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Posts Tagged ‘rutina’

Cuando la rutina se vuelve agradable

Creo que es una de las mejores cosas que te pueden pasar: que tu rutina te resulte agradable. Obviamente las vacaciones son siempre bienvenidas pero no creo ser la única que, cuando llega el momento de regresar a la vida real, experimente cierta sensación de que es lo apropiado y hasta apetecible. También dependerá del tipo de periodo vacacional que se tenga, supongo. En España, lo típico es pillarse un mes entero en verano y el resto del año apañárselas con los festivos (aunque quizá esto esté cambiando al ritmo laboral que vamos).

Cuando viví en Londres, me repartí mis días libres bastante equitativamente para poder ir a casa (Jerez de la Frontera, España) cada tres meses más o menos. Es curioso cómo la casa de los padres perdura siendo “casa” en general a pesar de estar fuera. Aunque, poco a poco, la vida propia equilibrará el peso del hogar materno y el del propio. Ya me está comenzando a ocurrir, de hecho. Ir a casa (de los padres) permanecerá siendo un placer y una desconexión maravillosa. Pero mi casa está donde mi rutina opera (y donde vivo junto a mi pareja, que también contribuye a la sensación de asentamiento).

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Amanecer

¿A qué viene esta reflexión? Seguramente sea porque acabo de pasar por casa (de los padres), jeje. Mi hermano mayor se ha casado. Tres días de compañía asiática (la novia, ahora esposa, es coreana), seguidos de otros cinco días familiares, de amistades y, naturalmente, de esos preciosos regodeos personales que solo tengo de vacaciones en Jerez, como tomarme infusiones mirando a la pared, charlar con mi madre en la cocina, ver la tele con mi padre, echarme la siesta… En resumen, dejarme llevar por la tranquilidad autóctona de allí como si cada una de estas sencillas actividades fuera la más importante y única que hacer, sin prisa, sin inventarme deberes ni tareas posteriores.

El caso: mi hermano se ha convertido en un marido. Fue una boda muy bonita y divertida, ya os pasaré un vídeo (si mi hermano llega a montarlo). Me resulta tan increíble y, a la vez, natural contemplar cómo el paso del tiempo te obliga a madurar, a tomar decisiones, a adquirir nuevas responsabilidades prácticamente sin darte cuenta, todo de manera implacable y, si te lo montas bien, satisfactoria. Un “tenía que pasar” con una sonrisa y con ganas de seguir viendo qué deparará el futuro, un futuro aún incierto pero que suena ameno, sobre todo habiendo encontrado a la persona adecuada (esperemos).

Siempre me he sentido en armonía con el sentimiento y aplicación práctica de la independencia, de nunca tener prisa por encontrar pareja, del derecho a ser feliz en la soltería. Bueno, lo mantengo, pero ahora estoy totalmente convencida de que, con otra persona a tu lado, la supervivencia siempre será más agradable, la verdad. Con los altibajos y desacuerdos de turno, que más vale asimilar lo antes posible porque nadie se salva (algo que también he tenido que aprender), pero no hay color.

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Amor propio por San Valentín este año, porque tener pareja tampoco implica no celebrar el amor a uno mismo

En fin, hoy no he venido aquí a desperdigar mi vida sentimental en realidad. He venido a desperdigar un poco de todo, que para eso llevo unos mesecillos sin aparecer. Otro aspecto que ha contribuido a volver amena mi rutina consiste en tener un portátil propio por fin. El pasado octubre adquirí un económico Lenovo que antes de Navidad dijo “hasta aquí llegué”, y desde entonces hasta mi reciente viaje a España, porque no iba a pagar para arreglarlo cuando estaba en “garantía internacional” (internacional por los cataplines), me tuve que apañar con el portátil de mi pareja, y con su teclado francés, dicho sea de paso, dejando de lado mis queridas pérdidas de tiempo online. Bienvenidas seáis de nuevo. Obviamente el blog no está incluido pero sí era algo que, cuando estás usando el ordenador de otro, y de otro que usa su ordenador mucho, es prescindible.

