claro, los pies empezaban a resentirse bastante y mirar el reloj pensando que serían las 4:00 cuando eran las 3:00 y volver a mirarlo creyendo que había pasado al menos media hora cuando eran las 3:13 como que nos llegó al alma. Al rato nos sentamos, y nos encontramos con otras amigas, con las que nos juntamos hasta que mis plantas amenazaban con desintegrarse, pero ahí que seguíamos, y ni speed ni éxtasis ni hostias.

5:20: vámonos para el ropero que luego la cola es bonita. La otra vez encendieron las luces a las 5:30, por eso mejor ir ahorrando tiempo. Salimos por fin de allí a las 5:42 y paseíto para Príncipe Pío. Para qué iba a coger el metro a las 6:00 si el autobús no salía hasta y media. Pues para eso bajaba la cuesta desde Plaza de España y tan a gusto. Hacía frío pero se soportaba llevaderamente. RM insistió en acompañarme, no tenía por qué hacerlo. No sé si yo lo habría hecho xD, me parecía absurdo teniendo el metro ahí pero bueno, qué maja :).

Por poco me da un patatús al ver, sobre las 6:10, que el horario de autobús que ofrecía la pantalla era las 6:50. Pero bueno, me senté a esperar y a tontear con el móvil y a y media, para mi inmensa alegría y alivio y de todos los presentes, llegó un autobús que abrió la puerta así que se puso a tope de gente y salimos a las 6:42 para Villaviciosa. Lo increíble es que llegué a casa… ¡y no tenía sueño! Di una vuelta por el ordenador, como siempre, y ya para la cama, cerca de las 8.

Siempre calculo al acostarme a qué hora me habría de levantar para dormir 8 horas en plan orientativo simplemente. Pues me tenía que haber levantado a las 16:00 para cubrirlas, pero a las 13:30 ya me he despertado así que nada, para qué perder más tiempo sobando, lo justo y necesario.

Conclusión: aunque lo pasé bastante bien, no recomiendo en absoluto ir a grandes fiestas en determinados días especiales, mejor cuando encarte y sin que haya ningún evento. Zombie queda relegada exclusivamente a los miércoles, ¡qué buena es la música! Aunque no pusieron Cypress Hill :(. Y en cuanto a la cantidad de horas de juerga, está guay la sensación, sobre todo por lo excepcional. Me gusta ponerme a prueba.

Hala, ¡que paséis un buen día festivo!

Pd: a la vuelta, tuve que pagar en metálico el autobús porque claro, estamos ya a noviembre y el bono mensual me había caducado. Dos eurazos. 10 puntos, María.

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