Archivo

Posts Tagged ‘Origen’

La percepción del tiempo en Londres

Con este título, no me refiero precisamente al clima, eso no hay forma de percibirlo, o lo aceptas o permanecerás en un sin vivir diario. En cuestión de un par de horas tempranas de sábado me ha dado tiempo de despertar con un manto blanco impoluto, desayunar ante un cielo potencialmente azul y despejado y empezar este post con una nueva tanda de nubarrones por doquier. Pero vamos, que no es el tema.

Hablo del paso del tiempo. Sí, mi tema favorito (-¡Pesada!; -¡Pues vete a otro blog!). Mas no soy la única obsesionada por él en el contexto que voy a comentar. Sin profundizar en lo rápido o lento que transcurre, se trata de la diferencia en el rendimiento que se le saca según el sitio donde se haga vida. Me explico: varias veces he coincidido ya con una amiga (de respetable cerebro) en que esta ciudad, Londres (Reino Unido), se come el tiempo. Se lo traga. Lo absorbe y se lo funde cual chocolate en fondue.

Un año en Londres no es como un año en Madrid, y mucho menos como un año en Jerez (Cádiz, Andalucía, España), ciudad que sé que a muchos os gusta (la mayoría obviamente no sois de allí) pero no deja de ser mi lugar de origen, donde estuve hasta mis 18 años, seguidos de unos intensos cuatro años y medio en Madrid y del último año y tres meses en Londres. De capital en capital, me pregunto cuál será la siguiente…

London Eye

Bueno, el caso, que en quince británicos meses me da la sensación de que no he amortizado demasiado el tiempo, lo cual no implica necesariamente no haber hecho cosas, error, he hecho, y tropecientas, pero… Se presentan difusas, entremezcladas, volatilizadas, difíciles de ordenar cronológicamente. Como si hubieran pasado siglos. Las semanas se confunden, los meses se hacen semanas y mi 2012 parece una cruzada frenética repleta de emociones extremas que se cruzan y se chocan dentro de una bolsa de plástico con escapes por todos lados.

En Madrid, el tiempo también pasaba rápido pero de otra manera. Se hacían notar más los días, el orden de prioridades y deberes junto con el ocio, la clara distinción entre unas actividades y otras, los planes, los viajes, las amistades. Sí, la gente. Más profundidad en general, más inmersión en el estilo de vida y las relaciones sociales. Zambullidas totalmente intencionadas y considerablemente controladas, todo lo contrario que en Londres: un torbellino de caras que se esfuman antes de aprenderte sus nombres.

Cibeles Madrid

En Jerez… A su ritmo. Muy a su ritmo. Calma chicha, tirando a pachorra. Vida “simple”, se le podría llamar. Pocas preocupaciones, ilusiones rápidas que se iban tan rápido como venían sin dejar huella psicológica y percepción total del paso de las semanas y de los meses, con su separación clara entre los periodos de obligaciones y las vacaciones. Esas Navidades, que con el tiempo cobran mayor importancia en cuanto a reunirme con mi familia, y esa feria, que nunca me ha importado demasiado y que, por cierto, justo ahora está presente en Jerez.

Sí… Por allá andarán colegas de todas las corrientes dándole al rebujito y derivados. Da igual cómo sean, cómo piensen, en qué círculos se muevan o incluso que no les guste la feria: todos estarán allí. Porque es lo que toca, lo que pega, la excusa para salir de casa y arrejuntarse bajo un sol de casi treinta grados y porque es de los pocos eventos que hacen de la ciudad gaditana un sitio realmente emocionante. ¿Nostalgia? Psss, en verdad no, estoy tela de a gusto recostada y escribiendo en este momento, regodeándome felizmente en mis queridas inquietudes.

Calculo que tampoco tenía yo tantas neuras mentales por aquel entonces. Es posible (jé, muy probable) que sencillamente me esté haciendo mayor. Dicen que, a partir de los 25, los saltos temporales son brutales. Tengo 24 pero vamos, lo mismo da. Y la verdad es que, una vez superado el miedo a la tan mencionada fugacidad existencial, resulta de lo más interesante apreciar en mí misma mi cambio de actitud del año pasado, un incombustible non-stop, al actual, consecuencia directa del anterior sin duda. Un 2013, por tratar de definirlo:

Más comedido, centrado, insatisfecho, inconformista, previsor, en búsqueda (por fin en serio) del enriquecimiento personal a través de esa larga lista de actividades intelectuales y físicas pendientes que tantos tenemos. Y la particularidad del asunto no radica en mi mutación como tal sino en que, a pesar de él… Londres se sigue tragando el tiempo, incluso a mayor velocidad.