Total, no voy a emitir mayores excusas, ya sabéis cómo funciona esto del blog: ahora escribo mucho, ahora te abandono, ahora me pongo nostálgica y vuelvo a escribir, y así. Y hoy tengo ganas de contaros un poco las historias que me han acompañado durante estos meses, y quizá de antes. Vamos, lo que me dé la gana.

Para refrescar la memoria y actualizarla incluso: vivo en San Diego (California) y trabajo como periodista por cuenta propia, campo en el que, por cierto, en los últimos días me han calificado de “excelente” y me han dicho que “da gusto trabajar con profesionales como yo” (tenía que decirlo, que tampoco es que ocurra todos los días)… y también trabajo en el área de comida preparada de un supermercado mexicano. Esto es nuevo, de hace casi un par de meses. Se intuye qué me apasiona y qué supone un ingreso económico extra, ¿verdad?

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Saludos desde San Diego, ciudad con arte urbano por doquier.

Antes de pasar a mis historias periodísticas y de cualquier otro tipo, he de confirmar lo que muchos puedan haber pensado: el trabajo en el supermercado es durillo. Obviamente los habrá peores pero yo hablaré de lo mío: muchas horas de pie, atención al cliente permanente y, por tanto, sonrisa obligada; 10% de los atendidos dignos de tirarles la comida a la cara (centrémonos en el otro 90%, que suele ser neutro o majete), sensación de ser un burrito humano con el olor que se impregna, esfuerzo por evitar mirar la cabeza de vaca sobresaliendo de una olla…

¿Qué pasa? Que he elegido estar ahí. He decidido asumir el reto de meterme en un curro que no me imaginaba haciendo y no negaré que el pensamiento de dejarlo no se me ha pasado (varias veces) por la cabeza. Afortunadamente, la perspectiva me cambia con el cheque de cada viernes, con el apoyo de unos compañeros estupendos, con la sensación de aprovechar mi tiempo de manera más productiva. Con, para qué engañarnos, sucesos como la propina de $5 que recibí ayer, cosa nada frecuente. Cualquier cosa que me ayude a sobrevivir y mantener mi actividad periodística es bienvenida.

Ahora, quiero hablaros de algunas de las historias que he cubierto y que más me han llegado. La palma se la lleva el relato de una mujer que lucha contra la transmisión del VIH de madres a hijos a través de la lactancia. Su organización no lucrativa, Es Por Los Niños, apoya a mujeres sin recursos, a menudo solteras, y las forma para evitar que este daño irreparable se produzca. Fue brutal reunirme con ella y que me contara su historia y su motivación para dirigir esta causa, basada en la muerte de su propio hijo.

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“Aspira a inspirar a otros y el universo tomará nota”

Esta, para mí, heroína de los pies a la cabeza que ha decidido destinar su vida a estas personas en apuros se emocionó por un momento durante la entrevista. El local donde estábamos emitía la canción “Dear Mama” de 2pac, melodía que su hijo le había hecho escuchar una vez. Me faltan las palabras para describir la situación y la admiración que me produjo esta señora, quien en aquel momento sintió la presencia de su hijo con ella, haciéndome emocionarme profundamente a mí también.

En un segundo puesto, aunque muy cercano al primero, se encuentra una víctima de violencia de género, actualmente luchadora por los derechos de las mujeres que sufren esta lacra y centrada en la comunidad latina, ya que el miedo a la deportación y a que les quiten a sus hijos convierte a este sector en gran candidato a permanecer en silencio en los Estados Unidos. Desde aquí, vuelvo a proclamar mis respetos y admiración hacia esta valiente joven que utiliza su experiencia para ayudar a otros, con el trauma que supone una vivencia así y lo mal visto que aún está hablar de ello desgraciadamente, de una terrible situación familiar, cuando debería denunciarse de inmediato.

Y así, a día de hoy, me llevo cerca de 100 historias para el recuerdo. Obviamente las hay más y menos profundas, no todo van a ser causas de vida o muerte, pero hasta las más pequeñas aportan algo, a los lectores y a mí misma. He entrevistado a actores y cantantes, he conocido a artistas de distintas tendencias, he hablado con un maestro maya, he anunciado estrenos de programas y festivales, he asistido a eventos, unos benéficos, como la entrega gratuita de regalos a niños desfavorecidos por Navidad y otros tantos, como la representación de ballet de El Gran Cascanueces Ruso. ¡Hasta he informado a la población sobre cómo evitar garrapatas!

