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Posts Tagged ‘polvo’

Cual casa de putas

Relato ficticio. Autora: María González Amarillo.

Circe se mira al espejo. No se reconoce. Un rostro demacrado, machacado, reventado por el roce. Como si sus más terribles miedos estuvieran intentando salir a través de las mejillas, minando en su furia la piel, marcándola, rasgándola, enrojeciéndola. Unos ojos tristes y ensombrecidos color miel forman parte de este tenebroso cuadro, de esta nariz desconocida, de estos labios medio arrancados, de estos pómulos cuyas marcas no son las típicas de la almohada. Preciosa Circe, ¿qué te has hecho?

Una alegre noche, ¿eh? Una maravillosa velada truncada por los objetos de deseo. Te sentías bella, imponente, fabulosa. Nada podía contigo, arrasabas a tu paso. Tus ojos brillaban e invitaban al placer, tus labios relucían con su intenso carmín, tu amplia sonrisa cautivaba a todo el que se encontrara alrededor y tus movimientos de caderas se sabían perseguidos por miles de miradas.

Y volviste a cometer el mismo error. La piedra de siempre está a punto de desaparecer en forma de gravilla de tanto tropezarte, bonita. Te divertiste con uno, con otro, un tercero, otro más. ¿Dónde está tu límite? Bueno, aún así, no dejaba de ser una situación agradable, incluso cariñosa. Bailar, prestar besos, repartir amor por todo el espacio…

Hasta que le metiste en tu casa. Ya sabías por el camino que no era buena idea. ¡Ay, linda y joven Circe! Te dejaste llevar demasiado. Rebasaste la línea. Y solo tú tienes toda la culpa. Por suerte, solo te insistió un poco para que le hicieras una felación. Te negaste, por supuesto, ¡aquello era demasiado! Él te presionó un poco más. Empezaste a llorar. Eso no se lo esperaba. Te acordaste de que no era la primera vez que te sucedía. Hacía ya tanto tiempo, que se te había olvidado el asco que te daba ese tipo de situación. Te acordaste de todas las veces anteriores y te insultaste.

Pero, sobre todo, te acordaste de él. Del protagonista de tus sueños. Del que realmente se preocupa y vela por ti. Del que siempre te acuerdas cuando te sientes mal a raíz de cada uno de esos malditos polvos innecesarios. Del dueño de tu corazón y la melodía que impregna todo tu cuerpo de su ser.

Y, aún así, dejaste que aquel impostor te penetrara, en vez de echarlo inmediatamente de tu territorio, de tu único mini-cosmos personal. ¿No te gustó? Claro que sí, lo físico se disfruta por naturaleza. Mas, en realidad, lo que más ansiabas era que se acabara ya. Al menos, se había puesto un condón, no todos lo habían hecho. Tampoco le habrías dejado… ¿verdad, Circe? Mira, otro golpe de suerte: acabó rápido. Te alegraste enormemente por la existencia de la eyaculación precoz.

Entonces, tal cual se separó, te dijo: “bueno, guapa, pues lo siento pero me voy a tener que ir”. Hasta ese momento ni te habías planteado el querer que permaneciera contigo. De hecho, era lo último que deseabas pero, en cuanto soltó aquella blasfemia, como si tú le hubieras suplicado que se quedara, te jodió. Porque le había faltado tiempo para huir, para quitarse de en medio. ¿Para qué dar ni medio abrazo cuando ya se ha descargado el material?

Y en cinco minutos y dos besos, cerraste la puerta. Para no volver a verlo nunca más. Para sumirte en las tormentosas profundidades de la inconsciencia y la inmadurez. Para recordarte lo imbécil que has sido, en resumidas cuentas.

Sucia. Te sientes sucia. Corres a la ducha, te frotas hasta hacerte daño incluso, y no te importa porque te lo mereces por haberte faltado el respeto a ti misma una vez más. Vuelves a tu habitáculo contaminado de su esencia y ni miras las sábanas corrompidas mientras las arrancas para cambiarlas y romper todo lazo mental. Por fin puedes tumbarte tranquila. Respirar hondo, reflexionar, prometerte una vez más un “basta”, un “nunca más”, un intento por preservar la propia dignidad que se te había escapado en escasos minutos.

Y así fue como la hermosa e inocente Circe erró de nuevo. Volvió a permitir que usurparan su intimidad bajo los efectos del encanto y del alcohol. Y el intruso indebidamente invitado, tal y como había venido, se había ido de su pequeña madriguera, sin mirar atrás, sin procurar honrar su integridad manchada ni su humilde morada. Cual casa de putas.

Limpia… si hace falta

Me ha gustado el e-mail:

Recordad que… una capa de polvo protege la madera de los muebles…

Una casa se transforma en un hogar cuando podéis escribir “Te quiero”  sobre el polvo de los muebles.
Yo solía pasar al menos 8 horas cada fin de semana para dejarlo todo perfecto, “por si venía alguien”. Al final, entendí que nadie “no venía” porque todo el mundo estaba viviendo la vida y pasándoselo bien!!
Ahora, si viene alguien, no tengo que explicar en qué condiciones está mi casa: están más interesados en escuchar las cosas que he hecho mientras vivo la vida y me divierto.
Por si no te has dado cuenta… La vida es corta: pasalo bien!
Limpia, si hace falta…
Pero sería mejor pintar un cuadro o escribir una carta, hacer unas galletitas o un pastel, chupar la cuchara o plantar una semilla, pensar sobre la diferencia entre “querer” y “necesitar”?
Limpia, si hace falta, pero no hay mucho tiempo…
Con todas las playas que hay para nadar y montañas para escalar, ríos para navegar, la cervecita para tomar, música para escuchar, libros para leer, amigos para querer y vida para vivir.
Limpia, si hace falta, pero…
El mundo allí fuera: con el sol en la cara, el aire en el pelo, la nieve que cae, un chaparrón… Ese día no volverá…
Limpia, si hace falta, pero…
Ten en cuenta que la vejez llegará y no es como ahora…  Y cuando te toque irte, también te convertirás en polvo.

Vale, tampoco deja de ser una excusa para seguir dejando la casa hecha un fiasco pero ha sido un buen momento para recibirlo :D.

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Historia de un capullo

Venirte de un buen rollo de la hostia, conseguir lo que busca y desaparecer del mapa.

Y así, a puñados. Basta con observar un poco los alrededores.

No os fiéis ni de vuestra sombra, no vaya a saltar de repente del suelo para echaros un polvo.

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