Archivo

Posts Tagged ‘paseo’

El Mandela y los cambios de planes

La tarde-noche del jueves pasado, día 6 de marzo, salió por completo del revés de como estaba planeada, pero tan diferente y amena fue, que se me antojó perfecta. Debido a la clase de máster cambiada, una de tantas que me mantienen ocupada de 19:00 a 22:00 de lunes a jueves pero que por manías del destino no le tocaba sucederse, tuve la oportunidad de planear una velada ociosa con mi hermano mayor, con el que vivo (tampoco somos muchos, tengo otro hermano menor y ya está).

La idea inicial consistió en asistir a una tertulia sobre viajes en entornos fríos, seguida de una sesión de cine en los Yelmo Ideal de la Plaza Jacinto Benavente (Madrid, por las dudas), con sus películas en versión original y subtítulos a las que les estoy cogiendo especial afición y cariño. Cuando te acostumbras a escuchar las verdaderas palabras de los personajes, de los actores, ya no te apetece volver a oír sus doblajes. Suenan falsos, te cuesta muchísimo creértelos, notas a leguas la falta de sincronización entre lo emitido y el movimiento de los labios, por no hablar de la tremenda repetición de las mismas voces en un porrón de actores. No paro de ver a Brad Pitt, entre otros, en rostros que no son suyos.

Sin embargo, durante ese rato que se corresponde con la destructiva mezcla de la digestión y la consecuente modorra post-almuerzo, me acometió una pereza brutal hacia la (pobre) tertulia y, en cambio, me surgió en la mente como una iluminación la opción de probar un sitio nuevo para cenar, sin renegar de la sesión de cine a continuación. Así se lo expuse a mi hermano, al que no me costó nada convencer.

Ya prácticamente casi a las puertas de El Mandela, un restaurante africano cercano a la estación de metro de Ópera (concretamente la dirección es Calle Independencia, nº1), mi querido brother cayó en que había olvidado sus gafas, lo que enturbió el plan fílmico. No es que necesite leer los subtítulos, va sobradísimo en inglés, pero sí que le podría acometer un buen dolor de cabeza en caso de exponerse al riesgo de forzar la vista, por lo que nos centramos en nuestra cena retrasando un poco la decisión y dando tiempo a su mini-mosqueo consigo mismo a que se volatilizara entre sabores exóticos y timbales de fondo.

El Mandela restaurante Madrid

Tan motivados estábamos hacia probar cosas que empezamos a pedir dos entrantes cuando el experimentado camarero nos paró los pies asegurándonos que no podríamos con todo, y tenía razón en vistas de cómo acabamos, así que nos decantamos por una tortilla de yuca (un tubérculo) para comenzar y de plato principal él se pidió un Ndolé (ternera con una salsa de hierbas con la que yo habría sufrido brutalmente pero cuyo sabor fuerte a él le gustó) y yo una Yassa (pollo con arroz y una salsa dulce buenísima).

Al terminar, con toda la calma del mundo y el cine ya más que relegado a otro día, nuestras prolongaciones barrigudas y nosotros salimos de allí, todos gordos y satisfechos, y procedimos a pasear de camino a casa para bajar la hinchazón un poco. Una servidora ha hecho el recorrido del centro a casa y viceversa bastantes veces a lo largo de estos meses de vuelta a la capital (desde octubre) pero no esperaba que a mi hermano le entraran las ganas de patearse gratuitamente cincuenta madrileños minutos, no porque sea mi hermano sino porque conozco a poca gente que lo haría. Con más razón me alegró que surgiera tan espontáneamente y allá que nos fuimos, entre amplias calles iluminadas por miles de farolas y coches pero escasas de gente y con una temperatura nocturna magnífica que hasta nos obligó a despojarnos de los abrigos durante los últimos metros.

Los que me conocen saben que me encanta tener las cosas claras y los planes organizados, pero también suelen ser conscientes de que me adapto bastante bien a los cambios que se acontecen, sobre todo cuando ocurre de manera natural, progresiva, lo que viene a definirse como “sobre la marcha”, proceso que me parece fantástico y que no tiene nada que ver con esos molestos cambios de última hora que te pillan de improviso y te trastocan por completo.

Un buen día el pasado jueves 6 de marzo, y con la mejor compañía 🙂

Pd: para orientar en cuanto a los precios de El Mandela, el conjunto formado por un entrante, dos platos, una cerveza nigeriana (suavecita) y un Nestea nos costó 37 euros. No es una oferta McDonald’s pero precisamente por eso la experiencia que te llevas no tiene ni punto de comparación, además de que el servicio fue excelente.

Paseando por el sureste de Londres / Walking around South East London

¡Hola a todos!

Hoy, decidí lanzarme a la aventura de pasearme completamente al azar en dirección hacia el centro de Londres desde mi barrio, Lewisham, con el resultado de toparme con avenidas que sorprendentemente ya conocía de otros paseos y disfrutando en conjunto de un par de horas y media estupendas con algún descubrimiento que destacar.

Bueno, lo que viene a continuación es simplemente un par de calles que me gustaron. Shell Road, muy cuca.

Hello, everybody!

Today I decided to go for the adventure of walking completely randomly towards Central London from my neighborhood, Lewisham, resulting in finding by surprise some already known avenues and basically enjoying two and a half great hours plus an outstanding discovery.

Well, what is coming now is just a couple of streets that I liked. Shell Road, lovely.

Shell Road London

Y Creekside, con un centro comercial a la izquierda y unos súper ojos pegados al edificio de la derecha, que fue lo que más atrajo mi atención.

And Creekside, with a shopping centre on the left and two huge eyes on the right’s building, what was mostly what called my attention.

Creekside London

Seguidamente, el descubrimiento antes mencionado: Greenland Quay, un paseo rectangular que bordea el río, como tantas otras zonas en esta ciudad, que para eso es largo el Támesis, pero justo este se encuentra semi-escondido al pertenecer a una urbanización.

Next, the above mentioned discovery: Greenland Quay, a rectangular walk surrounding the river, like many other areas in this city as the Thames is long enough, but this one in particular is half-hidden due to belong to a residential area.

Greenland Quay London

Y aquí viene La Foto del día, hecha también desde la misma calle. Parte de la barriada al frente con la zona de Canary Wharf (digamos, el Manhattan londinense) al fondo.

And here you have The Picture of the day, also taken from the same street. Before you can see part of the residential area and Canary Wharf behind (which would be a kind of British Manhattan).

Greenland Quay Canary Wharf London

¡Espectacular!

¡Amazing!

Londres, cuna de artistas / London, cradle of artists

El sábado pasado, 6 de julio, fue un día en el que recordé por qué elegí Londres para vivir una temporada. Las ciudades grandes siempre van a ofrecer muchísimo más que las pequeñas, nos gusten más o menos las aglomeraciones.

El día comenzó temprano al ir a recoger a una amiga a la estación de St. Pancras donde, para mi sorpresa, me encontraría con un piano justo delante de la puerta de las llegadas. Una invitación gratuita a todo el que quisiera a sentarse y deleitar a los que nos encontráramos por los alrededores. Tuve la suerte de que dos personas sucumbieran a la tentación.

Last Saturday 6th of July was a day that made me remembered me the reasons to choose London to live for a while. Whether we like masses or not, big cities have always much more things to offer than small ones.

This day I got up early to pick up a friend at St. Prancras station where I’d get amazed by a piano situated in front of the arrivals door. It was a free invitation to play for whoever wanted to sit down and delight everybody around. Lucky me I could enjoy a couple of people who gave in to temptation.

St Pancras piano

Tras una agradabilísima velada durante la cual almorzaríamos en un italiano y tomaríamos un par de buenísimos cócteles (un Cosmopolitan y desconozco el nombre del segundo, suelo ir a la barra y pedir “el más dulce que tengan”), me encontraba tan llena que me apetecía darme el paseo de Charing Cross a London Bridge al lado del río, un recorrido precioso que recomiendo a todo el mundo. No sólo por las hermosas vistas sino por la cantidad de artistas callejeros con los que te vas cruzando por el camino.

Así, me toparía con el siguiente personaje que hizo de las suyas con la arena para montarse su chiringuito particular. El letrero se encontraba bastante próximo al sofá pero los fotografié por separado para que se apreciaran mejor.

After a lovely time we spent having lunch in an Italian restaurant as well as some delicious cocktails (a Cosmopolitan and I don’t know the name of the other one, I usually go and order “the sweetest one that you have”), I felt so full that I decided to go for a walk from Charing Cross to London Bridge along the river, which is a recommendable beautiful tour not just due to its awesome views but for the amount of street artists you find on your way.

Therefore, I saw the following person who had managed to create his own personal world on the sand. The sign was quite close to the sofa but I took pictures separately for them to be better perceived.

sand art

¡Acierta en el cubo, pide un deseo, yo pedí libras e hice todo esto!

Como aclaración, al haber montado el show en la arena, llamémoslo, “a pie de río”, los transeúntes teníamos que asomarnos desde el paseo para verlo y, junto al letrero precisamente, había un cubo al que tirar monedas.

Por desgracia, no logré ver al señor en su apogeo con una guitarrita porque un gracioso se le acercó y, al sentarse, se cargó parte del mueble que véis abajo, lo que obligó al pobre hombre a ponerse a arreglarlo. De esa manera, pude apreciar de paso el trabajo y el tiempo considerable que debió de dedicar al tema estético. Aparte de un par de útiles para darle forma a la arena y alisarla, empleó una especie de bombona con una manguera a través de la cual expulsaba agua a modo de spray sobre la arena para ponerla completamente homogénea.

For more information, as this guy built all the stuff on the seaside, passersby had to look out the path to see it and actually there was a bucket next to the sign where throwing coins.

Unfortunately, I couldn’t see this man with a little guitar at his peak because a stupid guy approached him and damaged part of the sofa below when sitting down, what forced the poor man to fix it. That way, I appreciated anyway the considerable work and time he must spend on the esthetic aspect. Apart from a couple of tools to give shape and smooth the sand, he used a kind of gas bottle with a hose that expelled water to make the sand completely homogeneus.

sand sofa London Thames

A lo largo de este paseo, tampoco faltan nunca unos pocos jóvenes malabaristas haciendo piruetas varias ante el público y pegándose sus bailes y coreografías, y también pude contemplar a un grupo de personas promocionando el capoeira. Todo un espectáculo observar cómo se coordinaban para “luchar” en parejas y el control que ejercían sobre sus movimientos.

No obstante, este día triunfó la música para mí. A continuación, os muestro a un simpático gaitero que animaba a todo el que pasaba a asomarse y escucharle un rato.

A few young jugglers doing some pirouettes and coreographies for the public are never missing along this walk, and I could see also a group of people who were promoting capoeira. Watching the way they coordinated themselves to “fight” in pairs and how they controlled their movements was an addictive show.

However, music was the winner this day. Next, you can see a nice bag-piper who attracted everybody’s looks and made many of them to stop to listen to him for a while.

Finalmente, si tuviera que definir el día con una sola palabra, esa sería “Reminiscence” (reminiscencia), nombre de la siguiente banda de muchachos que me encontré bajo el puente de Blackfriars y me encandilaron por completo.

El fallo es que, al preguntarles, me dijeron que no tenían Facebook ni Twitter. ¿Cómo se pretende hoy en día llegar al público sin estar en las redes sociales? Aish…

Finally, if I have to define this day with a word, it would be “Reminiscence”, which is the name of the following group of boys who were playing under Blackfriars Bridge and completely dazzled me.

The problem is that I asked them if they had Facebook or Twitter and they didn’t. How can you think about getting fans without having any presence on social networks? Aish…

Por todo esto y más, este fin de semana reviví la pasión por Londres que me acompañó a mi llegada hace ya nada más y nada menos que un año y cuatro meses :D.

Because of all this and more, last weekend I relived my passion for London that came with me when I first arrived one year and four months ago :D.

El día que caminé de Lewisham a Monument (II)

Tal y como dije al relatar la primera mitad de esta caminata de 2 horas y unos 7 minutos, el sábado 9 de junio me saludó un sol espléndido al mediodía que me decidió a embarcarme en esta aventurilla semi-peregrina.

Así pues, pasado el Southwark Park, la civilización comenzaría a hacer un poquillo más de presencia a partir de este tramo, e incluso me toparía con una parada de metro por aquellos lares: Bermondsey Station, bajo unos espectaculares cielos.

Seguidamente, señalización de la calle en la que me hallaba. Está muy de moda poner en venta este tipo de artilugios en las tiendas de souvenirs. Me imagino que tendrá éxito entre los turistas, como las matrículas de coches y demás placas del estilo, aunque a mí aún no me ha dado por pillarme ninguna, la verdad, no lo acababa de ver muy estético para mi habitación. Sin embargo, la imagen sí me gusta.

¿Cómo no inmortalizar y enseñaros de una vez alguno de esos entrañables taxis londinenses plagados de publicidad? La siguiente escena estaba que ni pintada como para dejarla escapar, a pesar de ser una compañía de teléfono la anunciada.

Enlazando por fin de Jamaica Road (que se hizo notar a lo largo) a Tooley St, gran sorpresa la mía cuando diviso inesperadamente al fondo de una de las avenidas nada más y nada menos que… ¡El Tower Bridge! Mira que me había observado el mapa a fondo pero ese detalle se me había escapado por completo: el hecho de que durante aquella parte del camino contaría a mi derecha con las perspectivas traseras de algunos de los míticos edificios posicionados de cara al Támesis.

Por tanto, no sólo se quedó ahí la cosa. Pasando un par de edificios tochos por Tooley St, se me apareció el siguiente paisaje ante mis ojos. El Tower Bridge quedando levemente atrás en la distancia y liderando el frente ahora el City Hall, sin olvidar un cielo impoluto de fondo como para echarse a llorar de la emoción ante su escasez en esta ciudad.

Entonces, llegaría a un punto clave del camino. El principio del puente cuya calle se llamaría Borough High St (curioso que no haya ningún bridge en la denominación) y que me ofrecería algunas de las vistas más hermosas recibidas hasta el momento en pupila. Mirada al frente.

Mirada a la izquierda, con su puesta de sol y la cúpula de la Catedral de St. Paul a contraluz entre otras.

Mirada a la derecha. De nuevo el Tower Bridge pero con menor protagonismo esta vez, situado en medio de un dorado y mágico equilibrio entre unos componentes visuales y otros. Absolutamente alucinante. De hecho, se trata de la foto de cabecera de Maria Dixit en Facebook. Se lo merece, ¿no?

El paseo culminaría con una maravillosa cena en el restaurante The Folly, pero ya vendrá otro post próximamente para hacerle homenaje. No os perdáis a continuación la versión nocturna de la foto anterior.

¡Hasta la próxima!

El día que caminé de Lewisham a Leicester Square (II)

¡Hola a todos!

Aquí tenéis la segunda parte de aquella caminata que me decidí a hacer un 26 de mayo de 2012 y cuya primera mitad del tramo ya está relatada en este post. Os recuerdo que, en total, fueron dos horas y media de recorrido bajo un sol y con una temperatura espléndidos.

Así pues, una vez pasada una serie de calles bastante similares entre sí (iguales) que formaban una gran avenida, me encontré por fin con la zona de Elephant&Castle. A continuación podéis ver el amago de rotonda de la zona, por la que por cierto pasé a diario de camino a la estación de metro durante mi primer mes en Londres.

La oscuridad de la imagen muestra además cómo el sol se iba escondiendo y abriendo paso al anochecer.

En este trecho vendría la última avenida medianamente larga, London Road, que se juntaría con Waterloo Road para llegar a la rotonda de dicha calle (siguiente fotografía) y permitirme comenzar por fin a ver civilización humana por los alrededores.

No me preguntéis, porque ignoro si esta enorme cosa tendrá algo de interés dentro. Espero que sí, porque vaya si ocupa espacio.

Entonces, con hordas de personas por doquier, llegué con ilusión a Hungerford Bridge, el pequeño puente que me permitiría cruzar el río y estar a un tiro de piedra de mi destino (comparado con todo lo recorrido anteriormente).

Muy cuco el puente, en cuyo lado izquierdo se hallaban las vías del tren en el que tantas veces me he montado para llegar desde Lewisham hasta el centro, concretamente hasta la estación de Charing Cross. Tras ellas, el London Eye, tan imponente como siempre.

Mientras tanto, al otro lado del puente, un paisaje precioso y relajante, el que te suelen ofrecer la mayoría de los puentes situados en el centro de hecho, con las vistas de los edificios más reconocidos de Londres. Destaca la catedral de St. Paul casi en el medio de la línea urbana, con su cúpula apuntando hacia el cielo. Y sí, lo de abajo es un barco que pasaba por allí pero no me dio tiempo a inmortalizarlo unos segundos antes. Me gusta así de todas formas.

Haciendo esfuerzos por no chocarme con nadie en una ciudad en plena erupción de sábado noche, ya sólo quedaba atravesar la estación de Charing Cross y un par de pequeñas calles para toparse de frente con la mítiquísima Trafalgar Square.

Se hacía raro que no hubiera ningún concierto, ya que normalmente cada vez que había pasado por allí estaban dando alguno, aunque no por ello estaba menos abarrotado que de costumbre.

¡No quedaba nada! En cuestión de subir Charing Cross Road, el punto de encuentro con mis amigas me recibía en todo su esplendor nocturno: Leicester Square.

Un día muy agradable y bien aprovechado a cuya caminata seguiría una estupenda cena en uno de los restaurantes de la cadena Bella Italia. No estaba mal de precio, creo recordar que pagué unas 10 libras. Naturalmente, el Macdonald’s es mucho más barato, pero la calidad compensa bastante y esto es algo que, tras el fin de semana que acabo de pasar de comida basura a saco, lo voy a apreciar mucho más a partir de ahora aunque haya que pagar más. Ya por salud, la verdad. ¡Y anda que no estaba buena la lasaña que me pedí!

Eso sí, de vuelta a casita en autobús :).

¡Que paséis muy buena semana!

El día que caminé de Lewisham a Leicester Square (I)

Ese día fue el sábado 26 de mayo de 2012. De esto que me encontraba holgazaneando en torno al ordenador, para no perder las costumbres del fin de semana, moviendo mucho el ratón y clickeando sin hacer realmente nada que pudiera entrar en la definición de “aprovechar el tiempo”, a la vez que la perspectiva de leer se me tornaba exageradamente soñolienta y la de ver cine un tanto perezosa también.

Había quedado a las 21 en Leicester Square, situado en pleno centro de Londres, y aún no era ni mediodía cuando le empecé a dar vueltas al tema. Total, me dije, para limitarme a languidecer adormilada por el calor sin hacer el más mínimo esfuerzo mental, qué menos que al menos forzar el componente físico de mi ser, sobre todo con el día que hacía, ¿eh o no, María?

Para que os hagáis una idea, a continuación tenéis una vista lejana y por encina del recorrido en Google Maps. En esta impresión de pantalla, no importa tanto el caminito del mapa como los datos de la izquierda (click para ver mejor).

Exacto: 2 horas y 28 minutos. No os fuérais a creer que era un paseíto de viejas, mariconadas las justas. Así pues, como lo vi tan rectito y tan asequible, me lié a apuntarme las calles de todas formas para estar bien segura de por dónde cogía y los escasos pero importantes giros que habría de tener en cuenta. ¡Tachán!

Mi destino en manos del reverso de un ticket del Sainsbury’s (centro comercial), sí, señor.

Salí a las 18:45 de mi dulce hogar confiando en que quizá llegaría bien a las 21 a pesar de ese cuarto de hora de más que me indicaba el Google Maps que me faltaría, aunque por otra parte pensé que daría igual retrasarse, ya que aún así probablemente llegaría la primera, como era habitual (efectivamente, así fue).

Lee High Road me recibía resplandeciente y calurosamente en mis primeros pasos, acompañados de una suave brisa que no podía por menos que darme más ilusión hacia mi pequeña aventurilla semi-errante.

A los 15 minutillos, me saludaba la zona comercial de Lewisham. Ya sabéis, esa calle con sus maravillas a una libra y su mercadillo con productos de todo tipo (hasta las 6 de la tarde aprox), situada justo enfrente de mi lugar de trabajo y liderada por la Clock Tower (torre del reloj) que aún no os había enseñado y que ahora podéis ver.

A partir de aquí o poco más adelante, recorridos los primeros 20-30 minutos del camino, nacería una avenida tan larga y tan inmensa que, aunque se dividiera en varias calles, para mí era toda una, lo cual tampoco la hizo pesada por suerte, en absoluto. Me regocijaba enormemente ir recordando ciertos puntos que había divisado yendo en autobús, mientras que la perspectiva de darme cuenta, una vez más, de que mi habitual recorrido de los fines de semana lo estaba emprendiendo por mí misma, a través de mi propia integridad física, no podía más que hacerme sonreír y disfrutar plenamente de los detalles, la sucesión de tiendecillas esporádicas, el descubrimiento de la cantidad de árboles y de vegetación en la cual no me había fijado hasta entonces. Un aspecto a destacar es el margen que me permitía este sendero para respirar, cosa de la que tampoco me había percatado antes de este día. Es decir, que se podía respirar de verdad, inspirando profundamente, notando el oxígeno puro, sintiéndose lleno.

El centro de Londres mola mucho pero, si no te hallas en un parque, cuesta bastante más sentir lo que acabo de expresar. No tiene nada que ver el aire de la ciudad con el de las zonas verdes, obviamente.

No solo mis notas en el ticket del Sainsbury’s me despejaban de cualquier duda, sino también los propios carteles con los que me iba cruzando. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas, y me refiero más a mí que al exterior: uno de mis queridos zapatos nuevos comenzó a rozarme el talón de una manera primero disimulada y muy poco después implacable. Ya pensaba que tendría que abandonar mi empresa cuando se me ocurrió, a falta de tiritas, introducir un pañuelo entre dicha parte del pie y el calcetín. Actualmente, da cierta pena mirar esa zona, pero me alivió inmensamente y me permitió continuar hacia adelante.

Graffiti que me gustó yendo aún por Lewisham Way (no me quedaba ná…).

La siguiente fotografía fue tomada en la calle más eterna de todas las que formaban esta larga avenida. Os presento Old Kent Road bajo unos rayos de sol poco frecuentes y cuya fuerza iba menguando al avanzar la tarde, dando lugar a una temperatura aún más idónea que la del inicio vespertino.

Por último, en esta primera parte de mi caminata Lewisham-Leicester Square, quería compartir con vosotros una escena que surgió ante mis ojos de sorpresa y que incluso me enterneció.

¡Un Toys “R” Us! Con un parking delante de él buenísimo para aprender a patinar, oigan (una de mis cuentas pendientes). Una lástima que me pille a una hora y pico de mi residencia.

Hasta aquí la primera mitad de mi encantador paseo. En el próximo post, que no tardará en llegar, segunda mitad y llegada a mi destino :).

Cielos londinenses

Hace un mes os conté que habíamos tenido una semana maravillosamente primaveral por aquí, y os relaté el recorrido que procuro hacerme a diario (Lewisham-observatorio de Greenwich, pasando por Blackheath). En aquel momento, también os dije que tenía pendiente enseñaros un poco las agradabilísimas vistas que me ofrece este paseo. Pues bien, ese día ha llegado.

Las siguientes imágenes pertenecen en parte a aquella espléndida semana y en parte a algunos días posteriores sueltos, aunque más bien durante el último mes ha estado la cosa bastante húmeda por aquí, demasiado, nunca había vivido una racha de lluvia tan eterna. Por suerte, no es algo que me suela poner triste ni depresiva, simplemente estaba empezando a ser un coñazo para la vida diaria.

Pues nada, comenzamos. Primera extensión inmensísima que se abre hasta el infinito tras pasar Blackheath Village donde normalmente te encuentras con más de un grupo haciendo ejercicios coordinados, gente haciendo footing, etc.

Nos acercamos un poquillo más a la iglesia aquella de la derecha, de la cual me debería documentar mínimamente por cierto.

Continuamos en línea recta (todo lo recta que se puede) atravesando el parque por alguno de los dos caminos que nos ofrece y que se acabarán uniendo.

Justo en esta parte de la carreterilla se presentan unos 10 minutos idóneos para dejar volar la mirada por los alrededores y buscar por dónde te pueden sorprender cada vez.

Una de las cosas que este país me ha hecho descubrir es que uno no debe pasar día tras día esperando a ver asomarse el sol, sino que todo este imparable movimiento de nubes tiene la capacidad de mostrar otra perspectiva natural igual de hermosa y gratificante para los sentidos. En ocasiones, esos cúmulos blanquecinos, grisáceos, rosados, anaranjados y de miles de colores llegan a desplazarse a tal velocidad que en dos minutos tienes delante de tus ojos composiciones completamente diferenciadas unas de otras.

Entonces, llegamos a la carreterilla que divide el parque de Blackheath y el parque de Greenwich, cuyo tamaño tampoco tiene nada que envidiar al primero.

Ahora bien, cuidado a las horas a las que se accede a esta sección del parque de Greenwich, que a las 20:30 ya está cerrado. Digamos que, mientras que este se presenta intencionadamente modelado, estructurado y adornado de formas florales, el parque de Blackheath resulta bastante más salvaje a primera vista, aunque también se noten ciertos cuidados hacia su impoluta planicie repleta de césped.

¿Distinguís la hilera de árboles de hojas rosadas allí al fondo? Reconozco que es un sacrilegio que siga sacando fotografías con mi lamentable cámara del móvil pero bueno. Pues a continuación la tenéis más cerquita, aunque nunca me he metido por ella, ya investigaré.

Dejamos atrás esta saturación romántica del recorrido para proceder a encontrarnos con nuestro destino, la cúspide de este borbotón físico-reflexivo, de esta andadura por parajes en los que más se siente uno a sí mismo, a veces rodeado de gente, otras solo ante los cielos y sus lluvias, pero siempre en continua exposición con los pensamientos más espontáneos, más profundos, más controvertidos, más simples, más escurridizos.

Bienvenidos al Greenwich Observatory.

Cabe mencionar que, para no variar, las imágenes no le llegan ni a la suela de los zapatos a la realidad, así que si tenéis la oportunidad de visitarlo en persona, lo recomiendo.

Aquí procuro yo acoplarme cinco minutos al día con el único objetivo de perder la mirada. La mirada y todo mi ser dentro de lo posible. Cualquier cosa, problema, preocupación, decepción, anhelo, frustración se queda en cenizas ante esto, ante un mundo que nos intenta recordar constantemente que nos queda grande aunque insistamos en permanecer sumidos en nuestras diminutas y absurdas movidas terrenales. Cielos que gritan en silencio la volatilidad de los momentos, la rapidez del paso del tiempo, la fugacidad de la vida en sí.

Nunca nada fue tan cierto como que lo que ayer nos preocupaba hoy no importa, y lo que hoy nos preocupa mañana nos dará exactamente igual. La mente siempre retroalimentándose de emociones insulsas… las cuales son, al fin y al cabo, lo mejor que tenemos, ¿no? Lo que nos hace levantarnos con un objetivo cada día, aunque al poco tiempo haya derivado en otro distinto.

Gran paseo este. Grande.

A %d blogueros les gusta esto: