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Posts Tagged ‘pensamientos’

Tiempo de despedidas

Hacía tiempo que no pasaba por aquí, ¿verdad? Varias son las veces que me he preguntado si abandonaré el blog algún día definitivamente, no sin cierto pesar. Y desde luego no escribir durante más de un mes ya supone en sí prácticamente una cruel muerte virtual, sobre todo con este mundo loco por el SEO y el SEM.

El SEO y el SEM… Herramientas de posicionamiento online. Herramientas que hace un tiempo me suscitaban un tremendo interés. Y que actualmente se me antojan frías, manipuladoras, insustanciales. Todo forma parte del mismo círculo vicioso, del sistema en el que nos estamos metiendo de lleno para mecanizarlo todo, hasta convertirnos en máquinas. Máquinas que trabajan para averiguar las emociones de los demás, olvidándose de las propias.

Pero hoy no he venido a hablar del SEO y el SEM, sino de… Bueno, de lo que se me pasa por la cabeza, como de costumbre, así que todo vale.

¿Y qué he hecho durante el último mes? Sobrevivir, que no es poco, y de paso terminar un máster de marketing, ventas y digital business. Me siento satisfecha. Considero que he aprendido bastantes cosas. No sé si las llegaré a poner en práctica en este mundo loco porque he finalizado esta etapa con la misma pregunta con la que comencé: ¿a qué quiero dedicarme?

Oporto

Oporto

Naturalmente no pienso que no me haya servido para nada, ni este máster ni la carrera de periodismo y de comunicación audiovisual; me han permitido evolucionar tanto personal como profesionalmente a pasos agigantados. Simplemente mantengo mis dudas acerca de aquello que me llenaría hacer durante el resto de mi vida. Qué utópico, ¿no? En cierto modo, envidio a los que se conforman con desempeñar un trabajo que les aporte dinero y punto. Sin inquietudes, sin aspiraciones, sin frustraciones. Voy a la oficina, hago mis tareas, vuelvo a casa,  cobro a final de mes y tan contento.

No obstante, como siempre digo, lo mío no deja de tratarse de problemas primermundistas. Supongo que todos hemos de buscarnos nuestros propios retos para mantenernos vivos, ¿no? Y si no los buscamos, calma, vendrán ellos solitos. El verdadero problema consiste en quedarse estancado. En observar esos caminos y no decidirse por cuál coger, el demorarse demasiado en dar el paso. O, peor, el problema está en no ver ninguno de los caminos.

El mundo de hoy en día nos exige más creatividad que nunca, y también nos da más posibilidades que nunca para ser creativos. Pensad. Pensad en vuestras opciones. Siempre hay alguna. Más viable o menos, arriesgada, rompedora. O, por el contrario, de poca relevancia aparentemente. Da lo mismo, elegir ya abrirá paso al cambio, a la mutación, a la evolución personal.

El mundo de hoy en día, y el de ayer y el de mañana, está hecho un auténtico pifostio. Una mierda, hablando mal y pronto. Tragedias diarias conocidas y anónimas. Dolor, sufrimiento, hambre, muerte, injusticia. Ver las noticias da ganas de llorar. Internet da ganas de llorar. Mirar por la ventana de la realidad da ganas de llorar.

Oporto

Oporto

Pero hay que seguir adelante. Porque no sirve de nada atormentarse. Porque en este pifostio sobrevivimos muchos pero pocos sobrevivimos en condiciones mentales y físicas saludables. Esa es la verdad. Somos tremendamente fáciles de corromper, de enturbiar, de deprimir, frustrar, entristecer, manipular. No admiro a las personas que no pierden la esperanza, porque al fin y al cabo esta es fundamental para levantarse cada mañana. Admiro a las personas que, a pesar de las brutales hostias que la vida les ha dado, no pierden el brillo en la mirada, la sonrisa ingenua, la confianza en el ser humano. ¡Confianza en el ser humano, con las barbaridades que es capaz de hacer! Pues sí, las admiro, las quiero cerca. Quiero beber de su espíritu, de su energía positiva. Quiero aprender a ser un poco niña de nuevo. ¿Será posible?

Sin embargo, tampoco este era el tema del que pretendía hablar, como bien me está recordando el título que he puesto previamente a empezar este tocho que a saber quién más se leerá aparte de mis queridos padres (pd: os quiero). Efectivamente: es tiempo de despedidas. El máster ha finalizado y, si todo sale bien, me espera un verano apasionante, y un otoño aún mejor. No me gusta hablar de cosas antes de que sucedan, ya que nunca se sabe luego cómo van a salir, pero en principio me siento lo bastante segura como para comentar alegremente mis planes en pocas palabras: interrail por Europa, Jerez (mi ciudad natal) y California. Este destino va para más largo plazo. Ya caerá la breva de contar cositas desde allí, no me voy a adelantar, no es el tema.

Despedidas. Adioses, byes, au revoirs. Abrazos, besos, alguna lagrimilla (no es mi estilo pero nunca se sabe), palabras de buena suerte, echarse de menos. Emotividad a flor de piel, los pelos de punta. Ya habré comentado en alguna ocasión que normalmente no soy consciente de este pequeño drama emocional hasta que veo alejarse de mí a las personas a las que no voy a ver en mucho tiempo. Hasta entonces, vivo en un limbo en el que aparentemente no va a haber cambios. Una vez desaparecen dichas personas… semi-vacío estomacal. Leve, todo hay que decirlo, normalmente el presente entretiene lo bastante como para no pararse a pensar demasiado. Pero ahí que te lo comes, una y otra vez para un porrón de seres humanos.

Oporto

Oporto

En fin, antes de echarnos a llorar ante tanto dramatismo, he de reconocer que el balance es muy positivo. Vuelvo a alejarme de una serie de fantásticos entes con los que he pasado momentos inolvidables y con los que se mantendrá el debido contacto en la distancia. Mientras conozco a otros. Sin olvidar a los previos, cada uno perteneciente a una etapa de mi vida, a un lugar, a sonrisas, recuerdos. Ojo, también a conflictos, ¿qué haríamos sin que nos pusieran a prueba de vez en cuando? Sí, viviríamos más tranquilos, pero no hay más remedio que afrontarlos. Ajo y agua, vaya.

Ellos saben quiénes son, así que me ahorro nombres. Ha sido una buena etapa en Madrid (octubre de 2013-junio de 2014). Bastante intensa emocionalmente hacia mí misma. Vamos, que me he hartado de pensar. Será la edad. En algún momento hay que replantearse la existencia y los hábitos adquiridos, ¿no? Esas odiosas rutinas inanimadas… Así no hay manera de destacar unos días sobre otros.

Pues eso, volveré (al blog). No sé cuándo, pero lo haré. Y para amenizar, como ya habréis comprobado, fotitos de Oporto, visitado por fin la semana pasada tras 25 años de pasividad absoluta hacia cualquier destino portugués. Ya le tenía ganas. Sintra y Lisboa también cayeron, pero me quedo con la primera ciudad. Auténtica como ella sola. Y con unas cuestas…

No dejéis de soñar.

Oporto

Oporto

El instinto de posesión / The possession instinct

(English version below)

Ese miedo a perder algo que realmente no te pertenece. Ni a ti ni a nadie. Como seres individuales que somos, no te corresponde sentir esa agonía, esas ansias de lo recién descubierto. No tiene sentido. Vivías bien antes de conocerlo. ¿Por qué no después? Quizá porque en el fondo era lo que estabas esperando. Y ahora que lo has disfrutado, que lo has sentido hasta el fondo de tu corazón y notas cómo empieza a tambalearse, quieres agarrarlo como sea. Hasta el punto de perder la razón, de actuar por puro instinto, de incluso estropearlo tú mismo.

Autocontrol. ¿Cuántos de nosotros podemos controlar nuestras emociones? ¿Con qué facilidad nos sentimos pletóricos en un momento dado y completamente destruidos al instante siguiente? Con la facilidad de un soplo de viento. Me pregunto cuándo nos hemos transformado en estos individuos ansiosos e impacientes. Lo queremos todo aquí y ahora. Nos volvemos locos por dentro si no es así. Pero procuramos comportarnos como personas normales. Mientras que los pensamientos bullen por doquier, se entrecruzan, se chocan, se pelean, se divierten atropellándose unos a otros.

