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Del traslado cama-sofá-sofá-cama a Amy Winehouse

Se presenta un dilema. Frecuente corriente la de saltar de un componente físico-casero a otro, varias veces de hecho a lo largo del día, innumerables en toda la vida. Absténganse hiperactivos y culos-inquietos, pero también están invitados aunque no apreciarán igual este arte, bautizado personalmente como “sofing”.

Suena la voz de Kurt Cobain por la ventana. Además de un niño repelente llorando y chillando sin parar. Ignoro si yo poseía de pequeña tal torrente de voz, pero no me veo capaz de aguantar los ajenos cerca durante muchos minutos, a riesgo de que me exploten, primero, los tímpanos; seguidamente, el cerebro.

Como íbamos diciendo: cama-sofá-sofá-cama. Pero… ¿Qué pasa cuando no hay sofá? Sí, sí, exacto, NO hay sofá. Es decir, que nuestra querida tendencia denominada “sofing” se nos ha ido al garete.

Kurt Cobain se ha callado pero el niño no, maldita sea, habrá que ponerse algo escandaloso porque la opción de cerrar la ventana aún no es viable a estas horas y temperaturas en Madrid, a riesgo de calcinarme lastimosamente. Flo Rida mismo. Ojalá tuviera altavoces. Grititos de fondo. Así acojona más, como si lo estuvieran acribillando y yo ignorándolo cruelmente. Náh, no es para tanto. Serán las 18 de la tarde pero no sé por qué le permiten expresarse tan abiertamente en medio de un patio cuyos sonidos se propagan por todo el edificio como si se estuviera allí mismo. Como para contar un secreto.

Entonces, si no hay sofá, ¿qué pasa? Está la silla… La mesa… ¿Lo alto del armario? Esto empieza a parecer una búsqueda de espacios donde echar un polvo. ¿Entonces? Viajes a la cocina… Paseos perdidos buscando un motivo para la semi-desdicha de adónde catapultar el culo fuera de los límites de la cama. ¿Volver a ella? No sé si es buena idea, por muchos cojines que se le añadan. Espalda, piernas, postura, pero, sobre todo, mentalidad.

Mentalidad dormida frente a relajada, ausente frente a desinhibida, tirada frente a bohemia. Punto en común desvirtuado por las circunstancias. ¿Solución? Huir. Repartir las horas. Escapar todo lo posible. Alternar y engañarse, dar de lado al “sofing” a pesar de decepcionarlo, de apartarlo, de retirarse de su maravilloso halo que tan feliz y gratuitamente se nos brinda y nos hemos visto obligados a rechazar.

¿Quién dijo que las cosas pequeñas no dan por saco importan?

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Hablando de Cobain… Pensaba que había muerto a los 28. Aún así, vaya coincidencia. El Club de los Malditos. ¿Qué tendrán los 27 años? Relacionar una edad con la muerte y el estrellato no acaba de resultar agradable. Kurt Cobain, Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones, Janis Joplin y la nueva integrante, Amy Winehouse. La verdad es que al enterarme no advertí el más mínimo cambio en mi estado, pero cuando me dio por ponerme ayer su disco ya me entró cierta extrañeza. Ya la había escuchado alguna vez, solo que no me encuentro en ese amplísimo grupo de fans que se han sentido afectadísimos.

Sin embargo, ayer quizá me tocó enfrentarme demasiado directamente a la siguiente afirmación: esta tipa está muerta. Desde hace cinco días. Una voz prometedora, una chica que empezó su carrera lozana como una flor, de estética rompedora y cultura musical innovadora… Ahora inerte.

No me gustaba la sensación. Quité el iTunes. Una cosa es saber que alguien ha fallecido y otra pararse a pensarlo y, encima, escucharle. No estamos preparados para la muerte. Para ninguna, ni la de Amy (por muy esperada que fuera) ni la de nadie. De ahí la foto elegida. Maquillando la realidad.

Conclusiones

Hoy una amiga me ha dicho que durante este verano se está conociendo mejor a sí misma y ha llegado a algunas conclusiones. Creo que igual mantendremos una conversación la mar de interesante haciendo balance sobre estos tres meses cuando volvamos a vernos a mediados de septiembre en Madrid City.

Un amigo me acaba de decir por el messenger: tu o tienes miles de plane o tas senta en el sofa.

Y no puede tener más razón. Un diminuto resumen de mis vacaciones. Hombre, todas las tardes procuro moverme de alguna forma y normalmente sale algo, es decir, siempre queda dar un paseo caminando o, últimamente, en bici, acompañada de mi gran compañero, el iPod. Pero si no fuera por ello, o estoy que no paro durante los fines de semana, o me hallo hundiéndome cada vez más en el sofá a medida que pasan las horas desde que me levanto hasta que ya resulta algo más humano, meteorológicamente hablando, asomarse a la calle.

También hemos hablado de que en nada nos veremos graduándonos. ¡La graduación! No sé si me agobia más el hecho de que esté tan cerca o la perspectiva de estar rodeada de un montón de personajes en un día tan , supuestamente, especial y una fiesta tan, muy supuestamente, fantástica y maravillosa. Un montón de personajes que por un día se harán pasar por tus grandes compañeros aunque no te hayan mirado a la cara casi todas y cada una de las veces que han pasado por tu lado, por esos pasillos que hacen EVIDENTE y PERFECTAMENTE visible a cada una de las personas con las que te cruzas.

¡Pero bueno! Será divertido observar, por otra parte, los conjuntitos de la gente, que siempre dan de qué hablar. En realidad, no soy de criticar la ropa de los demás, para nada, de hecho soy muy poco observadora, me llama siempre más la atención lo que me gusta y el resto me da igual, no suelo pensar que quede mal, solo si acaso que no me lo pondría (80% de la vestimenta que se mueve sobre la faz de la tierra) o que es cuestión de gustos, permaneciendo indiferente ante tendencias y modas. Eso sí que me agobia, encontrar un vestido que me convenza, ya puedo empezar a buscar, con el trabajito que me cuesta. Aunque para el caso igual pillo el que me compré para la graduación de segundo de bachillerato, que solo me lo he puesto para aquella ocasión (de la que no tengo fotos) y para un bautizo, menuda lástima. En fin, tengo todo el curso por delante y no me faltan amigas amantes incondicionales de las compras así que ya se irá viendo todo.

Total, que yo venía a hablar de mis conclusiones hasta lo que llevo de verano.

1. Las redes sociales son unos artilugios repletos de mierda y de falserío hasta los topes, pero no renunciaría a ellas porque me convienen, me permiten mantener el contacto con la gente que me importa y, mira tú por dónde, me facilitan la expansión de mi blog (que me la pela si lo leen o no pero me gusta bastante publicar los post por el facebook). Hay que saber emplearlas bien y tener cuidado para no prestar gratuitamente más información de la necesaria.

2. El libre albedrío puede ser peligroso, sobre todo para quien es nuevo en ello y está experimentando, pero siempre resulta muy positivo comprobar que se aprende rápido y con más consecuencias positivas que de cualquier otro tipo para la integridad física y emocional. Aquí entra, natural y especialmente, las relaciones interpersonales, que conllevan a sensaciones muy completas, en esencia para la… iba a poner psique pero viendo en la RAE que se refiere al “alma humana” y consultando la wikipedia, que ofrece unas parrafadas del copón, me reservaré la investigación y el uso de esa palabra para otro momento, así que pongamos que me refería a la formación como persona. Arriesgarse, conocer, chocar, reconsiderar, dejarse llevar. Aprender de la vida y en la calle, en estado puro.

3. El alcohol. No es que me haya hinchado, en absoluto, más bien lo normal, pero llevo un tiempo reflexionando sobre esa postura de la vida. La conclusión, como para la mayoría de las cosas, es la misma: en pequeñas dosis, todo sabe mejor. Y cuando toca una de esas dosis, cuanta menos también mejor, o no, lo justo y necesario, el equilibrio, el pasártelo bien y acordarte, básicamente. Las lagunas mentales No Son Satisfactorias, aunque ya creo que forman parte inherente de mí porque tanta mala memoria a lo largo de toda mi vida o no es normal, o es así y punto. No es una excusa, si tengo un blog es precisamente, entre otras cosas, para no olvidarme de mi juventud.

Suficiente por ahora. Lo gracioso es que después de estas conclusiones tan estupendas, seguiré haciendo lo que me dé la gana :D.

Guerra veraniega

En medio de una guerra personal contra mi propio cuerpo (que últimamente se queja por tó) y contra la humanidad en general (eso ya es permanente, aunque ahora estoy muy calmada, y animada ante la perspectiva del fin de semana, como siempre :D), se suma ahora la guerra contra el calor.

Yo pensaba que prefería el calor al frío pero, una vez más, ya no sé cómo asimilarlo. Sé que pasando frío me pongo de una mala leche acojonante, pero ayer pasé una tarde épica de agosto. No había ni Dios por la calle, como es lógico, y a mí me dio por salir a las 6 de la tarde, ya que se me había jodido el plan de cine (una sala con aire acondicionado y una buena película me parecía una mezcla de puta madre pero nada, al carajo se tuvo que ir), y encaminarme para la piscina del Club Nazaret, hacia donde nadie me quitaba sus 40 minutos de pateo desde mi casa.

Hasta ahí bien porque aunque llegara sudando como una auténtica piara de cerdos, me pensaba bañar en la piscina. ¿Qué pasó? Que nada más entrar al recinto me vi tal cantidad de gente de todos los tamaños y edades pasando por delante de mis ojos que me asusté. Di una vuelta, ojeé por unos minutos a un muchacho cuya cara me sonaba y volví por donde había venido con una tremenda desmotivación. Pero ¿cómo me iba a meter ahí, si ya me agobiaba solo de asomarme a la zona de baño? Niños, padres, jóvenes, familias enteras, amigos, adolescentes en grupo, la piscina cuadrada repleta, la olímpica tres cuartos de lo mismo, todos los bordes con un puñao de gente apoyada casi con los codos tocándose, la zona de césped cubierta de toallas al completo, las decenas de bancos ocupados, ¿esto qué coño es?

Nunca más al Club Nazaret por la tarde. Y ya por la mañana tampoco porque antes al menos iba caminando y me recogían en coche para volver después del baño pero ya en agosto y en vacaciones no, y no quiero ni pensar tampoco en cómo estará ahora la piscina por las mañanas. Menos mal que en semana y pico me voy otra vez por ahí porque vamos, si me tuviera que quedar el resto del mes metida en casa no sé si me tendría que enganchar brutalmente a alguna de las 4 series que tengo pendientes (Friends, Lost, The Big Bang Theory y Scrubs) o cambiar radicalmente mi ritmo circadiano, de forma que me moviera por la noche a partir de las 23 y durmiera por el día porque si no no veo otra forma de sacar la nariz, vamos.

Mientras tanto, a ver qué me invento para no seguir aumentando día tras día el diámetro del culo pegado al sofá U_U.

Pd: ¡he descubierto que me gustan los melocotones! ¡Incluso que me apetecen para merendar en vez de meterme en vena un tazonaco de cereales! La dieta (moderada) va bien, por cuarto día consecutivo.

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