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Harry Potter tour – Warner Bros Studios

¡Hola a todos!

Este verano tuve el inmenso placer de contemplar durante una mágica tarde en los estudios de la Warner Bros lo que se conoce por aquí (Londres) como The making of Harry Potter, es decir, la reproducción de todos los escenarios, decorados, vestuario, maquillaje, máscaras y un largo etcétera presente en las películas de esta saga universalmente conocida. Todo a escasos centímetros, todo expuesto en un caótico orden y a lo largo de unas salas de ensueño que me devolvieron brutal y maravillosamente a aquellos años en los que disfruté como una enana de tan fantástica historia.

Tras una dura criba en la que cientos de fotos se han quedado en 15, aquí tenéis una pequeña muestra de un espectáculo visual que, en mi opinión, vale mucho la pena de ver aún no siendo un fanático. Mejor si se han visto las películas, claro, mas la contemplación de este arduo trabajo no dejará indiferente a nadie.

Comenzamos con el gran comedor de Hogwarts, ese colegio con el que muchos soñamos unirnos en su día (algunos siguen haciéndolo).

Proseguimos con la Sala Común de Gryffindor, acompañada de los trajes de los protagonistas. El vestuario de las variadas escenas no cesaba de aparecer por doquier entre escenario y escenario.

Seguidamente, el Aula de Pociones. ¿Quién no tiene a Snape en la cabeza admirando esta sala?

¡Las puertas del Ministerio de Magia! Enormes.

Diagon Alley. Paseando entre Gringotts, Olivander

El autobús noctámbulo. Pa comérselo con papas.

Una de tantas paredes con algunos de los tropecientos retratos que caracterizan Hogwarts.

La puerta de acceso al despacho de Dumbledore.

Piezas del ajedrez gigante. Y grandes que eran, hasta los peones daban respeto.

El despacho de (la fulana de) Dolores Umbridge. Qué bien conseguía J.K. Rowling hacernos odiarla, ¿verdad?

El Monstruoso Libro de los Monstruos. Nervios y todo pensando en si tocarlo.

Aragog. Vaya bicharraco.

Cerveza de mantequilla “gratis” (claramente está pagada con la entrada pero bueno, hace ilusión igualmente) como a la mitad del recorrido. No estaba mal aunque se nota que han adecuado bastante el sabor para todo tipo de público, incluyendo a los visitantes más pequeños.

Varitas, varitas y más varitas. Para todos los gustos y colores.

Y, para terminar, la gran frikada del año. Resulta que hay un espacio del tour dedicado a todos aquellos que deseen obtener una foto como la que podéis ver a continuación. Gracias al uso de un croma, pared de un tono verde intenso que permite recrear diferentes fondos paisajísticos al enfocar la cámara hacia ellos (solo visibles en el vídeo, la pared siempre permanece verde), se podía elegir entre cuatro escenarios distintos. Que conste que elegí el más guay.

Ahí queda eso. Una preciosa vuelta a la más pura, creativa e inocente adolescencia. Una tarde para recordar.

Saludos mágicos.

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