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Diez euros de mierda

7:17 de la mañana. Acabo de llegar de fiesta.

La noche ha ido normal, del montón, distinta, no tanto a saco como charlando con un par de… se podrían considerar “colegas”, quizá, aunque casi recién conocidos.

El caso es que, volviendo desde Plaza de España hasta Príncipe Pío en un paseíto (es cuesta abajo, se lleva bien), aparte de cruzarme con un cerdo indeseable que se me ha parado enfrente para decirme “quiero follar, ¿tú no?” y ponérseme una de mis mayores caras de asco, pues yo pasaba por debajo del puente que lleva al Palacio Real cuando veo a un lado a un hombre durmiendo en el suelo, con gorro y bufanda hasta la nariz.

Y pensé… yo llevo cinco horas pasando un frío del carajo, pero dentro de hora y pico me espera un hogar caliente, mientras que ese hombre va a pasar la noche ahí, acurrucado, en medio de la puta calle.

Y me acordé de esa puta mierda de última copa que no me sirvió para nada y en la que dejé 10 sangrantes euros (tampoco me esperaba que fuera tan cara la muy hideputa). Diez jodidos euros que le habría dejado a ese hombre íntegros y me habría quedado mucho más satisfecha de mí misma y contenta por ese pobre sin techo, tirado en medio de una jodida calle madrileña en una noche que ya ha indicado en todo su esplendor que en cuestión de una semana hará un frío aún más del carajo.

A mí mañana me saldrán tal vez un par de sabañones en las manos por haberlas tenido a la intemperie, pero ahora estoy en mi casa, con una cama enorme donde acostarme y un nórdico con el que taparme y hartarme de sudar, mientras que aquel hombre solo pudo abrir un poco los ojos al oír el chin-chin de unos mierdosos 60 céntimos, los únicos que me han sobrado en una noche prácticamente mediocre.

Me han dado ganas de llorar pensando en él, viéndole allí tirado. Me ha entrado un ascazo brutal esperando la cola de media hora larga para coger el autobús, repleta de niños y niñas de papá, mimados, que no paraban de parlotear sus gilipolleces entre ellos sin importarles una mierda el resto del mundo. Y la mayor mierda es que normalmente yo perteneceré a ese engreído y superficial entorno, donde no hay consideración ni pensamiento que vaya más allá del propio ombligo.

No, espero variar un poquito de camino…

En qué mierda de mundo estamos, que permite todavía que haya una sola persona (si solo fuera una…) durmiendo en la puta calle, en medio del más crudo cambio de estación para dar paso a la estación más puñetera del año para con la integridad física.

Me he tirado horas temblando en la Plaza de España, se me han congelado las manos, me ha entrado dolor de cabeza y todo del frío que hacía… Y me he estado cagando en todo y en mí por no haberme abrigado más, mientras que ese pobre hombre ya estaría intentando conciliar el sueño tirado debajo de aquel puente.

Y aquellos malditos 10 euros para una última copa de mierda.

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