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Posts Tagged ‘Semana Santa’

Logroño y Navarra; nacedero del Urederra y pub alternativo de Viana

Llegada a Logroño la tarde del lunes 25 de abril tras haber visto San Juan de Luz y Hondarribia, con el cuerpo para tirarse a la cama sin pensarlo mucho, pero acabó surgiendo una salida a tomar algo que me permitió ver la ciudad por primera vez. ¡Y me gustó! Quizá me la esperaba más normal, menos llamativa, parecida a Jerez digamos, pero las callejuelas, el ambiente y los característicos edificios, que no eran como en el del País Vasco pero seguía siendo bastante atractivo y diferente del sur arquitectónicamente. Me encandilaron bastante.

El puente de piedra de Logroño. Pero no lo vería hasta el miércoles 27 en un agradable paseo en bici por esta zona. El martes salió un poco diferente, inesperado, espontáneo, y extraordinario. Acabamos reuniéndonos al mediodía con tres personas más para coger en coche rumbo al nacedero del Urederra, en Navarra, lo que se tradujo en una magnífica excursión a través del campo. Una explosión de maleza en todo su esplendor, árboles, piedras, subidas y bajadas (a la ida fundamentalmente subir y a la vuelta bajar, obviamente), cuyo resultado tanto final como a ratos intermedio, acompañados por la caída del río, fue increíble paisajísticamente.

Cometí el gravísimo error de no llevarme el móvil y, por tanto, no dispongo de imágenes de la aventura, ni nadie más llevaba cámara, y las de Google no me convencen en absoluto, así que tendréis que conformaros con la imaginación a través de mis palabras, que, aún así, se quedan en muy poco comparado con vivir la experiencia. Espero volver algún día.

Tras la expedición, decidimos acercarnos a Viana, situado en la misma provincia, y nuestro turismo allí se limitó a mirar un par de calles de las pocas que tendría y decantarnos por acomodarnos al exterior del bar más heviata que he visto en mi vida (del que tampoco dispongo de foto, claro, maldita sea…). Unas paredes con una decoración de impresión, y la música que le corresponde a esta clase de locales a buen volumen. Estuvo genial, muy agradable el rato tomando un calimocho y hala, vuelta para Logroño, de cerveceo (para no variar) y bocadillo de tortilla, más a gusto que en brazos.

Volvemos a la espléndida vuelta en bici del miércoles para enseñaros el puente de hierro. La temperatura era buenísima, el sol calentaba pero la brisa impedía caer en sudores corporales incómodos.

Islote frondosísimo ahí en medio del Ebro, que no sé si tendrá nombre. Así pues, recorrimos un poco esta zona del extremo norte de la ciudad. El parque del Ebro, el parque de la Ribera (siguiente imagen)… Mucho verde por todos lados, para no perder las buenas costumbres del norte que llevaba ya visitado a estas alturas.

Y, a continuación, un par de últimas alucinantes vistas, tomadas desde lo alto del Monte Cantabria, a cuya cima se tardará unos 10 minutos en llegar en coche desde Logroño y que constituye un sitio perfecto para relajarse, reflexionar y, en general, para dejar volar la mente. Nunca parece haber nadie allí arriba, si acaso alguna pareja de vez en cuando, pero realmente vale la pena si queréis ver toda la ciudad por encima.

De derecha…

…¡a izquierda!

La tarde transcurrió tranquila, atípica. Después de tomar un helado buenísimo cuyo nombre no recuerdo (quizá de amarenas pero igual me lo estoy inventando), acudí a una charla en contra de la energía nuclear que habría resultado muy interesante de no haber tenido tantísimo sueño (mortal, mucho me temía pegar alguna bestial cabezada allí en medio), pero a la hora del debate la cosa se animó bastante y escuché atenta las intervenciones de los asistentes.

Y poco más… Finalmente, vuelta por la Laurel, la calle gastronómica por excelencia de Logroño; cena a base de (más) cerveza, patatas bravas (con salsa muy picante) y calamares, y a descansar, que el jueves había que echar a buena hora, 10 de la mañana, cuatro horitas de autobús para Madrid. Cuatro clavadas, ¿eh? Patidifusa me quedé con la aplastante puntualidad.

Pues nada, aquí se acaba un relato de lo más significativo para mí. Fueron unos días estupendos que salieron de lo mejor, sin planear demasiado. La ruta de los dos primeros días y medio sí, que había que reservar los hoteles y organizar un poco el tránsito por la carretera, pero en general idóneo, soberbiamente ajustado y repartido el tiempo en cada lugar y con muchas imágenes que permanecerán en mis recuerdos más preciados.

Espero que hayáis disfrutado de estos posts y, si no habéis estado en el norte de España, que os animéis a visitarlo algún día. ¡Hasta la próxima!

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Conociendo el País Vasco (III); San Juan de Luz y Hondarribia

Como dije en el post anterior y para corregir un poco el titular de este, en el tercer día de mi viaje norteño, lunes 25 de abril, nos adentramos en Francia. No muy profundamente, solo unos pocos kilómetros para visitar San Juan de Luz (Saint Jean de Luz), cuyo estilo arquitectónico era muy similar al del País Vasco, siempre con el tremendo encanto de aquellos pequeños pueblos.

La fotografía es realmente fatídica con el árbol en medio pero bueno, quería que me entrara todo ese fondo y tampoco me entretuve mucho para sacarla. La mar de bonitas las casas blancas y rojas. La verdad es que me recordó un poco a Gibraltar, con su ambiente extremadamente turístico, calles estrechas, la temperatura suave pero fresca y el vientecillo que corría.

Entonces, regresamos al País Vasco para hacer la última visita en esta comunidad: Fuenterrabía (Hondarribia en euskera). La siguiente imagen resulta bellísimamente representativa, para ayudar un poco a entender lo fácil que fue enamorarse de este pueblo.

¡No me digáis que la casita rosa y celeste no es de cuento de hadas! Yo no pondría así mi casa pero, desde luego, esta estampa me parece preciosa.

La parte más hacia el interior. Transcurriría una parte del día recorriendo la hermosa Hondarribia para acabar almorzando una pedazo de paella de cara al mar en el área situada más al exterior del pueblo. También veríamos una extensión de césped que, aunque no me lo parecía en absoluto, por lo visto se trataba del aeropuerto.

Esperamos un rato para comprobar si llegaba o salía algún avión pero al final pasamos del tema, y al final escuchamos y vimos a uno cuando ya íbamos por la otra punta, claro.

Un poco de “historia”, y mi reflejo, que me ha gustado cómo ha quedado.

Y hala, a coger con muchas ganas para Logroño, ya con un cansancio encima de lo más considerable, donde pasaríamos los siguientes tres días, a excepción de alguna que otra inesperada excursión que os contaré en el próximo y último post de este viaje.

Conociendo el País Vasco (II); San Sebastián, Pasajes de San Juan e Irún

A la mañana siguiente del fantástico día entre Bilbao, San Juaz de Gaztelugatxe y Gernika, pasamos al domingo 24 de abril, que comenzó echando una hora aproximadamente en coche para llegar a San Sebastián.

Se presentaba medio lluvioso pero apenas incordió. Por este paseo, las olas llegaban, en ocasiones, a chocar tan fuerte contra las rocas cuadriculadas, que saltaban y empapaban a los transeúntes, así que nos mantuvimos alejados un par de metros. Al fondo, la playa, la ciudad y sus verdes incombustibles, abundante por todos lados.

Una de las playas. No se distingue pero el mar se hallaba poblado de surferos. Bastante vacía la orilla, como se puede ver, al contrario que la ciudad en sí, sobre la que había una buena cantidad de movimientos de personas y turistas.

Damos la vuelta y volvemos a recorrer aquel paseo de peligrosas olas para llegar a otra perspectiva de la ciudad y otras playas a lo lejos. Poco después saldría el sol y veríamos a algunos valientes exponiendo ampliamente su piel tumbados en la arena, a pesar del ambiente fresco que corría.

Islilla frente a las playas, a la cual se puede llegar nadando si el mar está tranquilo. Probablemente recomendable para cualquier amante de la natación. No es mi caso, me conformo con las vistas.

Pero esta zona tenía algún que otro precioso detalle que ofrecernos a tan solo diez kilómetros: Pasajes de San Juan, un pequeñísimo pueblo cuyo adjetivo más acertado (aunque algo detestable) sería “cuco”.

Casitas de mil colores apiñadas acompañadas de una hermosa vegetación verde brillante. Llegamos a la ribera tras unos minutos en barquito. Mirando de frente al diminuto panorama, cogimos hacia la izquierda para acabar deleitándonos ante los siguientes acantilados.

El último destino de esta extraordinaria jornada fue Irún, donde nos limitamos a dar un breve paseo por un par de calles principales, buscar un Burguer para comer y variar de los pinchos, y a dormir, que al día siguiente… ¡pisaríamos Francia!

To blog or not to blog, that is the question

Mal, mal, mal, FATAL. Nueve días íntegros sin escribir en el blog. No tengo excusa ninguna. Bueno, a medias. Del sábado 23 a hoy, 28 de abril, he tenido el placer de visitar el País Vasco y Logroño, horizontes norteños de España que no había pisado nunca aún y que me han agradado considerablemente. Espero ponerme mañana mismo (y si no, durante el fin de semana sin falta) a empezar a relataros, así como a exponeros aquellas antediluvianas conferencias de la Semana de la Comunicación de la UEM que ya habréis olvidado pero que yo sigo teniendo en mente pendientes de comentar.

¿Y antes del 23 qué? Pues nada, pasando por un periodo semi-permanente en estado ameba alrededor de mi casa de toda la vida y zonas próximas (centros comerciales y pubs mayormente), reencontrándome con viejos amigos y reviviendo las últimas novedades con ellos, y transplantando las posaderas del mítico sofá madrileño (en el que me hallo despatarrada de nuevo) a sus agradabilísimos sucedáneos que se corresponden con mi amado hogar perteneciente al nicho familiar jerezano.

En resumidas cuentas: de vacaciones de Semana Santa en mi tierra, tirá, rascándome/dejando a la mente divagar entre árboles y lluvias intermitentes, evitando los pasos (los poquísimos que han salido, la verdad es que acaba dando bastante pena ese tema), compartiendo mi tiempo con la gente a la que más quiero y comiendo que da gusto.

Lo dicho, os dejo caer unos dulces sueños y garantizo que vuelvo con las pilas puestas de nuevo, al menos hasta el próximo viaje, para el cual faltan mínimo casi dos meses, ¡así que soy toda vuestra!

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