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Posts Tagged ‘universidad’

Incertidumbre

Así me he quedado, en blanco. Sí, parece mentira pero durante la última semana no me he sentido nada inspirada o, en todo caso, he pasado demasiado tiempo fuera de casa, centrada en otras cosas, finiquitando las últimas entregas y deseando acabar de una vez. En cuestión de hoy y, como muy tarde, mañana, se terminará: bye, bye, universidad.

Aún no lo he asimilado, pero la verdad es que pensar en que se me ha ido ya una etapa tan llamativa como la universitaria da un vértigo impresionante. Tampoco lo pensaré mucho hasta que acabe definitivamente pero bueno, ya que estoy aquí, pongamos sobre la mesa unos pocos matices.

Cuatro años en un vuelo. Fin de una etapa, es lo único que tengo claro. Comienzo de otra en la que aún está absolutamente todo por ver. Cambio de ritmo de vida, de trabajo, de vivienda, de responsabilidades, de compañías laborales. Mundo inmenso de posibilidades considerablemente retorcidas y escurridizas, o al menos eso me indican las circunstancias.

Vamos, que la palabra idónea para este momento es “incertidumbre”.

Eso sí, el presente, aunque medianamente sumido en el caos y en la expectativa, sigue siendo igual de aprovechable. Se ha sucedido un fin de semana realmente fantástico, muy entretenido y sociable. Nada como echar unos buenos ratos tanto de risas como de conversaciones interesantes en las que todos pretendemos “salvar el mundo”. Siempre sientan bien notar en otras personas esa preocupación por el universo exterior, más allá del propio ombligo (lo habré dicho ya veces…).

Mientras tanto, a ojear oportunidades para el futuro más inmediato, a abandonar Villaviciosa de Odón y a seguir disfrutando de las cosas “pequeñas”.

Como siempre, sigo por aquí ;). ¡Un saludo!

Ética y Deontología de la Comunicación

Hoy, he comprendido por qué tenemos esta asignatura en cuarto de carrera y no en primero. Básicamente, porque con 18 años probablemente no habría prestado mucha atención, no habría asimilado igual estas teorías, incluso me podría haber parecido un peñazo de materia.

Recién empezada la universidad, con mucho por aprender, muchísima crítica y maldad que adquirir, mil millones de palos por recibir y aún más hormonas que segregar… ¿en qué cerebro se introducen felizmente Platón, Aristóteles, Kant, el psicoanálisis, Freud, el branding, la autorregulación, la heterorregulación, los códigos deontológicos y teleológicos…?

Una cosa es que estudiara filosofía en bachillerato y me gustara y otra muy distinta que me acuerde ahora o que tuviera, ni mucho menos, la misma ansia de aprendizaje e intriga que actualmente hacia todo ese maravilloso embrollo de neuras mentales.

Deontología. Es fea con ganas la palabra, ¿eh? Y fijaos en la inmensidad que alberga en sí misma. Deontología profesional: principios morales que se le exigen a un grupo, o que establecen entre ellos mismos, para actuar siguiendo una conducta ética. Panorama jurídico pero fuera de la ley. De ahí que se incumpla constantemente, como, por ejemplo, cuando vemos que el personaje este denominado Salvador Sostres sigue felizmente trabajando en una redacción. Sí, aquel que declaró en un artículo sobre un joven que había asesinado a su novia y mostrado su cadáver al padre que “Un chico normal de 21 años que está enamorado de su novia embarazada es normal que pierda el corazón y la cabeza”.

Ahí, el código deontológico de los periodistas, y del ser humano diría yo, se ha pasado por todo el forro. No obstante, no tenía la menor intención de centrarme en ese ente en este post, así que lo dejo ahí.

Deontología profesional del periodista, del médico, del arquitecto, del empresario… Y de la suma de estos códigos deontológicos y la ética personal, obtenemos (o se debería obtener) un equilibrio que dé lugar a la autorregulación: la dirección y el control de sí mismo, contraria a la heterorregulación, cuando otro se encarga de imponerte las normas, ya en un marco legal.

Luego toca distinguir entre las doctrinas. Las deontológicas determinan si un acto en sí es bueno o malo. Las teleológicas lo determinan solo según sus consecuencias; si estas son buenas, será un acto bueno, y viceversa. ¿Con cuál os quedáis? Bueno, da lo mismo, nuestra educación y cultura ya nos las han grabado en vena.

Quizá como personas obremos más en función de la bondad o maldad directas e implícitas en nuestras decisiones y actitudes pero, si nos trasladamos a los medios de comunicación, pasamos a un plano fundamentalmente consecuente. Vuelta al maquiavelismo: “el fin justifica los medios”. Aunque, por esa regla, me suena más bien teleológica una parte considerable del ser humano, en vistas de la continua inclinación hacia el interés propio.

Entonces, te planteas… ¿realmente sirven de algo los códigos deontológicos? Supongo que su desempeño práctico deja mucho que desear, pero si no existieran o no fueran creados de manera ética por los propios protagonistas de esos grupos (pues no le va a decir un juez a un profesional lo que debe hacer en su materia), imagino que el mundo sería aún más crudo.

Y toda esta parafernalia, con 18 años, me da que me hubiera entrado por un oído y salido por el otro o, desde luego, no me habría llegado ni hecho pensar tanto. Pero ahora…

Sigo aquí

Ya me han preguntado un par de veces: ¿qué pasa con el blog? No escribes desde el viernes. Y así es, y no me gusta haberlo dejado tirado por estos días pero tampoco sé lo que escribiré de aquí en adelante. Por supuesto, no lo voy a abandonar, eso sería muy triste después de todo lo que hemos andado juntos.

Tampoco tengo una explicación en sí. ¿Falta de inspiración? Puede. No voy a poner los trabajos y exámenes de la universidad como excusa principal porque eso es lo que menos me agobia, siempre le he dado más importancia y tiempo al blog, pero se podría coger un poco de eso y otro de cansancio, que no me explico cómo pero a las 12 de la noche ya no puedo más. El horario de las prácticas (que acabé el mes pasado, por cierto) se me ha quedado implantadísimo, y antes solía escribir por la noche.

Añadiré otro poco de desgana en general. Y cuando la desgana es general, pues eso, es para todo. Las redes sociales empiezan a asquearme/aburrirme bastante. Me “saturan”, exacto, mi palabra favorita, “saturación”.

Creo que no os conté que me corté el pelo a final de febrero. Pero si resulta mínimamente relevante, dentro de lo banal que va a ser este post, es porque me parece cómico el proceso. Llevaba ya semanas mirándome al espejo y la mitad de las veces no me convencía, se me empezaba a abrir a lo afro, tal y cual. Total, que llegaron mis amigos de Jerez a Madrid (ellos tenían el puente de Andalucía, con el lunes 28 de febrero festivo), con los cuales pasé un finde genial, y salimos, claro. Viernes por la noche.

Me levanto el sábado a no sé qué hora, me miro al espejo, recuerdo la frase de mi madre (“si me miro y tres veces no me gusta, hay que cambiar”). Dicho y hecho, cogí la cuchilla, como me había indicado una amiga que hacía, para tratar de proceder a un meticuloso repaso. Aquello no funcionaba, así que agarré las tijeras de cocina. ¿Resultado? Pues dos capas bien diferenciadas, un mini-flequillo y mil gracias a mi genética por haberme parido con un maravilloso pelo rizado.

Los cambios sientan bien. Y si sientan mal, a la larga será mejor. Tampoco habría más remedio probablemente. ¿Qué más os cuento? Pues he pasado un fin de semana impresionante. Nada extraordinario en realidad. En absoluto productivo hacia la universidad, por supuesto, como todos mis findes desde que nací prácticamente. Ya paso de proponerme “aprovecharlos” para adelantar prácticas porque sé que al final no lo hago, y este próximo será igual a pesar del trabajo y el examen del lunes. ¡No pasa nada!

Se ha vuelto bastante secundario ese tema. Antes me exigía más a mí misma, pero entre la pérdida brutal del hábito de estudio y la pereza genérica que llevo encima… Aún no me creo que me queden dos meses y pico de carrera. Tengo 22 mocosos años. Desde luego, no me faltan ganas de terminar, sobre todo ahora, que no paran de mandarnos proyectos en grupo relacionados con la Comunicación Audiovisual.

Me gusta la carrera pero sin excesos, y siempre hay épocas de sobrecarga. Evidentemente, sigo teniéndola de relleno para periodismo, qué queréis que os diga. Eso no quita que admire la capacidad de trabajar en todo ese ámbito. Yo siento que pierdo mi vida durante esas eternas horas en las que se coloca todo el arsenal, se graba, se edita, bla bla bla. Los resultados suelen ser satisfactorios, pero hasta entonces…

Sketch, making off, promo, planes de producción… Hasta los huevos me tienen, con lo feliz que estaba leyendo y viendo películas (con su correspondiente proceso de análisis, que no a todo el mundo le gusta, por supuesto, no os vayais a creer aquí que era un simple paseito por las obras de turno, sino una comedura de cabeza buena, como a mí me motivan).

Al menos, este cuatrimestre se salva Ética y Deontología de la Comunicación. Sí, era fácil de adivinar, mis asignaturas preferidas son aquellas que me dan mayor libertad de expresión, me hacen pensar más y me abren la mente. Esto tampoco le apasiona a mucha gente pero bueno, mejor, me hace sentirme más especial para mí misma de alguna forma. Je, cuanto más diferente, más exclusiva.

El ser humano suele querer sentirse integrado en los grupos sociales. ¿O no? Después de aquel post en el que os hablaba de unos documentales sobre la manipulación de las masas, entre otras cosas, sí que se veía que una considerable cantidad de individuos querían diferenciarse de los demás. Acababan igual de manejados por las técnicas comerciales de consumismo pero bueno, algo es algo. O, como dicen, “la intención es lo que cuenta” (aunque a mí la intención sin el acto de poco me sirve).

Uau, creo que prácticamente he cubierto un par de días o tres con este tochón. Lo último a comentar es que antes de ayer, lunes 21 de 2011, empezó la primavera a las 00:21. El fin de semana hizo un tiempo alucinante, buenísimo, el sábado por la noche iba a gustísimo. Ayer pasé tela de frío volviendo de la facultad. Y esta mañana…

Esta mañana me he despertado siendo sorprendida por el sonido de la lluvia chocando contra el cristal de la ventana. Pero, en vez de desagradarme, me ha encantado. Para nada me esperaba que lloviera, y como no me lo creía, me he levantado corriendo a subir la persiana para verlo, cual niño entusiasmado en víspera de Reyes.

Pues nada, ya estáis al corriente de mi existencia. ¡Que paséis un buen día! Y no os olvidéis de que sigo aquí.

Pd: he adornado el post con fotos hechas en Navidad en Madrid. No pega en absoluto pero, ¿quién iba a leerse esto sin poner imágenes por en medio para ventilar tanta letra? Además, siempre quise colgarlas pero se me fue pasando el tiempo. El pino luminoso es el de la Plaza de Sol; los circulitos decorativos, de la Plaza Mayor; y los árboles con bombillitas, de un espacio perdido de Villaviciosa, encontrado en un agradable y reflexivo paseo nocturno.

Prácticas

Mi vida ahora consiste en: prácticas por la mañana y clases por la tarde. El resto del tiempo, comer y hacer cosas de la uni. Algo de Messenger, claro, que no falte, y poco más. Los findes se avecinan tranquilos. ¡Estoy que me salgo!

8 de la mañana en pie. Igual no es para tanto pero después de comer en la universidad se nota tela. Exagerao, de hecho.

Las prácticas son de redacción en una revista online que puede que a muchos os suene, al menos de oídas así a modo de cancioncilla: facilisimo.com. Se trata de una página web dedicada fundamentalmente al hogar y su público objetivo es, más o menos, mujeres, con frecuencia madres jóvenes. La verdad es que consta de una gran variedad de secciones que pueden ser muy útiles: vivienda, decoración, belleza…

No adivinaríais ni a tiros lo que me ha tocado a mí: ¡Manualidades y Padres! ¡A mí! Es gracioso. Sí, solo gracioso, no hay ironía ninguna, no me disgusta, el caso es escribir y allá que escribo, lo que se me ocurra o lo que me manden, la verdad es que después de los primeros días creo que ya eres completamente autosuficiente para publicar por ti mismo sin que tengan que corregirte ni nada, y hay que tener cuidado porque de tus palabras depende la reacción de los miles de foreros que se pasean por la web, leen, opinan y comentan.

De momento no tengo ni nombre de usuario propio, querrán asegurarse de que no me piro a las dos semanas y la sesión que me cree para mí sea pa ná. Tiene sentido. Ya os contaré más cosas más adelante, aunque tampoco habrá mucho más me parece a mí.

Mi primer post (porque se redactan posts en blog o en foros, y luego reportajes) consistió en el síndrome de Down, así por informar un poco, y un par de foreras parecieron enfurruñadas por haberlo llamado “enfermedad” en vez de “trastorno genético”. Sigo sin tener muy claro si se le puede calificar de enfermedad pero de cualquier forma me da que la gente a veces es demasiado sensible. Ni que les estuviera llamando subnormales profundos, oiga, que “enfermedad” es un término de lo más normal y genérico.

En fin, gajes del oficio. ¡Oh! ¡Suena bien y todo! Bueno, pagan lo justo, mmm, para el autobús y poco más, pero no voy a esperar más de unas prácticas. Bastante es de agradecer que me sienta a gusto de momento :). Mañana es mi tercer día, por cierto.

Me acuesto ya, que madrugar se hace duro. ¡Que os vaya bien!

“Buscando al hombre interior”

Por Irvine Welsh en Trainspotting. Este libro es genial.

Dr. Forbes: ¿Qué odiabas de Aberdeen?

Yo: La universidad. Los profesores, los estudiantes y todo eso. Pensé que eran todos unos capullos de clase media aburridos.

Dr: Ya veo. Eras incapaz de formar relaciones con la gente que había allí.

Yo: No era tanto falta de capacidad como falta de ganas, aunque supongo que para tus propósitos significa lo mismo (el doctor Forbes encoge los hombros con gesto indiferente)… no tenía interés alguno en ningún cabrón de por allí. (Pausa). Quiero decir, que verdaderamente no veía para qué. Sabía que no iba a estar allí mucho tiempo. Si quería palique, me iba al pub. Si quería echar un polvo, me iba con una prostituta.

Dr: ¿Pasaste tiempo con prostitutas?

Yo: Sí.

Dr: ¿Se debía esto a que carecías de confianza en tu capacidad para establecer lazos sociales y sexuales con mujeres de la universidad? (pausa).

Yo: Nah, sí que conocí a un par de chicas.

Dr: ¿Qué pasó?

Yo: A mí solo me interesaba el sexo, en vez de una relación. Realmente no tenía la motivación como para intentar disimularlo. Vi a esas mujeres como puros medios de satisfacer mis necesidades sexuales. Decidí que era más honesto acudir a una prostituta en vez de jugar a engañarlas. Era un cabrón bastante moral en aquellos tiempos. Así que me gasté el dinero de la beca en prostitutas, y robaba la comida y los libros. Eso es lo que dio comienzo a los robos. No era el jaco realmente, anque obviamente no ayudó.

[…]

Así solía ir la cosa. Un montón de temas sacados a la luz; algunos triviales, algunos fuertes, algunos aburridos, algunos interesantes. A veces decía la verdad, a veces mentía. Cuando mentía, a veces decía las cosas que pensaba que él querría oír y a veces decía algo que pensaba que le cabrearía o le confundiría.

Pero que me jodan si veo la relación entre todo eso y meterse jaco.

Tedio

Parece que el periodo de reflexión se está tomando su tiempo. O eso, o que ha tomado la decisión de ir y venir indefinidamente.

Hoy me aburro. Me aburro profundamente. No me iba ni a conectar al messenger, lo cual es raro, porque lo tengo puesto todo el día, pero no me apetecía, lo cual es más raro aún, sobre todo porque aunque sea por darle publicidad al blog lo pongo. Pero ha dado la casualidad de que mis dos amigas que detestan/se aburren en el messenger me han dicho a la vez que me metiera, y yo um, este día es un cachondeo.

Me he levantado a las 8. No tiene mérito, pero hacía mucho que no madrugaba tanto, y tampoco me había mentalizado para recibir el frío mañanero en plenos morros. El motivo ha sido una clase de inglés, cuya profesora estaba tan efusiva, animada e hiperactiva que me resultaba extremadamente cansina solo de contemplarla en sus agitados aspavientos y elevada voz. En serio, me transmitía cansancio tanto mental como físico.

Y luego para casa… Trainspotting (vaya textazo que he leído, luego lo transcribo si me quedan ganas y me acuerdo), The Big Bang Theory, comer, a clase. Literatura y Cine, mola, como siempre. Gabinetes… Como siempre, pero con discusión añadida, un mal cuerpo que te cagas pero bueno, seguida de sensación de alivio, hala, ya estaba todo hablado para fomentar la mejora y la concordancia en el grupo de trabajo. A tomar por culo, una cosa menos.

Al cine. Stone. Me ha gustado bastante. En otro post hablaré de ella si me da por ahí. Está claro que en este momento me da igual absolutamente tó. Me da tanto igual. Es todo vacío. Es pa ná, básicamente. Aburrimiento brutal-vital, vital-brutal. A lo único a lo que le veo algo de sentido realmente es comprarme unos patines. Una motivación para aprender, para cambiar, para alejarme del ordenador, de casa, de la rutina, de las clases, de las relaciones interpersonales y virtuales, de este sofá que me está aplanando el culo cada día más hasta convertirlo en el de una viejuna sebosa. No, hombre, tanto no, pero vamos, sí que debería moverme un poco.

Aburrimiento. Se me ha pasado un rato interesante: el de charla con las compañeras de clase en el descanso. Divertido, como de costumbre, pero en parte embajonante. Por hablar de la universidad en la que estamos, por hablar del camino elegido y ya casi finiquitado, por estar en cuarto de carrera sin haber asumido en realidad nunca la elección de una universidad determinada sino haberme dejado llevar. No me arrepiento en absoluto, veo bastantes más ventajas que inconvenientes, pero me hace pensar. Y barajar otras posibilidades, como psicología.

Y llegar a casa, y ver una publicidad llamada Ceysa Psicólogos y pensar: “¡ZAS! En toda la boca. Esto ya sí que es un cachondeo de los Grandes.” Vamos, pensaba en esa opción allá por los tiempos en los que todavía creía en la felicidad, ahora no me meto a otra carrera ni a tiros. Ni a máster. Todas mis amigas saben lo que harán, lo tienen prácticamente decidido. Yo no tengo ni idea. Me quiero ir fuera. No me importaría tampoco quedarme en Madrid. No sé nada. Llevo muy mal el inglés para alguien de mi profesión.

¿Y en verano? Acabo la carrera en junio. Junio. Ju-nio. JU-NIO. JUNIO. No queda ná. Ná de ná. Toso y ya estoy licenciada. Y no siento nada con respecto a ello, solo incertidumbre. Y aburrimiento. Quiero mis jodidos patines. Pero no me voy a gastar un pastón en ellos, que luego entre el canguelo, el frío y encontrar un sitio donde pegarme las hostias sola, a ver quién sale.

¡Ah! Y la paranoia de la peli, buena también. Hacía tiempo que no pensaba en la muerte. No, en Mi muerte, más que nada. Me deprime pensar en desaparecer. ¿Tiene sentido? Para mí sí, punto pelota. No mirar más ojos, ni coger más manos, ni hostias. Me encoge el pecho muchísimo. No puedo pensarlo. No quiero.

Y otra vez. Pereza. Desgana. No, ni eso. Claramente: me-da-i-guá-tó.

Ahora dolor de cabeza. Hora de irse a la cama. No sé cuántas veces (en el último mes y medio) he pensado por la noche: ya quedan pocos minutos para que acabe este mojón de día. En realidad nunca va muy en serio. Un amigo reciente me ha preguntado ya en varias ocasiones por las tres cosas que más me han alegrado el día. Al principio me descolocó, pero sobre todo me di cuenta de que esa actitud la tenía yo hace cuatro años. Este chico me pasa tres a mí. Qué locurita. Y en alguna de esas ocasiones me costó bastante pensar en algo, aunque sabía que me había reído. Me río todos los días. Y qué.

Aburrimiento, sopor, desgana, indiferencia, disgusto, pesadez, apatía, inapetencia, hartura, fastidio, tedio, cansancio. Exacto, cómo la clava el diccionario de sinónimos online, no sé qué haría sin él.

Esto no es un mal día. Es raro. Weird, como se diría en inglés. Me mola la palabra y cómo se pronuncia. Me apetece mogollón hablar inglés en condiciones.

Me canso. Tengo sueño. Que soñéis cosas guapas.

Insomnio

1:20. Me acosté a las 12:00. Y a la 1:00 me levanté, hasta los huevos de no poder dormirme. Llevo media semana en proceso de cambiar el ritmo. No sé cómo no caigo tiesa si las tres noches he descansado como un mojón. Y encima tengo hambre, pero a estas horas sí que no me meto nada, total, voy a desayunar dentro de 6 horas. Porque mañana SÍ he de madrugar, para ir a Madrid a entregar los papeles de aquella beca que no me van a dar y, de paso, ir a la Fnac a comprarme, a ser posible, los 4 libros que tengo que leerme este curso para la asignatura de Literatura y Cine, novelas que tienen una o dos adaptaciones cada una y que habré de visionar (ya están todas en mi poder, no pasa nada, y ya he visto un par, ¡molan!). Son:

1. El talento de Mr. Ripley. He visto la adaptación moderna (1999); no recuerdo el argumento (mejor para leer el libro) pero sé que me gustó. La antigua es del 60.

2. Trainspotting. No sabía que hubiera novela, la peli está guapa.

3. Solaris. Ni idea, hay dos adaptaciones, una del 72 y otra del 2002, con George Clooney.

4. Shor Cuts. La adaptación se llama “Vidas cruzadas”. Ni idea tampoco.

Y ahora vamos a hablar del maravilloso arte que consiste en poner cara de “estoy escuchando”. No es difícil, la jodienda sería que te hicieran alguna pregunta de repente pero vamos, si la mirada es fija y bien dirigida y la cara de póker, va que chuta. ¿Y esto a qué viene? Pues a que cada año de carrera me propongo con más firmeza prestar atención, y me da que cada vez con más prontitud al comienzo del curso me doy cuenta de que la cosa no va así, pero he asimilado que es tontería imponérselo o sentirse mal por no hacerlo, ya que cuando a una se le va la olla, pues se le va la olla, sin más. Habrá temas más interesantes y menos, y lo que no se puede pretender es permanecer con oídos, orejas y demás sentidos ultra pendientes durante 4, 5 ó 6 horas al día. Y si la clase es un muermo ya ni te cuento, que menudo desgaste psicológico tan brutal provoca obligarse a escuchar.

En fin, 1:33, a ver si me duermo de una puñetera vez.

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