Este año único como reportera, como me dicen por aquí, se me quedará grabado para siempre. Admito que apenas he escrito en el blog pero os aseguro que he escrito y, sobre todo, he sentido escribiendo más que en toda mi vida (que tampoco es muy larga, 27 años cumplidos en enero, pero como no veo muchas más opciones periodísticas futuras una vez se me acabe el permiso de trabajo en tres meses…). Interesados en ver parte de mis artículos pueden visitar https://mariagonzalezamarillo.contently.com/. Sí, soy fan de los portafolios, los recomiendo a todo el mundo para mostrar los trabajos profesionales.

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Regalito de una pequeña-gran persona con un pequeño-gran mensaje

Otros aspectos hacia los que me gustaría emitir agradecimientos son esas cosas pequeñas que, si cuentan con nuestra atención, también hacen de nuestra rutina un camino mucho más pleno. Véase aquel corte de pelo que una simpática peluquera mexicana me hizo, y que mentalmente necesitaba con desesperación; haber descubierto que me gusta el sushi hace un par de días; la más elaborada comida semanal que tengo desde que me mudé a San Diego con mi pareja hace un año (todo suyo el mérito), los emails informativos que me llegan de mi padre en torno a cualquier cuestión mencionada, el poder ir en manga corta durante el día, ver una serie en inglés sin problema…

Los audio-whatsapps con amigos de varios minutos poniéndonos al día, las reuniones más o menos mensuales con una fantástica familia americana de Riverside, que me ha permitido vivir todas las fiestas y tradiciones del país en su más pura esencia; mis míticas tostadas con philadelphia para desayunar (comer me hace definitivamente feliz); encontrar el regalo adecuado para un ser querido, “limpiar” el Gmail de correos, una novela entretenida, tachar en la agenda las cosas ya hechas, tener portátil propio tras tres meses, haber aprendido a hacer un buen salmorejo, soñar con viajes y planes futuros, posibles e improbables; reír por cualquier cosa, o simplemente reír…

Una larga lista.

Gracias.

Pueblo fantasma

0:25, noche cerrada. Villaviciosa. Calles demasiado iluminadas, deberían apagar las luces un rato. Se me ha venido a la cabeza aquel día en el que medio Jerez estaba a oscuras. Bueno, quizá no medio Jerez, pero un buen trecho de la avenida principal sí. Era increíble. Oscuridad total. Me acojonaba, me encantaba.

Un chico lleva la basura. Ruido de algún coche. Una pequeña y animada reunión a través de las cortinas translúcidas de un ventanal. Hoy me he agobiado en casa. Creo que es la primera vez que realmente me agobia mi casa. Mi refugio, mi espacio, adonde solo tengo acceso yo. Mi territorio, mi escapada, mi huida, mi sitio, mi hogar. Será porque llevo todo el puto día metida dentro. Lo que ya he dicho un porrón de veces: cada vez que explotas algo demasiado, acabas hasta los huevos de ello.

El banco. Siempre sacando dinero. Es alucinante cómo desaparece entre los dedos, moviéndose de aquí para allá constantemente. Consumismo. Nacemos predestinadamente enseñados para gastar. Nos frustramos cuando no podemos hacerlo. Bueno, creo que no es mi caso, pero en general sí. Ir de compras se ha convertido en una terapia. Yo lo detesto, es un coñazo. Será porque no me conformo con cualquier prenda.

Un cigarro. Otro. Un par más. En realidad no hacen nada, su efecto es completamente psicológico, solo suponen un gasto brutal de pasta, y más ahora, que han vuelto a subir los precios. Menos mal que lo mío es ocasional, porque el Gobierno se va a poner púo a raíz de los fumadores.

Unos pocos coches. No me esperaba ninguno. En uno de ellos, sonaba esta canción:

Al buscar un vídeo con buen sonido, he encontrado uno en el que pensaba que ponía la letra pero… creo que eran unas palabras que había puesto la persona que había colgado el vídeo en memoria de amigos suyos y de su novia que habían sido asesinados… Igual me equivoco pero se me ha puesto un mal cuerpo de la hostia y no lo voy a mirar otra vez para comprobarlo.

Sonaban las raíces de un árbol. Sonaban en serio, un sonido entre lluvia y un crepitar eléctrico. Pensaba que no me acordaría de ello, pero me da que he ido todo el camino repitiéndome lo que experimentaba para transcribirlo. Neurótica de remate. No paraba de pensar. Tanto en mis sensaciones como en el blog. Fifty fifty. Esto ya resulta enfermizo. No soy capaz de divagar sin unirlo a la adicción de plasmarlo por escrito. Eso, en parte, ha mantenido cierto agobio… junto con cierta presión del estómago, en buen momento se pone a dar por saco.

He visto a un hombre de lejos. Me parecía que estaba hablando solo y he concluido rápida y prejuiciosamente que iría borracho. No lo iba. De hecho, me ha saludado y sonreído al pasar. Qué agradable. Era muy bajito, debía de pasarle una cabeza o así. Psicosis. Paranoia. Ahora viene de repente y me coge del cuello, pero saldría ilesa. Agarrón de su brazo, voltereta mortal, patada en los cojones. Hasta luego, Lucas, ahí te quedas. Mirada hacia atrás. El hombre ya está en la otra manzana. Hacía mucho que no imaginaba escenas violentas, de las que siempre salgo indemne, por supuesto.

En tercero de ESO me pasaba mucho. No paraba de visualizar mentalmente palizas y palizas a los cuatro gilipollas de clase. Si yo fuera profesora, los cojones iban a vacilar unos niñatos a nadie de clase, y menos a una chica. Si me los encontrara ahora, los cojones me iban a decir ni mu, los muy fracasados. En otras ocasiones, imaginaba que un loco entraba por la ventana, agarraba a uno de los chicos y yo, de alguna fantástica y ágil forma, lo salvaba, y así me dejaban en paz.

Menos mal que los tiempos cambian. Tuve una buena adolescencia, ¿eh? Bueno, todo lo digna que se puede tener, pero tampoco os vayáis a pensar ahora que andaba trastornada, solo eran unas cuantas mierdas de mosca zumbando.

Mi intención no era centrarme en ese tema, en verdad. No tenía intención ninguna, solo escribir. Blog-adicta. Al blog y al philadelphia. Parece una chorrada pero ya va en serio, exagerado. Menos mal que no compro chocolate, bastante me cuesta ya bajar de peso. Joder, no tengo hambre y aún así cogería una tarrina y empezaría a fundírmelo como si fuera helado.

El pecho se ha calmado. Otra semana más empieza, y tiene buena pinta, pero aún así el mero hecho de que empiece otra serie de siete días hace que ya entre pereza, desgana. Rutina. ¿Cuántas veces he hablado de esto? Mañana se habrá pasado, o si no el miércoles en Zombie (fiesta de la Sala Heineken, Madrid), cómo no. A evadirse. A disfrutar, a bailar, a conocer gente. A lo mismo de siempre, en realidad.

Un puente más que satisfactorio. Me he reído muchísimo y he compartido experiencias con bastante gente, la de siempre y nueva.

No importa, ya pasó. Pero me levantaré y desayunaré. Sí, la primera comida del día me anima, las otras dan más vagancia. ¡Ya lo tengo! Las adornaré con Ketchup :). Lunes. No me parece un nombre feo. Y el domingo menos, pobre. Aunque ha sido para nada el de hoy. ¿Para nada? Qué coño, claro que sí. He… pues, he… ¡Ah, sí! Me he leído los primeros tutoriales del curso de Community Manager al que me he apuntado (obligadamente pero da igual, me viene muy bien) en la empresa de las prácticas. Por primera vez, he divisado, aunque fuera difusamente, una mínima proyección de futuro real, cercana, táctil. Sienta bien eso.

Buah, neura mental de las grandes. Supongo que ya tocaba. Y mañana más, en la siguiente sesión del Seminario de Análisis Fílmico sobre Solaris. Sobre la búsqueda eterna de respuestas. Sí, va a ser un buen día solo por eso.

¿Qué más he hecho hoy? Descargarme un vídeo para un reportaje de clase… No me gusta grabar. Después de aquellas tres horas preparando todo el plató y tratando de mover la cámara en condiciones, concluí que no me apasiona. No me llena nada, incluso me vacía más, me aburre. Me flipa ver planos guays, películas y a la gente que le gusta grabar, pero mis manos no son para eso.

Me he quedado medio en blanco, así que aprovecharé para apagar el ordenador a toda velocidad, antes de que se me vengan más cosas a la cabeza y empalme con el madrugón para ir a las prácticas. Aunque hace tiempo que asimilé que el cansancio y el sueño van intrínsecos en el ser humano. ¿Acostarse temprano? ¡Anda, hombre! Me gusta la noche. No sé si más que el día. Supongo que sí, porque si no en invierno no veas.

Venga, hora de dormir (2:17), ¡que os levantéis contentos y que la semana os depare alguna sorpresita! (la cual será fundamentalmente producto de vuestra mente también, ¡pero no importa! De eso se trata) :D.

De la armonía con el universo a furia misántropa

Hoy ha cambiado totalmente la perspectiva que tengo del mundo.

¿Por qué? Vuelta a la rutina diaria. En realidad tampoco querría seguir el ritmo del fin de semana día tras día, le quitaría todo lo especial, pero la jornada de hoy ha sido una auténtica mierda. Si tuviera fotos para representarla, no serían nada agradables de ver. Es que ni me imagino una imagen lo bastante desagradable como para plasmar la sensación de pérdida de tiempo, de vida y de existencia que he experimentado tan intensísimamente en lo más profundo de mi alma esta tarde, durante prácticamente las 4 horas de Fotoperiodismo.

¿Por qué luego soy tan responsable? ¿Por qué voy a casi todas las clases del mundo mundial cuando todo ser humano falta como le da la gana? RM y yo debemos de ser las más pringadas del universo. Pero esta vez no… Lo digo ahora, a ver qué os cuento a final de curso, pero una ya no está para gilipolleces y para desaprovechar el tiempo. Y si falto, que espero que sea bastantes lunes, será para explotarlo de otra forma, no para quedarme en mi casa tirada en el sofá, no, señor.

La faena empezó de todas formas en la hora y media primera de Gabinetes de Comunicación, que no tiene mala pinta del todo. Tenemos que hacer el Plan de Comunicación de una empresa y currárnoslo mucho porque para eso estamos en el último año de carrera y no queremos quedar a la altura del betún frente a los demás. Pues resulta que la profesora ha elegido los grupos felizmente. ERROR. Me parece FAN-TÁS-TI-CO que nos recomienden alternar de compañeros, acoger a los extranjeros, trabajar con personas con las que no estemos acostumbradas para habituarnos de cara al mundo profesional… Pero como resulta que a mí todavía no me pagan y ya que somos pocos, me gustaría seguir teniendo el pequeño privilegio de elegir a la gente con la que mejor hago las cosas, porque por mucho que nos vayan a tratar como profesionales, a mí me sigue importando la nota y el cómo me llevo con los entes a los cuales tengo que verles la cara día a día, la mayoría de los cuales me resulta indiferente o prefiero no cruzármelos.

Total, quizá se pueda hacer algún cambio de todas formas así que no voy a poner el grito en el cielo por ello, ya lo he hecho bastante durante la clase. ¡Pero todavía queda lo mejor! Llego a casa por fin a las 21 de la noche y el messenger, que no me iba en la facultad, sigue sin funcionar. Ya no es problema del ordenador, porque este es otro, sino de mi cuenta, ¿hola? Gracias por terminar de joderme el día.

Menos mal que entre una llamada a mi hermano mayor, un capítulo de The Big Bang Theory, algunas previsiones interesantes para los próximos días y el recuerdo de una frase de mi madre: si tienes un problema, ponle solución, se me ha ido pasando.

Aparte, sin duda, de los múltiples mensajes privados por tuenti con RM humillándonos como mujeres y personajes que estamos hechas pero descojonándonos a gusto a raíz de ello. Por no hablar de algún que otro vídeo absurdo que aparece a veces según las fiebres que le entren a LP.

Al menos me he reído ampliamente de mi misma durante la última media hora de este lunes, que también hay que saber hacerlo de vez en cuando :).

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