Foto retrato Maria G AmarilloPero bueno, ¿qué se le va a hacer? Mi madre siempre me dice que el hecho de que se me pase tan rápido significa que lo estoy pasando bien/no lo estoy pasando mal/estoy aprovechando el tiempo. Estoy de acuerdo pero insisto en que me hago vieja, lo veo, y estoy plenamente convencida a través de mi experiencia de que cada lugar se bebe el calendario a un ritmo determinado. C’mon, you are a baby! (“venga, ¡si eres un bebé!”), me dicen a menudo. Que sí, que sí, pero eso no me hace dormir mejor o creer en los príncipes azules.

Total, así estamos, de tránsito experimental por la vida. De cachondeo con mi mente, básicamente. Pero antes de cerrar este capítulo, me apetece comentar que ayer disfruté de una fantástica hora de conversación por Skype con mi hermano mayor y, a pesar de la diferencia de edad (tres añitos, tampoco es que sea mucho) y circunstancias particulares de cada uno, cabe destacar que curiosamente nos sentíamos igual en cuanto a nuestras reflexiones varias actuales. Resumiendo: la dicha lista eterna de cosas que nos gustarían hacer ha quedado relegada a un vigésimo sexto plano, lo que viene a ser el interior del contenedor de la esquina, y queremos seguir el ejemplo zen de nuestra madre (todo un reto, creedme):

Vivir el día a día, no pretender abarcar más de lo que podemos o de lo que nos pide el cuerpo, ser selectivos y hacer balanza entre lo que es realmente importante y lo que no. Dejar de luchar contra nosotros mismos, agonías que somos, y de imponernos deberes que nos las traen al pairo. Tanto documental gafapasta descargado cuando lo que apetece es ponerse un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre y a tomar por saco, hombre. Fluir en armonía con el universo y nuestras posibilidades, haciendo de nuestro objetivo el equilibrio emocional.

Entonces, mi padre me diría: “ahora traduce todo esto al inglés”.

No hay huevos 😦

Me encanta Jeré

Un buen fin de semana, como dicta la norma “salir sin expectativas para no llevarse decepciones” y confirma que es lo mejor para, si acabas pasándotelo bien, se convierta en una sensación “de puta madre”.

Tras una semana apacible, destacando la sesión de cine de Origen y una buena tarde de piscina y charla con mi amiga ER, llegó el viernes, que se caracterizaría (como de costumbre este verano) por una maravillosa cena con mis padres en La Carboná, restaurante estiloso, de calidad y con unos camareros sudamericanos muy salados, situado en la calle San Francisco de Paula. Plato crucial: ¡pechuguitas de codorniz!, tras unos pimientos y unas croquetas de entremeses y finalizando con un helado de cítrico IMpresionante. También tendría lugar esta noche, sin duda, el par de horas de rigor en el bar El Rubio, adonde ya ha vuelto de vacaciones el “rubio” como tal, el dueño, cuyo color de pelo se corresponde con el nombre del bar, claro. ¡Más majo! Cuando un camarero te parece simpático acaba convirtiéndose en una persona susceptible de comentarios favorables mucho más a menudo de lo que se podría imaginar. Así es como acaba enganchando a la clientela que cada fin de semana acude fiel a sus mesas y servicios.

Así me ocurrió una temporada con el Café Arenal (véase la imagen), situado en la Calle Caballero, saliente de la plaza del Arenal. Un pedazo de pub era aquel, con su penumbra, su barra, sus estanterías con todas las botellas correspondientes y, en lo alto, filas de botellines con un contenido rojo que nunca supe lo que era, el techo altísimo típico de las casas antiguas, sus mesas y sillas de madera, las fotos estrambóticas de las paredes mostrando anuncios, eventos políticos o culturales, conciertos, objetos variados, incluso creo que figuras y rostros humanos… Las iban cambiando de vez en cuando. Buah, su música, desde luego, el mayor aliciente para ir junto con el ambiente, muy buena mierda para los oídos. Un local que se recuerda con cariño y cuyos camareros no podían ser más simpáticos porque no podían.

No sé ni si sigue abierto, lo comprobaré algún día de estos en cualquier paseo vespertino.

Pues eso, y a la 1 y pico del viernes me dije a mí misma que no podía irme a casa antes de la hora a la que me suelo acostar entre semana, así que llamé a mi querido amigo del colegio AA y tiré para el bar en el que lleva trabajando ya su tiempo uno de los chicos de este otro grupo, FS, quien me invitó a un gin-tonic :). Una agradable velada hasta las 4 de la mañana aproximadamente que me dejó en mi casa AA, y por su séptima vez que cogía él el coche. Iba bien, poco que objetar.

