Archivo

Posts Tagged ‘turismo’

¡Un año en Berlín!

Cuando me preguntan si me gusta Berlín, me quedo dubitativa. Tras pasar por varios lugares, necesito preguntas más específicas.

¿Me gusta la ciudad? He recorrido algunos de los típicos sitios turísticos e históricos, lo cual siempre es muy interesante, pero me imagino asentándose en otro tipo de ciudad. Demasiado extensa, oscura, con obras constantemente, con un clima muy desagradecido, con un idioma que nunca me planteé aprender y con buena parte de actividades culturales que, consecuentemente por la ignorancia del idioma, no puedo entender. Culpa mía, totalmente reconocida. Calculo que mi estado actual cuerpo-mente empieza a anhelar un lugar de residencia más permanente y que me aporte esas cosas que te apetecen más cuando te vas “haciendo mayor”.

¿Me gustan los servicios de la ciudad? Sí. Salvando las distancias, tengo supermercados a mano y los servicios fundamentales, un seguro médico integrado en la nómina al estilo de España, no abusivo como en Estados Unidos; unos precios generales asequibles, provocados por una ciudad con recursos inesperadamente más humildes, a pesar de ser la capital, que otras del país como Munich, Hamburgo, Francfurt, Stuttgart, etc., bastante más ricas y caras. Mejor no hablar de la gastronomía nacional, pero eso sí: Berlín ofrece un buen abanico de restaurantes de todo tipo.

currywurst

¡Currywurst!

¿Me gusta el idioma? En verdad, ¡no me disgusta! Cuando llegué hace un año y me apunté de inmediato a una escuela para estudiar el A2, tras haber estudiado el A1 durante el verano en Jerez, me di cuenta de que no era tan complicado. En el sentido de que no era el chino que me esperaba, una cosa totalmente opuesta a lo que me resulta familiar.

Aparte de sus famosas declinaciones, que no es momento de tratar de explicar ahora, la gramática no deja de tener una lógica similar a la nuestra, y muchas palabras se asemejan a sus homólogas en inglés y en francés. Si percibiera que mi estancia fuera a durar un tiempo relevante, seguiría con ello, pero a estas alturas de la vida tengo otras prioridades e intereses. No vine por el país ni su idioma, vine porque aquí destinaron a mi pareja y mi objetivo era ganarme las papas. ¡Dicho y hecho! Es más, si he de aprender un idioma, antes va el francés.

No obstante, jamás se me ocurrirá exigir a los alemanes que me hablen en inglés ni daré por hecho que el país entero sea bilingüe, porque no es así en absoluto. Estando aquí, lógicamente el esfuerzo por integrarme depende de mí, y ante todo hay que respetar la cultura nativa, sus costumbres y su forma de vivir y de pensar. ¿Estaría más a gusto si hiciera un mejor clima y el estilo de vida se pareciera más al español o al francés? Seguramente. Pero esto no es España ni Francia, aspecto muy importante de asimilar cuando se visita o se vive en un lugar que no es el de origen. Para no explorar con la mente abierta y quejarse de todo lo que es distinto, mejor no salir de casa.

puerta Brandeburgo Berlín

Puerta de Brandeburgo

¿Me gusta la gente? ¡Berlín es un popurrí de culturas! Me he relacionado con muy pocos nativos y mi trato habitualmente ha sido cordial, nada que destacar. No me gusta generalizar, así que, a falta de integración en este aspecto, mejor no decir más, al menos en cuanto a los alemanes. Disfruto mucho de mis ámbitos sociales, basados en algunas amistades individuales y mi equipo del trabajo, formado unas 14 personas y nueve nacionalidades distintas, ¡para que os hagáis una idea!

Lógicamente, el encontrarme con este tipo de ambiente multicultural también lo provoco yo misma ante la necesidad de trabajar y la limitación del idioma, ya que naturalmente en Berlín la mayoría de las empresas estarán formadas por trabajadores alemanes.

Torre de Televisión

Torre de Televisión

¿Me gusta mi vida en Berlín? Dejando de lado la fecha incierta de caducidad de esta etapa, sin duda. Por primera vez, los típicos pilares de la vida están en un equilibrio fantástico: tengo un trabajo aparentemente más estable, que me permite sobrevivir e incluso ahorrar un poco, con unas condiciones laborales bastante buenas y un ambiente estupendo, al menos con mi equipo, y tal vez con posibilidades de crecer.

Y soy muy, muy feliz sentimentalmente y con la práctica de una existencia simple. No necesito muchas reuniones sociales (unas pocas sí), fiestas, viajes, evasiones de la cotidianeidad. Llegar a casa tras el trabajo, cenar algo rico y ver una serie o película con mi pareja es una de mis actividades favoritas. O leer mientras él hace cualquier otra cosa a mi lado, o tomar un café con un amigo y conversar, o pasear por la ciudad, o cenar un día cualquiera en un tibetano con una compañera de trabajo, y así con múltiples ejemplos igual de sencillos. La ausencia de necesidad, más allá de las básicas lógicamente, hace tu vida maravillosamente completa.

