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Posts Tagged ‘periodismo’

Cuando la rutina se vuelve agradable

Creo que es una de las mejores cosas que te pueden pasar: que tu rutina te resulte agradable. Obviamente las vacaciones son siempre bienvenidas pero no creo ser la única que, cuando llega el momento de regresar a la vida real, experimente cierta sensación de que es lo apropiado y hasta apetecible. También dependerá del tipo de periodo vacacional que se tenga, supongo. En España, lo típico es pillarse un mes entero en verano y el resto del año apañárselas con los festivos (aunque quizá esto esté cambiando al ritmo laboral que vamos).

Cuando viví en Londres, me repartí mis días libres bastante equitativamente para poder ir a casa (Jerez de la Frontera, España) cada tres meses más o menos. Es curioso cómo la casa de los padres perdura siendo “casa” en general a pesar de estar fuera. Aunque, poco a poco, la vida propia equilibrará el peso del hogar materno y el del propio. Ya me está comenzando a ocurrir, de hecho. Ir a casa (de los padres) permanecerá siendo un placer y una desconexión maravillosa. Pero mi casa está donde mi rutina opera (y donde vivo junto a mi pareja, que también contribuye a la sensación de asentamiento).

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Amanecer

¿A qué viene esta reflexión? Seguramente sea porque acabo de pasar por casa (de los padres), jeje. Mi hermano mayor se ha casado. Tres días de compañía asiática (la novia, ahora esposa, es coreana), seguidos de otros cinco días familiares, de amistades y, naturalmente, de esos preciosos regodeos personales que solo tengo de vacaciones en Jerez, como tomarme infusiones mirando a la pared, charlar con mi madre en la cocina, ver la tele con mi padre, echarme la siesta… En resumen, dejarme llevar por la tranquilidad autóctona de allí como si cada una de estas sencillas actividades fuera la más importante y única que hacer, sin prisa, sin inventarme deberes ni tareas posteriores.

El caso: mi hermano se ha convertido en un marido. Fue una boda muy bonita y divertida, ya os pasaré un vídeo (si mi hermano llega a montarlo). Me resulta tan increíble y, a la vez, natural contemplar cómo el paso del tiempo te obliga a madurar, a tomar decisiones, a adquirir nuevas responsabilidades prácticamente sin darte cuenta, todo de manera implacable y, si te lo montas bien, satisfactoria. Un “tenía que pasar” con una sonrisa y con ganas de seguir viendo qué deparará el futuro, un futuro aún incierto pero que suena ameno, sobre todo habiendo encontrado a la persona adecuada (esperemos).

Siempre me he sentido en armonía con el sentimiento y aplicación práctica de la independencia, de nunca tener prisa por encontrar pareja, del derecho a ser feliz en la soltería. Bueno, lo mantengo, pero ahora estoy totalmente convencida de que, con otra persona a tu lado, la supervivencia siempre será más agradable, la verdad. Con los altibajos y desacuerdos de turno, que más vale asimilar lo antes posible porque nadie se salva (algo que también he tenido que aprender), pero no hay color.

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Amor propio por San Valentín este año, porque tener pareja tampoco implica no celebrar el amor a uno mismo

En fin, hoy no he venido aquí a desperdigar mi vida sentimental en realidad. He venido a desperdigar un poco de todo, que para eso llevo unos mesecillos sin aparecer. Otro aspecto que ha contribuido a volver amena mi rutina consiste en tener un portátil propio por fin. El pasado octubre adquirí un económico Lenovo que antes de Navidad dijo “hasta aquí llegué”, y desde entonces hasta mi reciente viaje a España, porque no iba a pagar para arreglarlo cuando estaba en “garantía internacional” (internacional por los cataplines), me tuve que apañar con el portátil de mi pareja, y con su teclado francés, dicho sea de paso, dejando de lado mis queridas pérdidas de tiempo online. Bienvenidas seáis de nuevo. Obviamente el blog no está incluido pero sí era algo que, cuando estás usando el ordenador de otro, y de otro que usa su ordenador mucho, es prescindible.

Total, no voy a emitir mayores excusas, ya sabéis cómo funciona esto del blog: ahora escribo mucho, ahora te abandono, ahora me pongo nostálgica y vuelvo a escribir, y así. Y hoy tengo ganas de contaros un poco las historias que me han acompañado durante estos meses, y quizá de antes. Vamos, lo que me dé la gana.

Para refrescar la memoria y actualizarla incluso: vivo en San Diego (California) y trabajo como periodista por cuenta propia, campo en el que, por cierto, en los últimos días me han calificado de “excelente” y me han dicho que “da gusto trabajar con profesionales como yo” (tenía que decirlo, que tampoco es que ocurra todos los días)… y también trabajo en el área de comida preparada de un supermercado mexicano. Esto es nuevo, de hace casi un par de meses. Se intuye qué me apasiona y qué supone un ingreso económico extra, ¿verdad?

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Saludos desde San Diego, ciudad con arte urbano por doquier.

Antes de pasar a mis historias periodísticas y de cualquier otro tipo, he de confirmar lo que muchos puedan haber pensado: el trabajo en el supermercado es durillo. Obviamente los habrá peores pero yo hablaré de lo mío: muchas horas de pie, atención al cliente permanente y, por tanto, sonrisa obligada; 10% de los atendidos dignos de tirarles la comida a la cara (centrémonos en el otro 90%, que suele ser neutro o majete), sensación de ser un burrito humano con el olor que se impregna, esfuerzo por evitar mirar la cabeza de vaca sobresaliendo de una olla…

¿Qué pasa? Que he elegido estar ahí. He decidido asumir el reto de meterme en un curro que no me imaginaba haciendo y no negaré que el pensamiento de dejarlo no se me ha pasado (varias veces) por la cabeza. Afortunadamente, la perspectiva me cambia con el cheque de cada viernes, con el apoyo de unos compañeros estupendos, con la sensación de aprovechar mi tiempo de manera más productiva. Con, para qué engañarnos, sucesos como la propina de $5 que recibí ayer, cosa nada frecuente. Cualquier cosa que me ayude a sobrevivir y mantener mi actividad periodística es bienvenida.

Ahora, quiero hablaros de algunas de las historias que he cubierto y que más me han llegado. La palma se la lleva el relato de una mujer que lucha contra la transmisión del VIH de madres a hijos a través de la lactancia. Su organización no lucrativa, Es Por Los Niños, apoya a mujeres sin recursos, a menudo solteras, y las forma para evitar que este daño irreparable se produzca. Fue brutal reunirme con ella y que me contara su historia y su motivación para dirigir esta causa, basada en la muerte de su propio hijo.

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“Aspira a inspirar a otros y el universo tomará nota”

Esta, para mí, heroína de los pies a la cabeza que ha decidido destinar su vida a estas personas en apuros se emocionó por un momento durante la entrevista. El local donde estábamos emitía la canción “Dear Mama” de 2pac, melodía que su hijo le había hecho escuchar una vez. Me faltan las palabras para describir la situación y la admiración que me produjo esta señora, quien en aquel momento sintió la presencia de su hijo con ella, haciéndome emocionarme profundamente a mí también.

En un segundo puesto, aunque muy cercano al primero, se encuentra una víctima de violencia de género, actualmente luchadora por los derechos de las mujeres que sufren esta lacra y centrada en la comunidad latina, ya que el miedo a la deportación y a que les quiten a sus hijos convierte a este sector en gran candidato a permanecer en silencio en los Estados Unidos. Desde aquí, vuelvo a proclamar mis respetos y admiración hacia esta valiente joven que utiliza su experiencia para ayudar a otros, con el trauma que supone una vivencia así y lo mal visto que aún está hablar de ello desgraciadamente, de una terrible situación familiar, cuando debería denunciarse de inmediato.

Y así, a día de hoy, me llevo cerca de 100 historias para el recuerdo. Obviamente las hay más y menos profundas, no todo van a ser causas de vida o muerte, pero hasta las más pequeñas aportan algo, a los lectores y a mí misma. He entrevistado a actores y cantantes, he conocido a artistas de distintas tendencias, he hablado con un maestro maya, he anunciado estrenos de programas y festivales, he asistido a eventos, unos benéficos, como la entrega gratuita de regalos a niños desfavorecidos por Navidad y otros tantos, como la representación de ballet de El Gran Cascanueces Ruso. ¡Hasta he informado a la población sobre cómo evitar garrapatas!

Este año único como reportera, como me dicen por aquí, se me quedará grabado para siempre. Admito que apenas he escrito en el blog pero os aseguro que he escrito y, sobre todo, he sentido escribiendo más que en toda mi vida (que tampoco es muy larga, 27 años cumplidos en enero, pero como no veo muchas más opciones periodísticas futuras una vez se me acabe el permiso de trabajo en tres meses…). Interesados en ver parte de mis artículos pueden visitar https://mariagonzalezamarillo.contently.com/. Sí, soy fan de los portafolios, los recomiendo a todo el mundo para mostrar los trabajos profesionales.

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Regalito de una pequeña-gran persona con un pequeño-gran mensaje

Otros aspectos hacia los que me gustaría emitir agradecimientos son esas cosas pequeñas que, si cuentan con nuestra atención, también hacen de nuestra rutina un camino mucho más pleno. Véase aquel corte de pelo que una simpática peluquera mexicana me hizo, y que mentalmente necesitaba con desesperación; haber descubierto que me gusta el sushi hace un par de días; la más elaborada comida semanal que tengo desde que me mudé a San Diego con mi pareja hace un año (todo suyo el mérito), los emails informativos que me llegan de mi padre en torno a cualquier cuestión mencionada, el poder ir en manga corta durante el día, ver una serie en inglés sin problema…

Los audio-whatsapps con amigos de varios minutos poniéndonos al día, las reuniones más o menos mensuales con una fantástica familia americana de Riverside, que me ha permitido vivir todas las fiestas y tradiciones del país en su más pura esencia; mis míticas tostadas con philadelphia para desayunar (comer me hace definitivamente feliz); encontrar el regalo adecuado para un ser querido, “limpiar” el Gmail de correos, una novela entretenida, tachar en la agenda las cosas ya hechas, tener portátil propio tras tres meses, haber aprendido a hacer un buen salmorejo, soñar con viajes y planes futuros, posibles e improbables; reír por cualquier cosa, o simplemente reír…

Una larga lista.

Gracias.

La esencia del periodismo y la verdad sobre el sueño americano

escribir muchoLo sé: según el post anterior a este, llevo sin escribir desde el 26 de julio, pero quizá las apariencias os estén engañando. Todo depende del punto de vista. Efectivamente, en este blog, he estado ese tiempo sin manifestarme. Sin embargo, hacía mucho que no ocupaba tantas horas redactando. Diría que desde aquel verano de 2010 en el cual empecé este blog y me volqué en él de un modo casi enfermizo.

Como os conté el susodicho 26 de julio, tengo… um, un trabajo freelance, no dos: el de editora de publicaciones de Facebook me he visto obligada a dejarlo ante la evidente necesidad de buscar una posición estable que complemente mi labor como freelance para un periódico hispano, cosa que sin duda no quiero dejar de hacer tras haber conseguido una oportunidad en este sector cuatro años después de acabar la carrera. Si me hubieran dicho antes que en California tenía opciones… En fin, dejémoslo en que toda experiencia sirve.

El caso: ¿que no he escrito? He plasmado variadas causas sociales y culturales que van desde la labor del centro LGBT (dedicado a la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) de San Diego y sus servicios, que le convierten en el primer centro estadounidense en ofrecer apoyo a los latinos en un país repleto de estos; hasta la celebración de un evento culinario en contra de la violencia de género y el acoso sexual, pasando por la trayectoria de un galerista que vive para el arte y para una organización que ayuda a niños afectados por el VIH; un festival de mascotas para apoyar su adopción, luchar contra su abandono y educar hacia los cuidados que merecen; y otro festival destinado a exponer las creaciones de unos 200 artistas de todo tipo y tendencia.

Asimismo, he inmortalizado un programa de Volunteers of America que trata la drogadicción en latinos porque, al parecer, estos tienen una tendencia 13 veces más elevada a darse a las sustancias cuando siguen el estilo de vida americano en lugar de preservar su cultura al emigrar. Y también he contribuido a popularizar una organización sin ánimo de lucro que educa a los niños y jóvenes de una zona de por aquí, llamada Barrio Logan, para que reflexionen sobre qué quieren hacer para el resto de su vida y se planteen ir a la universidad. En dicho barrio, el 97% de las personas mayores de 24 años nunca han ido a la universidad. El 97%.

bueno maloSan Diego se me antoja un prisma de lo mejor y lo peor de la humanidad. Desconozco si en España hay tantos grupos no lucrativos pero, desde luego, sin los que hay aquí, para mí que la ciudad se hundiría en el caos. Este país me está demostrando que, de no pertenecer al gremio de los más afortunados, Europa es un lugar bastante más agradecido para vivir. Incluyendo mi país natal, por muy mal que estemos laboralmente.

Una educación y una sanidad que valen miles de dólares; unas distancias muy largas tanto en ciudades grandes como en ciudades pequeñas, porque están extra repartidas por el terreno, lo cual fulmina la posibilidad de caminar (¿caminar? ¿Qué es eso?) y te condiciona para todo movimiento; unos medios de transporte, a su vez, que no le llegan ni a la suela de los zapatos a los del continente europeo, cuando no son inexistentes; una población, por tanto, sometida a trasladarse permanentemente en coche, con los atascos, la contaminación y los riesgos de accidente que conlleva; una alimentación artificial, calórica e insípida, con comida que dura semanas en el frigorífico sin caducar (no, esto no es una ventaja); unos precios para alquilar una vivienda que no permiten ni de lejos sobrevivir como mileurista; un acceso terriblemente fácil a armas de fuego que nunca entenderé; un turismo prácticamente ausente de historia y basado en el paisaje, el espectáculo y las playas (que sinceramente para algunos, entre los que me incluyo, si ves una playa, las has visto todas); una cultura que vive para trabajar y hasta teme cogerse las vacaciones que le corresponde; un nivel de obesidad sobrecogedor…

american dreamA ver, naturalmente y como en todas partes, hay pros junto a los contras, y personalmente estoy a gusto por ahora y motivadísima por poder dedicarme al periodismo, pero os aviso: el “sueño americano” está muy sobrevalorado. Por supuesto que aquí hay más trabajo que en España, pero al precio de todas las movidas del párrafo anterior y, cuidado, empezando normalmente desde abajo a menos que tengáis unas cualidades excepcionales (o que seáis ingenieros). No quiero desalentar a nadie que desee venir, ¡bienvenidos sean los aventureros! Pero informaos bien y no crucéis el charco con demasiados pajaritos en la cabeza.

Además, hoy no venía con intenciones anti-yanquis sino más bien con una reflexión positiva, aunque no lo parezca, hacia el periodismo como arma y recurso informativo. Como parte integrante por fin de esta vocación, me cuesta describir la sensación que experimento al expresar hechos por escrito en los que creo y tener la oportunidad de expandirlos al mundo (o a la tirada de turno, que actualmente me basta y me sobra).

Es un subidón bestial que justifica por qué tantas personas se dedican a esto, a una labor empeñada en fomentar la conciencia y la capacidad de cuestionamiento universal en la sociedad. Una misión que va mucho más allá de la compensación económica y de los límites humanos. Y que está muy infravalorada entre individuos incompetentes que manchan la esencia de la profesión (como en todas las profesiones, solo que esta se lleva más leches por ser de cara al público), ideologías, remuneraciones penosas y programas catetos.

Un día de los que te recuerdan el sentido de la vida

Ayer asistí a un evento llamado 43 artists for Ayotzinapa III. El objetivo era recaudar dinero para las familias de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos el 26 de septiembre del año pasado. Aún no se sabe dónde están, ni si viven o han sido asesinados. Ni rastro de ellos, de un grupo de nada más y nada menos que 43 jóvenes de origen indígena y un alto nivel de pobreza.

El secuestro fue de tal calibre que México cada vez se levanta más en contra de la injusticia. Sin embargo, necesitan el apoyo de otros países, del mundo. Por muy impactante que suene, estos 43 son solo el reflejo de un país en el que al año desaparecen y mueren miles y miles de personas sometidas por la corrupción y la mafia.

Durante la tarde de ayer, 25 de julio de 2015, se quiso recordar a estos estudiantes, símbolo del caos político en el que nuestros vecinos están sumidos. Entre danzas indígenas, conciertos de música africana y reggae y discursos activistas, se compartió un sentimiento de unidad universal, de lucha contra la injusticia. Y me siento muy orgullosa y feliz de haber formado parte de ello.

Ayotzinapa

Conocí la existencia de este proyecto gracias a mi situación actual, la cual os detallo brevemente a continuación: llevo más de un mes con un permiso de trabajo… Sin trabajo como tal. Este permiso me lo ha proporcionado la universidad de Riverside (UCR) en la que previamente he estudiado un posgrado de empresariales. Durante el curso, repetidas veces nos comentaron varios profesores que debíamos recurrir a contactos para encontrar trabajo, ya que, según las estadísticas, el 80% de los empleos se consiguen a través de contactos.

Como comprenderéis, si mi lista de contactos para lograr trabajo en España ya era reducida, aquí ni existía. Era nueva, recién llegada, y extranjera, cosa que teníamos que convertir en nuestra ventaja en vez de un inconveniente de cara a las empresas. Un pifostio. A ver, tienen razón en que los puestos de las páginas de empleo son un pozo sin fondo. De los que solicitas, quizá un 10% te llama, y luego un 1% te cogerá, nivel al que aún no he llegado, pero que tal vez esté alcanzando por otros medios. Me explico:

Plan A: contactar directamente con los medios de comunicación hispanos y las empresas de marketing más importantes de San Diego. Tras mandarles emails, llamarles e incluso plantarme en sus puertas, resultado: dos trabajos freelance, uno de redactora para uno de los periódicos hispanos de San Diego y otro de editora de publicaciones para páginas de Facebook de clientes de una empresa de marketing, también hispana.

hell yeah

Problema: si acaso, me cubren los gastos de comida pero no me dan para mantenerme en un estado en el que con mil euros al mes no sobrevives ni de casualidad, y eso en mi situación actual, si tienes hijos ya no quiero ni pensarlo. Por tanto…

Plan B: a solicitar puestos a través de páginas de empleo como Indeed, Monster, LinkedIn… Cuyo retorno se hace de rogar, y cansa mucho, muchísimo, echar horas clickando sin confiar demasiado en recibir respuesta. Así que estoy volviendo al plan A y alternando ambos, porque si me paro a pensarlo, lo que tengo ahora, mis trabajos freelance, me han salido por ello, porque he ido y me he plantado en las narices de las empresas, no a través de internet.

Aparte, he empezado a dar clases de español, cosa que estoy disfrutando y que, a lo tonto, puede acabar pagándome el alquiler. ¿Problema parte II? Que, si me dedico a curros freelance, elimino la posibilidad de que una empresa me patrocine al final de mi año de permiso. El patrocinio implica que una empresa pague los cuatro o cinco mil dólares de turno para que un extranjero pueda quedarse en Estados Unidos con un visado de trabajo (el mío actual es de estudiante aunque me permita trabajar), proceso con el que pocas compañías están familiarizadas. Total, que está complicado, pero siendo freelance ya es imposible al no trabajar para ninguna empresa.

visado trabajo

Por otra parte, ¿quiero quedarme? Puede que sí, puede que no. De estar en buenas circunstancias laborales y económicas (y conseguir el patrocinio, claro), por qué no. En caso contrario, no voy a llorar por tener que regresar a Europa, porque cada lugar tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y no poder permanecer en un sitio demuestra automáticamente que me corresponde estar en otro. Y porque la calidad de vida en EEUU no es necesariamente la panacea.

Vamos, un cacao de inestabilidad y de incertidumbre, pero con atisbos de luz, de posibilidades. Volviendo a hilar con el tema del post: el trabajo freelance que tengo como redactora para un periódico es el que me permitió encontrar este evento noticiable, y la publicación del artículo, mi primer artículo periodístico, me ha abierto las puertas hacia la carrera que estudié en España y a la que tenía pensado dedicarme una vez acabara de estudiar (já), así como hacia otras formas de vida.

(Enlace a la noticia en pdf aquí)

Concierto por Ayotzinapa en el Centro Cultural de la Raza, San Diego (25 de julio de 2015)

Concierto por Ayotzinapa en el Centro Cultural de la Raza, San Diego (25 de julio de 2015)

Me explico de nuevo: siempre me imaginé trabajando de redactora para un periódico o revista. Luego, tras el máster de marketing, en un departamento o empresa de lo propio. Más tarde, me interesé por las causas sociales pero me di cuenta de que a base de ser voluntaria para organizaciones sin ánimo de lucro desgraciadamente no se puede comer y no contaba con la formación y experiencia requeridas para currar en ello de forma remunerada.

Ahora, contemplo el mundo freelance como una opción de lo más atractiva. No obstante, soy consciente de que no es el momento. Dedicarse a ser freelance al cien por cien requiere mucho tiempo y paciencia para ir creándose una cartera de clientes, contactos y recursos, y no te aporta la estabilidad y garantías que te da un trabajo de oficina. Por ello, actualmente no es mi prioridad, ya que ante todo necesito mantenerme por mí misma, pero queda en reserva para el futuro. En reserva de verdad, no como los propósitos de año nuevo. Mientras tanto, a informarse, a seguir buscando y redactando noticias ahora que por fin me han dado la oportunidad; a perseguir formas de dedicar mi vida laborable a comunicar contenidos de valor, que es mi pasión al fin y al cabo.

Vistas para reflexionar (Ocean Beach Dog Beach, San Diego, California)

Vistas para reflexionar (Ocean Beach Dog Beach, San Diego, California)

Por todo esto que estoy haciendo y las reflexiones a las que mis pasos me llevan, ayer tuve un día de esos en los que ves cierta claridad entre la neblina. En los que adviertes proyectos en los que te gustaría sumergirte sin importar si no es el momento porque siempre puedes comenzar por recabar información para luego cometer la menor cantidad de errores posible. Fue un día en el que, entre choques culturales y discursos sobrecogedores, reafirmé mi interés en los temas sociales y en plasmarlos y comunicarlos. Fue un día de los que te recuerdan el sentido de la vida, el sentido personal que motiva a cada individuo a lanzarse a una aventura determinada, el sentido que bien puedes conocer de antemano o descubrirlo sobre la marcha y que te hace sentir más vivo e ilusionado que nunca.

“La dama de las camelias”, de Alexandre Dumas, y el arte de comunicar

La dama de las camelias Alejandro DumasUna auténtica obra de arte, desde mi punto de vista de humilde lectora. Un libro corto que, cuanto más lees, más te incita a seguir leyendo. Una historia cuyo principio ya te cuenta el final pero prosigue de una manera tan intrigante que te olvidas del desenlace para esperar con ansia, página tras página, a que aparezcan las respuestas a tus preguntas, los motivos, las causas.

Una historia de amor. Empalagosa a más no poder en varios fragmentos, e incluso capítulos, e incluso en la totalidad de la novela. Pero de un empalague sublime, de una intensidad que te contagia la emoción, de un dolor que te traspasa el corazón.

Una reflexión en torno a la influencia de la sociedad y de sus prejuicios sobre las relaciones, en torno a la actitud de las personas en función del nivel económico y de la posición social que se ocupa (ellas y tú), y en torno al pesar de los sentimientos hacia el pasado, el cual en ocasiones supone tal tremenda carga que acaba afectando al presente y al futuro de forma irreparable.

Una trama deliciosa de digerir aún en su amargura. ¡Menudas últimas diez páginas! Una prueba más de que no hace falta escribir demasiadas palabras para expresar con fuerza lo que se quiere decir. Y una prueba más de que la capacidad de comunicar es un arte tan válido como la pintura o la escultura.

Terminar esta novela y el recuerdo de una conversación que mantuve hace un par de días con una compañera de profesión (o más bien de intento de profesión en que se ha convertido el periodismo) me han devuelto la confianza perdida en el sentido de mi carrera.

Esta chica y yo nos cuestionábamos lo asimilado durante la carrera de periodismo. Y solo cuando ella me preguntó directamente: “¿tú sientes que has aprendido algo que puedas aplicar?”, encontré la respuesta en mí misma mientras la razonaba y exteriorizaba, primero pareciendo querer hacernos sentir mejor, pero finalmente revelando (que no convenciendo) a ambas que había valido la pena.

Porque nacimos con la inquietud de escribir, con un latido de inspiración incorporado en el corazón, con un deseo irreprimible de aprender a escribir mejor que los demás, con la necesidad de plasmar lo que sentimos, pensamos, vemos y criticamos de manera que les sirva de algo a los demás, que les aporte lo que aprendemos, lo que pensamos que es lo correcto (lo sea o no), o aunque solo sea para compartirlo e iniciar un debate. Escribir es pensar, compartir, abrirse al mundo, pedir ser escuchado; querer emocionar, influir, afectar y hacer pensar. Es ser meticuloso con la forma y con el fondo, con las palabras, los párrafos, la gramática, la ortografía. Una falta de ortografía, una palabra mal escrita, una frase errónea puede descolocarnos. No solo la detectamos fácilmente, sino que molesta enormemente a la vista, cual moscardón posado en las narices. ¡Cuanto más sangran ojos y/u oídos ante ciertos sacrilegios literarios y/o verbales!

Dolor de alma

Dolor de alma

La voluntad de escribir y de expresarse correctamente se vuelve perfeccionista hasta el tormento en las almas auténticamente periodísticas. Y la de comunicar ya ni os cuento. El problema es que todo el mundo lo ve más fácil que una operación quirúrgica o la construcción de un edificio porque, mientras que estas actividades se reservan a médicos y arquitectos (con todo mi respeto hacia ambos campos, es solo un ejemplo), todo el mundo tiene la capacidad de escribir. Esto es, de coger un bolígrafo/teclado y plantar letras en un papel/una pantalla. Pocos se acuerdan, para nuestra consideración, de que eso no implica en absoluto contar con la capacidad de comunicar, que va muchísimo más allá.

El periodismo está destrozado de críticas. Estoy de acuerdo en que, en parte, se lo ha ganado, pero lo mismo ocurre en muchas otras carreras, las cuales van mutando igualmente a lo largo del tiempo y de los cambios de época sin que se adviertan, sin embargo, sus aspectos negativos al nivel de los del mundo periodístico. Observo con pesar que vapulearlo se ha convertido prácticamente en una moda, en un recurso conversacional, en una tendencia social, transformándolo en uno de los blancos profesionales más castigados y salpicando de desprecio a una pasión centenaria. La única diferencia con el resto de campos es que estos no han de pasar por esa exposición pública; sus negligencias, irregularidades y demás intríngulis se mantienen anónimos, a salvo de las críticas, cuando todo el mundo sabe que gente incompetente e indecente hay en todas partes y en todas las carreras. Pero esto se olvida en cuanto se ve, se lee o se escucha a tal persona en un medio de comunicación y se piensa automáticamente “estos periodistas…”.

críticasAh, otro tema candente es el de la “cultura”: todos los periodistas tienen que saber de todo, tienen que llevar la cultura general, y no tan general, en vena. Una tontería tan grande como que los médicos deban ser capaces de desenvolverse en todas las especialidades. ¿No se centran en una? ¿A alguien le cuadra un cardiólogo ejerciendo de podólogo o un dermatólogo de pediatra? Pues con nosotros, y con la inmensa mayoría de las carreras, ocurre igual: cada profesional se especializa en el tema que más le apasiona, lo demás se la trae al pairo. Hay tropecientos temas sobre los que escribir y aprender muchísimo como para estar al tanto de otros asuntos, por muy de actualidad que sean. ¿Por qué un periodista ha de saber de política o de economía si de lo que quiere comunicar es, por ejemplo, de nuevas tecnologías? ¿O de automoción? ¿De música? ¿De inteligencia emocional? ¿De bricolaje? A ver si se deja de exigirnos que sepamos de todo, que nos enteremos de todo, que nos interese todo, como si no tuviéramos nuestras propias preferencias, como todo el mundo.

Hoy, reafirmo las razones que me llevaron a estudiar periodismo. Hoy, defiendo mi profesión, aún sin saber si llegaré a ejercerla a través de un medio de comunicación o de cualquier manera remunerada, porque el periodismo nos necesita. Necesita a personas que lo traten como se merece, que amortigüe las puñaladas que recibe, que le recuerde que es un mundo de grandísimo valor, coraje y poder.

Y porque, al fin y al cabo, soy incapaz de imaginarme habiendo estudiado una carrera distinta.

Amarillismo gratuito con burka sensacionalista

¿Sensacionalismo? Y un cuerno, ya quisiera que solo se quedara ahí. Hay que empezar a distinguir entre esta palabra y el amarillismo.

El sensacionalismo se caracteriza por querer llamar la atención, suscitar emociones en el espectador, fomentar la polémica y atraer hacia ella, a menudo exagerando/falseando los datos informativos con el objeto de captar aún más el interés del público. Para ello, cada vez se recurre más a la explotación de la vida privada de las personas.

Ahora bien, el amarillismo, señores, se basa en la abundancia de titulares catastróficos, criminales y de una cruenta envergadura política, escasamente seria y creíble para una sociedad con dos dedos de frente. Todo esto normalmente acompañado de imágenes igual de explícitas que sus contenidos tremendistas.

Dicho esto, he de transmitir mi pesar actual debido a que en mi televisión, no sé por qué, TVE no tiene señal. ¿Esto que significa? Que los únicos informativos que aún consideraba decentes me han sido vetados. Y pensé, bueno, no pasa nada, veo los de A3. ¿Perdona? No, imposible. Ayer, en cuestión de tres minutos, fui informada (o contaminada, como prefiráis) de al menos cinco muertes. ¿Era necesario? Aparte de recordarnos, un día más, el tremendo calor (lógico, es lo que tiene agosto en España), y de tirarse un buen rato comentando el julio tan frío que está pasando el norte del país. Pero vamos, fue la eterna enumeración de fallecimientos la que me hizo cambiar de cadena.

Así pues, nuestros informativos están plagados de una mezcla sensacionalista y amarillista que da más ganas de potar y de liarse a patadas con la televisión que una sesión de Sálvame. ¿Por qué? Porque, al menos, este tipo de programas sabemos perfectamente de qué van (por algo se llaman realities) y cada cual elige, por tanto, si verlo o no. El problema surge cuando una busca informarse y se topa de bruces con una desinformación de espanto.

Mirad… Si no hay apenas noticias en verano (que tampoco creo que sea así, sino que resulta muy fácil tirar hacia lo cómodo de emitir), ¿por qué no procurar crear una nueva sección con la que cubrir ese espacio superficial, vacío, aburrido y deprimente? ¿O por qué no intentar alternar con informaciones de otro calibre que no se fundamenten exclusivamente en la tragedia? Cuidado, no pretendo huir de la realidad, solo opino que hay que adquirir cierto sentido de la medida, alcanzar un equilibrio periodístico coherente.

Así nos estamos volviendo: unos completos insensibles ante el dolor ajeno y unos papanatas conformistas con los ojos cosidos a la pantalla.

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