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Ambiciones y reflexiones… de Belén Esteban

De esto que va una tan tranquila por la calle y advierte la presencia cercana del escaparate de una librería (imagen siempre grata de ver) cuando ¡ZAS! En todo el medio de la armónica composición de los tomos colocados en posiciones variadas, la mirada se topa con lo siguiente de cara bien al frente:

Ambiciones y reflexiones Belén Esteban

Escalofríos es poco. Me parece verdaderamente fantástica la opción de que cualquier ser humano pueda hoy en día lanzar sus pensamientos e historias a los cuatro vientos, sobre todo gracias a las nuevas tecnologías y soportes en red que tantas ventajas brindan a los que no tienen tantos medios para hacerse oír (y a los que sí también, porque si no se apuntan al carro, mal les va a ir) pero… ¿En serio? ¿Un libro escrito por esta mujer? No puedo imaginar mayor contradicción que las palabras “libro” y “Belén Esteban” en la misma frase.

De ser cierto que las palabras vienen de su propia pluma (cosa que dudo), debe de haber llevado más tiempo la corrección ortográfica, gramatical y semántica posterior por parte ajena que su redacción inicial. ¿No bastaba con escucharla por televisión a través de los programas a los que los propios interesados acudían voluntariamente mientras que los demás permanecíamos felices en nuestros limbos de ignorancia hacia su persona? Desde luego, hay que reconocer que es de materia incombustible. Evítala en la pantalla y te la toparás de bruces por la calle.

Analizando con perspectiva, en cierto modo esto no es grave. Como he comentado, cualquiera puede lanzar el contenido que desee al universo, sobre todo aprovechando el hallarnos en una sociedad defensora del libre pensamiento (jé) y de la libertad de expresión (JÁ). El problema, el auténtico problema aquí implícito, se basa sencillamente en que, a pesar del pavor que tal obra provocará a una cantidad importante de gente, mucha otra la adquirirá. Probablemente más personas de las que me imagino. Y de las cuales un elevado porcentaje no se atreverá a admitir que lo ha hecho, pero procederá a la compra (o pirateo) clandestinamente.

Mira que me importa poco lo que hagan los demás mientras que no me afecte a mí o a quien no lo merezca negativamente, pero el impacto me lo he comido con papas.

Cómo no va a haber una fuga de cerebros en España bajo estas condiciones.

En el país de la nube blanca, de Sarah Lark

Mucho más que un libro, muchísimo más que una novela. Un alucinante recorrido emocional que empieza con la apacible vida londinense de dos mujeres a las que el destino les lleva a embarcarse en un viaje hacia la Nueva Zelanda del siglo XIX, en proceso de colonización.

Desde las primeras páginas (literalmente) hasta la última, esta extraordinaria historia mantiene la máxima expectación en el lector a lo largo de un incombustible reguero de circunstancias adversas, confrontaciones, amores, frustraciones, inocencias, maldades… Ni un sólo párrafo monótono, sino una perfecta armonía entre la acción, prácticamente permanente, y los diálogos, junto con los pensamientos omniscientes de todos los personajes y las descripciones de maravillosos terrenos y parajes, que jamás dan la impresión de que el ritmo de la historia cese lo más mínimo, lo que obliga al espectador a continuar consumiendo los capítulos cual mendigo hambriento.

Los hechos transcurren con una disimulada pero fantástica documentación de fondo en torno a las principales fuentes de riqueza (el mayor atractivo para aventureros y desamparados, sin duda) en unos territorios aún vírgenes por aquella época, desde la cría de ovejas, caballos y bueyes hasta la caza de ballenas y focas, sin olvidar la famosa “fiebre del oro”.

A su vez, las costumbres de la civilización, en especial el casamiento obligado de las mujeres sin alternativa posible a la libre elección, a pesar de estar más vistas que el tebeo, no dejan de resultar chocantes y apasionantes conforme se viven en este magnífico volumen y se aceptan para luego disfrutar viendo cómo se quebrantan. Esos amores apasionados, para nada empalagosos; ese sentido de la responsabilidad y de la educación, que no excluye la cruda realidad cuando hay que soltarla; esa crueldad injustificable, esa fidelidad incondicional, esa compasión incomprensible, ese último suspiro esperanzador, esa posibilidad de cambio… Y la constante y simbólica presencia de la cultura maorí en la isla, igualmente significativa para el argumento.

Y no sigo porque me podría tirar así líneas y líneas, así que únicamente me queda decir, por si no se ha notado, que recomiendo con todo mi entusiasmo este magnífico tocho a cualquier lector porque, si algo es indiscutible, es que el relato se bebe como el agua, engancha poderosísimamente. Así pues, bienvenidos al País de la Nube Blanca, en el que reiréis y sufriréis al compás de unas familias, al fin y al cabo, como las de ayer, las de hoy y las de mañana.

El Prado (I) : Picasso y el fusilamiento de Torrijos, de Antonio Gisbert

Yo pensaba que había visto el Museo del Prado pero, o no lo había investigado entero o no le he prestado la atención que se merece. Y ya que es gratis para los estudiantes y yo sigo teniendo el carnet, para allá que me dirigí una mañana cualquiera de esta semana. Para los periodistas también hay acceso libre, pero no voy a pagar por el carnet de prensa, y menos cuando hasta los personajes del corazón lo pueden solicitar por haber aparecido un tiempo soltando comentarios/chorradas en televisión.

Pero bueno, que me voy por las ramas. El caso es que fui con la intención de ver la “exposición” de Picasso. Lo que yo pensaba que sería un considerable surtido de obras se tradujo en un solo cuadro: La acróbata de la bola.

Sin menospreciar la capacidad y el reconocimiento universal del artista, la verdad es que no me impresionó demasiado. Aún no le veo la gracia a este tipo de arte de trazos sencillos y figuras planas, e ignoro si se lo veré alguna vez.

Así pues, me dije: ya que estoy, me doy un paseo por el museo. Y me sorprendí recorriendo salas que no recordaba en absoluto (supongo que nunca había estado en ellas porque si no, no me lo explico) y disfrutando de lo lindo. Vayamos por partes. En primer lugar, me enamoré increíblemente de la siguiente obra:

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert (1835-1902). Evidentemente, no hay color entre verla por el ordenador y visualizarla en una sala con proporciones de 6×3.9 metros pero bueno, la recomiendo fervientemente para quien tenga la oportunidad de visitar el museo. Os transcribo la descripción:

El general Torrijos fue uno de los protagonistas del régimen constitucionalista durante el Trienio Liberal, que Fernando VII sustituyó en 1823 por un férreo absolutismo. Exiliado en Inglaterra, cuando se dirigía a Málaga desde Gibraltar cayó en una emboscada con sus seguidores, y todos ellos fueron fusilados en las playas malagueñas sin haber sido juzgados. El gobierno liberal de Sagasta encargó esta obra para exponerla en el Prado como ejemplo de la defensa de las libertades y la lucha contra el autoritarismo, que Gisbert pintó con gran audacia compositiva y una intensa carga emocional.

Tras ser consciente de la escena extremadamente trágica que se nos ofrece, queda tiempo para admirar, sin duda alguna, la precisión de la composición del cuadro, los rostros, los gestos, las figuras, el paisaje de fondo. Resignación, dolor, muerte. Todo un panorama entre humano y natural con gran potencia desoladora.

En la siguiente imagen se ofrece precisamente el punto central del cuadro, permitiendo distinguir mejor los tres personajes (el más céntrico, el de gris y el de la mirada hacia el cielo) que más me llegaron al corazón en su caracterización, su expresividad, su actitud, sus reflexiones personales, sus manos atadas y unidas, su magnífico porte ante un desenlace inminente.

Qué más puedo deciros… Alucinante, maravillosamente abrumador, terrorífico. La máxima expresión del cruel designio y del compañerismo incondicional.

El cuaderno de Maya, de Isabel Allende

Si ayer os puse un fragmento que me marcó de El cuaderno de Maya, hoy toca plasmar la reseña de esta preciosa obra recién terminada, cuya escritora puede que conozcáis: Isabel Allende, de la cual recomiendo especialmente su libro La casa de los espíritus, aunque también el siguiente del que os voy a hablar.

Redactada a modo de diario, la novela recorre la tortuosa vida de su protagonista, Maya Vidal, de manera que se nos presentan las andanzas de una joven de 19 años contándonos de la forma más personal, abierta y sincera sus pasos adolescentes por el mundo, sus rebeldías y desventuras, y parte de su infancia.

Isabel Allende vuelve a sorprendernos y engancharnos sin alejarse de su particular estilo, basado en multitud de adjetivos y descripciones extensas de personas, lugares y hechos históricos que se entrelazan con escenas de acción, diálogos y sentimientos más intensos, remarcados fundamentalmente a través de la rabia, el sufrimiento y el amor.

Una historia creíble aunque ficticia y envolvente que permite conocer poco a poco a Maya, a raíz del carácter omnisciente del “cuaderno”, y a los demás personajes, igual de magníficamente caracterizados en sus papeles, sin prisa pero sin pausa, remitiéndose a datos y sucesos pasados que se alternan con el presente de la joven.

Una vida que no ha sido fácil pero que aún puede salvarse. Una chica perseguida que ha vivido más de lo que debía para su edad y que va rememorando para el lector y para sí misma sus errores, sus virtudes, sus capacidades y sus sueños.

El vals lento de las tortugas, de Katherine Pancol

Hace tan solo un mes y una semana que os hablé de la maravilla de libro que es Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol. Pues bien, lo que vengo a comentar en este post consiste en la segunda parte de la misma historia y autora, aún más fantástica si podía caber que la primera: El vals lento de las tortugas.

Y se sucede de nuevo en mi interior una sensación parecida a la de la otra vez: la de no querer pensar demasiado en cómo reseñaros esta obra, sino en procurar limitarme a pegaros la descripción del propio libro, a dejar fluir mi retahíla de sentimientos provocados por ella y a recomendaros encarecidamente esta magnífica historia, tan ficticia como la de cualquier novela y tan cercana como la vida misma. Así pues, os retransmito la sinopsis de la contraportada:

Este libro es una borrasca en medio de la vida…
El beso abrasador de aquel al que nunca debimos besar…
Un abrazo que es refugio o muerte…
Un hombre inquietante pero encantador…
Una mujer que tiembla y espera ardientemente…
Un hombre que miente…
Una mujer que cree dirigir el baile pero que ha perdido el paso…
Dos adolescentes más enterados que los mayores…
Un hombre que juega a resucitar…
Un padre allá arriba, entre las estrellas…
Musitando al oído de su hija…
Un perro tan feo que nos apartamos de su lado…

Personajes que avanzan tercamente. Como pequeñas tortugas obstinadas. Que aprenden a bailar lentamente, lentamente. En un mundo demasiado rápido, demasiado violento.

Lo mejor de todas estas líneas es comprenderlas al final, cuando por fin pasas la última página y respiras hondo por la cantidad de emociones que te han recorrido, por la grandísima afinidad que has sentido con varios personajes, respeto, repulsa, excitación, desesperación, alegría, desasosiego… Igual que en la primera parte pero multiplicando varias veces su intensidad.

En esta segunda parte, los protagonistas se ven reforzados, magníficamente caracterizados. Ya los conocemos y tenemos formada nuestra opinión sobre cada uno, pero no dejarán de sorprendernos, ni ellos ni los nuevos e intrigantes personajes ni la capacidad de la autora para absorbernos y trasladarnos a otro ambiente y otras vidas de inquietudes extremadamente próximas y reales.

A su vez, el argumento presta al lector mayor suspense y ansiedad. Básicamente, te bebes las páginas. Amor, pasión, miedo, valor, celos, frustración, muerte. Todo tipo de relaciones: de pareja, de amistad, de familia. No puedo decir nada más, excepto que os animo con todo mi entusiasmo a embarcaros en este par de llamas literarias.

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