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Posts Tagged ‘Zombie’

Internet-dependencia

dependencia InternetMe declaro culpable. Así, zas, y sin sentirme ni una pizca de mal. Mi generación y sus descendientes somos y vamos a ser las amebas de las pantallas, los parásitos de la red, los zombies de las búsquedas online. Las putitas del sistema, señores. Internet por aquí, Internet por allá. A la basura entera la Larousse, esos tomos gigantescos que apenas consulté cuando aún no había Internet en mi casa antes de mis… ¿11 años? Tochos meramente decorativos y, de hecho, bastante anticuados actualmente. La vida va a un ritmo fenético, surgen demasiados conceptos nuevos cada dos por tres, nunca hay “últimas ediciones” de nada, nadie consulta libros a menos que sea para un análisis específico y en profundidad determinado (y debido a que probablemente no se pueda descargar en pdf por temas de derechos de autor si se trata de una publicación reciente, que si no ni eso).

Cuidado, no lo estoy criticando como tal, ¿eh? C’est la vie, nuestra cultura del siglo XXI, lo tomas o lo tomas. Nacemos y crecemos con pleno acceso a un aluvión de información y desinformación susceptible de interpretarse según la capacidad de cada uno, y aquí intervendrá la educación como elemento fundamental para hacer un buen uso de esta herramienta. Lástima que en muchos casos errará por A o por B, o simplemente no entrará en sus posibilidades abarcar el fácil enganche a las profundidades del Gran Hermano de la época, llevando consigo una existencia repleta de huecos semi-vacíos sumidos en la inmensa pérdida de tiempo que supone en ocasiones navegar por la red. Admitámoslo: no nos faltan entretenimientos chorras, desde el cotilleo en Facebook hasta el proceso de registro en las páginas para suscribirse a cualquier cosa (una red social, un curso, una matrícula, etc), pasando por chats, juegos frikis que no aportan nada a la mente, la búsqueda y comparación de ofertas de productos variados junto con el proceso de compra (véase los vuelos, alojamiento por vacaciones, restaurantes, discotecas, supermercados y todo tipo de productos a obtener de locales físicos y virtuales), y suma y sigue.

¿Origen de la inspiración para escribir tal parrafada Internet-maniática? De lo más empírico: he pasado cuatro semanas enteras sin Internet tras haberme mudado. La primera semana ni me importó, lo consideré hasta positivo para despejarme. Pero posteriormente, entre unas cosas y otras que retrasaron la instalación del susodicho y catorce mil inquietudes vitales acumuladas pendientes de googlear sin poder hacerlo, el asunto no suscitaba relax ninguno, más bien provocaba una, aunque perfectamente controlable, frustración e impotencia considerables. Realmente, necesitaba Internet. Lo necesito para hacer vida normal. Todo periodo en el que no disponga de él solo es eso: un periodo determinado que debe terminar en algún momento para volver a la normalidad, a mi normalidad apegada al ordenador. Yo, que me jacto de contar con un alto grado de independencia hacia la inmensa mayoría de los apegos. Pues toma, morena.

Internet dependenciaAl fin, desde ayer dispongo de conexión, y me he dado cuenta de que ME ENCANTA este rollo, no puedo decir otra cosa. Me encanta tener veinticinco ventanas abiertas con cosas distintas e ir de una a otra como si las hubiera inventado yo, alternando funciones completamente distintas entre ellas y perfectamente organizadas en mi cabeza sólo a través de mi orden mental de prioridades y los iconitos que las acompañan en lo alto del buscador. Adoro el Firefox, el iTunes, el gmail, el wordreference, la rae.es, la BBC online, elpais.com, seriesyonkis, el iTunes y el VLC. Disfruto ante la capacidad de consultar cualquier cosa y obtener tropecientos resultados en menos de un segundo, me deleito enormemente encontrando páginas interesantes y consultando mis docenas de blogs guardados en el Reader (cuando lo hago, jé). Y me encanta escribir en mi blog, repartir los párrafos, elegir las palabras, cambiarlas, buscar sinónimos para evitar repetirlas, colocar las fotografías a conciencia hasta que queden perfectamente situadas a mis ojos y según la estructura del texto, revisar cada post entero antes de publicarlo.

A su vez, como es natural, detesto las páginas que se cierran repentinamente (tal y como me acaba de ocurrir ahora, menos mal que el WordPress guarda el borrador automáticamente casi a cada frase porque llego a perder esta parrafada y me da un jamacuco), las ofertas que empiezan baratas y acaban por las nubes tras tres clicks, los virus que entran de archivos aparentemente inofensivos, el exceso de documentación sin fuentes ni investigación ninguna (cuando se pretende ir de serio; lógicamente las plataformas personales, como esta, tienen derecho a poner lo que les plazca quedando claro que es una visión subjetiva), los oscuros intríngulis intencionales envueltos en las diferentes redes sociales, y vuelve a sumar y a seguir. Uf, y si algo me mata, es una conexión lenta, en ocasiones da ganas de tirar el ordenador por la ventana. Pobre, como si tuviera la culpa.

En conclusión: me considero Internet-dependiente, y a mucha honra. No obstante, que quede claro que me remito al espacio y tiempo que se corresponden con mi ocio personal casero e individual, nada que ver con la mala costumbre modernita de mirar más el puñetero teléfono que la cara de la persona que se tiene delante, esto me parece básicamente una falta de educación criminal y, es más, me pone de una mala hostia tremenda. Un poquito de cabeza, por favor.

Así pues, como para todo, no considero esta necesidad negativa mientras el uso del protagonista de este post se desarrolle de la manera más coherente y equilibrada posible, en paz y armonía con el resto de posibilidades que ofrece este mundo más allá de la pantalla.

He dicho.

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Gilipollas

Anoche, de fiesta, hubo un momento en el que realmente me asusté. Me acojoné mucho, me cortó el rollo, me emparanoié. ¿Qué pasó? Que estaba tan tranquila, contenta y animada bailando con mis amigas en una discoteca, de la cual hablaré después, cuando un Gilipollas, porque no merece otro nombre, se acercó.

Vale, una cosa es que se acercara e hiciera el intento de bailar conmigo, y otra muy distinta que el hijo de la gran puta me rodeara con los brazos y no me soltara durante varios segundos, que se me hicieron larguísimos, pero bien fuerte, hasta que, ultra agobiada, tuve que agarrarle de los hombros y echarle hacia atrás para escaparme de sus asquerosas garras.

Esto… ¿de qué vas? No solo estás violando mi espacio, sino también mi voluntad. No solo has roto la barrera y te has permitido establecer contacto físico conmigo, aunque solo fuera por la espalda para, de alguna forma, inmovilizarme, sino que no me dejabas salir de ahí.

No se trata de ponerme a llamar cerdos a los tíos ni nada, pero aquello me provocó una presión en el pecho y una impotencia… Tío, encima de que no quiero bailar contigo, ¿pretendes obligarme? Cada vez que rememoro esos instantes, me sobreviene un malestar de la hostia.

Porque no consiste exclusivamente en esos agónicos segundos en los que echaron por tierra el puñetero respeto a mi integridad física… es que así es como se somete a la gente, a las mujeres. Así es como una considerable cantidad de hombres ejercen su capricho sobre las mujeres, aprovechándose de su mayor fuerza. No voy a profundizar en el tema porque cualquiera me saltaría con que nosotras también tenemos lo nuestro, y soy más consciente que nadie de que muchas mujeres son unas pedazo de X y canalizan un chantaje emocional y una influencia psicológica del copón, pero no me quiero desviar de por donde venía.

El caso es que me dio mucho miedo, me quedé un poco trastocada, porque nunca me había pasado. Siempre me he visto responsable de mis actos, malestares, paranoias, porque todo está en mi cabeza al fin y al cabo, por mucho que hagan los demás, pero aquello… aquello no pertenecía a mi mente, aquello era incontrolable, aquello era un jodido gilipollas que me demostró que no se puede andar con chiquitas cuando empiezan a usurpar tu espacio. Y luego encima nos llaman “bordes”. Pues si me lo llego a esperar, más bien habría quedado de violenta, porque le habría pegado un rodillazo en los cojones de aúpa, por subnormal profundo.

En fin, supongo que alguna vez te tienen que pasar cosas así para seguir madurando… Y para estar más preparado, que nadie te pase por encima, que nunca se te pierda el respeto.

Que jamás (tanto metafóricamente como en un sentido tangible) vuelvan a tocarte un puto pelo si tú no quieres.

Pd: la discoteca se llama ReinaBruja (Madrid). Es una mierda como una catedral. 12 euros + 1 copa para entrar estando en lista y, aquí viene el verdadero problema: cuando por fin parecía estar animándose musicalmente hablando y dejando atrás el coñazo del reggaeton a eso de la mitad de la noche, vuelven al pachangueo cutre. Muerte a la Sarandonga, a la Bilirrubina y a todos sus puñeteros sucedáneos, ¿qué clase de ambiente fiestero es ese? Y encima, atestado de kinkis y chonis, que por poco tenemos bronca. Un mojón, horrible, no vayáis nunca.

Aún así, me lo pasé muy bien gracias a la compañía, todo hay que decirlo, que he dejado la noche un poco chunga.

Ahora, solo quedan por delante antes de las vacaciones y a grandes rasgos: otro reportaje para las prácticas (sobre el punto de cruz, ¡no te lo pierdas!), una maravillosa clase más del seminario de análisis fílmico, una entrega brutal de un trabajo 100×100 peñazo, el examen de un libro (Solaris) y sus adaptaciones cinematográficas, algún que otro paseo por el Madrid navideño y la noche de miércoles en la mejor fiesta que no me canso de mencionar: Zombie.

Es decir, quedan 4 días para volver a casa :D.

Antifas y nazis

Una noche espectacular la de ayer. La mejor de todas las que llevo yendo a la Sala Heineken. Os recuerdo que normalmente la fiesta Zombie se da los miércoles pero cuando hay un día festivo aprovechan para hacer una la noche anterior, acabando la discoteca hasta los topes de peña. No me cayeron más vasos encima porque no podían pero bueno, es algo que tengo ya muy asimilado a la hora de salir.

Lluvia a saco en la Plaza de España, pero por suerte al final más que nada, antes de entrar a la Sala. Hay un tema curioso en esta noche… A la ida en metro para allá, tuve delante durante un rato a unos cuantos chicos con la palabra “bukaneros” en las espaldas, bufandas rojas con letras blancas, rapados… Skins antifas de bukaneros, los hinchas del Rayo, me dijo un amigo. Sí, estoy algo pez en este tipo de cosas (y en muchas otras).

Pues un buen rato después, bebiendo por ahí, se nos juntaron un grupo de chicos, y como una a veces es lenta (muy lenta), no me di cuenta hasta que ya fue bastante evidente de qué iban estos. Resulta que pasó un tío por al lado y se quedaron dos de ellos mirándolo en plan escrutador y, básicamente, analizando si pegarle o no. Y le pregunto a uno: “¿es necesario darle tanta importancia?”. Su respuesta: “Sí, porque es antifascista y por la estética”.

Ajá… Estupendo, antifas por el metro y nazis de botellón. Me pareció curiosísima la casualidad de, en tan poco tiempo, encontrarme de pleno con los dos extremos. No sé si será que he visto poco mundo, que me falta cultura en estos ámbitos o que simplemente no se ha dado nunca antes la ocasión de cruzarme con grupitos así. No deja de ser muy interesante. Llegan a cruzarse unos con otros y menuda la que se forma. Eso sí, si hay algo que comparten, que tienen en común, es su odio hacia los maderos, los policías. Tremenda esa aversión.

En realidad no voy a opinar mucho, más que nada la idea era comentar el contraste entre unos y otros, la influencia de las ideologías, el peligro de los radicalismos. Me acojonó un poco verme rodeada de nazis en plena noche festiva y, sobre todo, dentro de la discoteca, con todo tipo de personas y personajes, a muchos de los cuales en especial uno de los chicos ponía unas caritas de asco y de repulsa que vaya tela. Le tuve que decir yo, tras comentarme las pintas que llevaba uno, que disfrutara un poquito. Pero bueno, a nosotras no nos iban a hacer nada, creo que les molaba nuestro rollito universitario.

Volviendo a la noche: MA-GIS-TRAL. La música de puta madre y el ambiente bueno. Un poco cargado pero se sobrevivía. Hoy toca descansar para mañana salir de nuevo, ¡que se note que el miércoles es fiesta también!

Probando discotecas

Madrid a veces me ralla. En el sentido de que me confunde. Cada discoteca tiene su nombre más o menos por el que le llamaría todo el mundo, ¿pero luego qué pasa? Que un porrón de ellas le asigna un nombre distinto a cada fiesta determinada que dan los días de la semana que les plazca. Y me acabo haciendo un lío del copón.

Por ejemplo: planes de jueves, viernes y sábado de esta semana. Sí, ha sido intenso, en estos momentos el sofá es mi mejor amigo.

Primera y fundamental recomendación: pedir SIEMPRE ser incluidos en lista. En internet aparecen los contactos. Un buen método directo es a través del Facebook.

Total, jueves: fiesta Low en La Riviera, que siempre cae en este día de la semana. En realidad, Low era una discoteca en sí de reducidas dimensiones en la que no he llegado a estar, pero la cerraron, solo que a veces digamos que traspasan fiestas del estilo que tenían a otros sitios, como en este caso La Riviera, discoteca bastante grande donde también se dan conciertos. La música de Low es electrónica satisfactoriamente soportable, y hay que tener cuidado en algunos momentos de la noche con los pogos que se forman. Lleno pero a gusto y de rollo alternativo (un porrón de rastas pululando por ejemplo, es donde más he visto), vas haciéndote con tu territorio sin dificultad en medio de la gran motivación masiva que te rodea y te contagia.

Viernes: tocaba ir por Huertas, por el centro. Primero, a El Son, donde la música es totalmente de salsa, hay mucho extranjero (más bien de sudamérica) y no paran de sacarte a bailar. Si te gusta el rollo, bien; si no, no vayas, lógicamente. El siguiente destino fue El Samsara, caracterizado por la música pachanguera y un ambiente algo cargado de testosterona. Muy cargado de hecho, el triple que en El Copérnico (Moncloa), discoteca de la que puedes acabar muy quemado como vayas tres veces seguidas (ya no quiero volver allí, la música es una bazofia y el sitio un putiferio que te cagas, al menos en El Samsara me gustaban las canciones). Para un día así de higo a breva ambos sitios de esta noche han estado bien, pero poco más. Sin abusar, como de todo en la vida.

Sábado: fiesta Sunflowers (no Space of Sound como pensábamos, que esa es los domingos, ¡cuidao!) en Macumba, con House a tope, sus gogós, un par de barras, reservados, sillones cómodos a un lado en fila y espacio amplio para bailar, la mar de completo. No tan inmenso como La Riviera ni pequeño como El Son pero grandecillo. Me gustó bastante. El brutalísimo fallo que tiene es que en la parte de la pista hay dos o tres escalones que la recorren entera, y en los cuales se habrá tropezado ya medio Madrid. Eso está fatal hecho, debería ponerlo todo en rampa si acaso. Por lo demás, ambiente muy bueno y sin agobios. El grave error nuestro fue el de no ir por lista. 15 euracos y una copa, pero bueno, ya lo sabemos para otra ocasión.

Mo-men-ta-zo entre las 4 y las 5 de la mañana en Sunflowers (¿véis?, ya coges la costumbre de llamar a cada fiesta por su nombre específico y no veas para localizarla en este local o aquel si no has ido todavía, un cacao mental del carajo) cuando pusieron de una forma bestialmente inesperada para mí la mítica de moda de Cypress Hill, Insane in the brain. ¡Qué grandes son! Quiero ir a un concierto de ellos…

Desde luego, por el momento se lleva la palma la fiesta Zombie de los miércoles en la Sala Heineken: entrando por lista tienes 1 copa por 9 euros o 2 copas por 15 euros, un ambientazo brutal, rock alternativo junto con electrónica por el estilo y el espacio más o menos desahogado, más petado conforme te acercas a la zona del Dj. Son muy listos porque cuando hay días de fiesta, la noche anterior hacen una fiesta Zombie, sea el día de la semana que sea, y siempre se petan, así que recomiendo ir en miércoles.

Conclusión: Madrid es La Hostia, genial, maravilloso, íntegro, ultra variado. Pero si quieres hacer cosas, te tienes que fundir una cantidad de pasta que no es ni normal. Habrá sitios y sitios de todas formas pero vamos…

Denuncia indignada aparte: ¿cómo es posible que en el boquete que es Jerez (entiéndase el sentido en el que lo digo refiriéndome al ocio en torno a la vida juvenil y comparándolo con el de las grandes ciudades) haya un botellódromo y en La Señora Capital no haya ni uno solo??? Cuestión que no acabo de comprender ni creo que lo consiga jamás.

16 horas de fiesta

Hagamos balance del fin de semana, en especial de las 14 del domingo hasta las 6 de la mañana del lunes, o sea hoy.

Aparte está la salida del sábado, un tanto desastrosa para tratarse del cumpleaños de una amiga: nos cogió la poli en seco bebiendo en la calle, no llegamos a entrar en Kapital como estaba planeado, nos tiramos demasiado rato pensando en adónde ir, el primer sitio era un tugurio donde solo estaban el camarero y un grupito flamenco tocando (por lo que tomamos el chupito al que nos invitaron y nos largamos inmediatamente) y la música del siguiente local fue horrible a excepción de, POR FIN, el último rato. Y a las 3:30, hora cambiada ya, los currantes de la discoteca como que no pretendían trabajar una hora más así que bye bye. No pasa nada, así descansaba para la que se avecinaba…

¡Ah! Para el cumple salimos disfrazadas de “viudas alegres”: atuendo negro, el que quisiera cada una pero con ese color; velo, guantes y rosas, tan artificialmente reales que hasta nos pinchaban las espinas, todo negro. Creo que no volvió viva ninguna flor. A modo de anécdota (me deja un tanto imbécil pero bueno): en la discoteca un tío me preguntó de repente: “¿se te ha muerto alguien?”, y yo súper asustada: “¡no, no!”. Claro, el disfraz… En fin… Agilipollá perdía.

Dormí mal. No sé por qué, pero vaya noche. En fin, mal para como podría haber dormido pero bueno, más de lo que había asimilado que igual dormía (mínimo 4 horas, pero fueron unas 7 más o menos ya que nos recogimos medianamente pronto, ¡y me trajeron en coche :D!). Platazo de espaguetis para aguantar bien durante el día y a las 14:15 aprox me recogían para coger camino a la Goa. Nos costó un poco encontrarla, y encima llovía, menos mal que luego bebiendo en el parking el cielo se mantuvo despejado.

La Goa es una fiesta mensual que hace la macro discoteca Fabrik, situada en Fuenlabrada. Cuesta 30 euros y ponen música electrónica (no comercial). Una vez al año no hace daño. Pero aprendimos que en fechas señaladas como Halloween o cualquier tipo de aniversario, NUNCA MÁS hay que meterse en un sitio como aquel. Claramente, el aforo estaba desbordado. Después de beber y dejar la botella a cubierto debajo de una furgoneta y pasar un frío acojonante (porque, señores, el frío ha empezado a pisar bien fuerte), entramos y logramos, después de la cola para el ropero, coger un buen sitio en medio del meollo. En cuestión de cinco minutos tuve una interesante conversación con un kinki:

Él: ¿te importa que baile así? (o algo parecido, porque estaba en plan saltando mucho y tal, me parece que así empezó).

Yo: no, no, qué va.

Él: pues a mí no me importaría darte un beso en los morros.

Yo: (O_O = cara de susto) esto… no, eso no.

Él: ¿seguro?

Yo: (?¿?¿?) seguro (créeme).

Él: venga, pues nada (súper animado de todas formas).

Total… La música bastante bien a pesar de que otros géneros me gustan y motivan más. El gravísimo error que cometí fue ir al baño sola. A la vuelta me fue imposible encontrar en medio de la pista a mis amigas y me puse muy nerviosa. Al final nos vimos en el baño, petado de tías y de olores cuanto menos curiosos.

Al ratito, sobre las 20, una se largó y nos quedamos dos (RM y yo, cómo no), y empezó lo que podríamos llamar el Episodio Agobio Bestial. Intentamos meternos otra vez para la zona céntrica y solo recibimos apretones y empujones por todos lados, ¡la masa se nos llevaba de un lado para otro! Vamos, no más de un metro cuadrado pero bueno, ya es perder considerablemente el control de tu cuerpo y tus movimientos.

Así que nos posicionamos cerca de unas escaleras, donde faltó tiempo para que unos muchachos comenzaran a darnos conversación. El resto del rato se pasó entretenido y más tranquilo, observando a ratos a la cantidad de peña acinada a lo largo y ancho de toda la discoteca. Exagerao.

A las 23:30 pasada salimos para coger el autobús a Plaza de España, pero por lo visto hacía rato que no pasaba ninguno o algo y optamos por compartir un taxi con otras dos chicas de por allí. McDonald´s (muy agradecido pero la hamburguesa se me repitió a lo largo de la primera mitad de la noche, qué desagradable), encuentro con un amigo que hacía tiempo que no veía y a hacer cola para la siguiente fiesta, de 1 a 6 de la mañana: Zombie, en la Sala Heineken. Normalmente es los miércoles pero había una por Halloween.

No, no fue apenas gente disfrazada a la Goa y a Zombie mucho menos. Cola del copón que se pasó más o menos ligerita y otra vez agobio dentro. Nunca mais. Después de empujar a una gorda de mi espacio vital y que me llamara zorra y se alejara rápidamente fuera de mi alcance, RM se me llevó a un lado de la sala antes de que me pegara con alguien. Y allí permanecimos un rato bailando que se nos hizo eterno en realidad, el tiempo no pasaba. No es que quisiéramos que corriera en sí pero claro, los pies empezaban a resentirse bastante y mirar el reloj pensando que serían las 4:00 cuando eran las 3:00 y volver a mirarlo creyendo que había pasado al menos media hora cuando eran las 3:13 como que nos llegó al alma. Al rato nos sentamos, y nos encontramos con otras amigas, con las que nos juntamos hasta que mis plantas amenazaban con desintegrarse, pero ahí que seguíamos, y ni speed ni éxtasis ni hostias.

5:20: vámonos para el ropero que luego la cola es bonita. La otra vez encendieron las luces a las 5:30, por eso mejor ir ahorrando tiempo. Salimos por fin de allí a las 5:42 y paseíto para Príncipe Pío. Para qué iba a coger el metro a las 6:00 si el autobús no salía hasta y media. Pues para eso bajaba la cuesta desde Plaza de España y tan a gusto. Hacía frío pero se soportaba llevaderamente. RM insistió en acompañarme, no tenía por qué hacerlo. No sé si yo lo habría hecho xD, me parecía absurdo teniendo el metro ahí pero bueno, qué maja :).

Por poco me da un patatús al ver, sobre las 6:10, que el horario de autobús que ofrecía la pantalla era las 6:50. Pero bueno, me senté a esperar y a tontear con el móvil y a y media, para mi inmensa alegría y alivio y de todos los presentes, llegó un autobús que abrió la puerta así que se puso a tope de gente y salimos a las 6:42 para Villaviciosa. Lo increíble es que llegué a casa… ¡y no tenía sueño! Di una vuelta por el ordenador, como siempre, y ya para la cama, cerca de las 8.

Siempre calculo al acostarme a qué hora me habría de levantar para dormir 8 horas en plan orientativo simplemente. Pues me tenía que haber levantado a las 16:00 para cubrirlas, pero a las 13:30 ya me he despertado así que nada, para qué perder más tiempo sobando, lo justo y necesario.

Conclusión: aunque lo pasé bastante bien, no recomiendo en absoluto ir a grandes fiestas en determinados días especiales, mejor cuando encarte y sin que haya ningún evento. Zombie queda relegada exclusivamente a los miércoles, ¡qué buena es la música! Aunque no pusieron Cypress Hill :(. Y en cuanto a la cantidad de horas de juerga, está guay la sensación, sobre todo por lo excepcional. Me gusta ponerme a prueba.

Hala, ¡que paséis un buen día festivo!

Pd: a la vuelta, tuve que pagar en metálico el autobús porque claro, estamos ya a noviembre y el bono mensual me había caducado. Dos eurazos. 10 puntos, María.

Desde Córdoba

Hala, ya estoy un poquito más cerca de poneros al día de mis últimas aventuras, en concreto detallaros el camino de Santiago, lo cual creo que dará para más de un post, y relatar una primera vez experimentada este fin de semana: mi Primer Festival. Ha sido este fin de semana, de viernes a domingo, en Castellón, aunque el festival como talduraba 10 días. Entrada gratis. Arenal Sound se llama. Creo que es el primero que hacen y por eso han regalado entradas, para promocionarlo y tal, o eso intuimos. Valiente cantidad de monumentos humanos. Como diría E, la amiga que me ha invitado: madre mía del gran poder, xDDD o algo así.

Ahora me hallo en Córdoba, siendo acogida por dicha amiga, con la que he de ponerme al día acerca de los 4 años que hace que nos conocimos, y os confirmo las altas temperaturas que vemos a diario en la televisión y que vivirán los cordobeses que se atrevan a pasar el verano aquí (aunque en las noticias han puesto a Jaén con 37 como la más sufrida, cuanto este mediodía veíamos aquí unos 42).

El miércoles estaré de vuelta en Jerez, día que celebraremos el cumpleaños de la novia alemana de mi hermano, muy maja ella pero con poca idea de español (aunque probablemente tiene más de la que demuestra), y así tendremos una reunión familiar, gran ocasión para ver a tíos, primos, abuelos y quien venga, ya que durante el resto del año no acostumbro a visitarles entre unas cosas y otras. Y nada, eso, que esta semana sin falta pongo al día el blog, si no es el mismo miércoles, en el que también pretendo llamar por teléfono de una vez a algunas amigas lejanas para comentar las últimas anécdotas (que se alargan por un más de un mes me parece a mí), pues será el jueves y próximos días.

Os dejo con La Canción del fin de semana:

No sé si la segunda mitad del verano será como hasta ahora, pero solo de pensar en la primera mitad que llevo me dan ganas de llorar de alegría, por todo lo que estoy haciendo, gente que estoy conociendo y reencontrando, experiencias que se me están grabando para siempre… Una vez más, gracias :).

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