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¿Qué tipo de “sed” tengo yo?

Hace poco os hablé de un par de redacciones de cuando tenía 16 años que me encontré por mi cuarto mientras lo ordenaba a fondo: ¿Qué pienso sobre la religión, sobre Dios, sobre mí mismo? (click sobre el título para leerla) y ¿Qué tipo de “sed” tengo yo? Aquí expongo esta y mi reflexión en torno a ella a continuación:

Ser feliz y hacer feliz a mis seres queridos en la medida de lo posible. Este es mi objetivo para toda la vida.

En función de este deseo y mis ideas sobre la religión, no necesito a Dios para conseguirlo. Incluso opino que puedo ser más feliz que un creyente porque al no creer en la vida eterna, aprovecho y vivo más intensa y arriesgadamente la existencia que sé que está ocurriendo de verdad, pues nada me demuestra que haya algo después de la muerte.

Quiero ser feliz por mí y hacer feliz por los demás, quiero intentar mejorar el mundo y aportar mi granito de arena, quiero demostrar a las personas que amo lo importante que son para mí y como personas.

Me gusta cómo pensaba, aunque me doy cuenta de que me he vuelto positivamente (desde mi punto de vista) más egoísta. Ser feliz sigue siendo mi objetivo primordial, o más bien la búsqueda permanente de la felicidad asumiendo con naturalidad los baches y altibajos que se van cruzando por el camino; pero para ello necesito sentirme satisfecha conmigo misma y emocionalmente equilibrada, lo que acarrea unas determinadas condiciones laborales y personales a la vez que depende de mi propia capacidad de reacción a las circunstancias y de adaptación. Es decir, que el proceso para ser feliz se ha vuelto mucho más complejo y reúne a su vez otros objetivos en sí mismo.

Discrepo con mi afirmación de aquel momento en cuanto a los creyentes: actualmente no creo que ni las creencias ni el agnosticismo, ateísmo o cualquier práctica religiosa hagan más o menos felices a las personas; dependerá totalmente de cada ser humano y su forma de vida de manera individual. Es más: me ha cambiado totalmente la perspectiva en cuanto a mí misma en mi lucha constante por, más que la felicidad, el equilibrio emocional, hasta el punto de añorar esa fe que nunca he tenido y que me haría ver la muerte de una manera probablemente menos afectada.

Calculo que pensaba que tenía ventaja de alguna manera a la hora de aprovechar más la vida terrenal al quizá haberme centrado en las personas especialmente fanáticas y que todo lo justifican poniendo a Dios por delante y cediéndole una idiosincrasia demasiado elevada (cosa que en realidad resulta igualmente respetable aunque no lo comparta, ya que a mucha gente le hace feliz, pero por lo visto no lo consideraba yo muy provechoso de adolescente), y también al no sentir todavía presión ninguna hacia la fugacidad del tiempo a mis inocentes 16 años.

Sí estoy de acuerdo en colaborar para hacer feliz a mis seres queridos. Creo profundamente que cuanta más alegría, comprensión y todo tipo de sensaciones positivas expandimos a nuestro alrededor, mayor es el bienestar que experimentamos en nosotros mismos. Y sin duda me gustaría enormemente “mejorar el mundo y aportar mi granito de arena”. Aún no sé cómo pero estoy segura de que todo llegará y de que en cierto modo ya llevo tiempo procurándolo día a día aunque sea desde mis reducidas posibilidades.

Y vosotros, ¿qué tipo de “sed” tenéis?

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