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La chica que tenía fotos de su accidente

He conocido a alguien muy especial aquí. Bueno, a más de una persona (aunque tampoco superan los dedos de una mano), pero hoy quiero hablar de esta chica. Llamémosle A.

A tiene actualmente unos treinta y pocos años. Tenía 22 cuando ocurrió: un accidente brutal del que cuando ves las imágenes de cómo quedó el coche no te explicas cómo la ocupante sobrevivió. Una suerte fortuita, una casualidad de las que te cambian la vida radicalmente, de las que te arrancan tus sueños y proyectos, de las que te plantan una realidad que nunca imaginaste y con la que has de convivir para el resto de tu existencia.

A tiene la columna rota. Pero camina. “Funny”, como ella dice, es decir, como cojeando y más lentamente que los demás, pero anda. Y habla. Mucho. Y se ríe. Más todavía. Es una persona que se preocupa muchísimo por la gente a su alrededor, que conversa con cualquier persona porque no cree que nadie merezca ser ignorado (esto también es un poco americano pero de eso hablaremos en otro momento), que te pregunta una y mil veces de distintas maneras si te lo estás pasando bien, y de verdad espera que te lo estés pasando bien y no pregunta por preguntar.

admiraciónConocí a A hará ya unos tres meses. Al principio no me di cuenta de la increíble pureza y fortaleza que tiene esta chica. Afortunadamente, por una razón o por otra hemos ido compartiendo más momentos que me han permitido ver a un ser irrepetible, que bromea con sus propios defectos y problemas, y que será de los escasos a los que recuerde con cariño en el futuro, un futuro incierto y borroso en el que la memoria y la experiencia habrían de actuar como lo hacen para esta risueña muchacha.

Ayer estuve en su casa por primera vez. Un piso bajo acogedor y llenísimo de cosas: cajas, fotos, películas (en DVD, grabadas en CDs y, atención, en vídeo; sí, en VHS, toda una reliquia), carteles de artistas (Marilyn Monroe, Elvis…), dos gatos que no son nada ariscos… Y Adornos. Un popurrí de Navidad, San Valentín y el próximo San Patrick; una fusión de rosas, rojos y verdes entrelazados con el negro característico de toda la casa y de la propia A.

En una de las paredes fue donde nos paramos y vi aquel coche reventado. Totalmente abollado por el medio como solo se ve en las películas o en las noticias de sucesos de los periódicos. Allí estaba, en medio de una casa. Se me encogió el corazón ante tan explícita estampa y le pregunté por qué la tenía ahí. Me respondió que le servía para que, cada vez que comenzara a lamentarse por haber cogido peso, por cómo caminaba y por cualquier cosa en general, no dejara de recordarle la inmensa suerte que tuvo de seguir viva.

Nos trajo más fotos de aquel desastre. Nos explicó detalladamente cómo sucedió. Yo ya sabía desde prácticamente el principio que tuvo un accidente y que por ello no caminaba bien, pero no es lo mismo cuando te ponen la tragedia en las narices con tanta naturalidad. Entré en una nube de admiración que me sigue aturdiendo.

Porque me resulta tan difícil a veces mirar atrás hacia ciertas circunstancias y no experimentar ese molesto pellizco en el pecho, ese del que soy plenamente consciente y al que sigo diciéndole que, en cuanto madure más y continúe trabajando en mi bienestar emocional, se podrá ir a hacer puñetas. Pero, ¿cuándo? ¿A qué espero? Me doy cuenta de que habitualmente me considero una persona bastante estable. Hasta que salen grietas inesperadas, hasta que los oscuros recuerdos se pasean por mi mente y desaparecen bajo el recurso de hacer otra cosa, de mantenerme activa. Y hasta que no controlo las circunstancias tanto como me gustaría.

accidente coche

No quiero confundiros: las vibraciones negativas me visitan bastante inusualmente. Pero a veces esto mismo las hace más fuertes cuando acuden, dentro de su brevedad, y dentro de mis ansias de aprender a ser feliz como objetivo existencial, que no es moco de pavo. Expresiones como “todos tenemos un día malo” y “es normal estar mal a veces” no me valen. No me gustan. No las veo necesarias, no me agrada excusar esas molestias mentales para permitirles aún más movimiento. Quiero mirarles de frente y decirles que les agradezco ponerme a prueba y hacerme tal y como soy hoy en día. Sin ese pellizco. Con convicción, con una sonrisa. Como A.

Naturalmente y siguiendo el dicho, a menudo la procesión va por dentro, y cierto es que tampoco menosprecio el valor de esos momentos crudos y lo inevitables y necesarios que son. Pero la alegría fingida se nota. El victimismo se ve a leguas. Me resulta curiosísimo cómo ciertas tragedias pueden reavivarte, dependiendo de ti por supuesto, y ciertas buenas noticias pueden provocar el efecto contrario. Hace poco leí que ganar la lotería crea en un alto porcentaje frustración y variados estados nocivos debido a no ser capaz de abarcar tal cambio vital. ¿Quién se lo iba a imaginar de primeras?

Así pues, hoy brindo (con mi estupendo Nesquick mañanero) por A y por las personas como ella, que encarnan ejemplos de motivación y de superación para todos los demás, y aprovecho para dedicarle también este post a mi padre, la principal figura digna de mi admiración en este mundo, y a mi madre, por el hambre que me ha inculcado sin darme cuenta desde pequeña hacia las cuestiones espirituales y emocionales, en las que cada vez tengo más ganas de sumergirme y explorar.

Que no nos falten nunca estas personas para abrirnos los ojos.

Feliz Cumpleaños

Hoy iba a ser un día, bueno, una mañana, de búsqueda de prácticas. Proceso que, como a gran parte del mundo creo que le ocurre, me pone un poco enferma. Porque es parecido a navegar sin rumbo, dando tumbos, recibiendo salpicaduras de olas inesperadas y esquivando rocas. Es incertidumbre y esperanza. Es la cuerda floja sobre la que tu confianza en ti mismo, tus expectativas y tus auto-decepciones bailan al son de canciones de todas las corrientes según lo que te encuentras.

Hay ofertas que te entusiasman, ofertas que te parecen igual de mecánicamente expuestas que otras, ofertas que te espantan. Y siempre ese espacio para la “cover letter”, esa especie de carta de recomendación que has de personalizar para cada empresa según sus propias características diciendo lo maravilloso que eres para ellos y lo fantástica que es su empresa para ti. Así funciona el sistema laboral estadounidense.

camino felicidadPues ese era mi plan hasta que me he levantado y he visto la felicitación de cumpleaños de mi padre en un email acompañada de un libro muy corto que le ha gustado mucho. Y me he dicho, ¿por qué no? Ya está en el ebook para disfrutarlo durante la mañana de mi cumpleaños, porque creo que ya he empleado suficientes horas de esta semana danzando mentalmente en torno a unas prácticas que no sé si se conseguiré la semana que viene, en un mes o a finales de marzo.

Nunca he pensado que determinadas fechas clave (cumpleaños, navidades y fines de año, san Valentines, rebajas…) supongan necesariamente un incremento del nivel de felicidad. Cierto es que a menudo incitan a reflexionar más de la cuenta (como si lo hiciera poco durante el resto del año) pero hace un ratillo mi madre me ha preguntado cómo me siento al cumplir 26 años. Y no siento nada, ni bueno ni malo. Este día no destaca de ninguna manera, es uno más perteneciente a una semana que, de hecho, no ha sido la mejor de mi vida (ni mucho menos la peor, ¡no al dramatismo gratuito!). Pero me recuerda con ímpetu una cosa, y es que todo esfuerzo es poco para procurar ser más feliz día a día. Que la vida pasa demasiado rápido como para preocuparse más de lo conveniente por nada. Que la paciencia es un bien maravilloso en el que vale la pena trabajar. Que se agradece que exista un día al año en el que se retome el contacto con amistades de otros tiempos, aunque solo sea para ponerse mínimamente al corriente con un par de frases, y se reafirmen aquellas actualmente integradas en mi cotidianeidad diaria o semanal.

Sí, parece que cumplir años al final me recuerda más de una cosa. Y supongo que cada enero me recordará otras tantas más a medida que siga viviendo, añadiéndose algunas, extinguiéndose otras, sustituyéndose y mutando. Evolucionando, espero, hacia el tipo de persona del que me sentiré orgullosa de haberme convertido en el futuro. Creo que esto es lo más importante: mirarte a ti mismo al final de tus días y sentirte satisfecho con el camino recorrido. Con sus errores y tropiezos, nadie se salva de ellos. Con sus pérdidas, arrebatos, lágrimas y arrepentimientos. Pero también con sus metas cumplidas, lecciones aprendidas, anécdotas y sonrisas. Ese saco de sonrisas que suele decrecer a medida que se crece (contradictorio pero cierto), abriendo paso a esas inclinaciones en las comisuras de la boca, demasiado a menudo proyectadas hacia el suelo en vez del cielo. ¿Habéis visto la cantidad de personas mayores que ofrecen unos labios cabizbajos? ¿Qué niño tiene eso? ¿No se hace notar enormemente el viejecillo o viejecilla que mantiene el boomerang bucal embelleciendo las mejillas y no encerrando la barbilla?

Feliz cumpleaños para mis compañeros de nacimiento y feliz no cumpleaños para el resto.

Pd: soy consciente de que Google nos tiene más vigilados que el Gran Hermano pero me ha dejado muerta saludándome con esto.

feliz cumpleaños Google

Sonrisas dulces

Campaña de solidaridad para niños hospitalizados.

Sonrisas

Rodéate de personas alegres, porque te contagiarán su felicidad.

Rodéate de personas que han sufrido, porque te abrirán los ojos.

Rodéate de bromistas, porque te harán reír y explotar tu sentido del humor.

Rodéate de yonquis, porque te ayudarán a conocer tus límites.

Rodéate de sabios, porque te crearán la necesidad de pensar.

Rodéate de imbéciles, porque así aprenderás a distinguir.

Rodéate de gente que te quiere, porque sí.

Y en realidad esto comenzó porque mis amigas son geniales y siempre tienen la sonrisa fácil, y eso a menudo hace incluso que me ponga a descojonarme yo sola de repente y sin parar recordando algo.

Porque a veces con una mirada basta para empezar a reír.

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