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Recuerdos

¿Quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos? Preguntas típicas, fundamentales para cualquier cerebro con inquietudes y lejanas de resolver. ¿Por qué aquí y ahora? ¿Por qué yo? ¿Por qué así?

En cuestión de dar una simple vuelta por las fotografías de tu vida, adviertes cambios. Situaciones, viajes. Personas que estuvieron, y ya no. Personas que siguen contigo. Personas que están por llegar. Personas que te gustaría conocer más. Montones y montones de personas que nunca conocerás. Personas que echarás de menos. Personas que desaparecerán. Personas que permanecerán.

Una evolución continua, no siempre hacia adelante. Imágenes de momentos. De hace una semana. De hace un mes. De hace un año. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué he sacado de provecho? ¿Dónde he tropezado? ¿En quién me he convertido?

Y, sobre todo… ¿Me preocupará dentro de un tiempo lo que hoy me preocupa? La respuesta es simple: No. Frustraciones que se habrán esfumado, que hoy son vitales pero mañana solo recuerdos. Memorias de una lucha eterna en busca del equilibrio emocional, que nunca llega, que viene y va, que llega un día supuestamente para quedarse pero vuelve a escapar.

Hay una cita que dice: “lo esencial es invisible a los ojos”. Y así es, vagamos ciegos día tras día. Esperando. Deseando, anhelando, ansiando. Siempre hay una fecha límite, un más allá, una meta. Y después otra. Y otra más. Fechas que nos marcan. No, que nos marcamos. Un examen, un viaje, una cita, un quiero-y-no-puedo, un lo-tengo-pero-me-falta-algo, un joder-qué-bien-me-va-todo-pero-aún-así…

Un algo que en un tiempo no importará en absoluto. Ni una carrera ni un trabajo ni un matrimonio ni unas facturas pagadas pondrán fronteras a este amor propio, a este auto-odio, a esta relación contigo mismo. A este inconformismo. A las barreras, a los objetivos de cada día, a los flechazos, a los caprichos.

Tú pones tu fecha. Y el mundo te crea un calendario infinito. De posibilidades, de triunfos, de fracasos. Pero todo, al menos, que sea para aprender algo. Para mirar las fotos de hace dos años y preguntarse: ¿qué ha pasado? Y reflexionar. E incluso sonreír. O, aunque sea, emocionarse.

Pensad. Activad neuronas. Que nunca se oxide el cerebro. Que no se apalanque, que no cese, que siga su curso. Que los respiros se repartan entre suspiros y sonrisas, entre risas y lágrimas, entre chistes y debates. Que perduren las aficiones, las pasiones, el alma. Que no se pierdan entre las obligaciones. Que cada cual alcance su propia pasión, la que siempre tuvo, y la que le acompañará hasta la muerte. Que la descubra, que la explote, que no la deje escapar.

Que desaparezca todo, libremente, como esa roca que se va erosionando con el azote del viento. Que se va quedando cada vez más delgada, más pura. Que, irremediablemente, se acabará encontrando a sí misma. Que explosione y se extinga todo, como las preocupaciones de hoy, a excepción de…

Los recuerdos. Y el brillo de los ojos.

La cirugía refractiva; también llamado operarse de la vista

La cirugía refractiva consiste en la solución quirúrgica a la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo, de manera que excluye la necesidad de volver a emplear gafas o lentillas. Preferiblemente si tienes pasta para pagarla, claro; si no, a esperar la lista, que es otra opción igual de viable y fantástica si no tienes prisa ninguna. El caso es que VUELVES A VER. Bien. Nítido. La rehostia, para que me entendáis. También si tus ojos lo permiten, cosa que ya, en caso negativo, desconozco de qué depende aparte del ancho de la córnea, que ha de ser el suficiente como para que se pueda trabajar en él; en mi caso era más ancho de lo normal incluso (aplausos mentales).

Pues eso, me he operado de la miopía, constituida por 3 dioptrías en mi ojo derecho y 5 en el izquierdo. Situándonos en mi ciudad natal, Jerez de la Frontera, un lunes 12 de septiembre de 2011 fui a hacerme las pruebas, para las que me dilataron las pupilas a base de unas 4 gotas por ojo, de manera que eché una tarde un tanto desatendida de libros y pantallas de ordenador (no había forma de enfocar de cerca). Tras la última prueba, realizada en Cádiz en menos de 5 minutos puesto que no tenían esa máquina en Jerez, obtuve la topografía que indicaba que el ancho de mi córnea era más que sobrado para llevar a cabo el procedimiento quirúrjico. Véase a continuación uno de mis señores ojos más dilatado que las partes íntimas de una meretriz:

Muy bien. Pues, una vez comprobado que era perfectamente apta para ser operada, se concertó la cita para el miércoles 14 de septiembre. Exacto, ¡¡a los dos días!! No tuve tiempo ni de acojonarme. El simpático doctor pareció tener en consideración que yo tuviera que emigrar pronto a Madrid de nuevo, así que para Cádiz que tiramos ese miércoles después de comer a la esperada cita.

Una servidora no era ni consciente de la velocidad de la situación, me temo. Ya os digo que, sin comerlo ni beberlo, a las 17 y pico me encontraba ya tumbada bajo la primera máquina (eran dos) que haría lo que quisiera con mis ojos. Para ser más exactos y respetuosos con el desarrollo de este tipo de cirugía, transcribo la descripción del consentimiento informado aquí mismo:

La técnica INTRALASER con Láser de Femtosegundo y Láser Excimer consiste en realizar, en una primera etapa, una Queratomileusis mediante un Femtolaser. Esto supone la realización de un corte circular e incompleto (dejando una zona de bisagra) de un disco o tapita (flap corneal) de una capa superficial de la córnea de un espesor de aproximadamente 1.20 mm. (120 micras), para poder exponer el tejido corneal profundo (estroma).

Sí, señores, me rebanaron un poquillo los ojos. En esta máquina sentí cierta presión, no fue muy cómoda, pero era necesario para cortar la porción adecuada. Tampoco supuso dolor. Eso sí, estaba cagá de miedo, no os voy a engañar, sobre todo durante todo el ojo izquierdo, que fue el primero.

En una segunda fase, sobre el estroma expuesto se aplica el láser excimer para realizar el tallado de una determinada cantidad de tejido necesaria para corregir el defecto refractivo. Posteriormente, sobre la zona tratada con el láser excimer se coloca de nuevo el disco o tapita corneal cortada inicialmente. Es un procedimiento que se realiza sobre la córnea, y no en el interior del ojo, y solo precisa de anestesia local mediante colirios.

Vamos, que fui consciente de toda la operación, evidentemente. En esta segunda máquina no noté absolutamente nada, y mira que veía un par de instrumentos con forma de palito paseándose por mis ojos, pero nada, la mirada fija en las lucecitas (que, por cierto, durante la exposición al láser desprendía aquello un olor a parrilla que no veas).

Ojo izquierdo recién operado. Por lo visto, un capilar se rompió pero puede pasar y tampoco duele, se irá quitando como cualquier otro hematoma. La vuelta a casa sí que se volvió un tanto apocalíptica, y el resto de la tarde ya ni os cuento al quitárseme del todo el efecto de la anestesia. Salimos de la clínica oftalmológica a las 18:30. Pues hasta las 12 de la noche no pude abrir los ojos. Me pasé la tarde tirada en la cama, con los ojos como vibrando y haciendo un macro esfuerzo a cada hora para que mi madre me echara los colirios correspondientes.

Por suerte, al final antes de dormir se me pasó, descansé bien y al día siguiente me levanté tan pancha. Desde entonces, todo estupendamente. Digamos que a ratos da la sensación de que haya cierta neblina, pero en cualquier caso desaparece en cuanto centro mínimamente mi atención en un punto. Vamos, que veo perfectamente.

Así pues, toca echarse colirios durante una semana, no frotarse los ojos y protegerse del sol. Y, por supuesto, ¡a disfrutar!

¿Ciego?

Ludopatía enfermiza que impregna las esquinas, las aceras, tus andares. Persigue a tu sombra. Esta decide escapar, se volatiliza. Ya no tienes presencia sobre suelo y paredes por mucho que te dé el sol. Y lo miras. Te quemas la retina. Lo sigues mirando. Retiras la mirada. Estás ciego.

¿Ciego de qué? Daba igual. Ya no podía caminar saltando de baldosa en baldosa, pero qué más daba, luego le provocaba dolor de cabeza mirar tanto para abajo.

La sangre, que no corre. Que se reparte por todo el cuerpo, que fluye cuchillo en vena. Textos que corren a la vez. O una cosa u otra. Si la sangre corre, los ojos se nublan. ¡Ah! ¿Pero no estaba ya ciego? Quizás no. Aunque hay un leve resplandor que no se va. Qué hijo de perra, da más por saco que…

Y se estrella, corre, vuela, se estrella otra vez, vuelve a correr. No llega a volar. Le duele. Ha vomitado. Qué asco, hasta el desayuno de ayer. Un par más como esa y adelgaza cinco kilos. ¿Por qué bebe cerveza? Hala, otra vez, totalmente de esperar.

¡Oh, no! ¡Una barra de metal en la cabeza! Se le aproxima, directa a la frente. Pim. Casi vizco se ha quedado. Pero no denota mucha expresividad. A ver cómo se la sacamos ahora. Aunque se le ve cómodo con ella. Podría llegar a vivir así como estado natural, me parece a mí. ¿Tú crees? Bueno, en verdad debe de ser un coñazo.

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Cuando no te miran a los ojos

Creo que se nota cuando a alguien no le haces gracia. Y no es que no se ría contigo, sino que no le entras por los ojos, no te mira a menos que le hables directamente, ni te saca conversación, ni tiene el más mínimo interés en saber de ti ni preguntarte nada aunque seas la persona que se encuentra más próxima en un grupo.

Me pregunto por todas aquellas personas que se suelen sentir rechazadas por los demás. Y que son rechazadas realmente, porque sentirse así es muy fácil pero también hay mucha víctima ficticia suelta.

El caso es que ayer pasé una velada la mar de agradable. Llegué a Jerez a las 16:00, me recogió mi madre, messengeé (para no variar), saludé a mi hermano pequeño de dos metros y a mi padre, y me acosté para estar lúcida durante la tarde y la noche. El plan era jugar a los bolos (quedé la última pero me lo pasé muy bien y fui mejorando conforme tiraba; al principio avanzaba como quien pasea por el campo, al final casi corría y tiraba la bola con entusiasmo, ¡incluso caían bolos!), cenar por ahí (no me acuerdo del nombre del sitio pero su sándwich Club estaba que te cagas) e ir a algún sitio, en principio al bar Rubio pero por cambiar fuimos al Triple, donde yo no había estado nunca, pero que resultó muy entretenido, con un grupo cantando y tocando unas cuantas canciones conocidas.

Entonces se acabó la noche. Salimos del local, la gente tenía sueño, empezó a llover y a las 2 de la mañana en casa. No me importó en absoluto, la verdad, ni siquiera confiaba en encontrar a nadie en el Comedia, y menos dispuesto a jugar a los futbolines, que era de lo que tenía más mono, ya que si acaso no se llenaría hasta las 3 y pico de la mañana (me faltó AAR en Jerez para no dudar en acercarme y echar alguna partida seguro :(), así que pasando del tema y a conectarme un ratillo mientras escuchaba tronar y llover bestialmente.

Y la sensación final del día era un poco amarga por el recuerdo de aquella persona, a pesar de situarse en un considerable tiempo atrás (jodida mente, que escarba en cualquier cosa sin venir a cuento), y mira que es una chorrada, porque cuando a alguien no le interesas basta con no mirarle a la cara y punto, pero no sé, parece que me afecta más de lo esperado y de lo lógico.

Por eso cuando me hallo entre un grupo de personas, procuro distribuir la mirada, intento dirigirla hacia todos los oyentes por igual, para que ninguno se sienta excluido. Ignoro si los demás se dan cuenta de cuando se limitan a mirar a uno o dos de los interlocutores, o miran a todos excepto a uno en especial, el cual se puede sentir herido, aunque sea inconscientemente, ya que si la conversación no va contigo (que se puede traducir en que no dirigen la mirada y palabras hacia ti), tú mismo pierdes también el interés y miras hacia otro lado.

O quizás no se dan cuenta, o tal vez lo hagan queriendo y punto porque no les guste que tal persona sienta que le prestan atención, ya que no creen que les vaya a aportar nada o no les atañe en absoluto la respuesta que les pueda dar, desacreditada normalmente por prejuicios… o a lo mejor por una opinión formada racionalmente, pero de cualquier manera no es justo despreciar a nadie. Total, que de forma intencionada o no, esa actitud puede hacer daño.

La comunicación no verbal es brutal.

En realidad, después de escribir esto, se me ha ido en gran parte el malestar. Sigo pensando lo mismo sobre el punto de vista de esa persona hacia mí pero ya desde una perspectiva más lejana, objetiva, analítica. Desmigar la psicología humana, o al menos experimentar que más o menos se está descubriendo un determinado comportamiento (llamémoslo universal y tan posiblemente involuntario como intencionado), puede llegar a producir bastante satisfacción, o como mínimo un halo de reflexión que te despierta para llevarte del hecho a la comprensión y visualización extra-terrenal de los motivos, las causas y las consecuencias.

Y la conclusión es evidente: a tomar por saco :).

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