Mmm… He buscado algo relacionado con las nuevas tecnologías en Google y esto me ha llamado la atención. Sé que Forges es archi-conocido por sus viñetas pero yo, al menos a esta, sigo sin encontrarle mucha gracia. En fin, es por amenizar el post, ya sabéis, que mucha letra echa para atrás y hay que adornar con dibujitos de vez en cuando. Impacto/atractivo visual forever (¡tema para otro post!)

El sábado consistió en levantarse y ordenador. Mucho ordenador. Mi vida ronda continuamente en torno a las nuevas tecnologías… y las redes sociales, cómo no. Comer y cuatro horas incombustibles y seguidas de messenger con aquel chico que conocí de Logroño en Salou, ¿os acordáis? ¡Tan mono! (no, no te estoy peloteando, ¡listillo!). Pues ya finalizada la extensa, entretenida y hermosa conversación virtual, cada uno con la cabeza como un bombo de la pantalla procedió a lo suyo, en mi caso salir un poco al exterior a mirar a la lejanía, al cielo, a los árboles, y a cenar en El Olivo, restaurante más asequible, económicamente hablando, que La Carboná, con muy buen servicio y platos ricos. Pasaron por la mesa de entrantes un paté y unos payoyos de queso que están brutalísimamente buenos y una ensalada de pasta, y de postre una “andana” de chocolate, que eso ya sí que sabía or-gás-mi-co.

Me volvieron a dar, al igual que el viernes, las 23 de la noche hasta que me enteré del plan nocturno: ir al Puerto. Estuvo bien, nunca había salido por aquella zona, que se me antojó bastante amena entre el ambiente y la cantidad de bares. En el primero en que paramos, que tenía aire de taberna, echamos un rato charlando y cayeron dos cubatas de “no-sé-qué-35”. Pedí Legendario pero no había (no me lo explico) y el camarero me ofreció la bebida esa diciendo que sabía parecido. Total, estaba bueno. Luego pasamos a otro más espacioso todavía donde bailoteamos algo y me pedí el último cubata, aquí sí había Legendario. Ni tenía dinero para más cubatas ni pensaba gastarme más en ellos. Creo que aprendí que para salir de copas, mejor ir pidiéndose cervezas. Más barato y mismos efectos. Probé la Guinness esa, podría tener éxito en el futuro, no me supo tan amarga como otras.

A las 4 y poco ya estábamos volviendo, después de una larga despedida en el parking todos en círculo (hay que ver lo que les cuesta despegarse a esta gente, como si no se hubiera tenido todo el rato anterior para conversar xD, en fin, me da lo mismo, soy la persona que menos prisa tiene siempre por irse), y como aún no me parecía una hora digna de acostarse para ser pleno fin de semana, volví a llamar a AA, como la noche anterior, y él se hallaba camino del Comedia, ¡no podía ser más perfecto! Me dejaron allí y estaba petadillo, la verdad es que me agobié al principio viendo tanta peña pero bueno, se me pasó enseguida. Estuvo genial. La gente que lleve en Jerez toda la vida estará hasta los huevos de ir al Comedia finde tras finde pero para mí es fantástico cada vez que voy, que es con mucha menos frecuencia, ya que me encuentro a un montón de amigos y se trata de un local que en general es completito, con su barra, mesas y sillas, futbolines (gané 2 partidas de 3, ¡sííííí, por fin! ¡Llevaba un montón enmonada de jugar!), zona sin techo y sala de discoteca. Y baños, claro, en uno de los cuales había una curiosa pota, menuda puntería, hija…

Dos botellines de Cruzcampo, cero euros y hora de acostarse: 7 y pico. Y nada, para hoy, domingo (madrugada del lunes para ser exactos, ¡qué forma de echárseme la hora encima!), más messenger (me quedo con la frase: tengo una sonrisa pero estás loca), y tarde en La Muralla, playa pequeña donde tienes que caminar casi un kilómetro para que te cubra el agua entero, seguida de una ultra apetecible y calórica cena: kebab + tarrina pequeña de vainilla con cookies. En realidad no soy muy de kebabs, no es en absoluto una de las opciones que suelo plantearme a la hora de salir a comer con los amigos pero a estos les encanta así que nada, en pequeñas dosis todo sabe bien.

Ya por hoy solo queda una ducha caliente, ahora que no estoy muerta de calor; arrancarme las lentillas, que a estas horas empiezan a dar mucho por saco, y a dormir, que comienza la última semana de mis vacaciones. ¿Qué me deparará? Probablemente nada llamativo pero se intentará explotar al máximo, como siempre :).

————

Jajááá, ¡ya me han dicho cuál es la canción! ¡Gracias, PA! (Inserción desactivada por solicitud; Ver en Youtube… si de todas formas se puede ver en el portal, ¿quién coño solicitará desactivar la inserción en los blogs?)

Así que nada, a escuchar la canción hasta que la acabe detestando. Al oírla, como dicen los chicos de la PTP: ¡TE VIENE ARRIBA!

Lo que daría por coger ahora el coche, ponérmela fortísima y conducir durante horas a toda velocidad (bueno, ciento y pico, la permitida, vamos) hacia ninguna parte…

Y esta, del mismo autor, también mola.

Pd: uno de los temas de conversación en la playa ha tratado sobre el miedo que le tenemos a los pasillos a oscuras, a quedarnos solos en casa… Aludían a las películas, y es evidente que estas tienen buena parte de culpa, pero intervine (hostias, de repente me ha costado un montón sacar este verbo en pasado, lapsus brutal, señal definitiva de huida hacia la cama) porque al pensarlo para mí que es como un acto reflejo que nace con nosotros, ya que de pequeños también tememos esas situaciones sin haber pasado aún por ninguna experiencia cinematográfica. Me he acordado porque hace un ratito ha pasado alguien por la puerta, me imagino que mi hermano porque mis padres ya están acostados, y me he acojonado viva porque el mamón al llamarle no me ha respondido. Supongo que no se habrá enterado, no es que pase de mí ni nada. Encima ahora me voy a giñar subiendo las escaleras, mejor que me largue de una vez, que hasta con los cascos y la música puesta me estoy montando de todo, claro, como no me entero de nada más pero sé que la casa está en completo silencio…

En fin, ¡buenas noches y feliz semana!

Día de cine

Quién me iba a decir a mí que en un mismo día vería dos películas tan distintas como Origen y Shakespeare in love. Después de haber estado un porrón de semanas sin ver ni siquiera el capítulo de alguna serie, hoy ha tocado una escapada al cine. Por fin he logrado enganchar a alguien para ir a ver la nueva de Leonardo Di Caprio. ¿Cómo ha estado? Pues una paranoia brutal que una vez más me hace pensar en lo diminuta que soy ante la inmensidad de mi alrededor, en este caso fundamentada exclusivamente en la mente de un director como Christopher Nolan (El Caballero Oscuro, Batman Begins, Memento…).

Comentario a modo de conclusión de mi acompañante: “quiero al camello de Christopher Nolan” xD. Desde luego, hay que tener una imaginación prodigiosa o una droga muy explosiva en vena para crear una historia así. Los sueños se han manejado de mil y una formas (normalmente parecidas) en el mundo cinematográfico pero esta obra realmente me ha sorprendido y, lo más importante, me ha mantenido expectante durante los 148 minutos que dura. Unos espectaculares efectos especiales, buena interpretación de los personajes, planos definidos, claros y directos, un relato intrigante.

De hecho, yo pensaba que tenía el final clarísimo (no os lo chafo, tranquilos), pero al comentarlo con mi amigo resultaba que cabía otra posibilidad y hemos empezado a rallarnos bestialmente. En fin, que la recomiendo. Lo dicho, aparte de que entretener y forzar la atención, la parte visual está muy trabajada, me ha gustado mucho.

Y por contraposición, esta noche, habiendo pasado apenas una hora y pico desde el desenlace y asimilación paulatina de Origen, lo más atrayente que echaban en la televisión, en concreto en el satélite, era Shakespeare in love, estrenada hace más de 10 años y con un reparto de lo más conocido. Acompañada de puntos cómicos y un ineludible y destacado (que no cargante) romanticismo, han transcurrido un agradable par de horas. La primera media quizá algo más pesada, ya que es una de esas tramas que va cobrando interés a medida que avanza y van sucediendo los hechos, pero a partir de la mitad sí que iba despertando auténtica curiosidad por el desarrollo de los mismos (aunque en parte se fueran prediciendo con bastante facilidad).

Pensaba que acabaría asqueada de amor pero, por suerte (supongo), no ha sido así. ¡Todavía me queda sensibilidad en el cuerpo! :D.

Total, una tarde-noche curiosa, repleta de uno de mis mayores hobbies como es ver cine, aunque últimamente lo tenga muy abandonado… como casi todo, cosas del verano y demás excusas típicas.

Bah, tantos compromisos de “debería” y “no debería” hacer esto o lo otro (se entiende que, en teoría, el aspecto cinematográfico es más significativo de lo normal para mí por estudiar Comunicación Audiovisual) pero me da exactamente igual porque, aparte de negarme a imponerme obligaciones relacionadas con el ocio (totalmente contradictorio, acabaría detestando mis aficiones), pues precisamente gracias a lo excepcional, un par de sesiones artísticas han cumplido con la chispa especial del día de hoy :).

A %d blogueros les gusta esto: