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De turismo por Madrid (I)

¡Queridos lectores míos!

Efectivamente, es una auténtica vergüenza la manera en que he desaparecido del mapa bloguero durante los últimos 15 días, pero todo tiene su explicación en una simple y significativa palabra: verano. Concretamente, un par de acontecimientos me han mantenido ausente de la vida digital: la visita de alguien especial y el FIB. La primera me va a permitir postear sobre los sitios que considero más turísticos de Madrid a pie de calle (dejaremos museos y lugares más raros para otro momento, sobre todo cuando me de por investigar estos). La segunda, el Festival Internacional de Benicasim… Sencillamente ya llegará, vayamos por partes.

¿Qué visitar por Madrid? La ruta es fácil, sencilla e indolora (y algo desordenada pero bueno, siempre queda el metro para moverse a alguna zona olvidada o más lejana). Las fotos tendré que cogerlas de internet porque no hice, aparte de que si hubiera hecho ya no las tendría debido a la incautación de mi dispositivo móvil. Vamos, que algun hijo de la grandísima puta me lo robó en el FIB pero bueno, gran excusa para adelantar la adquisición de un iPhone.

Aquí tenéis, en primer lugar, el recorrido que os voy a contar hoy. No sé qué haría sin el Google Maps. Podéis hacer click en él para verlo mejor.

Comenzamos por la Plaza de España. Fotaza. El edificio del fondo pertenece a la otra acera pero suele incluirse en las imágenes de esta plaza, queda bastante imponente. En “diminuto” y frente a la fuente, El Quijote y Sancho Panza.

A continuación, conectamos con la Gran Vía hacia el sureste, que ya sabréis muchos su considerable extensión (aunque tampoco creo que tengan mucho que envidiarle el Paseo del Prado o el de la Castellana, la eternidad en persona).

Esta es solo la primera mitad de la avenida. En este punto, bien se puede seguir recto, pasando por el Banco de España, llegando a la Plaza de Neptuno y cogiendo el Paseo del Prado para ver el Museo del mismo nombre y culminar en Atocha (opción que tomamos otro día), o bien nos podemos desviar en la Plaza de Callao (que no tiene gran cosa, aparte de constituir un punto común de quedada en Madrid) hacia el sur para llegar a Sol, cogiendo por la Calle de Preciados o la del Carmen (que rodean la Fnac). En vistas de la dificultad de abarcar fotográficamente la Plaza, he optado por la siguiente imagen nocturna de la Puerta del Sol.

El último paso de este recorrido se basa en coger hacia el oeste por la Calle Mayor para topar con la archi-conocida Plaza Mayor, donde probablemente te sablen por tomar algo pero no deja de ser parte fundamental de una visita turística madrileña.

Hasta aquí la primera ruta de estos días previos al FIB, acompañados de mi natural desorientación que, por suerte, no hizo demasiada mella, sin olvidar la indescriptible sensación que me sigue provocando vivir en el centro de esta ciudad y en una calle de lo más característica, plagada de restaurantes baratos y exóticos (hindúes, kebabs, un tailandés, un libanés…).

Mañana más, pero no mejor, porque es imposible (me ha apetecido hacer apología de El Intermedio, no pretendo echarme flores), ¡buenas noches!

Roma (I), llegada

¡Buenos y tempranos días a todos!

Pues nada, ya he retrasado bastante el relato del viaje a Roma, así que manos a la obra. Os pongo en situación: el avión salió desde Madrid a las 9:25 del sábado 29 de enero (esto es ficticio, a esta hora abrieron las puertas y despegó sobre las 10, es lo que tiene ir con Ryanair, barato y te aguantas con lo que haya) y nos quedaríamos hasta las 19:45 del martes 1 de febrero (aquí sí fue puntual).

Pues el primer día resultó algo desastroso pero muy cómico, nos lo tomamos con bastante alegría/por no llorar. El autobús nos tardó un rato en salir desde el aeropuerto al centro de la ciudad, cuando habíamos comprado los billetes en España bajo la garantía absoluta (ficticia también) de que no tendríamos que esperar. Grazie, Spagna.

No pasa nada, ¡lo mejor vino después! Cogimos el metro y salimos por la Plaza de España (véase la imagen). Nos costó un pelín situarnos. Me avergüenza confesarlo pero la orientación no es nuestro fuerte, aunque siempre acabábamos llegando adonde nos propusiéramos :D. Mientras nos íbamos encontrando, aprendí que Roma tiene unas cuestas de la hostia. El hambre nos atacó bestialmente y decidimos almorzar antes de llegar al hotel.

ERROR. Por el sitio, no por otra cosa. Nos clavaron 12 euros por la pizza más horrible y repugnante de toda mi vida (digo que nos “clavaron” porque otras veces comimos por menos dinero y mucho más gustosamente), pero ahora viene lo segundo que aprendí. ¿Por qué nadie se pedía un refresco en los restaurantes? Pues porque, por ejemplo, en el boquete este nos cobraron CINCO EUROS POR COCACOLA. Desde entonces, pedimos agua.

Maravilloso comienzo, ¡con mucho humor! A continuación, llegamos por fin al hotel, que ignoro en qué parte tendría las cuatro estrellas, porque en la puerta no estaban. Nos atendió el buen hombre del mostrador (una de esas personas que derrochan tanta vitalidad que te cansas de contemplarlo más de cinco minutos, ¡pero de lo más agradable!) y subimos.

¡TACHÁN! Apodada por mis compañeras de viaje como “la casa del Conde Drácula”, os presento la habitación del hotel Principessa Tea. A ellas no les moló nada pero en verdad a mí cada día me fue gustando más. ¡Otro rollo, señores! No se aprecia muy bien en la imagen. Básicamente: colores cálidos, techos altísimos, cuadros de museo, cortinas exóticas… Se respiraba un aire de lo más señorial.

Total, se nos hizo un poco tarde y nos acercamos al Coliseo y al foro romano, pero no vimos un pimiento porque a las 6 de la tarde ya era noche cerrada, y optamos por acercarnos al Trastevere, zona de salida en la otra punta de la ciudad, para ver el ambiente. O no había demasiado o no lo encontramos (esta vez, defiendo la primera opción más que la segunda), así que taxi de vuelta hasta la Plaza del Quirinale, bastante hermosa de noche. Un poco más de pateo hasta llegar al hotel y a descansar.

Saldríamos a cenar a un McDonald’s. Nos apetecía, con dos cojones, y fue el establecimiento de comida basura más amplio y bonito que había visto, ¿eh? ¡Ah! Este día también vimos la Plaza de la República, por la que pasaríamos ya a diario para acceder al resto de la ciudad (siempre estaba en medio), y la parte de atrás de Santa María Maggiore. Hay que admitir que la retaguardia de esta iglesia tenía muy buena pinta y que lo suyo era verla por dentro, pero la divisamos de paso y quedó para otro día.

El único inconveniente en sí que le vi al sitio es que hacía frío y la calefacción estaba una mijilla “revenía” (expresión andaluza; chunga, vamos), aparte de que por la noche no sienta bien. Pues eso, nos acostamos, ellas en la cama de matrimonio; en la otra yo, un sofá-cama. Mejor, la mini-almohada entera para mí. Los colchones más duros que he probado pero dio igual, llegábamos tiesas siempre.

Un día poco productivo, pero lo suficiente intenso como para llegar fácilmente a la conclusión de que la ciudad se caracterizaba por una arquitectura imponente, nada que ver con Madrid, donde todo es nuevo. Edificios grandes y la inmensa mayoría muy bellos, ornamentados. Majestuoso es la palabra idónea. Eso sí, cuidado al caminar, que un montón de calles y aceras están medio levantadas, un arreglito no les vendría mal. A saber cuántos tacones (incluso tobillos) se han perdido entre aquellos pedazo de adoquines. Por suerte, yo no llevo, así que la sensación fue instantánea y satisfactoria: creo que Roma me va a gustar.

To be continued.

Un fin de semana apacible (III); Madrid, tiendas, mercadillos y post-its

Sábado extraordinario en su sencillez: levantarme tarde después de dormir De Puta Madre, como desde luego sí que hacía mil que no había experimentado, e ir a buscar camisas. ¿Por qué? Porque a dos de mis compis les quedan muy bien y se me ha antojado, así que aunque deteste un poco ir de compras, por probar que no quede.

La vuelta por Fuencarral me ha demostrado que desconozco una cantidad inmensa de marcas, no su estilo sino su existencia en la faz de la tierra, pero también he comprobado que sus precios tienen la friolera de elevarse a 50, 60, 70 e incluso 80 euracos. Cansancio, pereza inevitable, tiendas=coñazo. Huida rápida al Corté Inglés, donde por unos módicos 30 euros cada una, he pillado dos camisas de la hostia, y de tío, ¿por qué? Porque son las mejores, porque me gusta lo simple, y no los millones de mariconaditas que les ponen a las camisas de las chicas que se las cargan por completo.

Para  casi terminar la primera mitad de un fin de semana ejemplar tras dos meses plagados de fiesta (sí, señores, la juerga también acaba cansando y tocando los cojones), ha procedido dar un paseo por un porrón de puestos de estos típicos que ponen en la Plaza de España, con sus bolsos, palestinas, bufandas, pulseras, incienso, cachimbas, chucherías, garrapiñadas y etcéteras.

¡Luna llena! Se ven un poco chungas porque el móvil no da para más pero bueno, se intuye.

Derrochando colorido.

Madrid nunca duerme. No sé cuánto durará este Mercado Solidario (eso ponía en los marcos superiores de los puestos), creo que poco, pero en navidades caerán otros tantos fijo.

Había un escenario allí al otro lado de la plaza montado con canciones de Maná sonando, que no Maná de cuerpo presente.

El último bello detallito del sábado ha consistido en la visión de este escaparate de una de las tiendas del centro comercial Príncipe Pío:

Exacto. Ofrecían entrar y escribir en un post-it para luego ser expuesto algún propósito para el año nuevo que se aproxima. Parecerá una cursilada pre-navideña pero a mí me encantó y me pareció genial y enternecedor, además de que algunos de los mensajes eran graciosos.

Optimistas, proceso de deportistas, esperanzados…

Una iniciativa muy emotiva por parte de quien se le haya ocurrido, mis felicitaciones desde aquí.

¿Y ahora qué? Pues estoy tirada en mi querido sofá, actualizando mi amado blog, que ya tocaba, y deleitándome en una noche en la que gran parte de la población estará creando expectativas de todo tipo mientras que yo no tengo absolutamente nada de lo que preocuparme, solo limitarme a leer una cosita de Freud para el Seminario de Análisis Fílmico al que me he apuntado en la universidad (ya os hablaré de él), y a la cama felizmente, que estoy tiesa, y que mañana… ¡nos vamos a ver Segovia! Benditas sean las amigas con coche (y carnet de conducir).

¡Feliz domingo!

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