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Londres, cuna de artistas / London, cradle of artists

El sábado pasado, 6 de julio, fue un día en el que recordé por qué elegí Londres para vivir una temporada. Las ciudades grandes siempre van a ofrecer muchísimo más que las pequeñas, nos gusten más o menos las aglomeraciones.

El día comenzó temprano al ir a recoger a una amiga a la estación de St. Pancras donde, para mi sorpresa, me encontraría con un piano justo delante de la puerta de las llegadas. Una invitación gratuita a todo el que quisiera a sentarse y deleitar a los que nos encontráramos por los alrededores. Tuve la suerte de que dos personas sucumbieran a la tentación.

Last Saturday 6th of July was a day that made me remembered me the reasons to choose London to live for a while. Whether we like masses or not, big cities have always much more things to offer than small ones.

This day I got up early to pick up a friend at St. Prancras station where I’d get amazed by a piano situated in front of the arrivals door. It was a free invitation to play for whoever wanted to sit down and delight everybody around. Lucky me I could enjoy a couple of people who gave in to temptation.

St Pancras piano

Tras una agradabilísima velada durante la cual almorzaríamos en un italiano y tomaríamos un par de buenísimos cócteles (un Cosmopolitan y desconozco el nombre del segundo, suelo ir a la barra y pedir “el más dulce que tengan”), me encontraba tan llena que me apetecía darme el paseo de Charing Cross a London Bridge al lado del río, un recorrido precioso que recomiendo a todo el mundo. No sólo por las hermosas vistas sino por la cantidad de artistas callejeros con los que te vas cruzando por el camino.

Así, me toparía con el siguiente personaje que hizo de las suyas con la arena para montarse su chiringuito particular. El letrero se encontraba bastante próximo al sofá pero los fotografié por separado para que se apreciaran mejor.

After a lovely time we spent having lunch in an Italian restaurant as well as some delicious cocktails (a Cosmopolitan and I don’t know the name of the other one, I usually go and order “the sweetest one that you have”), I felt so full that I decided to go for a walk from Charing Cross to London Bridge along the river, which is a recommendable beautiful tour not just due to its awesome views but for the amount of street artists you find on your way.

Therefore, I saw the following person who had managed to create his own personal world on the sand. The sign was quite close to the sofa but I took pictures separately for them to be better perceived.

sand art

¡Acierta en el cubo, pide un deseo, yo pedí libras e hice todo esto!

Como aclaración, al haber montado el show en la arena, llamémoslo, “a pie de río”, los transeúntes teníamos que asomarnos desde el paseo para verlo y, junto al letrero precisamente, había un cubo al que tirar monedas.

Por desgracia, no logré ver al señor en su apogeo con una guitarrita porque un gracioso se le acercó y, al sentarse, se cargó parte del mueble que véis abajo, lo que obligó al pobre hombre a ponerse a arreglarlo. De esa manera, pude apreciar de paso el trabajo y el tiempo considerable que debió de dedicar al tema estético. Aparte de un par de útiles para darle forma a la arena y alisarla, empleó una especie de bombona con una manguera a través de la cual expulsaba agua a modo de spray sobre la arena para ponerla completamente homogénea.

For more information, as this guy built all the stuff on the seaside, passersby had to look out the path to see it and actually there was a bucket next to the sign where throwing coins.

Unfortunately, I couldn’t see this man with a little guitar at his peak because a stupid guy approached him and damaged part of the sofa below when sitting down, what forced the poor man to fix it. That way, I appreciated anyway the considerable work and time he must spend on the esthetic aspect. Apart from a couple of tools to give shape and smooth the sand, he used a kind of gas bottle with a hose that expelled water to make the sand completely homogeneus.

sand sofa London Thames

A lo largo de este paseo, tampoco faltan nunca unos pocos jóvenes malabaristas haciendo piruetas varias ante el público y pegándose sus bailes y coreografías, y también pude contemplar a un grupo de personas promocionando el capoeira. Todo un espectáculo observar cómo se coordinaban para “luchar” en parejas y el control que ejercían sobre sus movimientos.

No obstante, este día triunfó la música para mí. A continuación, os muestro a un simpático gaitero que animaba a todo el que pasaba a asomarse y escucharle un rato.

A few young jugglers doing some pirouettes and coreographies for the public are never missing along this walk, and I could see also a group of people who were promoting capoeira. Watching the way they coordinated themselves to “fight” in pairs and how they controlled their movements was an addictive show.

However, music was the winner this day. Next, you can see a nice bag-piper who attracted everybody’s looks and made many of them to stop to listen to him for a while.

Finalmente, si tuviera que definir el día con una sola palabra, esa sería “Reminiscence” (reminiscencia), nombre de la siguiente banda de muchachos que me encontré bajo el puente de Blackfriars y me encandilaron por completo.

El fallo es que, al preguntarles, me dijeron que no tenían Facebook ni Twitter. ¿Cómo se pretende hoy en día llegar al público sin estar en las redes sociales? Aish…

Finally, if I have to define this day with a word, it would be “Reminiscence”, which is the name of the following group of boys who were playing under Blackfriars Bridge and completely dazzled me.

The problem is that I asked them if they had Facebook or Twitter and they didn’t. How can you think about getting fans without having any presence on social networks? Aish…

Por todo esto y más, este fin de semana reviví la pasión por Londres que me acompañó a mi llegada hace ya nada más y nada menos que un año y cuatro meses :D.

Because of all this and more, last weekend I relived my passion for London that came with me when I first arrived one year and four months ago :D.

Liverpool City (I): un paseo por la ciudad y los Beatles

Lo prometido es deuda, aquí viene el par de días pasados en Liverpool con mis hermanos tras los primeros dos visitando Manchester, donde en realidad nos quedamos las cinco noches debido al económico precio del hostal. En vistas de que con una horita en autobús bastaba para ir de una ciudad a otra, ese recorrido hicimos el sábado 30 y el domingo 31 de marzo.

Liverpool nos recibiría con una temperatura menos gélida que en Manchester, lo cual se agradeció enormemente. Fácil de recorrer a pie, ya que la mayoría de los sitios de interés se encuentran pegados unos a otros a lo largo de la línea costera, la primera mañana optaríamos por coger el ferry que nos pasearía durante una horita por el río haciendo una ruta circular. Antes de que os emocionéis, he de admitir que la siguiente perspectiva es lo mejor que capté: las vistas dejaban bastante que desear en general. Aunque algo más bonita, la ciudad de Liverpool cuenta con el mismo estilo arquitectónico que Manchester a lo industrial y grisáceo-triste-sucio, a excepción de un par de señoriales edificios litorales que ni siquiera llegamos a averiguar de qué iban.

Liverpool ferry

La ruta ofrecía la posibilidad de bajarse un par de veces o tres según los intereses de los pasajeros, con la posibilidad de volver a montarse en cualquier otro ferry que viniera posteriormente (habiendo pagado el recorrido entero, obviamente), por lo que aprovechamos una de las paradas para ver el Spaceport, un museo centrado en el sistema solar, muy interactivo y pensado en parte para los niños, con un planetario que nos relató la historia del universo a través de simpáticos muñequitos y con una (no sé cómo llamarlo más técnicamente) “nave espacial a tamaño real” con capacidad de movimiento (esto quiere decir que daba tumbos para reventar) y una secuencia en 3D que se nos hizo tela, pero tela, de larga. Más mareada que salí de aquel cacharro infernal…

A continuación, esta escalera se encontraba en el edificio en el que obtuvimos los tickets para el ferry, el cual resultó ser una tienda repleta de artículos mitad de los Beatles y mitad de Elvis Presley.

Beatles songs

Enfrente de dicha tienda se encontraba el Museo de Liverpool. ¿Qué tiene? Pues mirad, tal miscelánea de cosas que no podía ir más perdida tratando de prestar atención a cada una individualmente, una hazaña imposible. Ahí han metido absolutamente todo lo relacionado con la ciudad y su historia a presión, tanto que hasta nos saltamos una planta, no nos daban las ganas para más. Por allí me encontré con la pared esta y me gustó, con su cuasi-impoluto cielo azul y sus esperanzadores rallos de sol envueltos, a mis ojos, de un halo de misterio, de historia entre líneas (o entre ladrillos, ¡já!), como si de un romanticismo previamente reprimido y recién liberado para escapar, expandirse y volar muy alto se tratara.

pared cielo

A cinco minutos largos caminando desde el Museo de Liverpool,  toparíamos con el Albert Dock (que suena bastante mejor que “El Muelle de Alberto” pero, se siente, es lo mismo), un espacio caracterizado por una serie de museos estratégicamente posicionados formando un amplio rectángulo por cuyo interior fluye el agua felizmente. Decidimos saltarnos el Museo Marítimo y el Museo de los Esclavos porque, con todo el respeto, para ver barquitos y escenas desagradables preferíamos amortizar el tiempo de otra manera.

Albert Dock Liverpool

Así pues, nos metimos en el Tate Modern que, como su nombre indica… Rarito, requisito imprescindible de cualquier museo o galería de arte moderno. Nada que destacar. Donde realmente me entretendría, recrearía y pararía prácticamente en cada rincón donde se me apareciera un número de la audioguía sería en el museo propiamente de los Beatles, The Beatles Story, completa y satisfactoriamente ambientado e impregnado del recorrido vital de la banda entre escenarios, fotografías, textos y multitud de elementos varios. El comienzo, cómo se conocieron, lo que les costó ser escuchados y darse a conocer, éxitos, público (histéricas que se ponían las jovencitas), diferencias, separación, camino independiente de cada uno. Me ha costado elegir pero he optado por mostraros la reproducción del espacio en el que se presentarían por primera vez en Liverpool en el club The Cavern.

IMG_0448

A su vez, enunciados por doquier, como esta cita de George Harrison que procuraré traducir lo más acertadamente posible: se puede llegar alto, y más alto, y para llegar realmente alto – quiero decir tan alto que puedas caminar sobre el agua – ahí es adonde voy.

George Harrison quote

The Beatles Story sería la última visita del sábado 30, antes de perdernos bestialmente de vuelta a la estación de autobús para regresar a Mánchester y que nos saliera mal tratar de coger un autobús anterior al haber reservado los tickets por Internet. Resultado: tiempo de vida inútil y menos horas de sueño. ¡En fin!

Madrugón de nuevo el domingo 31 de marzo (6.30am, al igual que el sábado para llegar tempranito a Liverpool y verse todo lo visible). ¡A piñón, señores!

Foto-portada de disco de mis hermanos que no he podido contenerme a colgar, rodeados de un porrón de adorables maletas de piedra que nos encontramos esparcidas por una plaza cualquiera. Nótese el estado de congelación permanente que llevó mi hermano menor (a la izquierda) en el cuerpo durante todo el viaje. El pobre, es lo que tiene la falta de costumbre, tanto que mi hermano mayor no llevaría su propia bufanda desde el minuto “hostia, qué frío”.

Liverpool stone suitcases

Naturalmente, había que echar una ojeada al China Town de Liverpool, miniatura ultra cutre del de Londres. Vamos, que sólo se salva de curiosa la puerta porque la calle que la seguía exponía, si acaso, tres penosos restaurantes chinos. Vale que eran las 8 y pico de la mañana pero la perspectiva de los locales cerrados hacía el barrio aún más lamentable. Total, no lloremos, la entrada aún se dejaba mirar.

China Town Liverpool

Y, para terminar la primera Liverpudlian part, un bar carismático. Salta a la vista el porqué, ¿no?

Irish American Bar Liverpool

¡Hasta la próxima entrega! No os perdáis las catedrales (sí, a falta de una, dos, y una tremendamente hippie) de Liverpool y la sorprendente afición por plasmar frases profundas en fachadas :).

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