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Mejor forma de fidelizar clientes: con una sonrisa

estrategia sonrisaResulta que, a pesar de no ser una consumidora frecuente de café, esta semana me vi obligada a tomarlo tras una noche espantosamente fiebrosa. Puesto que ni siquiera cuento con este producto en casa, decidí pedir uno en el bar de la esquina para llevar de camino a las prácticas. ¿Qué pasó? Pues que el destino, o simplemente el hecho de que aún fuera demasiado temprano, quiso que me lo encontrara con la puerta aún cerrada, por lo que proseguí hacia el metro recordando que a pocos pasos había otro y confiando en que sí estuviera abierto, ya que, al contrario que mucha gente, una servidora sí necesita desayunar nada más levantarse o al ratito para sobrevivir sin bajadas de azúcar.

Desgraciadamente, no me quedé con el nombre de la cafetería y no me fío del Google Maps al estar anticuado, sólo puedo decir que está en la calle Conde de Peñalver entre las calles Padilla y Juan Bravo (por en medio, no en la esquina, que este era el que estaba cerrado y además es más caro), pero sí que se me quedó clavada en el corazón la sonrisa permanente en el rostro del agradabilísimo camarero que me atendió.

¿Cómo no agradecer de buena mañana, tras haber dormido tres horas y deseando tomar algo caliente, que una persona se muestre tan aparente y creíblemente encantada de servirte lo que le pides? Y además al razonable precio (para estar en Madrid y por estos barrios) de 2,70€ por un capuchino y un bocata de jamón de York y queso. Básicamente, me hizo mi día, y me dio ganas de desayunar allí todos los días. Ignoro si el hombre sonríe porque es así y lo siente o porque sabe que es la mejor estrategia, pero de cualquier manera lo hace, y lo hace bien.

Parecerá obvio, pero en este mundo y, en especial en este tipo de negocios, el recurso de la sonrisa no está en absoluto explotado, sino que más bien sufre de una cruel escasez. ¿Cómo se explica, si no, el hecho de que se nos suelan grabar en la mente todos aquellos que destacan entre la masa por la alegría, la amabilidad y, en general, las vibraciones positivas que desprenden?

Así que ya sabéis qué hacer para fidelizar a los clientes existentes y captar nuevos. Nada como la sonrisa: buena, bonita y gratis.

Personitas sorprendentes

Me he enamorao, como diría el sándwich de los anuncios de Mixta.

He bajado a la papelería Carlín de al lado de mi casa con motivo de la búsqueda de una tarjeta de felicitación para mi fantástica amiga NV 🙂 y resulta que, después de mirar las grandes durante un rato y pareciéndome todas horribles, les eché otro vistazo y empecé a seleccionar. Me veo con cuatro en la mano, indecisa. Pasaba de decidirlo por mí misma cuando íbamos a ser unas 8 personas en torno a la cumpleañera, así que me voy para el mostrador, donde normalmente se encuentra un agradabilísimo hombre de mediana edad.

Pues hoy estaba un amigo suyo, y le expongo mi situación.

– Oye, una cosita… ¿podría llevarme las cuatro tarjetas y devolver las tres que no me sirvieran? Es que esta noche tengo un cumpleaños y la idea es que elijamos entre todos la que más nos guste…

Y me responde, con una increíble sonrisa y un acento argentino que me pirra:

– Mira, vamos a hacer una cosa. Tú te llevas las cuatro tarjetas y el lunes vienes, devuelves tres y pagas la que te hayas quedado.

(Tras un par de segundos y ojos como platos) ¿en serio?.

– Claro, si no te vas del barrio (riéndose).

– No, no, qué va, si vivo aquí al lado (riéndome a su vez y extremadamente aturdida).

– Pues con confianza, sin problema.

Un par de comentarios más en torno al precio y que se lo dejaría apuntado al padre y salgo de la tienda con una sonrisa casi de escepticismo, no me lo creía todavía, y extraordinariamente maravillada.

Hasta ahora, consideraba que ya apenas nada me sorprendía, pero me he equivocado. No me choca todo tipo de desgracias y profanaciones humanas, pero tal muestra de generosidad, amabilidad y simpatía ha sido fas-ci-nan-te, y encima es que viene de una persona que se ha fiado de mí, sin haberme visto antes en la vida. Más personas así hacen falta en este mundo.

Ahora no puedo publicar esto hasta mañana por si NV lo lee, no le voy a chafar la sorpresa que le vamos a dar :). Para ello, casi todos nos hemos “rajado” para su cena, cuando en realidad es una maniobra de despiste a través de la cual acabaremos todos en su casa metidos esperándola para darle la sorpresa. Tengo ganas de que llegue ya el momento de dársela, me he sentido bastante mal diciéndole que no podía ir a cenar, poniendo como excusa problemas intestinales (es creíble, tal como he estado últimamente, ya pensará que soy subnormal profunda y todo). La pobre, se habrá visto tela de abandonada.

Menos mal que queda poco (cuando leáis esto ya habrá pasado, claro).

Espero que hayáis disfrutado del finde y que empecéis con buen pie esta nueva semana, que acaba en un puente para el que lo haga, ¡como yo! 😀

You are awesome

Un vídeo precioso. Vedlo solo si tenéis por delante un cuarto de hora (repito: un-cuarto-de-hora) libre y os apetece centraros en una pequeña y encantadora historia. Si no, no lo abráis, no vale la pena mirarlo con prisa o desgana.

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Madrid lluvioso

¡El otoño se ha adelantado! Shorts sustituidos por pantalón largo y no olvidar la sudadera, aunque tampoco hace frío. Os enseño la situación gracias a mi móvil, como siempre :D.

Creo que nunca había caminado por Madrid tan temprano. Me he levantado a las 7:30 para llegar a la capital a las 9:00. El autobús suele tardar media hora, 20 minutos cuando no hay tráfico. Como se ha dado la situación totalmente opuesta, el recorrido ha durado 45 minutos. Ilustración del tercer atasco:

Pero bueno, por suerte me encontré en el metro con mi amiga la vasca (grandísima casualidad, en pleno centro de Madrid y bajo tierra, aunque ella había ido a hacer lo mismo que yo), que me señaló el camino, y fui atentida en pocos minutos en el Registro de la Consejería de Educación. Entonces procedí a darme el corto paseo hasta la Fnac, donde compré tres de los libros para Literatura y Cine (Solaris no estaba, pero llegará), además de El guardián entre el centeno, que lo vi a montones apilados y se me antojó, ya que he oído hablar de él (el morbo que tiene a causa de que el asesino de John Lennon se inspirara en él y tal, entre otros homicidas), y finalmente un libro sobre Photoshop. Una compañera tiene uno de 60 euracos pero yo me he decantado por el de 25, que retocar fotografías no me apasiona tanto, ya veré después si me envicio, y si la guía no es una basura.

Ha sido una mañana ultra agradable. Había gente por las calles pero bastante dispersa, las aceras estaban muy despejadas, se podía caminar perfectamente y la temperatura era fantástica, por fin fresquito, aunque si andabas muy rápido entrabas en calor enseguida. Eso sí, no acabo de entender por qué los que llevan paraguas se pegan a los edificios (si no llueve mucho, como ha sido el caso) en vez de dejar esa línea un pelín más resguardada a veces para los que no llevan, digo yo que es lógico. Yo no llevo paraguas porque ya perdí un par en su día de pequeña olvidándomelos por ahí y porque me resultan muy incómodos.

Una mujer me ha preguntado con una sonrisa enorme (y no falsa, o si lo era tenía una práctica increíble) si me podía hacer una encuesta. Le he respondido con otra sonrisa (no tan fabulosa) y aludiendo prisas… aunque no tenía ninguna, y se notaba que iba recreándome en el paisaje porque mi ritmo (lento y alegre, rozando lo bohemio, cualquier día me pegaré una hostia brutal con alguien de mirar hacia todos lados e intentar comerme todo con los ojos, y mira que he estado ya veces en Gran Vía) lo demostraba con creces. Luego me he sentido regular, he pensado incluso en volver, pero ya pasaba. Buena parte de la culpa de esta reacción la tienen dos rumanas, o yo qué se lo que eran, y me explico:

Allá por 1º de carrera, primeriza en andurrear por una ciudad como Madrid después de haber pasado 18 años en Jerez (200.000 habitantes), iba tan feliz a entrar en el parque de El Retiro cuando se acercaron dos tipas extranjeras (se veía por los rasgos) ofreciendo unas listas para colaborar a través de la recopilación de firmas con una asociación de sordomudos. Venga, por qué no, firmemos. Y al llegar a la última columna nos encontramos con la palabra “Donativo”. What? Me cago en la puta, eso no nos lo habían dicho, las listillas. Y, como buena gilipollas, les di dinero.

De vuelta a Príncipe Pío para coger el autobús. Ya no había atascos, a las 11 y pico yendo para Villa.

Claro, luego se encargarían de explicarme que las muy mamonas se hacen las sordomudas y luego el dinero evidentemente no va para ninguna organización, sino para su bolsillo. Al poco tiempo de pasarme aquello, otra tía de esas se me acercó en el autobús y me pidió que le firmara. A la tercera vez que me insistió (sin decir una palabra, claro, solo con gestos), le dije “¡QUE NO!”, acordándome de las dos primeras timadoras aquellas. Paró de molestar y se dio la vuelta, y no sentí el más mínimo remordimiento.

Desde entonces, me dije a mí misma que no me pararía ante nadie por la calle, porque luego me la dan con queso. Pero claro, hoy me he quedado pensando en que al menos podría haber preguntado si había que dar dinero, porque en tal caso pues habría sonreído igualmente y me habría escabullido, y si no no me habría costado nada responderle a las preguntas que quisiera. Lo tendré en cuenta para la próxima vez.

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Cambio de tema, ¡¡hoy no tengo clase!! Al igual que todos los jueves del primer cuatrimestre, ¡es para llorar de emoción! Hemos tenido que llegar a cuarto de carrera para experimentar ese placer que ya tienen la mayoría de los universitarios del resto de España en cada uno de sus cursos… ¡Yupi! A ver a qué lo dedico :), a lo típico, supongo, nada del otro mundo. Comer, estar en casa y… ¡primera salida nocturna por villa del curso 2010-2011!

Sweet dreams

A veces el dolor te absorbe tanto que resulta casi espontáneo el hecho de alimentarlo (Perdona si te llamo amor, de Federico Moccia). Como cuando estamos tristes y escuchamos una canción, leemos un libro o vemos una película que sabemos que nos va a poner peor, pero en el fondo y extrañamente es lo que sentimos que necesitamos más en ese momento.

Por fin me he acabado la novelita italiana, ya era hora.

Por contraposición a la frase de Moccia…

ahora siento que no hay nada como acostarse con una sonrisa.

Camino de Santiago (VI), Sarria-Portomarín

Para mí, la mejor etapa. Para A, me da que de las peores, debido a que se cambió los zapatos con F para que este fuera mejor. La consecuencia directa fue un tremendo mal rato para A, sobre todo en las cuestas abajo por lo visto (no había visto a nadie que se pusiera a tocar las palmas para combatir el dolor xD, evidentemente, lo hacía de cachondeo), y no me extraña con aquellas botas, de las que se vengarían ambos estrellándolas contra el suelo y tirándolas a un contenedor al día siguiente.

Pues eso, esta marcha es la que menos que costó y la que más disfruté. Me resultó la más bonita de todas y ya al llegar a Portomarín el paisaje se pasa de bello, como podéis observar en la imagen. Solo nos quedaba cruzar ese puente. La cola del albergue era ya considerable pero se trataba de uno de los más espaciosos, así que no hubo problema. De hecho, los mismos catalanes a los que habíamos dejado nuestras plazas en Sarria se encontraban allí, y nos cedieron su puesto porque pensaban caminar unos 13 kilómetros más. Que me mataran para hacer 13 kilómetros más a partir del mediodía, vamos. Solo sé el nombre de uno de ellos: Emanuel, creo. Rubio, simpático, con unos ojos verdes claros bastante llamativos y, en conjunto, un cachondo mental. Allá que se largaron él y los otros dos, que eran pareja, chico y chica.

Total, que nos duchamos, compramos la comida (para no variar) y tuvimos el mejor almuerzo peregrino del camino. Exacto, esa pedazo de fuente con arroz y habichuelas. No voy a decir que estaba ultra soberbio pero sí bueno, se dejaba comer muy a gusto, sobre todo ante la perspectiva de más bocatas de no ser por la cocina del albergue.

Y nada, echamos parte de la tarde en la piscina del pueblo y para cenar nos hicimos otra buena fuente de pasta, en este caso macarrones. La última parte del día concentró lo mejor, como de costumbre: charlando en la plaza principal, siendo fotografiados en comuna para, en teoría, publicarlo en La Voz de Galicia del viernes (pero no salimos, normal, a saber cuántas fotos llevaría el notas), conociendo a la futura alcaldesa de Portomarín (que más que eso me dio la impresión de ser una zumbada, con el desparpajo que me traía) y, tatatachán, hablando con Fréderic. Él se estaba quedando en el polideportivo y cuando apareció, al ratillo sacó la guitarra y dio la casualidad de que se sentó a mi derecha, y lo escuchamos y empecé a conversar con él. Y así seguí hasta que a las 23 de la noche ya tuvimos que retirarnos. Me encantó conocer a alguien tan agradable de forma tan espontánea, y de paso practicar el inglés.

Fréderic es rubio, moreno de piel (en ocasiones rojo), de ojos azulísimos, pelo largo que no se peina desde hace tres años (ya decía yo que eso más que rastas parecían nudos, aunque sí se lo lava), 34 años, de los cuales se ha pasado caminando los cuatro últimos, en especial por Asia. Me gusta mucho su sonrisa, sincera, le hace más joven. Es posible que ahí comenzara una curiosa conexión entre ambos, o que me agrade imaginarlo pero vamos, creo que sí :).

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