¡Con lo que yo era! Me dicen, me digo. Supongo que he agotado las reservas de vida nocturna y viajera, al menos por una temporada. Muy divertidas pero muy agotadoras y volubles. En estos tiempos, me interesa más mirarme de frente y examinarme, conocerme, cultivarme, cuidarme.

Berlín, siempre estaré profundamente agradecida por lo que me has dado, por lo que me das, y me aseguraré de aprovecharte al máximo. No tengo ni idea en este momento de cómo se sucederán los acontecimientos, para no variar, pero sí que hay una diferencia, y está en la sensación de estar avanzando de manera más determinada y satisfactoria en la dirección correcta, personal, laboral y espiritualmente.

Primera parada: Los Ángeles City

A mis amigos con los que vine desde Madrid, a los nuevos que hicimos durante los primeros días en California y a mí nos faltó tiempo para plantarnos en esta inmensa, gigantesca ciudad. Llegamos al país el 19 de septiembre de 2014 y el finde del 26-28 ya lo dedicamos a visitar Los Ángeles.

Lo primero que he de deciros es que el turismo por estos lares es absolutamente distinto. En lugar de empezar a caminar desde un punto determinado e ir recorriendo la ciudad, necesitas desesperadamente un coche para ir moviéndote de un punto a otro, como ya habréis leído (y si no, os lo recomiendo) en mi post Estados Unidos vs España. US is different! Te acabas acostumbrando: coche, bajo y veo lo que haya, coche, aparco (si puedo) y me doy un paseíto, coche, aquí no hay Dios que aparque, así que al siguiente destino, coche… Y así. Normalmente hay algún parking cerca, los hay por todas partes. Recomiendo dar alguna vuelta de más por la zona antes de decidirse, puesto que bien puedes dejar el coche en un parking de 15 dólares el día y encontrarte a pocos pasos otro a 10, por poner un ejemplo.

Sin más dilación, procedo a enseñaros lo que vimos. El orden no será exactamente en el que se sucedió pero, si se organiza en condiciones, todo esto se puede disfrutar sin prisa durante unas 48 horas, además de una noche de cena y discoteca de la que no cuento con recursos visuales pero no difiere gran cosa de las fiestas españolas, a excepción de que la música en el local en el que estuvimos fue fundamentalmente hip hop comercial, y que cerraba a las 2 de la mañana.

Así pues, comenzamos con una parada obligatoria: el Griffith Observatory, desde donde por un lado se goza de una impresionante perspectiva de la ciudad…

Griffith Observatory Los Angeles

La ciudad de Los Ángeles desde el Griffith Observatory

…Y por el otro lado, del mítico cartel de Hollywood.

Hollywood

Hollywood desde el Griffith Observatory

Aprovecharíamos para volver por la noche para contemplar de nuevo un Los Ángeles, esta vez, nocturno. Tendréis que comprobar por vosotros mismos lo embaucadora que resulta la imagen, ya que me parece un poco inútil que plante una fotografía súper oscura para que intentéis imaginarlo. Ya sabéis a dónde ir cuando vengáis.

Luego, Santa Mónica. Apañada, con su paseo a lo largo de la playa y algún que otro símbolo que te hace darte cuenta de que estás en Estados Unidos (porque sigo pensando que las playas de España no tienen nada que envidiarle a las californianas).

Santa Mónica Los Ángeles

Santa Monica Beach, California

En Santa Mónica podéis ver un muelle considerablemente metido hacia el mar en el que han construido una pequeña feria con una noria y demás atracciones típicas. Aquí, la entrada.

Entrada al muelle de Santa Mónica, Los Ángeles. Foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Entrada al muelle de Santa Mónica, Los Ángeles. Foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Me recordó enormemente al muelle de Brighton (Brighton Pier), en Inglaterra. Son parecidísimos, con la diferencia de que en el de yanquilandia nos cruzamos con repetidas menciones a la ruta 66.

Fin de la ruta 66 en Santa Mónica

Fin de la ruta 66 en Santa Mónica

A continuación, un sitio destacable: Venice Beach, donde presenciamos por un rato las acrobacias de un grupo de muchachos que reunieron a bastante público, y que recuerdo como uno de los lugares más bonitos que he visto por tierras americanas.

