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Conociendo el País Vasco (II); San Sebastián, Pasajes de San Juan e Irún

A la mañana siguiente del fantástico día entre Bilbao, San Juaz de Gaztelugatxe y Gernika, pasamos al domingo 24 de abril, que comenzó echando una hora aproximadamente en coche para llegar a San Sebastián.

Se presentaba medio lluvioso pero apenas incordió. Por este paseo, las olas llegaban, en ocasiones, a chocar tan fuerte contra las rocas cuadriculadas, que saltaban y empapaban a los transeúntes, así que nos mantuvimos alejados un par de metros. Al fondo, la playa, la ciudad y sus verdes incombustibles, abundante por todos lados.

Una de las playas. No se distingue pero el mar se hallaba poblado de surferos. Bastante vacía la orilla, como se puede ver, al contrario que la ciudad en sí, sobre la que había una buena cantidad de movimientos de personas y turistas.

Damos la vuelta y volvemos a recorrer aquel paseo de peligrosas olas para llegar a otra perspectiva de la ciudad y otras playas a lo lejos. Poco después saldría el sol y veríamos a algunos valientes exponiendo ampliamente su piel tumbados en la arena, a pesar del ambiente fresco que corría.

Islilla frente a las playas, a la cual se puede llegar nadando si el mar está tranquilo. Probablemente recomendable para cualquier amante de la natación. No es mi caso, me conformo con las vistas.

Pero esta zona tenía algún que otro precioso detalle que ofrecernos a tan solo diez kilómetros: Pasajes de San Juan, un pequeñísimo pueblo cuyo adjetivo más acertado (aunque algo detestable) sería “cuco”.

Casitas de mil colores apiñadas acompañadas de una hermosa vegetación verde brillante. Llegamos a la ribera tras unos minutos en barquito. Mirando de frente al diminuto panorama, cogimos hacia la izquierda para acabar deleitándonos ante los siguientes acantilados.

El último destino de esta extraordinaria jornada fue Irún, donde nos limitamos a dar un breve paseo por un par de calles principales, buscar un Burguer para comer y variar de los pinchos, y a dormir, que al día siguiente… ¡pisaríamos Francia!

Subida al Picacho

Esto es una aventura que he estado retrasando bastante para contarla, y mira que tampoco hay mucho que relatar, más que nada mostraros imágenes muy chulas de la experiencia.

El Picacho es uno de los varios montes-montañas situados en las proximidades de Alcalá de los Gazules, pueblo de unos cinco mil y pico habitantes de la provincia de Cádiz.

Ahí arriba estaba la cima. Y yo que me esperaba un paseíto de campo… Aún así, después de un mes metida en Madrid, este lunes 11 de octubre (en el que tenía clases pero natural y placenteramente me las salté siendo el martes fiesta) se agradeció con creces una expedición campestre. Me traía muy buenos recuerdos del verano.

La laguna de El Picacho. Cuando todavía no llevábamos casi nada recorrido ni sabía lo que me esperaba. A lo lejos parecía un enorme barrizal pero al acercarte se veía el agua algo más limpia, aparte de que comenzamos a advertir la presencia de una ferviente vida animal que nos acompañaría a lo largo de todo el recorrido.

D: “¡Una serpiente!”

Bueno, no era para tanto, una culebrilla enana. Alguno le increpó con un palito y vimos cómo reaccionó moviendo la cabeza a toda velocidad para intentar agarrarlo, como en los documentales.

Muchísimas ranitas saltando al caminar por los alrededores de la laguna.

Dejando atrás a toda aquella fauna agolpada, continuamos nuestro camino. No sé cuánto llevaríamos en este punto pero a la mitad de camino ya me estaba arrepintiendo de mi profundo sedentarismo durante las últimas semanas, comparado con todo lo que me había movido durante las vacaciones. Me estaba pasando factura.

No se ve demasiado bien pero he aquí un carnívoro espectáculo que nos dejó parados por unos segundos: una mantis poniéndose púa con un escarabajo, al que ya debía faltarle por lo menos la cabeza (o el culo, ignoro por qué parte empezó), de camino al estómago de la tremenda “bicha”.

Estoy segura de que me contempló por un momento mientras se zampaba su festín y yo me colocaba para hacerle una buena foto, pero allá que seguía ella, impasible ante los cuerpos de metro y pico que la rodeaban a escasa distancia. Qué par de huevos.

El paisaje precioso. Normalmente nos rodeaba un porrón de vegetación pero de vez en cuando se podían inmortalizar perspectivas más lejanas y muy bonitas.

Aunque llegó un momento en el que se acabó la sesión de fotos para solo centrarme en subir sin asfixiarme demasiado, no me esperaba encontrarme tan ahogada. Vamos, tirando, cada parada me daba la vida y para arriba que seguía pero vaya tela. Unas dos horas de subida, muchas piedras y poco llano, sobre todo al principio, pero digamos que a partir de la mitad la pendiente creciente estaba bien marcada.

En la cima. Saqué mi pierna intencionadamente para darle otro rollo a la imagen. Y con las nubes de los Simpson de fondo.

Apoyada en una de las rocas de la cima y punto de vista en picado. Así la verdad es que no parece para tanto pero desde arriba imponía bastante, aparte de que una cámara no da para abarcar la inmensidad del terreno.

Justo al bajar el tramo más duro de subida a la cima, nos encontramos con un espacio como este, donde descansamos un poco antes de ponernos en marcha definitivamente.

Me puse un poquillo nerviosa bajando, porque aunque lo prefiera a subir por el cansancio que esto provoca, al bajar tienes que estar permanentemente con las piernas en tensión, sin poder relajarlas ni un solo momento, y en especial en este descenso había muchísimas piedras y piedrecitas. Pegué un par de resbalones sin consecuencias graves, menos mal. Si hiciera aquello todos los días, tendría los gemelos como rocas.

Hongazo que te crió. De no ser venenoso (no sé si lo sería), hacía un gran apaño para un almuerzo.

La vuelta se hizo algo más corta que la subida, pero tampoco demasiado. En Alcalá de los Gazules nos tomamos un chocolate caliente y espesísimo que daba gusto. Entre el mini-camarero (alucinantemente bajito, pero simpático) y el que nos atendió (sieso con ganas), nos ganamos otro repertorio de comentarios durante la merienda. Muy entretenida y apacible.

Y hala, a Jerez.

Una bella jornada que destaca y brilla entre la rutina diaria :D.

Camino de Santiago (V), Triacastela-Sarria

La marcha de este día, martes 20 de julio, estuvo genial, aparte de algunas cuestas al principio, pero vamos, muchísima vegetación alrededor en todo momento, apenas había carretera, bastantes caminantes y sin agobiar… Llegamos prontísimo a Sarria y parando solo un par de veces; la primera, junto a unos caballos pastando apaciblemente en un amplio prado, y la segunda para dejar bien ambientados los baños de un bar, al parecer extraordinaria y estratégicamente posicionado para nuestros intestinos. Pobre del que entrara después de nosotros.

Este fue el comienzo de una nueva amistad, o al menos un futuro fichaje para el camino de Santiago de la PTP (el grupo de estos chicos, por las dudas). Su nombre es Boris y es un personaje cuanto menos curioso. Nos había pedido tabaco por el camino y, subiendo las escaleras del bar ese, A me dijo que me había mirado de arriba abajo y yo “¡oh!”, bien, por fin un poco de civilización normal y corriente. Luego descubriríamos que ese hombre era de todo menos corriente pero todo a su debido tiempo.

Pues nada, con unos 50 kilómetros a cuestas del norte, ya teníamos hechos unos 20 más en la primera etapa del camino francés. En el mapa podéis ver lo que nos quedaba por delante, girando un poco el cuello. Entre paréntesis, los kilómetros que faltaban para Santiago. Mientras no tenga fotos, poco más puedo poner para amenizar los relatos.

Resulta que llegamos a Sarria bastante pronto, sobre las 10:30, pero el albergue no abría hasta las 12-1 del mediodía, así que allí nos tiramos, esperanzados y contando una y otra vez la gente que había en la cola. Nos precedían unos italianos y una señora pelirroja con trenzas y amargada que miraba a todo el mundo con cara de mala hostia, sobre todo a los italianos, ya que el día antes, según contó, no había podido acceder al albergue de turno porque se habían colado los que habían llegado más tarde al resto del grupo. Hubo una pequeña trifulca porque una mujer que pasó en coche le soltó a uno de los pobres chicos guiris que se podía haber levantado antes y V se prestó raudo a soltarle a la señora unas cuantas cosas, a las que siguieron borderías e insultos por parte de ambos hasta que la mitad de la cola se puso a despotricar contra la conductora, que por fin se largó. También es verdad que los gallegos igual están un poco hasta los huevos de los peregrinos pero coño, la provincia se sustentará bastante gracias a ellos así que… Acto seguido, el pique tuvo lugar entre V y la vieja pelirroja porque esta se puso siesa con un par de italianas y nada, poco más, menuda espera más entretenida xD.

Al final no entramos en este albergue a falta de una sola plaza, y como no íbamos a dejar a uno tirado, nos fuimos al polideportivo y dejamos esas tres plazas a tres catalanes bastantes majos. Me pasé por la Cruz Roja para que me miraran la planta del pie izquierda, porque no era normal la molestia que sentía, pero fue para nada, aproveché para que me quitaran alguna ampolla (cosa que yo ya sabía hacer pero bueno), compramos la comida y nos la tomamos en el exterior del polideportivo, acompañados de una familia de Barcelona, padre, madre e hija de 16 años, de Boris y de Fréderic, hippie francés al que escuchamos tocar la mini-guitarra que llevaba y cantar por primera vez, y que calaría algo profundo en mí posteriormente. También nos acompañaban unas cuantas cervezas, claro.

Esa noche, tras una ducha, otra vez fría pa sus ganas, y después de fliparlo al ver que había un par de policías postrados en la puerta como para vigilar que no entrara quien no había pagado (¿qué clase de profanación del peregrinaje es esta?), echamos un rato charlando antes de dormir y sin imaginar lo que nos esperaba… Valiente concierto de ronquidos. Escuchaba un par que parecía que se habían puesto de acuerdo para lucirse cual orquesta sinfónica y alucinaba de pensar en cómo lo estarían pasando los que durmieran justo al lado de ellos, si a mí me sonaban fortísimos a pesar de tenerlos en la otra esquina del espacio.

En fin, una bonita noche conociendo a R, la chavala dieciseisañera, y a Boris, que nos contó un poco su historia: llevaba desde el 1 de junio caminando, venía desde Alicante, lugar de donde procede, y digamos que estaba redescubriendo con gran pasión la vida y sus posibilidades, ya que había pasado un par de años muy difíciles a causa de problemas sentimentales. Eso no quita que en muchas ocasiones diera la impresión de estar medio zumbao y de tener un tirito dao pero en fin, todo sin maldad, supongo. Podéis saber más sobre su experiencia del camino en http://perebohistoriadeunperegrinoconganas.blogspot.com/

Y ya os contaré en el siguiente post sobre Fréderic y demás. Lástima que por mucho que yo os transmita, nunca lo vayáis a sentir como yo. Por ello, os recomiendo embarcaros vosotros mismos en el camino si se os presenta la oportunidad o decidís empezar a planearlo. Siempre que os guste un mínimo la naturaleza y caminar, porque si no despídete. Tampoco hace falta tanto pensar, solo coger lo necesario y tener muchas ganas :).

He subido al Veleta

Antes que nada, el Veleta es: http://es.wikipedia.org/wiki/Pico_Veleta

Exacto. Las palabras concretas (más o menos) de un amigo volviendo ayer, bueno, esta madrugada, de Granada y hablando sobre las costumbres ociosas de la juventud actual fueron: cuando seamos ya viejos lo que contaremos a nuestros nietos será “yo he subido al Veleta”, no que el 15 de julio de tal año estuve en la playa de Valdelagrana porque eso se puede hacer todos los días.

Pim, pam, toma lacasitos. Con dos cojones (y sin ellos), puedo afirmar que el 27 de junio de 2010 estaba yo a las 7:15 esperando en la puerta de mi casa para que me recogieran (PA, naturalmente, llegó con su margen de retraso, como no podía ser de otra forma) y, tras un cambio al coche de D por comodidad, a las 8 de la mañana estábamos rumbo a Sierra Nevada. Unas 3 horas y pico un pelín zombi, ya que yo iba sentada detrás y el querido Ford Focus (primo mayor del mío, que ahora tiene mi hermano secuestrado en Valencia) hace un poco de ruido, vamos, que no me enteraba de ná de lo que hablaban piloto y copiloto (I). Pero luego, al llegar a Granada, donde teníamos que recoger a A, se animó mucho la cosa porque D no accedió a la entrada correcta (Santa Fe) y dimos unas vueltas tremendas hasta situarnos en el sitio donde habíamos quedado xD, y se dedicó un largo rato a profanar contra sí mismo, ya que era la tercera vez que iba a aquella ciudad y todavía no se lo había aprendido bien (¡con lo tirao que estaba, es que soy gilipollas!, proclamaba semi-angustiosamente).

Hácese llamar Ruta Hoya de la Mora (http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=684561) el recorrido que hicimos. Salimos a las 12:30 aproximadamente y todo comenzó subiendo. Y subiendo. Y siguió subiendo. La primera hora y media se sucedió a lo largo de un territorio evidentemente en pendiente (os recuerdo que se trata de subir una montaña) con bastante vegetación y atravesando por campo, pasando en ocasiones por la carretera que, en grandes círculos, llega también casi hasta arriba. Pues esos 90 minutos se convirtieron, tanto para mí como para una agradable muchacha italiana que conocimos todos ayer mismo, en un paseo algo trabajoso pero que se pasó rapidísimo. No nos lo creíamos cuando nos dijeron que llevábamos tanto tiempo. Ahora bien, el resto se notó más.

Empieza a complicarse un pelín el terreno, ya más escarpado, con sus miles de piedrecillas, salientes y, en general, la pendiente. En ningún momento nos pusimos a escalar, claro, no era la idea, no se confundan. Pasamos al lado de una explanada repleta de nieve (todo el Veleta estaba nevado a cachos, al igual que las demás montañas de Sierra Nevada a pesar de estar en junio), y he de afirmar que fui la impulsora a la hora de acabar casi todos pisando la nieve. Eso sí, al final fui la que menos estuve sobre ella porque mis zapatos eran de deporte, no como las botas de montañero que me llevaba, y bien que hizo, la mayoría de los integrantes del grupo, que impedía que se pegaran los resbalones por los que yo pasé, y que se empaparan los pies, como al final de la expedición me pasó a mí. ¡Pero no corramos tanto! Una pequeña muestra de tantas que grabaron, esta por V:

Muy bien. Si habéis sido observadores, habréis divisado durante los primeros 20 segundos una montaña sobresaliendo en especial a la derecha, antes de girarse a mostrar el resto de las cumbres. Pues ESA es el Veleta, era el destino, la expedición, la aventura, el motivo por el que ayer fue uno de los mejores días de mi vida. Yo salgo muy de refilón, jeje, normalmente huyo de las cámaras, pero cuando los tenga en mi poder ya colgaré alguno (si me gusta mi cara).

El rato siguiente hasta que nos sentamos a comer, allá por las 15 y algo, fue algo más jodidillo. Nos animábamos para subir un poco más antes de proceder a almorzar y así avanzamos un buen cacho. El hambre y mirar las cuestas que nos esperaban es lo que tiene, ya que apalancarse y luego levantarse es muy duro. Si ya es trabajoso para ir a clase o a trabajar o incluso a casa del colega, imaginaos para continuar con la subida de una montaña. Pues eso, se compartieron todo tipo de aperitivos (patatas, una salsa picante horrorosa de PA, los frutos secos de mi madre, que tuvieron gran éxito) y se devoraron los bocadillos mientras se enfriaban medio enterrados el vino oloroso de G, el Red Bull de V y mi Aquarius en un gran cacho de nieve próximo. Nos cruzábamos con gente a menudo, incluso una mujer preguntó si el Aquarius era nuestro. No le jode, señora, ¿ve acaso a alguien más por los alrededores? Si le parece la lata ha nacido de la naturaleza.

Lo peor fue después de comer. Un hermoso camino de nieve donde podía haber aprendido prácticamente a patinar, repleto de pisadas de muchos otros aventureros como nosotros (jajá!), hasta que decidimos cortar camino y giramos hacia la cuesta de nieve impoluta, a través de la cual abrió paso PA con sus súper botas (el muchacho es que tiene un equipo que lo flipas, conózcase su pasión por el trekking). Y tras ese caminillo de nieve, muchas piedras, como en el vídeo pero máááás exagerao. Subir, subir, subir, rocas, empinadísimo, agárrate y no mires mucho para abajo, tampoco para arriba porque no veas lo que queda por delante xD. Brutal, la peor parte del camino, varias paradas a lo largo de ella para poder continuar.

¡Y llegamos! Y no tengo ni una puñetera foto porque ninguna cámara era mía. En cuanto las consiga (que no sé cuándo será) haré una pequeña selección, o grande según me dé, y las colgaré :). Menos mal que al menos me han pasado un par de vídeos y el mapa de la ruta para amenizar tanto texto. ¡Pero es que fue tan emocionante!

Cima. Respirar. Miras a tu alrededor. Montañas, nieve, paisaje, aire, paz, tranquilidad, shock, por fin (carajo), qué bien me siento. Casi lloro de alegría. No me había costado demasiado, lo normal, supongo, pero la satisfacción no se puede ni describir con palabras, hay que sentirlo, y no sé cuántos de vosotros estáis dispuestos a hacerlo así que nada, pongan en marcha su imaginación y recuerden algo que les haya hecho extraordinariamente felices por un rato. Helo aquí. No solo era un paisaje bonito. Era todo: la naturaleza en su más puro estado como nunca la había visto, la compañía tan fantástica que tenía a mi alrededor, la Libertad, la sensación de que estaba Viviendo como hacía mucho que no me permitía o no había tenido los huevos de experimentar y lanzarme, sin dudarlo, a tal hazaña.

Pues ahí nos tiramos, yo qué sé, un par de horas o más, charlando, comiendo algo, observando, felicitándonos, abrazándonos, haciéndonos fotos de triunfo y, sobre todo, varios ratos en silencio, reposando, tirados en rocas. A saber lo que cada uno estaba pensando. Seguro que de reunirlo todo en una sola cabeza estallaría brutalmente en mil pedazos de la presión. Aquí os pongo ahora a un pequeño protagonista más de la historia, propiedad de la italiana, todo un campeón de dos meses de edad llamado Varone:

Y hala, para abajo, muy divertida y mucho más relajado y corto. Debimos de tardar algo más de la mitad del tiempo de subir en bajar, pero a un ritmo muy normalito. El tramo rocoso a saco me hizo ir la última para ir tranquila, y PA me acompañó todo ese rato, también conocido como Papá Aguilera xD. Al bajar aquella cuestecilla hasta el camino de nieve de nuevo, a pesar de seguir las pisadas, caí, pero en blando, así que estuvo guay :D, me dio confianza para patinar un poco después, que no faltaron los tramos enormes de nieve para cortar camino, aunque ya parte de la vuelta, algo más de la mitad calculo, se hizo por la carretera.

No nos lo creíamos cuando llegamos a los coches. Ya no quedaba casi nadie por aquella zona, donde al llegar al mediodía estaba plagado de automóviles. Y aún así, ¿qué hicimos? Pues tirar para la ciudad a cenar, ¡que para eso Granada está barata con sus tapas de dos variedades por dos euros! Una hamburguesa casi todo el mundo de primero y, de segundo, muchos un yo qué sé, una especie de kebab, valiente estómago, otros (como yo) unas cocretillas (no recuerdo quién dijo que la RAE había admitido ese sacrilegio de palabra, pero a mí ahora no me sale), acompañados de los desvaríos de V. El síndrome del sueño, lo llamaban. Tremendo. La primera hora en coche tuvo como protagonista la voz de V, qué coño, la sesión radiofónica de V a través del Walkie Talkie él hablando desde el coche de PA y escuchándolo tanto los que iban allí hacia Sevilla como los que íbamos en el coche de D (él, I y yo) hacia Jerez. Nos acompañó con su tremendo desparpajo, imaginación, espontaneidad y, joder, que se tiró una hora y medio el tío charlando y charlando, a pesar de que nosotros no podíamos responderle porque nuestro walkie no iba, de un porrón de paranoias, chistes, un relato cómico del copón que incluía hasta publicidad que nos hizo saltar las lágrimas de risa a todos. Qué arte, por mi mare, alucinando, vamos.

Las dos horas siguientes de camino bien, charlando y resistiendo al cansancio como unos hachas. No se me hizo nada largo, llegamos y para la ducha y la cama. Parecía que hacía días que me había levantado y desayunado a las 7 de la mañana. No cabe en mí la emoción de haber vivido tal experiencia. Que se me desborda, vamos, he tenido todo el rato que he estado escribiendo el corazón en vilo, júroslo. Espero que si se os presenta alguna vez una oportunidad así, no la desaprovechéis, sobre todo si os interesa un mínimo la naturaleza y hacer ejercicio.

Inolvidable. Solo puedo decir una palabra para terminar: GRACIAS.

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