Y resulta que, mientras que anteriormente tu mente estaba libre de toda figura particular, mientras que tu cerebro estaba dispuesto a enviar impulsos nerviosos aludiendo a todo tipo de impresiones, actualmente se haya reducido a la simplicidad de un solo ente. ¿No es ridículo ponerle límites a la mente de esta manera? Cuesta concentrarse en la inmensidad que nos ofrece el mundo a nuestro alrededor… por otra persona. Por otro ser que muy probablemente el día de mañana no signifique nada. Absolutamente nada. Un recuerdo fundido entre tantos otros. Una anécdota. Un anhelo caducado.

Esto es lo que tenemos que aprender. A verlo tal y como es. No como la esperanza de lo que podría ser o de lo que podría haber sido. A canalizarlo de forma realista y seguir permitiéndonos aprender y disfrutar de otras cosas durante el camino en el que se hará más fuerte o se desvanecerá. Y ni lo uno ni lo otro supondrá algo bueno o malo. Sólo lo que tenía que pasar, sin estar escrito en ninguna parte, por evolución, causalidad o como se le quiera llamar. Porque siempre habrá otra persona esperándote. Porque “luchar” es un término tan relativo que a menudo se emplea erróneamente, cuando a menudo habría simplemente que dejarlo pasar como todas las señales indican que debes hacer.

No te permitas dejar de aprender.

dependencia posesión

That fear to lose something that doesn’t really belong to you. Neither to you nor to anybody. As the individual beings that we are, you shouldn’t feel that agony, that anxiety for something you have just discovered. It doesn’t make sense. You were happy before knowing it, why not afterwards? Maybe because it’s what you were waiting for. And now that you got it, enjoyed it and felt it from the bottom of your heart and you start to see how it’s tottering, you want to keep it no matter how. Til the point of going out of your mind, of acting by pure instinct, of even spoiling it by yourself.

Self control. How many of us can control our emotions? How easily do we feel exultant for a moment and completely miserable the following instant? As easily as a wind breeze. I wonder when we became these anxious and impatient individuals. We want everything right away. If it can’t be, we go crazy. But we try to behave as normal people while our thoughts boil all over the place, cross over, crash, fight and have fun as running over the other ones.

And the thing is that currently your mind is just focusing on the simplicity of one entity when it was free of any particular image before, when your brain was willing to send nerve impulses with all kind of sensations. Isn’t it ridiculous to put limits to your mind that way? Suddenly we can’t focus on all the things that the world offer us… due to a person. Due to another being who very likely won’t mean anything tomorrow. Absolutely nothing. A memory between many memories. An anecdote. An expired wish.

This is what we have to learn: to see it as it is, not as the hope of what it could be or what it could have been. To assume it from a realistic point of view and keep letting ourselves learn and enjoy other things on the way, on a way in which it’ll get stronger or it’ll vanish. And neither the first nor the second option will be good or bad, just what it has to happen independently of destiny but through its own evolution, causality or however you’d like to call it. Because there’ll be always a person waiting for you. Because “fighting” is such a relative concept that it’s very often bad used when you should just leave it to happen as all the signals show you to do.

Don’t let yourself stop learning.

El género humano me toca los cojones

Porque si no existiera, no me pasaría absolutamente nada por la cabeza.

No me desestabilizaría.

No reiría, no lloraría. Mi alma descansaría tanto que no sé ni cómo seguir describiendo lo que intento transmitir, ni siquiera sé si abarco la idea realmente o se me va la olla.

A veces a una le apetece sentirse más vacía para despejarse, en vez de tener el cerebro en constante movimiento. Y no me veo capacitada ahora como para ponerme en plan Buda a meditar y dejar la mente en blanco. Tampoco creo que quisiera, me aburriría, es más divertido dejar correr los pensamientos. Aunque en ocasiones acabe hasta las narices de ellos y de las sensaciones que me provocan, tan difíciles de controlar.

Son tan fuertes que pueden hacerte sentir eufórico a pesar de llevar 24 horas sin dormir o hecho un guiñapo, cansado, enfermo, a pesar de justo acabar de levantarte después de varias horas de sueño profundo.

Vamos, que Madrid me satura. Menos mal que cada vez que me voy cansando de algo enseguida se aproxima un cambio, como ir a mi tierra el sábado. A mi Comedia, mis futbolines, mis amigos, mi ambiente jerezano, mis cenas en restaurantes con mis padres… Mira que me da igual estar a tomar por culo durante el tiempo que sea, pero no veas si se acaba notando.

Domingo de sensación amarga tras un disgustazo innecesario. Pensativa. Confusa. Rallada. ¿Decepcionada? ¿Conmigo misma o con el mundo? No lo sé. Hacía como medio año que no lloraba tanto y tan fuerte. Me ha sentado de puta madre. No entiendo por qué la gente se contiene las ganas de romper a llorar, no lo veo una muestra de debilidad, más bien de desahogo. No es plan llorar todos los días, claro, eso es una mierda, pero así de vez en cuando es como vomitar un poco la basura que llevas por dentro. No me parece más valiente ni maduro el que decide no llorar nunca delante de los demás. Vamos, menos mal que ahora estaba más sola que la una. Al principio he pensado en llamar a alguien pero digo ¿para qué? Y lista. Ya pasó lo peor, solo queda reponerse espiritualmente poco a poco.

Al menos llueve. Sienta bien escuchar caer las gotas sobre los cristales de las ventanas. Y cuando para, sienta genial escuchar aquel discazo de Offspring: Americana.

Videoclip chorra donde los haya.

Me encanta la voz de este tío.

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El cumpleaños de NV estuvo muy bien. Hace un año ya que conozco a esta mujercita y espero que nuestra amistad dure muchos más, porque es una de las pocas personas que me ha valido realmente la pena conocer en esta vida. Creo que a ella no será necesario tirarla a la basura :D.

¡Sorpresa! Se puso coloradísima al vernos, no nos esperaba, aunque algo había sospechado pero ¡bah! Regalitos, cena del chino (al que habíamos retenido abajo en espera de una persona que faltaba, qué surrealista que nos fiara la comida así porque sí… bueno, le dijimos el nombre y el piso pero vamos, me da que no se enteró y prefirió dárnosla y largarse antes de seguir obligado a comunicarse, vaya trabajito les cuesta), chistes, risas, beber, huir de la policía y Copérnico. Me lo pasé bastante bien pero estoy hasta los mismísimos huevos de esa discoteca.

Creo que no podíamos ser un grupo más variopinto. Es fantástico ver cómo seis personas completamente diferentes se pueden llevar tan bien en un momento dado.

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Entonces, de repente y sin venir a cuento, te sientes más iluminada. Te das cuenta de que la vida no consiste en estar pendiente de una sola persona, amargada, triste o agobiada. Miras hacia otro lado, no, mejor hacia delante. Te desvías, vuelves, observas la inmensidad de tus posibilidades. Piensas en aquel encanto de hombre argentino de la papelería, en tus increíbles y auténticos padres, en tu profesor favorito de este año, en la compenetración tan grande que crees estar cobrando con una buena amiga, en los próximos viajes, en el amigo de Jerez que siempre te hace reír, en la carcajada que has soltado hace un rato por un estado de facebook (Estoy enfermo. El otro día estaba en la calle escuchando el mp3 y en un silencio entre tema y tema creí que saltaría un anuncio de Spotify), en lo alucinantemente afortunada que eres por todo, en el verano que has pasado, en lo que te queda por vivir, en el primer pescado que te has hecho sola y ha salido bueno, en poder levantarte ahora y comerte un pan con Philadelphia (me ha entrado hambre, ¿se nota?)…

En tantas cosas que te hacen feliz. Bueno, o que al menos te despiertan interés por esta existencia tan inconformista.

Proceso de liberación: ON (ralentizado).

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