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Posts Tagged ‘sueños’

Vuelta a casa por Navidad

Nunca dejará de sorprenderme gratamente la habilidad del tiempo y del espacio para distribuir mis experiencias a la perfección en su justa medida, durante el periodo y en el lugar que les corresponde, ni más ni menos. O quizá sea mi propia manera de asumir las experiencias la que encaja con positivismo su duración y la intensidad que se merecen, no lo sé. Supongo que la combinación de ambas convierte mi vida en una existencia considerablemente plena y plácida.

Lo cual no siempre es suficiente. Mi espíritu continúa sumido en una especie de espera. Jamás cesa de haber algo pendiente. Tras mis primeros tres meses en los Estados Unidos, concretamente en Riverside (California), me hallo en mi querida burbuja (Jerez de la Frontera, Cádiz, España) con motivo de las navidades para compartirlas con las personas que, esté donde esté, me quieren más que nadie y viceversa, y de paso para desconectar. ¿O no? ¿Alguna vez está el cerebro apagado realmente? ¿Hacen falta escapadas para ello o depende de cómo uno sobreviva al día a día sin importar las circunstancias?

Me doy cada vez más cuenta de que se trata de lo segundo. Llevo tres meses retrasando la búsqueda de prácticas, tres meses bastante locos, aunque a la vez pausados gracias a la rutina establecida por las clases. ¿A qué he ido a los Estados Unidos? A estudiar un máster (sí, otro, después del que hice de marketing en Madrid de octubre del 2013 a junio del 2014) de business management, más conocido como dirección de empresas, en la UCR (Universidad de California, Riverside).

UCR

Universidad de Riverside, California

Mientras que el primer trimestre ha consistido en módulos de dos semanas de duración cada uno en torno a diferentes y genéricas temáticas (estrategia, recursos humanos, marketing, finanzas y nuevas tecnologías), el segundo trimestre será más específico tras la selección de unas asignaturas concretas. No había mil opciones pero puesto que mi pasión vital sigue haciéndose de rogar, me decanté por las siguientes: relaciones públicas, dirección de eventos, comunicación empresarial, comunicación efectiva y dirección de proyectos, aparte de una obligatoria llamada “marketing you”. Ya veremos qué me cuentan.

De cualquier manera, definitivamente he llegado a un punto en mi vida en el que me apetece mucho (muchísimo) trabajar y ganarme el sustento (lo sé, no soy la única). Tras una cantidad determinada de estudios, títulos y clases, el aprendizaje es un sendero difícil de satisfacer. Me explico: no es tan fácil iluminarme con las típicas lecciones unidireccionales de profesor a alumno. Necesito inquietudes de por medio, debates, que me hagan pensar, que me hagan preguntarme cosas y buscar soluciones, sacar conclusiones por mí misma. Desgraciadamente, esto es extremadamente complicado, o eso parece hoy en día, y por ello los profesores que se hacen ganar la admiración de la mayoría de sus pupilos pueden acostarse con una gran sonrisa cada noche. Esta situación es extrapolable a cualquier parte del mundo: la universidad en EEUU no me ha impresionado debido a lo que acabo de explicar. O, mejor dicho, me remito particularmente a mi programa internacional, ausente de americanos y rebosante de españoles, dicho sea de paso. Cosa inesperada pero que tampoco ha supuesto mayor problema, ya superé mis ansias de hablar inglés con nativos en Londres, esta vez tengo otros objetivos prioritarios.

Newport Beach

Newport Beach

A ver, las sesiones tampoco han estado mal, se han disfrutado todo lo posible, pero estoy deseando empezar las prácticas, y eso que aún no me he puesto a buscarlas en condiciones, aunque aún tengo tiempo: no las comienzo hasta abril. El proceso será el mismo que en España: enviar CVs a mansalva. Y eso es lo que me toca durante enero, así que ya estáis actualizados en cuanto a mi estado, aunque muy resumida y fragmentadamente, claro. Reconozco que no sabía ni si volvería al blog (como de costumbre desde hace bastantes meses) pero parece ser que de alguna manera el cuerpo me pide reaparecer.

Obviamente ha sido una experiencia fantástica, he conocido mucha gente y he visitado bastantes sitios, por lo que confío en contaros un poco más en detalle sobre ello en algún post próximo o varios, que este ha sido algo disperso. Por el momento, puedo afirmar (desde mi punto de vista por supuesto) que:

  • Viajar es de las cosas que más te abre la mente en este mundo.
  • Ningún lugar en la Tierra es mejor que otro, sino que siempre influyen una serie de factores externos junto con tu propia percepción de ellos, tu personalidad y tus preferencias.
  • La gente a tu alrededor es todo lo interesante que a menudo tú te permitas conocerlas.
  • El miedo, el reparo, la vergüenza y sucedáneos no hacen más que anularte. Cuanto más lejos, mejor. Y la manera de comenzar a afrontarlos se basa en correr riesgos, lo cual es mucho menos difícil de hacer de lo que parece. Aunque no por ello me apunto a la moda de “¡aventúrate a hacer realidad tu sueño!” porque el mío continúa jugando al escondite y no me apetece preocuparme por ello, el día a día ya me indica por dónde ir pisando. Y cada día tenemos oportunidades en las que hemos de decidir entre lanzarnos o permanecer en nuestra zona de confort. Todos los días. Desde en esa disyuntiva temprana sobre si salir a correr o quedarse en el sofá hasta las personas de nuestro interés que se cruzan en nuestros caminos y optamos por dirigirles la palabra, o no, entre decenas más ejemplos.

Continuará.

¡Ah! Lo olvidaba:

Feliz Navidad Jerez

Jerez de la Frontera

¡Sólo es un té!

Sábado, 18.00. Piccadilly Circus, pleno centro turístico de Londres, atestado de gente de todas las nacionalidades habidas y por haber. Una muchacha de pelo rizado y ojos verdes se halla concretamente en el interior de las puertas del Boots, famosa cadena británica de farmacias, para no congelarse con el gélido frío que se ha dejado caer de improviso esa tarde.

En su espera, se le acerca un hombre de mediana edad y piel incombustiblemente negra, lo que remarca sus blanquísimos dientes y brillantes cristalinos. Escasos centímetros más alto, favoreciendo la posición de sus ojos a la misma altura de los de ella, y con una expresión confusa, le pregunta qué puede comprar para su sobrina de 23 años. No está de suerte, la chica no puede ser más negada para pensar en regalos, sobre todo al no conocer a la persona. Sin embargo, frunce el ceño y trata de hacer el esfuerzo. Le recomienda un bolso, maquillaje, un lápiz negro de ojos… Artículos femeninos de ese tipo que nunca vienen mal.

No obstante, el hombre ha pasado sutilmente a preguntarle cómo se llama y qué hace. Ella le comenta, ya algo reticente, que se encuentra esperando a un amigo y que trabaja en un colegio de inglés. Al instante, como si hubiera topado con un diamante en bruto, una amplia sonrisa surca sus anchos y oscuros labios y surge una conversación que poco a poco disiparía toda desconfianza ante la sincera y agradable actitud de este fortuito acompañante.

– So are you teaching? (¿Enseñas entonces?).

– No, no, I’m just doing the administrative part. Organizing excursions, booking attractions and all that stuff (No, no, sólo hago tareas administrativas. Organizar excursiones, reservar visitas y todo eso).

– Really? You could create your own business! (¿En serio? ¡Podrías formar tu propio negocio!).

– Oh, well, I don’t think I would like telling people what to do… (Oh, bueno, no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer…).

Llegados a este punto, el gesto del hombre se tornó súbitamente contrariado y divertido a la vez.

– Don’t you think you’d like telling people what to do? C’mon, do you prefer to be told what to do for the rest of your life? (¿No te gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer? Vamos, ¿prefieres que te digan a ti lo que tienes que hacer para el resto de tu vida?).

– Umm… No, but, well, for the time being I’m ok, it’s just for some time while I’m improving my English and I live here, in London… (Umm… No, pero, bueno, por ahora estoy bien, sólo es por un tiempo mientras mejoro mi inglés y vivo aquí, en Londres…).

Media sonrisa cómplice obtuvo por respuesta, previamente a lo que venía a continuación y que no se esperaba en absoluto.

– I can see that you are a good person. I can see it in your eyes. You look a bit sad though right now, am I wrong? (Puedo ver que eres una buena persona. Lo veo en tus ojos. Sin embargo, pareces un poco triste en este momento, ¿me equivoco?).

– Well… Maybe, I don’t know. (Bueno… Tal vez, no lo sé).

– You just need a little push. Somebody or something that motivates you to go ahead, to wake you up, to go after your goals. What would you really like to do? (Sólo necesitas un empujón. Alguien o algo que te motive hacia adelante, que te despierte, que te haga ir a por tus metas. ¿A qué te gustaría dedicarte de verdad?).

– I studied Journalism. (Estudié periodismo).

– A journalist! (¡Periodista!)–exclamó con los ojos muy abiertos y regalando de nuevo sus magníficos dientes a la noche londinense- Lovely profession. You need to spread your network, contacts are very important. Have you been in The British Library? (Una profesión bellísima. Necesitas extender tus redes, los contactos son muy importantes. ¿Has estado en la Librería Británica?)–ella negó con la cabeza- Visit it, there’s nothing you cannot find in there. Look for your dream and don’t let it go, meet and talk to people. Each person is a world, you never know what you can find. Tell your number every time that you can, go to have a tea, it’s just a tea! You don’t lose anything. (Visítala, no hay nada que no puedas encontrar en ella. Busca tu sueño y no lo dejes escapar, queda y habla con gente. Cada persona es un mundo, nunca sabes lo que puedes encontrar, da tu número cada vez que puedas, ve a tomar un té, ¡sólo es un té! No pierdes nada).

– Yeah… –balbuceó algo aturdida aunque pensativa- you are right. (Sí… Tienes razón).

Seguidamente, transcurrieron algunos segundos en silencio durante los cuales nada más existía alrededor. A pesar de hallarse en una de las plazas más concurridas del mundo; a pesar de las luces, la multitud y el ruido, en aquel momento sólo tenía lugar un simpático cruce de miradas. Él, dejando sentir el efecto de sus palabras con una mezcla de dicha y orgullo como si se dirigiera efectivamente hacia un maravilloso proyecto de futuro que había encontrado de casualidad. Ella, preguntándose cómo le estaba sucediendo tal cosa y, sobre todo, inmersa en el discurso que se acababa de incrustar en su mente.

– Think about everything I told you. I can really see in your eyes you are a great person. You could have ignored me, you could have thought “who the hell is this guy coming to talk to me”, but you didn’t. You stayed, you answered me and you listened to me. (Piensa en todo lo que te he dicho. Realmente puedo ver en tus ojos que eres una gran persona. Podías haberme ignorado, podías haber pensado “quién coño es este tipo que me está hablando”. Pero no lo hiciste. Te has quedado, me has respondido y me has escuchado) –una vez más, otros tantos segundos gozaron del placer del silencio y, como mínimo, un joven corazón en vilo- I’m leaving now. It was really nice to meet you. Take care and go for it. (Ahora, me voy. Ha sido estupendo conocerte. Cuídate y lánzate a por ello).

Y se marchó. Con paso firme y desenfadado, sin volver la vista atrás, dejando a la muchacha en un mar de reflexiones vitales, inquietudes profesionales y anhelos personales que permanecerían en ella antes y después de la cerveza con su amigo, al llegar a casa y al día siguiente.

Piccadilly Circus

Piccadilly Circus. 

Dedicado a la persona que más quiero y admiraré para siempre en este mundo.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PAPÁ!!!

De los sueños a la realidad

Hace una semana y media, soñé que me despedía de mis padres y que partía en avión a Nueva York. No sé hacia qué tipo de vida exactamente pero me iba. Nerviosa, ilusionada, acojonada, expectante. Abrí los ojos sin haber tomado tierra y me puse a pensar en ello. Mi subconsciente. Los sueños, mundos fantásticos, tenebrosos y alucinantes, donde todo es transparente, donde salen a la luz hasta las vergüenzas más osadas y las anécdotas más descabelladas. ¿Lo que queremos? ¿Lo que ansiamos? ¿Lo que tememos?

Esta semana, el lunes por la noche soñé que tenía un affaire la mar de interesante con una persona a la que admiro bastante, proporcionalmente a lo inalcanzable que es, lo cual no deja de darle un considerable morbo mental al asunto. Un anhelo reprimido, que de solo imaginarlo en sí provoca cierta violencia interior, casi incomodidad ante lo inaudito y atrevido del asunto, pero que en cuestión de unos minutos sumidos en el sopor se torna en una imagen preciosa, tierna y tangible, un sueño cumplido (nunca mejor dicho).

Bueno, a ver, tampoco es para tanto, pero en el momento me desperté bastante emocionada, obviamente.

Finalmente, el miércoles por la noche, tuve una pesadilla. No llegaban a violarme pero sí me hacían cosas en contra de mi voluntad, y resultaba espantosamente frustrante. Humillada, despreciada, tratada como basura (y encima por un ser gordo, de rostro rojo cual tomate y feo como un insulto a un padre).

Tampoco me involucré tanto en esta angustia como para alcanzar el auténtico drama de quienes realmente hayan sufrido algo así (ya sabemos que, en ocasiones, los sueños se vuelven reales hasta el punto de llegar a exteriorizarlo físicamente llorando, gritando o riendo) pero, de alguna forma, me llegó. Lo suficiente como para que, nada más despertar, me entraran unas ansias terribles por buscar clases de defensa personal. Y lo pensaba en serio. Una cuenta pendiente más.

¿Hasta dónde nos afectan, pues, los sueños? Probablemente hasta lo más profundo. Entonces, todo es como tiene que ser. No podía haber sido de otra manera, surge así y punto. Y así es como deberíamos tomarnos la vida también, tal y como va fluyendo, a pesar de que en ella jamás vayamos a ser tan auténticos como en esas traicioneras nocturnidades.

Muñecas desnudas y huellas mentales

Frío. Templanza huidiza. Brazos delgados, piernas flojas, tripa ausente, alma volátil. Todos pegados a un esqueleto medio extraviado, pero fuerte en su esencia, atento a las circunstancias como quien mira despistadamente pasar un tren, vagón tras vagón, sin distinguir rostro alguno aunque intuyéndolos en su interior, dejándose llevar. Agradablemente postrado a la deriva.

Manos perdidas que se entrelazan intentando manejar sensaciones, camuflándolas, engañándolas, estrujándolas, apartándolas.

Muñecas desnudas, finas, límpidas, suaves, humildes, frágiles. Ni brillos, nulos ornamentos; ni tiempo, reloj oculto; ni recuerdos, ya guardados. Al fondo del cajón de los recuerdos, y del alma. A flor de piel, en la superficie de los sentimientos.

Mientras tanto, el día a día se sigue cubriendo con multitud de acciones. Actitudes variadas pero repetitivas que pretenden dar la convicción de utilidad, de aprovechamiento. De hacer lo correcto, lo que toca, lo que se debe hacer, a lo que no hay más remedio que someterse. Mezclado con esa parte del cerebro que vive en otra parte, aventureramente, en alucinantes paraísos y veloces hormigueos corporales. Vértigo vital en su más pura esencia. Vértigo psicótico, espontáneo, terrible. Libre e indescriptible.

Mas esto se cruza nuevamente con la imposibilidad de no pasar ni una jornada sin contemplar perspectivas, posibilidades, previsiones, consecuencias. La mente al cien por cien permanentemente, trabajando a destajo, maquinando inmensas volutas de humo, construyendo miles de castillos de arena, de los cuales la gran mayoría serán arrastrados por el agua y el viento, tan cruel como merecidamente.

Palabras que te rozan y se escurren, vuelan, se volatilizan ante la impasibilidad. Enfrentadas solo por un momento para ser catapultadas al vacío por aquellas otras palabras que tambalean el pecho, atraviesan los poros, alteran la respiración, se sumergen en la mente, se clavan en el corazón como puñales. Algunos placenteros, otros dolorosos, unos eufóricos, otros lastimeros, y aquellos… indefinibles. Tan susceptibles de arder en llamas como resultar disimuladamente incombustibles.

Huellas. Huellas mentales, huellas del subconsciente que no se pueden ni explicar, ni se recomienda tratar de hacerlo. ¿Para qué? Sociedad pro-comunicación atestada de desinformación, insatisfacción, frustración, incomprensión. Relaciones interpersonales, amistosas, amorosas. Raciales, estereotipadas, exigentes, juiciosas. Tensas, discontinuas. Hasta las más cercanas, completas y compenetradas se ven azotadas por la vertiginosidad de la naturaleza humana.

Y, aún así, con la confianza aún puesta en una vida plena, divagando eternamente entre la realidad y el mundo de las ideas y de los sueños… para no toparse de bruces con la desesperación.

Emilio Duró – Optimismo e ilusión

http://vimeo.com/18251684

MUY GRANDE esta conferencia. Antes que nada os diré que dura la friolera de una hora y 49 minutos, no se trata del típico vídeo de 3 minutillos, sino que es una charla como tal. Os propongo que, superando esa pereza que os habrá entrado al pensar en ocupar un par de maravillosas horas de vuestro apreciado tiempo, hagáis click solo para ver y escuchar, al menos, el comienzo. Entonces, si no os convence, sois libres de quitarlo, pero quizás haya personas a las que les pique la curiosidad y (como a mí me ha ocurrido, que no pensaba ni loca en cargármelo), prueben y acabe enganchándoles de tal forma que se lo fundan entero.

Hay que afirmar que el ritmo se va animando conforme el invitado habla, y mira que ya comienza acelerado de por sí, y en más de una ocasión os sonsacará una sonrisa, incluso una carcajada, y en todo lo que dice se podrá distinguir un halo de realidades directas y explícitas que están ahí pero que nos negamos a ver.

Habla de una mente positiva y negativa, diferencias entre hombres y mujeres, la necesidad e importancia del afecto a los niños, el motivo de las cosas a lo largo de la historia, los puntos personales a desarrollar, reglas para afrontar la realidad (situación de un hombre de 45 años virgen como ejemplo)…

A su vez, he apuntado algunas frases que me han gustado en especial:

Tu mente atrae a aquello en lo que piensas.

Vigilad en lo que pensáis.

Da igual si es cierto o no, tu mente lo provoca.

Y si alguien me pregunta: “¿y qué pasa si quiebra mi comercio?”. El 99% de la población no trabaja en el y vive, ¡luego hay vida fuera de tu comercio!

Para mí la gente extraordinaria es aquella que tiene una facilidad tremenda para hacerte sentir importante, y hay gente que hablas con ellos y te amargan. […] ¿Puedo comer contigo? No, tú no.

El ser alegre es una actitud. Se aprende de 0 a 3 (años). […] El 80-90% de éxito en la vida, viene de tu forma de ver la vida. […] Pasamos por el colegio y no te dan ni una hora de actitud, solo de conocimientos; por eso hay gente que tiene cinco carreras y no hay dios que le trague, y hay gente que no tiene ningún estudio y es maravilloso.

La vida no va por trozos.

La mente solo ve lo que quiere. El que está embarazado ve más embarazadas. […] No existe la realidad, la crea la mente.

Esto es el universo, esta mierdecita de aquí es la tierra; esta gran mierda, Coruña; esta gran gran mierda, tu comercio; y esta super mierda, tú. Y hay gente que dice: ¡es que a mi me caen todos los marrones!

Solo te cansará aquello que no disfrutes. […] Haced solo cosas que os apasionen. Si hacéis lo de siempre, os pasará lo de siempre.

Me queda poco y os tengo que cambiar la vida.

El ser la última mierda del universo es una ventaja, no puedes bajar más.

Todo lo que ocurre en la vida, ocurre porque tiene que ocurrir.

Seguid el corazón.

Cuando uno sabe que va a morir, no tiene miedo a nada.

Seguid locos.

¿Sabéis cuál es el problema? Que la gente ha dejado de soñar.

Día de cine

Quién me iba a decir a mí que en un mismo día vería dos películas tan distintas como Origen y Shakespeare in love. Después de haber estado un porrón de semanas sin ver ni siquiera el capítulo de alguna serie, hoy ha tocado una escapada al cine. Por fin he logrado enganchar a alguien para ir a ver la nueva de Leonardo Di Caprio. ¿Cómo ha estado? Pues una paranoia brutal que una vez más me hace pensar en lo diminuta que soy ante la inmensidad de mi alrededor, en este caso fundamentada exclusivamente en la mente de un director como Christopher Nolan (El Caballero Oscuro, Batman Begins, Memento…).

Comentario a modo de conclusión de mi acompañante: “quiero al camello de Christopher Nolan” xD. Desde luego, hay que tener una imaginación prodigiosa o una droga muy explosiva en vena para crear una historia así. Los sueños se han manejado de mil y una formas (normalmente parecidas) en el mundo cinematográfico pero esta obra realmente me ha sorprendido y, lo más importante, me ha mantenido expectante durante los 148 minutos que dura. Unos espectaculares efectos especiales, buena interpretación de los personajes, planos definidos, claros y directos, un relato intrigante.

De hecho, yo pensaba que tenía el final clarísimo (no os lo chafo, tranquilos), pero al comentarlo con mi amigo resultaba que cabía otra posibilidad y hemos empezado a rallarnos bestialmente. En fin, que la recomiendo. Lo dicho, aparte de que entretener y forzar la atención, la parte visual está muy trabajada, me ha gustado mucho.

Y por contraposición, esta noche, habiendo pasado apenas una hora y pico desde el desenlace y asimilación paulatina de Origen, lo más atrayente que echaban en la televisión, en concreto en el satélite, era Shakespeare in love, estrenada hace más de 10 años y con un reparto de lo más conocido. Acompañada de puntos cómicos y un ineludible y destacado (que no cargante) romanticismo, han transcurrido un agradable par de horas. La primera media quizá algo más pesada, ya que es una de esas tramas que va cobrando interés a medida que avanza y van sucediendo los hechos, pero a partir de la mitad sí que iba despertando auténtica curiosidad por el desarrollo de los mismos (aunque en parte se fueran prediciendo con bastante facilidad).

Pensaba que acabaría asqueada de amor pero, por suerte (supongo), no ha sido así. ¡Todavía me queda sensibilidad en el cuerpo! :D.

Total, una tarde-noche curiosa, repleta de uno de mis mayores hobbies como es ver cine, aunque últimamente lo tenga muy abandonado… como casi todo, cosas del verano y demás excusas típicas.

Bah, tantos compromisos de “debería” y “no debería” hacer esto o lo otro (se entiende que, en teoría, el aspecto cinematográfico es más significativo de lo normal para mí por estudiar Comunicación Audiovisual) pero me da exactamente igual porque, aparte de negarme a imponerme obligaciones relacionadas con el ocio (totalmente contradictorio, acabaría detestando mis aficiones), pues precisamente gracias a lo excepcional, un par de sesiones artísticas han cumplido con la chispa especial del día de hoy :).

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