Venice Beach, California

Venice Beach, California

Imaginaos lo que os podéis encontrar por allí cuando, justo enfrente de donde estábamos desayunando, nos sorprendió aparcado el siguiente vehículo.

coche Venice Beach

El coche de los sábados

No sé si llegáis a apreciar lo que hay situado sobre el coche a la derecha. Os lo muestro con más detalle.

Así van las mascotas por Venice Beach

Así van las mascotas por Venice Beach

Como no parecía suficiente, a pocos pasos de lo anterior nos cruzamos con esto:

Kitty car

Kitty car hell yeah

¡¡Un coche plagado de Kitties!!

kitty car

Otra cosa que llama la atención en este país es que te topas constantemente con fantásticos y enormes graffities o pinturas. La siguiente me pareció alucinante. Os sonará.

Una pared cualquiera por Venice Beach

Una pared cualquiera por Venice Beach

Para acabar con Venice Beach, consta de un canal a lo largo del cual se ven casas muy cucas y varios pequeños puentes, cual canal veneciano.

Canal de Venice

Canal de Venice

Ahora, apuesto a que varios estábais esperando este momento: ¡por supuesto que fuimos al Paseo de la Fama! Que, aparte de sus estrelitas, que te hacen caminar mirando el suelo durante horas, y mogollón de tiendas, no tiene más. En eso consiste: en una invitación al consumismo y al espectáculo. Desde ese día, puedo decir que Batman me pidió el teléfono. Vamos, un tipo disfrazado de Batman, que ya me contaréis qué cara podía tener el colega debajo de la máscara. Pero bueno, la situación bien se ganó las risas de mis queridos amigos.

Walk of Fame

Walk of Fame

He aquí un gran artista y yo misma. No puedo negar que tenga fotos en plan amor infinito e incondicional con las estrellas de otros personajes como James Franco o Mark Wahlberg pero me he decantado por esta para el post. Queda más hipster.

Con Alfred Hitchcock

Con Alfred Hitchcock

Y ya vamos cerrando con un pedazo de centro comercial, que contenía dentro sus propias calles peatonales, un tranvía, música en vivo, etc., llamado The Groove, del que me limitaré a ofrecer una elevada y amplia perspectiva…

Vistas nocturnas a falta de otras

Vistas nocturnas a falta de otras

… La señal de Rodeo Drive, una calle que, como se puede observar por el cartelón de Louis Vuitton, no le faltaban comercios caros y glamour…

Rodeo Drive, foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Rodeo Drive, foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

…Y el estupendo panel de Beverly Hills, área conocida por albergar una gran cantidad de mansiones de famosos adonde llegamos, nos hicimos la foto y, tal como nos vimos guapos, nos largamos, en vistas de que ponernos a conducir a lo paparazzi por las calles intentando ver caserones entre los muros de vegetación que cubren a muchos de ellos no nos convencía.

Beverly Hills, así como quien no quiere la cosa

Beverly Hills, así como quien no quiere la cosa

Saqué muchas conclusiones de este viaje. Fue el primero en este país y el más revelador en cuanto al choque turístico entre Estados Unidos y Europa. En esta, las ciudades se pasean ante los ojos impregnadas de historia. Aquí, el espectáculo visual y callejero manda, por llamarlo de alguna manera. This is America!

Pronto, ¡San Diego y Las Vegas!

Un saludo y hasta la próxima ^.^

Tres meses en Londres

Muy buenos y tempraneros días para la hora a la que me acosté. Hace bastante tiempo que perdí la capacidad de quedarme durmiendo hasta las tantas de la tarde después de trasnochar, lo cual resulta una auténtica pena ya que no por eso suelo aprovechar más estas horas en vela.

¡Pero hoy no es el caso, que llevaba más de una semana sin escribir! Pues eso, llevo tres meses en Londres. Hoy, tres meses y un día. Me vine un 12 de febrero (o el 11 incluso… Buena memoria, María) para Londres, esa ciudad tan llamativa, atractiva, conocida y respetada a nivel mundial, ¿verdad? Ya me imaginaba que sería bastante cosmopolita, pero este nivel se sale de lo normal. Nunca se sabe de qué vas a estar rodeado en el metro, por las calles, los locales. Escuchas acentos de todas las nacionalidades, reconoces a mogollón de españoles cada día que te asomas a las multitudes. En el metro de Madrid, probablemente te cruces con gente de toda España y bastante de fuera, pero en esta ciudad lo difícil es encontrarte con británicos.

Volviendo al tema que me trae hoy por aquí: ¿está valiendo la pena? Por supuesto. Durante mi primer mes y medio aquí, la verdad es que las cosas no fueron en absoluto fáciles. La gente te ayuda mucho, desde luego, desde los compañeros de trabajo hasta las propias personas a las que les consultas algo por la calle, pero nunca imaginé que tendría que mudarme dos veces en ese tiempo y pasar por tal desfase económico entre unas fianzas y otras, alquileres y la vida en general en esta ciudad, que se acopla totalmente a la definición de “muy cara”, aunque sigo pensando que esto es cuestión de ir explorando sitios. Todo ello sumado a un batiburrillo de movidas personales complicaron en gran medida mi adaptación a este país pero puedo asegurar firmemente que en ningún momento pensé en volverme, se quedó en que estaba teniendo una suerte de pena.

A pesar de llevar tres meses, al tener otros tantos por delante durante las prácticas que estoy haciendo, no me he afanado en hacer demasiado turismo, solo al recibir un par de visitas, pero realmente lo básico de Londres lo tengo más que visto. Ahora la idea es profundizar todo lo posible, investigar a fondo esta fantástica oferta cultural y de entretenimiento que cada día nos brinda la capital británica. Es decir, pasar de lo que vería un turista a lo que viviría un ciudadano local y de cotidianeidad ya establecida. ¡En Trafalgar Square mismo hay un concierto cada vez que paso por allí!

Tampoco estoy segura de ir mejorando muchísimo mi inglés. En gran medida, comparado con cómo vine, apuesto a que sí, pero me veo un pelín atascada. Sigo pensando que el aprendizaje es una cuestión de lo más autodidacta, al igual que toda cualidad o capacidad que se quiera potenciar en uno mismo al máximo, así que ahí voy, medio enganchada a Lost en versión original (a buenas horas; gracias, FBI, me quedaré en la primera temporada) con subtítulos, que si no no pillo ni jota; escribiendo dictados de esta maravillosa página web (vais a “Levels” y probáis en cuál no os desesperáis escuchando y redactando), con libros en inglés pendientes de coger (cuando acabe Leviatán de Paul Auster en español, que me está encantando) y ojeando la portada del periódico The Guardian todo lo posible, aunque ya solo con la mitad de los títulos me quedo descolocada, estupendo…

A su vez, esos autorrealizadores hábitos como son el cocinar comidas medianamente decentes (junto con apartarse del consumo de chocolate diario, maldita sea, qué abuso, no sé cómo quepo aún en mi ropa) y hacer algo de ejercicio también se hallan en proceso de adoptarse por completo. Vienen y van pero sé que muy pronto se quedarán. Sinceramente, se puede comer de manera sana perfectamente aquí si pones un mínimo de interés y esfuerzo en ello, aunque naturalmente la dieta mediterránea siempre será la mejor, al menos para mí. La dieta de mi madre, vamos.

¿Vida social? A saco, sin duda. Opino que es extremadamente fácil conocer a mucha gente de sopetón cuando llegas nuevo a un sitio, aunque a la vez creo que luego te vas definiendo, decantando más por unos que por otros, averiguando lo identificado que te sientes en unos círculos determinados… La mayoría de los cuales, como no podía ser de otra forma, son españoles. Muy mal, fatal, terrible, lo sé. Aún cuento con otros tantos (los menos) con los que hay que ponerse angloparlante, pero tengo que pulir este tema urgentemente. Probablemente una acertada opción sería compartir piso con extranjeros si me quedara en este país, mas para tener esto confirmado he de encontrar una ocupación estable tras las prácticas. Ya se verá, queda lejos aún.

España se echa de menos, sin duda. O más que España como tal, la familia y los amigos. El clima no me afecta mucho que digamos, aunque hemos tenido un mes largo de lluvia intermitente bastante pesado, pero la parte emocional es la que toca la fibra sensible, por muy independiente que me considere. Hace unas semanas me hice a mí misma el propósito de tratar de visitar Jerez al menos una vez cada dos meses (distíngase a la derecha mi querida luna llena de cuando estuve allí en Semana Santa). No me gustaba nada la idea de ver a mis padres 3 veces al año, la verdad. Sin embargo, los vuelos están carísimos. Valiente boquete económico está hecho esto. A Madrid también se intentará ir, por supuesto, lo considero mi segunda casa (ya llevo tres, a ver cuál es la siguiente tras Londres) pero bueno, como todo actualmente: “a ver qué pasa”.

Total, que animo a huir a todos los que aún no os hayáis atrevido, aunque sea temporalmente. Tenía pendiente irme al extranjero desde la carrera y si ha ocurrido este año es porque era el momento idóneo. Me mantengo activa, hago currículum, conozco gente y lugares nuevos y, en general, vivo una experiencia tan recomendada como útil para la retroalimentación vital. Eso sí, alucinante lo rápido se me está pasando, qué vértigo…

Y con esto y un bocata de lomo (me lo trajo mi última visita española :D, gracias!!!), me voy en breve a Hyde Park de picnic. ¿Quién dijo que los domingos son un asco? ¡Que paséis un buen día!

De Elephant and Castle a Lewisham

¡Muy buenas a todos!

Hoy, no puede tocar otra cosa que contaros mi segunda mudanza en menos de un mes y medio. Para situaros: la primera se produjo desde la casa particular de una familia hasta la residencia situada en pleno centro de Londres (Elephant & Castle) que tanto me llevaba interesando desde antes de venirme a este país. Sin embargo, circunstancias como que no tuviera licencia residencial y fuera a cerrar a finales de este mes me obligaron a indagar otra vivienda (o mejor dicho a esperar a que me la buscara la agencia intermediaria que me organizó todo el conjunto trabajo-alojamiento), terminando por encontrar una fantástica residencia situada en el mismo municipio de mi lugar de trabajo: Lewisham.

Dicen que es un barrio chungo. Me da exactamente igual, la verdad. Me hallo en una habitación mucho más espaciosa que la de la residencia céntrica, tengo los baños y la cocina a dos pasos y no al fondo del pasillo, el Internet tira extraordinariamente mejor, mi oficina se encuentra a 15 minutos caminando (no a tres cuartos de hora en tren y metro), no necesito pagar la Oyster mensualmente (la tarjeta-transporte, que vale una pasta), cuento con todo tipo de tiendas al alcance de un paseo y esta residencia me cuesta 200 libras menos al mes. Pedir más sería de avaricioso.

Además, he pasado el tiempo suficiente en el centro (exactamente un mes) como para hacer la visita express más completa durante los últimos fines de semana a los principales centros turísticos de Londres, destacando la ruta del Támesis (por orden: Tower of London, London Bridge, Millenium Bridge, St Paul’s Cathedral, The Globe, Tate Modern, London Eye, Big Ben, Houses of Parliament, Westminster Abbey y Buckingham Palace; otro día os lo cuento con tranquilidad, ¡no os agobiéis con tanto nombre!). Ya solo queda ir profundizando, y para eso me queda mínimo hasta octubre si todo va bien :).

A continuación, os muestro el pedazo de día que me saludó el domingo al levantarme (aún en Elephant & Castle). Esto sí que da ánimos a cualquiera. ¡Rayos de sol!

Sí, hay nubes al fondo, pero cuando en Londres se consigue distinguir el sol, ¡creedme que hace un tiempo fantástico! Luego se puso algo más feo, cayendo incluso algunas gotas pero bueno, igualmente dediqué unas buenas horas a visitar el Tower of London por dentro con unos amigos. La verdad es que me lo esperaba propiamente como un castillo, tal y como da la sensación al observarlo desde el exterior, pero más bien se trataba de una mini-ciudad medieval (similar al estilo de Toledo, solo que esta ciudad me encandiló bastante más en comparación) con edificios circundantes y exposiciones en sus interiores que rodean a una construcción central por la que al subir no aprecias demasiado que ganas altura entre tanto artilugio expositivo ni tampoco llegas a una superficie que te permita mirar hacia fuera desde la torre. Demasiado retocado todo desde mi punto de vista.

Pero bueno, ¡no pasa nada! Había que verlo. Los elementos expuestos no dejaban de desprender muchísima historia. Aparte de las joyas de la corona; armas de todos los tipos, figuras de caballos, armaduras, instrumentos de tortura, un dragón montado sólo con material de combate…

Creo que dentro de poco van a acondicionar la entrada gratuito a este lugar (gracias, mamones, yo pagué 17 libras), así que quizá me ponga más detenidamente y con imágenes a mostraros su interior, aunque cada vez estoy más convencida de que las cámaras no le llegan ni a la suela de los zapatos a ciertas realidades. Aún así, la siguiente imagen es una de las perspectivas más bonitas que me regaló la visita.

Debo justificar el inmenso espacio concedido al cielo a que, aparte de que me guste, lo de abajo ofrecía una perspectiva bastante más cutre, ya que parte de la atracción está en obras, así que era mejor no enseñarlo. De hecho, tuve que dejar que se me colara un cachito de caseta por la esquina de la foto si es que no quería cortar el Tower Bridge. Cosas que pasan.

Por último en cuanto al Tower of London, ¡esos bichos que tiene en algunos rincones! Al parecer, en la época contaban allí con un buen surtido de animales para entretenerse viendo cómo se daban candela entre ellos, así que en ciertos puntos nos encontramos con determinadas especies elaboradas a partir de alambres. Un buen rato que han debido de tirarse para hacerlos.

Y poco más. Este ajetreado día culminaría con unos calóricos nuggets y unas patatas ultra saladas (me pasé echándoles sal). No me arrepentí de no probar un Traditional Fish porque se lo pidió una amiga mía y valiente mala pinta tenía aquello. Blandengue, con espinas, cayéndose a cachos… No tenía nada que ver con otros más cuscurrudillos que habíamos visto en el escaparate de otro Fish&Chips. ¡Otra vez será!

Volviendo al tema de este post: mi segunda mudanza en este país. Pues nada, me levanté un lunes 19 de marzo (ayer) y abrí las cortinas, como cada mañana, pero esta vez de manera más melancólica, reflexiva, pausada. Era la última vez que tenía aquel paisaje ante mis ojos.

Como me suele pasar en este tipo de situaciones, traté de llevarme más peso del que se corresponde con la naturaleza humana, así que tuve que dejar parte del equipaje en la vieja residencia para recogerlo por la tarde, cosa que no me vino nada mal para disfrutar de las siguientes espectaculares vistas desde lo más alto de uno de esos entrañables autobuses rojos.

Y para demostrar la veracidad de mi privilegiada posición, otra fotillo con un porón de sus sucedáneos por los alrededores.

Así, y tras un segundo viaje a por la última maleta que me quedaba por recoger (esta vez no a la resi sino a casa de una amiga en Greenwich, a unos 20 minutos en autobús, para rematar la faena y no tener que hacerlo al día siguiente, o sea hoy), ya me encontraba en mi querida nueva residencia. ¿Qué pasaba? Que esto tenía unas capas de polvo como para no respirar debido a que el edificio está aún terminando de arreglarse: pintura por aquí, suelos por allá y demás.

Confieso que yo era consciente de ello, que la había visitado tres semanas antes, pero al menos esperaba que me limpiaran la habitación previo acceso. Craso error. Toallitas en mano, único material de uso límpido del que me había podido aprovisionar por el camino de vuelta (eran las 11 de la noche), a darle al tema. Lo bueno de que esté todo recién hecho se basa en que, desde luego, tú mismo estrenas tu propio cuarto: antes no lo ha habitado absolutamente nadie. ¡Nuevísimo el colchón! Trabajito que me costó quitarle el plástico sin que rozara el suelo.

Por suerte, esta mañana pude comentar el asunto de la limpieza con la amabilísima señora postrada en la oficina (ayer no pudo recibirme, era el cumple de su madre y no vino a trabajar) y cuando he llegado por la tarde el panorama me ha permitido incluso caminar descalza :D. Por tanto, de la siguiente manera me saludó el día desde este, mi nuevo hogar (y espero que para los siguientes siete meses, por favor, no más mudanzas).

Admito que ha quedado cutrísimo, pero en la realidad sí que están pegadas una cosa al lado de la otra, aunque la luz del sol haya hecho que me salga mucho más clara la foto de la izquierda. Es decir, que lo que antes eran edificios se ha convertido en el jardín trasero de la propiedad + parte de la residencia. Estas son mis vistas a partir de ahora a través de la ventana. Y me gusta, la verdad, resulta agradable. Una vez más, me sorprendo alucinando al concentrarme en mis circunstancias actuales: new city, new people, new home, new life. Demasiado me falta por explotar.

Hasta aquí por hoy, mis queridos lectores. Próximamente os contaré más sobre mi percepción personal de este singular distrito, Lewisham, conocido como uno de los municipios londinenses más mestizos.

¡Que tengáis una feliz semana!

De turismo por Madrid (II)

En el post anterior, os describí el recorrido Plaza de España-Gran Vía-Callao-Preciados-Sol-Plaza Mayor, ¿verdad? Pues vamos a ver cómo me sale este y por dónde acabo tirando. Partamos, ya que pasamos por allí, desde Callao, esta vez continuando con la Gran Vía hasta topar con la Fuente de Cibeles. Mítica. Os recuerdo que estas imágenes no me pertenecen, básicamente porque no hice fotos (y tampoco las tendría, me robaron el móvil).El edificio ha dejado por los suelos a la fuente pero hay que reconocer que El Palacio de Comunicaciones es imponente y digno de incluir, ya que está allí enfrente.

¡Hablando de móvil! En De turismo por Madrid (I) también comenté que la pérdida del susodicho me brindaba la oportunidad de adquirir un iPhone. Pues rectifico totalmente: le pueden dar por saco. Sabía que era caro, bastante caro, ¡pero no tanto! Nada, nada, un HTC más ancho que Pancho.

Prosigamos: a partir de Cibeles, vamos a dirigirnos hacia el sur por el Paseo del Prado, avenida bastante arbolada y apacible, para llegar a la Fuente de Neptuno.

Naturalmente, el Museo del Prado se encuentra más que visible y disponible en este Paseo para todo amante (y no tan amante) de la pintura.

Avanzando aún más hacia el sur, por un momento vemos a la derecha la calle Huertas, por la que no cogimos pero conozco de alguna caminata pasada y os recomiendo debido a sus citas y versos plasmados en el mismo suelo de la calle cada varios metros, pertenecientes a autores de la talla de Quevedo, Góngora o Juan Ramón Jiménez.

Más adelante, vemos, también a la derecha, el CaixaForum (con su jardín vertical al lado), donde a menudo se muestran exposiciones de lo más curiosas (como aquella de Isabel Muñoz que os comenté; disculpadme si el post sale algo trastocado, no sé por qué se me rebela su maquetación).

Atención ahora: ya viendo la rotonda frente a la Estación de Atocha, giramos hacia la izquierda por la Cuesta Moyano, famosa calle conocida por su feria del libro permanente (¡de donde me llevé a Robert de Niro!) cuyo final, tras una buena subida, culmina en una de las entradas al Parque del Retiro. ¿Puede haber ruta más bohemia?

Y hala, a pasear por el parque y a bordear sus construcciones más emblemáticas (el Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez, la macro edificación de enfrente del lago repleto de barcas, cuyo nombre desconozco ahora mismo si es que lo tiene…). En fin, enorme, hay que verlo (118 hectáreas, 1,18 km cuadrados, según la Wiki).

El Palacio de Velázquez nos sorprendió en su interior con una exposición un tanto extraña de dibujos explícitos, bélicos, difusos, retratos… En una pared destacó, en especial, la visión de siete u ocho estampas evolutivas de Franco, desde un estado bastante decente hasta uno altamente deplorable. Vamos, muerto, pero seguían siendo dibujos. Sin más.

Así pues, la ruta de hoy nos ha quedado así:

En el próximo post, ya solo quedarán un par de hermosos y monumentales parques por detallaros, si no recuerdo mal.

¡Que disfrutéis del fin de semana!

De turismo por Madrid (I)

¡Queridos lectores míos!

Efectivamente, es una auténtica vergüenza la manera en que he desaparecido del mapa bloguero durante los últimos 15 días, pero todo tiene su explicación en una simple y significativa palabra: verano. Concretamente, un par de acontecimientos me han mantenido ausente de la vida digital: la visita de alguien especial y el FIB. La primera me va a permitir postear sobre los sitios que considero más turísticos de Madrid a pie de calle (dejaremos museos y lugares más raros para otro momento, sobre todo cuando me de por investigar estos). La segunda, el Festival Internacional de Benicasim… Sencillamente ya llegará, vayamos por partes.

¿Qué visitar por Madrid? La ruta es fácil, sencilla e indolora (y algo desordenada pero bueno, siempre queda el metro para moverse a alguna zona olvidada o más lejana). Las fotos tendré que cogerlas de internet porque no hice, aparte de que si hubiera hecho ya no las tendría debido a la incautación de mi dispositivo móvil. Vamos, que algun hijo de la grandísima puta me lo robó en el FIB pero bueno, gran excusa para adelantar la adquisición de un iPhone.

Aquí tenéis, en primer lugar, el recorrido que os voy a contar hoy. No sé qué haría sin el Google Maps. Podéis hacer click en él para verlo mejor.

Comenzamos por la Plaza de España. Fotaza. El edificio del fondo pertenece a la otra acera pero suele incluirse en las imágenes de esta plaza, queda bastante imponente. En “diminuto” y frente a la fuente, El Quijote y Sancho Panza.

A continuación, conectamos con la Gran Vía hacia el sureste, que ya sabréis muchos su considerable extensión (aunque tampoco creo que tengan mucho que envidiarle el Paseo del Prado o el de la Castellana, la eternidad en persona).

Esta es solo la primera mitad de la avenida. En este punto, bien se puede seguir recto, pasando por el Banco de España, llegando a la Plaza de Neptuno y cogiendo el Paseo del Prado para ver el Museo del mismo nombre y culminar en Atocha (opción que tomamos otro día), o bien nos podemos desviar en la Plaza de Callao (que no tiene gran cosa, aparte de constituir un punto común de quedada en Madrid) hacia el sur para llegar a Sol, cogiendo por la Calle de Preciados o la del Carmen (que rodean la Fnac). En vistas de la dificultad de abarcar fotográficamente la Plaza, he optado por la siguiente imagen nocturna de la Puerta del Sol.

El último paso de este recorrido se basa en coger hacia el oeste por la Calle Mayor para topar con la archi-conocida Plaza Mayor, donde probablemente te sablen por tomar algo pero no deja de ser parte fundamental de una visita turística madrileña.

Hasta aquí la primera ruta de estos días previos al FIB, acompañados de mi natural desorientación que, por suerte, no hizo demasiada mella, sin olvidar la indescriptible sensación que me sigue provocando vivir en el centro de esta ciudad y en una calle de lo más característica, plagada de restaurantes baratos y exóticos (hindúes, kebabs, un tailandés, un libanés…).

Mañana más, pero no mejor, porque es imposible (me ha apetecido hacer apología de El Intermedio, no pretendo echarme flores), ¡buenas noches!

Desde la ciudad de Violadores del Verso

O casi. Me hallo en Zuera, pueblo de mi amiga zaragozana RM, a 25 kilómetros de la capital (no 100, como yo pensaba por error, y menudo error). Llegué ayer, 21 de agosto de 2010, pasando por un viaje en tren regional Jerez-Sevilla y en AVE Sevilla-Zaragoza (una hora el primer trayecto y tan solo 3 horas y media el segundo, vaya maravilla de alta velocidad, es alucinante), después de haber salido a tomar algo la noche anterior en el ya más que frecuentado Rubio, bar de Jerez amado y venerado por mis chicos de la PTP. Echando un último rato en los pedales y volantes de viejos del parque del telepizza, pasando un calor del copón y siendo dejada en casa cual princesa (cómo se nota cuando una se junta con un porrón de gente que siempre va con coche) sobre las 3 de la mañana, el viaje lo pasé medio sobada y nada más salir a la estación ya estaba allí esperándome RM.

A las 12:30 me bajé del tren y acto seguido procedimos a buscar un aparcamiento por el centro de la ciudad, a ser posible que no fuera en zona azul, y tras dar miles de vueltas lo acabamos dejando, efectivamente, en zona de pago, pero vaya la sorpresa que nos llevamos cuando al ir a pagar en el aparato ese ponía “excepto sábados, domingos y festivos”. ¡Oh! ¡Muchas gracias y a buena hora! Vamos, que no había que pagar y habíamos estado haciendo el mongolo un buen rato.

En fin, y claro, no se nos ocurrió nada mejor que ir a hacer turismo en la franja horaria más calurosa del día.

Esa falda tuvo gran éxito la noche anterior de venir, dicho sea de paso ^^.

Almorzamos en un Vips. Por mi parte, me puse púa entre el Fundy O´clock, los nachos con esa buenísima salsa y las patatas que acompañaban al sándwich. Tan llena que iba que no se me pasó la (muy desagradable) sensación de estar preñada de sixtillizos hasta por lo menos tres horas después.

Eso estaba al lado de la basílica del Pilar. Vaya mal rato pasó RM al saber que yo desconocía, pero por completo, la (al parecer) brutal popularidad de la catedral principal de Zaragoza, que además de esa tiene otra bastante próxima, llamada la iglesia de La Seo. Pensaba que se le iba a desencajar la mandíbula de su sorpresa ante mi ignorancia. Yo qué coño sabía, mujer, no lo veo para tanto, sinceramente. Vale que la fiesta de Los Pilares sea famosísima aquí, incluso que vaya tela de gente de todas partes, pero yo en Jerez no había oído hablar de ellos en la vida…

El interior de la basílica. Muy bonita, la verdad, cargadita de frescos y figuras, y con “la virgen” en un rincón para arrodillarte delante de ella y besarla (en verdad era un hueco con un círculo a la altura de la cabeza en piedra pero bueno).

La iglesia de La Seo, repleta de motivos mozárabes, me encantó la fachada. En esta ya no entramos porque costaba 4 euros y tampoco nos llegaba el fanatismo turístico para tanto.

RM es una friki de Goya. Sí, sí, hay frikis de Star Wars, frikis de Naruto… pues ella lo es de Goya, así se definió a si misma, vamos, no es cosa mía. No veas cómo me quemé durante la milésima que me senté ahí para hacerme la foto, por eso decidí limitarme a apoyar el pie, claro.

Así que nada, paseo por el casco histórico, aquí tenéis el Ebro, que cruza la ciudad y la divide en la zona norte y la zona sur, y vuelta para el coche antes de que nos diera un soponcio del calorazo que hacía, porque a quién se le ocurre ponerse a hacer turismo a esas horas…

Siesta, cena “ligera” y hala, a beber. Personalmente, lo pasé genial jugando al Ocalimocho y al Señor del Tres, mejor que cuando luego tiramos para la carpa que habían puesto por las fiestas de Zuera, que tampoco estuvo mal pero me reí más antes. La música era un “pum pum pum” eterno, menos mal que a ratos lo mezclaban con canciones conocidas porque si no…

Nos acostamos a las 7 de la mañana y para almorzar hemos tomado una pizza casera hecha por la madre de RM que no estaba deliciosa sino lo siguiente, qué manejo de la masa, chiquillo. Ahora vamos a la piscinilla un rato porque hace un calor de tres pares de cojones. De hecho, si no dormí más este mediodía fue porque el nivel de sudor empezaba a superar el de cansancio.

¡Nos vemos en Salou!

A %d blogueros les gusta esto: