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He subido al Veleta

Antes que nada, el Veleta es: http://es.wikipedia.org/wiki/Pico_Veleta

Exacto. Las palabras concretas (más o menos) de un amigo volviendo ayer, bueno, esta madrugada, de Granada y hablando sobre las costumbres ociosas de la juventud actual fueron: cuando seamos ya viejos lo que contaremos a nuestros nietos será “yo he subido al Veleta”, no que el 15 de julio de tal año estuve en la playa de Valdelagrana porque eso se puede hacer todos los días.

Pim, pam, toma lacasitos. Con dos cojones (y sin ellos), puedo afirmar que el 27 de junio de 2010 estaba yo a las 7:15 esperando en la puerta de mi casa para que me recogieran (PA, naturalmente, llegó con su margen de retraso, como no podía ser de otra forma) y, tras un cambio al coche de D por comodidad, a las 8 de la mañana estábamos rumbo a Sierra Nevada. Unas 3 horas y pico un pelín zombi, ya que yo iba sentada detrás y el querido Ford Focus (primo mayor del mío, que ahora tiene mi hermano secuestrado en Valencia) hace un poco de ruido, vamos, que no me enteraba de ná de lo que hablaban piloto y copiloto (I). Pero luego, al llegar a Granada, donde teníamos que recoger a A, se animó mucho la cosa porque D no accedió a la entrada correcta (Santa Fe) y dimos unas vueltas tremendas hasta situarnos en el sitio donde habíamos quedado xD, y se dedicó un largo rato a profanar contra sí mismo, ya que era la tercera vez que iba a aquella ciudad y todavía no se lo había aprendido bien (¡con lo tirao que estaba, es que soy gilipollas!, proclamaba semi-angustiosamente).

Hácese llamar Ruta Hoya de la Mora (http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=684561) el recorrido que hicimos. Salimos a las 12:30 aproximadamente y todo comenzó subiendo. Y subiendo. Y siguió subiendo. La primera hora y media se sucedió a lo largo de un territorio evidentemente en pendiente (os recuerdo que se trata de subir una montaña) con bastante vegetación y atravesando por campo, pasando en ocasiones por la carretera que, en grandes círculos, llega también casi hasta arriba. Pues esos 90 minutos se convirtieron, tanto para mí como para una agradable muchacha italiana que conocimos todos ayer mismo, en un paseo algo trabajoso pero que se pasó rapidísimo. No nos lo creíamos cuando nos dijeron que llevábamos tanto tiempo. Ahora bien, el resto se notó más.

Empieza a complicarse un pelín el terreno, ya más escarpado, con sus miles de piedrecillas, salientes y, en general, la pendiente. En ningún momento nos pusimos a escalar, claro, no era la idea, no se confundan. Pasamos al lado de una explanada repleta de nieve (todo el Veleta estaba nevado a cachos, al igual que las demás montañas de Sierra Nevada a pesar de estar en junio), y he de afirmar que fui la impulsora a la hora de acabar casi todos pisando la nieve. Eso sí, al final fui la que menos estuve sobre ella porque mis zapatos eran de deporte, no como las botas de montañero que me llevaba, y bien que hizo, la mayoría de los integrantes del grupo, que impedía que se pegaran los resbalones por los que yo pasé, y que se empaparan los pies, como al final de la expedición me pasó a mí. ¡Pero no corramos tanto! Una pequeña muestra de tantas que grabaron, esta por V:

Muy bien. Si habéis sido observadores, habréis divisado durante los primeros 20 segundos una montaña sobresaliendo en especial a la derecha, antes de girarse a mostrar el resto de las cumbres. Pues ESA es el Veleta, era el destino, la expedición, la aventura, el motivo por el que ayer fue uno de los mejores días de mi vida. Yo salgo muy de refilón, jeje, normalmente huyo de las cámaras, pero cuando los tenga en mi poder ya colgaré alguno (si me gusta mi cara).

El rato siguiente hasta que nos sentamos a comer, allá por las 15 y algo, fue algo más jodidillo. Nos animábamos para subir un poco más antes de proceder a almorzar y así avanzamos un buen cacho. El hambre y mirar las cuestas que nos esperaban es lo que tiene, ya que apalancarse y luego levantarse es muy duro. Si ya es trabajoso para ir a clase o a trabajar o incluso a casa del colega, imaginaos para continuar con la subida de una montaña. Pues eso, se compartieron todo tipo de aperitivos (patatas, una salsa picante horrorosa de PA, los frutos secos de mi madre, que tuvieron gran éxito) y se devoraron los bocadillos mientras se enfriaban medio enterrados el vino oloroso de G, el Red Bull de V y mi Aquarius en un gran cacho de nieve próximo. Nos cruzábamos con gente a menudo, incluso una mujer preguntó si el Aquarius era nuestro. No le jode, señora, ¿ve acaso a alguien más por los alrededores? Si le parece la lata ha nacido de la naturaleza.

Lo peor fue después de comer. Un hermoso camino de nieve donde podía haber aprendido prácticamente a patinar, repleto de pisadas de muchos otros aventureros como nosotros (jajá!), hasta que decidimos cortar camino y giramos hacia la cuesta de nieve impoluta, a través de la cual abrió paso PA con sus súper botas (el muchacho es que tiene un equipo que lo flipas, conózcase su pasión por el trekking). Y tras ese caminillo de nieve, muchas piedras, como en el vídeo pero máááás exagerao. Subir, subir, subir, rocas, empinadísimo, agárrate y no mires mucho para abajo, tampoco para arriba porque no veas lo que queda por delante xD. Brutal, la peor parte del camino, varias paradas a lo largo de ella para poder continuar.

¡Y llegamos! Y no tengo ni una puñetera foto porque ninguna cámara era mía. En cuanto las consiga (que no sé cuándo será) haré una pequeña selección, o grande según me dé, y las colgaré :). Menos mal que al menos me han pasado un par de vídeos y el mapa de la ruta para amenizar tanto texto. ¡Pero es que fue tan emocionante!

Cima. Respirar. Miras a tu alrededor. Montañas, nieve, paisaje, aire, paz, tranquilidad, shock, por fin (carajo), qué bien me siento. Casi lloro de alegría. No me había costado demasiado, lo normal, supongo, pero la satisfacción no se puede ni describir con palabras, hay que sentirlo, y no sé cuántos de vosotros estáis dispuestos a hacerlo así que nada, pongan en marcha su imaginación y recuerden algo que les haya hecho extraordinariamente felices por un rato. Helo aquí. No solo era un paisaje bonito. Era todo: la naturaleza en su más puro estado como nunca la había visto, la compañía tan fantástica que tenía a mi alrededor, la Libertad, la sensación de que estaba Viviendo como hacía mucho que no me permitía o no había tenido los huevos de experimentar y lanzarme, sin dudarlo, a tal hazaña.

Pues ahí nos tiramos, yo qué sé, un par de horas o más, charlando, comiendo algo, observando, felicitándonos, abrazándonos, haciéndonos fotos de triunfo y, sobre todo, varios ratos en silencio, reposando, tirados en rocas. A saber lo que cada uno estaba pensando. Seguro que de reunirlo todo en una sola cabeza estallaría brutalmente en mil pedazos de la presión. Aquí os pongo ahora a un pequeño protagonista más de la historia, propiedad de la italiana, todo un campeón de dos meses de edad llamado Varone:

Y hala, para abajo, muy divertida y mucho más relajado y corto. Debimos de tardar algo más de la mitad del tiempo de subir en bajar, pero a un ritmo muy normalito. El tramo rocoso a saco me hizo ir la última para ir tranquila, y PA me acompañó todo ese rato, también conocido como Papá Aguilera xD. Al bajar aquella cuestecilla hasta el camino de nieve de nuevo, a pesar de seguir las pisadas, caí, pero en blando, así que estuvo guay :D, me dio confianza para patinar un poco después, que no faltaron los tramos enormes de nieve para cortar camino, aunque ya parte de la vuelta, algo más de la mitad calculo, se hizo por la carretera.

No nos lo creíamos cuando llegamos a los coches. Ya no quedaba casi nadie por aquella zona, donde al llegar al mediodía estaba plagado de automóviles. Y aún así, ¿qué hicimos? Pues tirar para la ciudad a cenar, ¡que para eso Granada está barata con sus tapas de dos variedades por dos euros! Una hamburguesa casi todo el mundo de primero y, de segundo, muchos un yo qué sé, una especie de kebab, valiente estómago, otros (como yo) unas cocretillas (no recuerdo quién dijo que la RAE había admitido ese sacrilegio de palabra, pero a mí ahora no me sale), acompañados de los desvaríos de V. El síndrome del sueño, lo llamaban. Tremendo. La primera hora en coche tuvo como protagonista la voz de V, qué coño, la sesión radiofónica de V a través del Walkie Talkie él hablando desde el coche de PA y escuchándolo tanto los que iban allí hacia Sevilla como los que íbamos en el coche de D (él, I y yo) hacia Jerez. Nos acompañó con su tremendo desparpajo, imaginación, espontaneidad y, joder, que se tiró una hora y medio el tío charlando y charlando, a pesar de que nosotros no podíamos responderle porque nuestro walkie no iba, de un porrón de paranoias, chistes, un relato cómico del copón que incluía hasta publicidad que nos hizo saltar las lágrimas de risa a todos. Qué arte, por mi mare, alucinando, vamos.

Las dos horas siguientes de camino bien, charlando y resistiendo al cansancio como unos hachas. No se me hizo nada largo, llegamos y para la ducha y la cama. Parecía que hacía días que me había levantado y desayunado a las 7 de la mañana. No cabe en mí la emoción de haber vivido tal experiencia. Que se me desborda, vamos, he tenido todo el rato que he estado escribiendo el corazón en vilo, júroslo. Espero que si se os presenta alguna vez una oportunidad así, no la desaprovechéis, sobre todo si os interesa un mínimo la naturaleza y hacer ejercicio.

Inolvidable. Solo puedo decir una palabra para terminar: GRACIAS.

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